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REMIENDO DE TELA NUEVA EN VESTIDO VIEJO, (E. V. Mateo-Witness Lee)

ESTUDIO VIDA DE MATEO

MENSAJE VEINTIOCHO

LA CONTINUACION DEL MINISTERIO DEL REY

(4)

Este mensaje es una continuación del mensaje anterior sobre Mateo 9:9-17.

C. No se pone remiendo de tela nueva
en vestido viejo

En Mateo 9:16 el Señor continúa con algo aun más fino, más dulce y más íntimo; El dice: “Nadie pone un remiendo de paño no abatanado en un vestido nuevo; porque lo añadido tira del vestido, y se hace peor la rotura”. La palabra griega ágnaphos se traduce “no abatanado”; está formada por a, que significa no, y por gnapto, que se refiere a cardar o peinar la lana; así que significa no cardado, no tratado al vapor ni lavado, burdo, no abatanado, no procesado. El paño no abatanado representa a Cristo desde Su encarnación hasta Su crucifixión, como un remiendo de paño nuevo, no tratado ni acabado; mientras que el vestido nuevo en Lucas 5:36 representa a Cristo como manto nuevo después de que fue “tratado” en Su crucifixión. (La palabra griega que se traduce “nuevo” en Lucas 5:36 es kainós, la misma palabra que aparece en la expresión “odres nuevos” en Mateo 9:17). Cristo fue primero el paño no abatanado que servía para hacer un vestido nuevo, y luego, por medio de Su muerte y resurrección, fue hecho un vestido nuevo que nos cubre como nuestra justicia delante de Dios, a fin de que seamos justificados por Dios y aceptables a El (Lc. 15:22; Gá. 3:27; 1 Co. 1:30; Fil. 3:9). Un remiendo de paño no abatanado, cosido en un vestido viejo, tira del vestido debido a que se encoge, y hace peor la rotura. Coser un remiendo así en un vestido viejo, significa imitar lo que hizo Cristo en Su vivir humano en la tierra. Esto es lo que tratan de hacer los modernistas de hoy. Sólo imitan las acciones humanas de Jesús para mejorar su conducta; no creen que el Jesús crucificado sea su Redentor ni que el Cristo resucitado sea su justicia para así ser justificados por Dios y aceptos delante de El. Su imitación del vivir humano de Cristo “tira” del “vestido viejo” de ellos, el cual es la conducta producida por su vieja vida natural. Los ciudadanos del reino no hacen esto; ellos toman al Cristo crucificado y resucitado como el vestido nuevo que los cubre como justicia delante de Dios.

El vestido viejo en el versículo 16 representa la buena conducta, las buenas acciones y las prácticas religiosas producidas por la vieja vida natural del hombre. El Señor Jesús fue muy sabio. En el versículo 16 no dijo: “Vosotros los discípulos de Juan debéis daros cuenta de que vuestros vestidos están rotos y llenos de agujeros. Vuestro ayuno es en realidad como cortar un pedazo de tela no abatanada y utilizarlo para remendar los agujeros de vuestra ropa”. En vez de decirles esto directamente, el Señor indicó a los discípulos de Juan que su vestido no era perfecto. Les señaló que sus vestiduras tenían agujeros y que por medio del ayuno ellos intentaban remendar dichas roturas. Ningún hombre podría expresarse así como lo hizo el Señor Jesús en el versículo 16. Sus palabras sabias están llenas de significado, amonestación, revelación e instrucción. El Señor estaba diciendo a los discípulos de Juan: “¿Por qué me preguntáis acerca del ayuno? Vuestro ayuno es una manera de remendar vuestros vestidos rotos. Al ayunar, demostráis que estáis conscientes de que tenéis agujeros en vuestras vestiduras, las cuales necesitan ser remendadas. Juan, vuestro maestro, os guió a Mí, y ahora procuráis utilizarme para remendar esos agujeros. Esto significa que estáis cortando un trozo de Mi tela no abatanada para remendar las roturas de vuestra ropa. Pero Mi tela está llena del poder que encoge; por eso, no debéis zurcir ningún pedazo de ella en vuestra vieja y rota vestidura; si lo hacéis, la rotura se hará más grande”.

La narración de Lucas 5:36 es un poco diferente de la de Mateo 9:16. El versículo 36 dice: “Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo”. Debemos notar que Mateo dice “tela” y Lucas dice “vestido”. El Señor Jesús se compara a Sí mismo con un pedazo de tela no abatanada. Esto indica lo que El era en el lapso entre Su encarnación y Su crucifixión. Durante este período, El era tela sin encoger, tela nueva que nunca había sido abatanada o tratada. A través de Su muerte y resurrección esta tela nueva fue tratada y hecha un vestido nuevo. El Señor quería darse a nosotros, no como una pieza de tela no abatanada, sino como un vestido terminado y completo que podríamos ponernos como nuestra justicia para ser justificados ante Dios. Después de Su muerte y resurrección El fue hecho el vestido terminado para que lo usemos y así asistir a Su boda. Así que, Él no es únicamente el Novio, sino también nuestro vestido de bodas, el cual nos califica para asistir a Su fiesta de bodas.

¿Por qué el Señor Jesús, después de decirnos que El es el Novio, habló de la nueva tela, del nuevo vestido? Debemos echar una mirada más profunda para discernir lo que significa esto. El Señor nos dice que el Novio está con nosotros. Pero mírese a sí mismo ¿merece usted Su presencia? ¿Piensa que su verdadera condición a los ojos de Dios es merecedora de la presencia del Novio? Todos debemos contestar que no. Todo lo que nosotros tenemos y todo lo que somos (y todo lo que hacemos) no es digno de la presencia del Señor. Para disfrutar de Su presencia necesitamos cumplir ciertos requisitos. Necesitamos estar en cierta situación y en cierta condición. Lo que somos por naturaleza, lo que podemos hacer y lo que tenemos, no nos capacita para estar en la presencia del Novio. El Novio es Cristo, y Cristo es Dios mismo. Supongamos que Dios se le aparece hoy. ¿Podría usted quedarse indiferente? El es el Dios santo y justo, y tal persona es el Novio. Recuerde la historia del hijo pródigo presentada en Lucas 15, quien regresó a su casa. Sin duda alguna, el padre lo amaba profundamente; no obstante, la condición del hijo era totalmente inadecuada ante la presencia de su padre. Por lo tanto, el padre ordenó inmediatamente a sus siervos que tomaran la mejor túnica y lo vistieran para que pudiera estar en su presencia. Nuestro Novio es Dios mismo. ¿Cómo podemos nosotros, unos pobres pecadores, disfrutar de la presencia del Rey celestial? Debemos recordar el contexto de los versículos de Mateo 9, donde el Señor Jesús estaba comiendo con recaudadores de impuestos y pecadores. Nosotros somos “recaudadores de impuestos” y pecadores. No tenemos derecho alguno; necesitamos vestirnos apropiadamente para poder sentarnos en la presencia del Señor. Esta es la razón por la que el Señor, después de que habló de Sí mismo como el Novio, nos dijo que necesitamos ser vestidos con una nueva vestidura. Cuando nos ponemos la nueva vestidura, somos dignos de Su presencia. Cuando el hijo pródigo fue vestido con la mejor túnica, pudo de inmediato presentarse ante su honorable padre. El mejor vestido le permitió disfrutar de la presencia del padre. Nosotros los pecadores y los “recaudadores de impuestos”, necesitamos ser vestidos con una nueva vestidura para poder ser merecedores de la presencia del Novio. (debemos recordar que el hijo pródigo fue siempre hijo y ese vestido por tanto, según nosotros lo entendemos, no es el de la salvación o nuevo nacimiento, sino el de la conversión o vuelta a casa; es decir, el de la salvación del alma, cuando sustituimos nuestra propia justicia por la de Cristo, al despojarnos del  hombre viejo o viejo vestido y nos vestimos con el nuevo hombre o nuevo vestido, que es Cristo).
No me agrada presentar sólo enseñanzas y doctrinas, prefiero la práctica y la experiencia. Permítame comprobar con usted: ¿Puesto que Cristo resucitó y llegó a ser el vestido nuevo, ¿cómo podemos vestirnos de El? Gálatas 3:27 dice: “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos”. Debemos vestirnos de Cristo, y la manera de hacerlo es bautizarnos en El. Por lo tanto, debemos ver de qué forma somos bautizados en Cristo. Hemos visto que después de Su resurrección Cristo llegó a ser una nueva vestidura, pero la Biblia también nos dice que después de resucitar, el Señor fue hecho el Espíritu vivificante (1 Co. 15:45). Si Cristo no fuera el Espíritu, ¿cómo podríamos ser bautizados en El? Al ser crucificado, sepultado y resucitado, Cristo fue hecho un pneúma vivificante, un aliento dador de vida, el aire viviente. Puesto que El es aliento, le es muy fácil entrar en nosotros, y debido a que El es aire, nos es muy fácil entrar en El. El Cristo resucitado fue hecho un Espíritu vivificante y todo-inclusivo. En este Espíritu está todo lo que Cristo es y todo lo que El ha realizado. Este Espíritu todo-inclusivo es el mismo Cristo todo-inclusivo, y este Cristo como el Espíritu es nuestra vestidura nueva; de aquí que, aun el vestido es el Espíritu. Nosotros fuimos bautizados en Cristo, quien es el Espíritu. Es así como nos vestimos de Cristo. El es el pneúma, el Espíritu todo-inclusivo. Cuando somos bautizados en Él, nos vestimos de Él. Inmediatamente Él como el Espíritu llega a ser nuestra ropa, nuestra cubierta; de esta manera somos hechos aptos [para disfrutar de la presencia del Padre]. Por lo tanto, la nueva vestidura con que nos cubrimos es Cristo mismo como el Espíritu todo-inclusivo.

Este es el significado de lo dicho por el Señor en 28:19: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. La realidad del nombre está en el Espíritu. Bautizar a los hombres en el nombre significa bautizarlos en el Espíritu, quien es Cristo como el pneúma todo-inclusivo. Cristo se encarnó, vivió sobre la tierra, fue crucificado, realizó la redención y resucitó. Después de que todo fue concluido, llegó a ser el pneúma todo-inclusivo en resurrección. En este pneúma están incluidas la encarnación, la crucifixión y la redención. Su resurrección, el poder de Su resurrección y la vida de esta resurrección también están incluidos en este pneúma. Cuando somos bautizados en Él, somos bautizados en este pneúma, y al ser bautizados en Él, nos vestimos de Él. Debemos tomar a Cristo como la vestidura nueva, y esta vestidura es el Espíritu todo-inclusivo. Cristo ya no es la tela no tratada; ahora es el vestido terminado, en el cual tenemos redención, el poder de la resurrección y todos los demás elementos de la Persona divina. Este nuevo vestido no es más un simple pedazo de tela, sino el pneúma divino, el Espíritu todo-inclusivo, que incluye la encarnación de Cristo, Su crucifixión, Su obra redentora, Su resurrección y el poder de Su resurrección. Ahora Él es la vestidura terminada que podemos tomar como nuestro vestido. ¡Aleluya, podemos vestirnos de este Cristo!

(Las notas incrustadas en color azul son del administrador)

SANACIÓN DE LA SUEGRA DE PEDRO versus LOS JUDÍOS AL TIEMPO DEL FIN (E.V. Mateo-Witness Lee)

El Señor sana a la suegra de Pedro

“Entró Jesús en casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y se puso a servirle”. (Mt. 8:14-15)

La suegra de Pedro representa a los judíos que estarán viviendo al final de esta era, los cuales serán salvos al recibir al Salvador real. En aquel entonces, durante la gran tribulación, a los ojos de Dios los judíos tendrán “fiebre” (v. 14), es decir, tendrán fervor por cosas ajenas a Dios. Después de la plenitud de la salvación de los gentiles, el Salvador real regresará a este remanente de judíos a fin de que ellos sean salvos (Ro. 11:25-26; Zac. 12:10). La suegra de Pedro fue sanada en la casa de Pedro, la cual representa la casa de Israel. Al final de esta era, todo el remanente judío será salvo en la casa de Israel. Además, ellos serán salvos por el toque directo del Salvador real (v. 15), como lo fue el judío leproso (v. 3).
Al final de esta era, la salvación se volverá de los gentiles a los judíos. Sin embargo, no volverá a los judíos esparcidos, sino a los que están en la casa de Israel. En ese tiempo los judíos estarán enfermos de fiebre. Esto es aun cierto en los judíos de hoy en día. Un gran número de ellos están fervientes por la ciencia, por la economía, por la educación y por toda clase de actividades mundanas. Pero ante los ojos de Dios todo esto es una clase de fiebre. La temperatura de los judíos de hoy es muy alta, pues tienen gran fervor en asuntos de política, industria, agricultura y guerra. Ellos son representados por la suegra de Pedro, quien estaba enferma de fiebre. Pero en su temperatura elevada y su fervor ellos no confían en Dios ni prestan atención a la moralidad. Tal como el Señor sanó a la suegra de Pedro, El regresará al final de esta era para sanar a los judíos que hayan estado ardientes, fervientes y enfermos de esta fiebre. No los sanará mediante la fe de ellos, sino por medio de Su toque directo. En la segunda venida del Señor, los judíos serán tocados directamente por Su llegada y serán salvos.

Inmediatamente después de ser sanada la suegra de Pedro, ella se levantó y sirvió al Señor (v. 15). Esto significa que cuando el Señor regrese, el remanente de los judíos, después de ser salvos, se levantará y servirán al Señor durante el milenio.

(ESTUDIO VIDA DE MATEO-MENSAJE VEINTICINCO LA CONTINUACION DEL MINISTERIO DEL REY
http://www.librosdelministerio.org/books.cfm?id=08DDECE9)

LEPRA POR REBELIÓN Y DESOBEDIENCIA (E.V. Mateo, Witness Lee)


“Y he aquí se le acercó un leproso y le adoró, diciendo: 
Señor, si quieres, puedes limpiarme”

El leproso adoró al nuevo Rey y le llamó Señor, reconociendo que El es el Señor Dios. En realidad el nuevo Rey es Jehová Dios (Mt. 1:21, 23).

Las enfermedades sanadas en los casos narrados en Mateo 8 son muy significativas, porque cada enfermedad representa una enfermedad espiritual específica. La primera clase de personas salvas por el Salvador real para que fuesen el pueblo del reino, es representada por un leproso. De acuerdo con los ejemplos que encontramos en las Escrituras, la lepra viene por la rebelión y la desobediencia. Miriam quedó leprosa debido a que se rebeló contra Moisés, quien representaba la autoridad delegada de Dios (Nm. 12:1-10). La lepra de Naamán fue limpiada por causa de su obediencia (2 R. 5:1, 9-14). Por causa de la rebelión, todos los seres humanos caídos se volvieron leprosos ante los ojos de Dios. La lepra es la expresión de la rebelión. La rebelión es interna y la lepra es la manifestación de dicha rebelión. El Salvador real viene a salvar a los hombres de su rebelión y a limpiarlos de su lepra, con el fin de que puedan ser los ciudadanos de Su reino. 

La lepra es una enfermedad inmunda. En el Antiguo Testamento un leproso tenía que ser excluido del campamento de los hijos de Israel hasta que quedara limpio. Esto indica que cualquiera de entre el pueblo de Dios que sea rebelde y como consecuencia se vuelva leproso, será cortado de la comunión del pueblo de Dios hasta que esté sano.


(Tomado de: ESTUDIO VIDA DE MATEO-MENSAJE VEINTICINCO-http://www.librosdelministerio.org/books.cfm?id=211F1417)

CUIDANDO DE LOS DEMÁS (E.V. Mateo-Witness Lee)

Administrador: SABIDURÍA PRÁCTICA DE ALTO OCTANAJE en este mensaje.



LA PROMULGACION
DE LA CONSTITUCION DEL REINO

(11)

http://www.librosdelministerio.org/books.cfm?id=3D02C42E

Ahora llegamos a la sexta sección de la promulgación que el nuevo Rey hizo en el monte: 7:1-12.

VII. CON RESPECTO A LOS PRINCIPIOS
DEL PUEBLO DEL REINO
EN SU MANERA DE TRATAR A OTROS

Aparentemente, la intención del Señor en 7:1-12 es abarcar los principios por los cuales el pueblo del reino trata a otros. En realidad, Su intención aquí es exhortarnos a olvidarnos de nosotros mismos y cuidar a otros. En los dos capítulos anteriores, el Señor expuso nuestro mal genio, nuestras concupiscencias, nuestro ser interior, el yo, la carne y nuestra ansiedad. Ahora nos trae al punto en que debemos aprender a cuidar a otros. Cuando juzguemos a otros, es necesario que lo hagamos conforme a la manera en que quisiéramos que otros nos juzguen a nosotros. Considerar el asunto de este modo es cuidar a otros.
El reinar celestial sobre el pueblo del reino requiere que ellos cuiden a otros. Aunque varios puntos negativos fueron tratados en los capítulos cinco y seis, lo de cuidar a otros se trata sólo cuando llegamos al capítulo siete. En todo lo que hagamos, debemos pensar en los demás. Nos falta mucho en esta área, porque en nuestra vida natural no nos preocupamos por los demás. Desde el principio hasta el fin, sólo pensamos en nosotros mismos. Nuestro pensar y considerar están envueltos en nosotros. Por lo tanto, siempre nos centramos en nosotros mismos y nunca pensamos en los demás. Yo le pediría a usted que recuerde la manera en que vivía anteriormente. ¿Siempre pensaba en los demás? Si tuviéramos en cuenta a los demás cuando estamos a punto de criticarlos o juzgarlos, no lo haríamos. La razón por la cual juzgamos a otros y los criticamos es que no nos interesamos por ellos. Si tuviéramos afecto por ellos, nos compadeceríamos de ellos.

A. No juzgar para no ser juzgados
con el juicio con que juzgamos

En 7:1 el Señor dijo: “No juzguéis, para que no seáis juzgados”. Las personas del reino, que viven en un espíritu humilde bajo el gobierno celestial del reino, siempre se juzgan a sí mismas, y no a los demás. Parece que lo dicho por el Señor acerca de no juzgar a otros para que no seamos juzgados, no tiene nada que ver con cuidar a otros. Sin embargo, cuando profundizamos en esta palabra, vemos que en realidad significa cuidar a otros. Cuando estemos a punto de juzgar a otros, en vez de hacer esto debemos cuidarlos.
Vamos a procurar descubrir el secreto, o sea, lo que quiere decir esta palabra acerca de juzgar. ¿Cómo podemos deducir que el verdadero significado de este versículo es cuidar a otros? ¿Tiene usted miedo de ser juzgado? Si lo tiene, entonces debe entender que otros también tienen miedo de ser juzgados. ¿Se aflige usted cuando otros le juzgan? Si éste es el caso, entonces debe de saber que los demás también se afligen al ser juzgados por usted. A nadie le gusta ser juzgado. Si a usted no le gusta, entonces ¿qué diremos de los demás? Tenemos que cuidarlos. Si a usted no le gusta ser juzgado por otros, ¿por qué juzga usted a los demás? Si usted tiene miedo de ser juzgado, entonces debe considerar a otros, quienes también tienen miedo de ser juzgados. Siempre cuide a otros.
El versículo 2 dice: “Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido”. Bajo el gobierno celestial del reino, los ciudadanos del reino serán juzgados con el juicio con que ellos juzgan. Si ellos juzgan a otros con justicia, el Señor los juzgará a ellos con justicia; si juzgan a otros con misericordia, serán juzgados por el Señor con misericordia, y la misericordia triunfa sobre el juicio (Jac. 2:13). No juzgue mucho a otros, porque usted será juzgado de la misma manera. Si los cuida, usted no será juzgado por ellos.
El versículo 2 dice que con la medida con que medimos, nos será medido. El principio aquí es igual que con el juicio. Aparentemente, en estos versículos el Señor no nos manda a cuidar a los demás; sin embargo, estos versículos, en realidad, significan que debemos cuidar a otros. ¿Tiene usted miedo de ser medido por otros? Si éste es el caso, entonces usted debe cuidar a otros, porque ellos también tienen miedo de ser medidos por usted. Si los cuida, no los juzgará ni criticará ni medirá.
Anteriormente yo conocí cierto grupo de cristianos quienes hablaban mucho acerca de la espiritualidad. En cierto sentido, lo que decían era verdad. No obstante, este grupo tenía una debilidad: ellos siempre medían a otros. Parece que todos los miembros de ese grupo tenían una pequeña escala en su bolsillo. Cuando le invitaban a uno a tomar té, le medían con su escala invisible. Después se reunían para hablar acerca de la persona. Algunos hacían la pregunta: “¿Ha averiguado dónde está?” Esto significa: “¿Lo ha medido?” También aprendí que este grupo no se ocupaba de los sentimientos de otros; sólo le interesaba medirlos. Al medir a los demás, en realidad estaban criticándolos y juzgándolos. Quisiera tomar esta oportunidad para exhortar a usted a no medir a otros. No trate de determinar cuán espirituales son los demás, cuánto crecimiento tienen o cuál es su condición en la vida. Si usted se abstiene de medir a los demás, no los criticará ni los juzgará. Esto se basa en el principio de cuidar a otros.
Los miembros del grupo que ya mencioné tenían dificultad en ayudar a otros. La razón por la cual no podían ayudar a los demás era que siempre los medían, juzgaban y criticaban. Al ayudar a otros, debemos ser ciegos. Si usted quiere ayudar a otros en la vida de iglesia, necesita ser ciego. Si quiere ser un buen esposo o esposa, sea ciego al cuidar a su cónyuge. No mida, juzgue ni critique. No mida a los demás. De esta manera se muestra misericordioso para con ellos. Si tiene misericordia de los demás, usted recibirá misericordia. Pero si mide a otros sin misericordia, entonces usted también será medido sin misericordia. Con la medida con que mide, le será medido.
La misericordia no mide. Esto quiere decir que la misericordia no impone requisitos. Todo lo que exige una medida no es misericordia. La misericordia no sabe matemáticas; no sabe sumar o restar. La misericordia es absolutamente ciega. ¿Por qué me trata bien cuando estoy en un estado lastimoso? Se debe a que usted tiene misericordia de mí.
A veces, por la misericordia del Señor, me mostré misericordioso para con otros. Después, algunos de mis hijos que habían visto claramente la situación, me dijeron: “Papá, ¿no sabes cuán vil es esa persona? ¿Por qué fuiste tan amable con él?” Fui amable porque me hice el ciego. Sin embargo, mis hijos lo vieron todo claramente. Los que ven claramente no pueden ser misericordiosos. Si usted quiere ser misericordioso, debe ser como Isaac, quien bendijo a Jacob ciegamente. Del mismo modo, nosotros los ciudadanos del reino debemos ser ciegos al tratar con otros. Si somos así, tendremos misericordia de ellos y siempre los cuidaremos. Cuando mis hijos me preguntaron por qué yo era amable con los que no merecían benignidad, les contesté: “Ustedes no saben lo que estoy haciendo. Sus ojos son demasiado grandes y ven muy claramente. ¿Por qué lo traté así? Porque les tuve consideración”. Este es el principio del pueblo del reino en su manera de tratar a otros. En nuestras relaciones con otros, debemos tenerles consideración, compadecernos de ellos y tener misericordia de ellos. Las personas del reino, en sus relaciones con otros, tienen que cuidarlos.
Si usted lee estos versículos una y otra vez, verá que el principio fundamental escondido aquí consiste en que debemos olvidarnos de nosotros mismos y cuidar a otros. ¿Sabe usted por qué criticamos y juzgamos a otros? Se debe a que pensamos demasiado en nosotros mismos. No tomamos en cuenta lo que sienten los demás y no nos ocupamos de ellos. Sólo nos ocupamos de lo que nosotros sentimos. Por lo tanto, juzgamos a los demás y los criticamos. Por consiguiente, si queremos abstenernos de juzgar a los demás, debemos cuidarlos. Esto requiere que nos olvidemos de nosotros mismos y seamos considerados con otros. Si nos centramos en nosotros mismos y pasamos por alto cómo se sienten los demás, los criticaremos. Pero si los cuidamos, no los juzgaremos.

1. Considerar la viga en nuestro propio ojo
cuando miremos la paja en el ojo
de nuestro hermano

En el versículo 3 el Señor dice: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no consideras la viga que está en tu propio ojo?” Nosotros, los que pertenecemos al reino y vivimos en un espíritu humilde bajo el gobierno celestial del reino, debemos tener en cuenta la viga que está en nuestro propio ojo cada vez que miremos la paja que está en el ojo de nuestro hermano. La paja que está en el ojo de nuestro hermano debe recordarnos la viga que está en nuestro propio ojo.

2. Sacar la viga de nuestro ojo primero

El versículo 4 continúa: “¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?” Lo dicho por el Señor en los versículos 3 y 4 es muy profundo. Su intención aquí no es exhortarnos a cuidarnos a nosotros mismos, sino a cuidar a los demás.
El versículo 5 dice: “¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano”. Mientras permanezca la viga en nuestro ojo, veremos borrosamente sin ninguna claridad. Al señalar el defecto de un hermano, debemos darnos cuenta de que nosotros tenemos un defecto más grande. El defecto del hermano se compara con una paja y el nuestro con una viga. Por lo tanto, una vez más vemos que el Señor desea que cuidemos a los demás. Cuando usted trata de señalarle un defecto a alguien, es posible que considere el defecto, mas no a la persona. Cuando hacemos que el defecto de alguien parezca tan grande como una viga, es evidente que sólo nos ocupamos de su defecto y no de él. Si le interesa el bienestar del hermano, no le importará su defecto. Antes bien, usted dirá: “Su defecto es sólo una paja al compararse con el mío, el cual es una gran viga. Por lo tanto, me alegro de pasar por alto su defecto”.
La intención del Señor en 7:1-12 consiste en que cuidemos a los demás. El principio del pueblo del reino en su manera de tratar a otros consiste en que tomemos a otros en consideración. Debemos observar este principio en todos nuestros tratos con otros. No actuemos simplemente según nuestro sentir, sino tomemos en cuenta a la otra persona. Este es el principio fundamental.

B. No dar lo santo a los perros,
ni echar nuestras perlas delante de los cerdos

El versículo 6 dice: “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen”. “Lo santo” debe de referirse a la verdad objetiva, la cual pertenece a Dios; y “vuestras perlas” debe de referirse a las experiencias subjetivas, las cuales son nuestras. Los perros no tienen pezuña ni tampoco rumian; los cerdos tienen pezuña hendida pero no rumian. Así que, ambos animales son inmundos (Lv. 11:4, 7). Conforme a lo revelado en 2 Pedro 2:12, 19-22, y Filipenses 3:2, los perros y los cerdos aquí se refieren a las personas que son religiosas, pero no limpias.
Mateo 7:6 también está relacionado al asunto de considerar a otros. Muchas veces cuando usted ha visto cierta verdad, doctrina o luz, se lo dice a otros sin importarle si son “perros”, “ovejas” o “lobos”. A usted sólo le interesa su entusiasmo al respecto. Tal vez diga: “¡Oh, he visto la luz respecto a la vida de iglesia! ¡La iglesia es gloriosa y maravillosa!” En su entusiasmo, quizá le comparta esto a la persona equivocada. Esto es lo que significa dar lo santo a los perros. Cuando le vaya a dar algo santo a otros, debe tener en cuenta a quienes está hablando. No debe dar lo santo a los perros, ni echar sus perlas delante de los cerdos. Cuando hable con otros de las cosas santas, o sea las verdades, y las perlas, o sea las experiencias, tiene que observar el principio fundamental de tomar a otros en cuenta. Debe determinar si ellos pueden recibir o no lo que usted quiere compartir. También es importante percibir cuánto pueden recibir. En otras palabras, al hablar a otros con respecto a las cosas espirituales, no hable conforme a sus sentimientos ni a sus deseos; más bien, hábleles conforme a la capacidad que ellos tienen para recibir lo que usted quiere decir.
Muchas veces los jóvenes han ido a hablarles a otros acerca de la iglesia o acerca de ciertas cosas espirituales que han experimentado. Sólo les interesaba cómo se sentían ellos, no se ocupaban por lo que sentían los demás. Desgraciadamente, varias veces los demás eran perros o cerdos, los que son incapaces de recibir lo que les decían. En vez de recibirlo, se vuelven en contra de los que compartían, pisotearon las perlas y trataron de morder a los hermanos. Por eso, cuando hayamos visto la luz con respecto a ciertas verdades o hayamos experimentado ciertas cosas preciosas del Señor y deseemos compartirlas con otros, debemos cuidar a aquellos con quienes estamos compartiendo. Debemos hacernos esta pregunta: “¿Podrán ellos recibir mi testimonio? ¿Podrán aceptar lo que quiero compartir con ellos?” Si cuidamos a otros, no compartiremos todo lo que tenemos con todos, y habrá algunos a quienes no daremos nuestro testimonio. Este es el principio del pueblo del reino en su manera de tratar a otros.
Con frecuencia, hablamos con otros conforme a lo que sentimos nosotros sin considerar a ellos. Tal vez en cierta ocasión usted sea muy celoso por la vida de iglesia y por el recobro del Señor. Pero en el celo que siente es posible que ofenda a algunos “perros”. En otras ocasiones, por haber tenido una experiencia fresca de Cristo, tal vez diga: “¡Oh, Cristo es maravilloso! Cristo es el bronce, el hierro, y las armas con que derrotamos al enemigo”. Usted está tan entusiasmado acerca de su experiencia que la cuenta a todos. Pero puede ser que algunos se vuelvan en contra de usted y lo ataquen, diciendo: “¡Qué es esto! ¡Nunca hemos oído que Cristo es armas! ¿Dónde aprendió esto? ¿Y cómo puede decir que Cristo es el bronce y el hierro? ¡Esto es blasfemia!” Sin embargo, si usted toma en cuenta a otros, tal vez no diga nada acerca de lo que recientemente disfrutó de Cristo. Más bien, tratará con ellos sabiamente, considerando lo que los “perros” pueden aceptar o lo que pueden entender los “cerdos”. Pero si usted está muy emocionado y sólo piensa en sí mismo y no en los demás, se meterá en líos o causará problemas. Anteriormente, algunos de los jóvenes han ido a otras reuniones, y considerando sólo su propio celo, hablaron imprudentemente. Eran ardientes, pero debido a que no tomaban en cuenta a los demás, causaron problemas.
Los ciudadanos del reino deben ser sumamente sabios. Cuando tenemos contacto con otros, debemos averiguar cuál es su temperatura, y debemos considerar su condición. Debemos actuar de manera apropiada y no provocar a los perros a que nos muerdan ni incitar a los cerdos a que nos ataquen. Es posible que se vuelvan en contra de nosotros y nos hieran.

C. Pedir, buscar y llamar

Los versículos del 7 al 11 presentan una dificultad porque parece que estos versículos no deberían estar aquí. Por algunos años, me brinqué estos versículos, yendo del versículo 6 al 12, porque éste corresponde a los versículos del 1 al 6. El versículo 12 dice: “Así que, todo lo que queráis que los hombres os hagan a vosotros, así también hacedlo vosotros a ellos; porque esto es la ley y los profetas”. Este versículo es la continuación y conclusión de los primeros seis versículos. Sin embargo, entre los versículos 6 y 12, tenemos los versículos del 7 al 11 como una inserción. ¿Qué quiere decir esto? Como ya hemos señalado, 7:1-12 trata de los principios del pueblo del reino en su manera de tratar a otros. Hemos visto que el pueblo del reino tiene que observar primordialmente el principio de cuidar a otros. Al juzgar a otros o al hablar acerca de lo santo, debemos tener en cuenta a los demás. Consideremos ahora cómo los versículos del 7 al 11 encajan en este asunto.
Los versículos 7 y 8 dicen: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”. Se requiere experiencia para entender estos versículos. Al leer estos versículos una y otra vez a la luz de nuestra experiencia, podemos comprender lo que significa el hecho de que debamos acudir al Padre celestial cuando estamos tratando con otros. Tenemos que pedirle, buscarle y llamarle. Muchas veces no lo hemos hecho. Pero estos versículos indican que en el mismo momento en que estamos relacionándonos con las personas y tratando con ellas, debemos acudir al Señor y decir: “Señor, dime cómo relacionarme con estas personas. Señor, muéstrame cómo tratar con ellas”. Algunas veces, no es adecuado simplemente pedir. Tenemos que buscar e incluso llamar. Esto indica que tener contacto con las personas es un asunto serio; nunca piense que es una cosa insignificante. Nosotros el pueblo del reino debemos tomarlo en serio, y nunca hacerlo de una forma ligera o descuidada o meramente conforme a lo que nos parezca. Más bien, debemos proceder teniendo cuidado con los demás. Tenemos que pedir la manera, buscarla e incluso llamar a la puerta celestial para conseguirla. Por lo tanto, es necesario pedir, buscar y llamar; entonces tendremos la manera apropiada para ponernos en contacto con otros.
En Mateo, la forma adecuada de relacionarnos con otros está en conformidad con el principio del reino. En el versículo 11, después de usar los ejemplos de un hijo que pide un pan y un pescado en los versículos 9 y 10, el Señor dice: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” Debido a que Mateo es un libro sobre el reino, las “buenas dádivas” en el versículo 11 indudablemente son las cosas del reino. Sin embargo, Lucas 11:13, el versículo hermano de Mateo 7:11, dice: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” En Lucas 11:13 las “buenas dádivas” son cambiadas por “el Espíritu Santo”. Si yuxtaponemos estos dos versículos, vemos que la mejor manera para que el pueblo del reino tenga contacto con otros es conforme al reino y al Espíritu Santo. Tanto el reino como el Espíritu Santo son la forma de relacionarnos con otros. La sabiduría que necesitamos para tener un contacto adecuado con otros concuerda con el reino y con el Espíritu. Al tratar con otros, debemos pedir, buscar y llamar. Con el tiempo, recibiremos la guía para tratar con otros en conformidad con el reino y el Espíritu. Por tanto, el principio que rige el contacto que tenemos con otros es el reino y el Espíritu. Si el contacto que tenemos con otros está basado en este principio, no cometeremos errores.
Si consideramos el pasado, tendremos que admitir que hemos cometido errores al ponernos en contacto con otros. Algunos de esos contactos no le fueron de provecho a nadie. Pero ahora estamos bajo el adiestramiento del reino. No somos creyentes ligeros, sino ciudadanos del reino, serios y estrictos, y el contacto que tenemos con otros está en conformidad con el principio del reino y con el del Espíritu Santo. Nosotros recibimos la guía que necesitamos en el contacto que tenemos con otros al pedir, buscar y llamar. Si pedimos, recibiremos; si buscamos, encontraremos; y si llamamos a la puerta, se nos abrirá.
Conforme a nuestro pensamiento humano, primero tomamos el camino y luego llegamos a la puerta. Pero el concepto divino en la Biblia es exactamente lo opuesto. Primero pasamos por la puerta, y luego andamos por el camino. El Señor dijo: “Llamad y se os abrirá”. Esto significa que la puerta se nos abrirá y luego estaremos en el camino. Si pedimos, buscamos y llamamos a la puerta, se nos abrirá y el camino estará ante nosotros. Entonces sabremos cómo relacionarnos con otros. Necesitamos una puerta abierta y un camino recto como nuestra guía para tener contacto con las personas. Sólo podemos tener esta puerta abierta y este camino recto al pedir, buscar y llamar. Cuánto necesitamos encontrar la manera apropiada y provechosa para tener contacto con otros, ya sean incrédulos, santos o las iglesias.
Todos debemos aprender a tener en cuenta a otros y a orar: “Señor, muéstrame la manera”. Primero usted necesita pedir. Si el camino no está abierto, entonces tiene que buscar. Si el camino todavía no está abierto, entonces debe llamar a la puerta. Llamar significa acercarse a Aquel a quien usted busca. Cuando usted pide, quizá todavía haya cierta distancia, pero cuando usted llama, no hay distancia. Más bien, usted está frente Aquel a quien busca. Por lo tanto, usted necesita dedicar tiempo para buscar al Señor.
Cuando tenemos contacto con otros, necesitamos pedir, buscar y llamar. Entonces la puerta se nos abrirá, se nos dará un camino recto para que tengamos contacto con ellos, nuestro contacto será provechoso, y seremos guardados de cometer errores. También sabremos cómo cuidarnos de los perros y de los cerdos. Este es el significado de la inserción de los versículos del 7 al 11 entre los versículos 6 y 12.
Antes de que consideremos el versículo 12, necesitamos añadir una palabra adicional acerca de pedir, buscar y llamar. Pedir es orar de una manera común, buscar es hacer súplicas específicas y llamar es llegar a la puerta y así estar lo más cerca. El asunto de pedir y recibir en el versículo 8 es bueno para la oración del pueblo del reino con respecto a que guarden la nueva ley del reino. Ellos piden por ello y lo recibirán. El asunto de buscar y hallar es bueno para 6:33. El pueblo del reino busca el reino del Padre y Su justicia y los encontrarán. Lo de llamar y que la puerta se abra es bueno para 7:14. La puerta angosta se abrirá al pueblo del reino cuando ellos llamen.
El versículo 11 contiene una gran promesa. Esta promesa afirma que el pueblo del reino está bajo el cuidado y el suministro del Padre quien está en los cielos. De esta manera, ellos están bien capacitados para cumplir la nueva ley del reino y vivir en su realidad para lograr entrar en su manifestación.
En los versículos 9 y 10, el pan y el pescado que se piden indican la necesidad del que pide. Cuando pedimos, buscamos y llamamos, siempre tenemos una necesidad. Nuestro Padre celestial conoce nuestra necesidad y nos dará lo que necesitemos. Ningún padre humano les dará a sus hijos una piedra por un pan o una serpiente por un pescado, sino que siempre les dará buenas dádivas. Cuánto más nuestro Padre celestial nos dará las cosas que El considera buenas. Incluso al buscar nosotros una manera de relacionarnos con otros, El nos dará la mejor manera, aquélla que necesitamos.

D. Hacer a las personas lo que queremos
que ellos nos hagan a nosotros


Ahora llegamos al versículo 12, la conclusión a la sección sobre los principios del pueblo del reino en su manera de tratar a otros. Este versículo dice: “Así que, todo lo que queráis que los hombres os hagan a vosotros, así también hacedlo vosotros a ellos; porque esto es la ley y los profetas”. La nueva ley del reino no contradice la ley y los profetas; al contrario, los cumple e incluso los complementa.

TRES ASPECTOS DE LA LEY (E.V. Mateo, Witness Lee)

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE VEINTIDOS

LA PROMULGACION
DE LA CONSTITUCION DEL REINO

(8)

TRES ASPECTOS DE LA LEY

Para poder entender la cuestión de la ley, debemos conocer los tres aspectos de la ley: el principio de la ley, sus mandamientos y sus ritos. Si no distinguimos entre estos tres aspectos, nunca podremos entender la ley de manera apropiada. Según lo que hemos visto, el principio de la ley está terminado. En la actualidad, en la dispensación de la gracia, Dios no nos trata conforme al principio de la ley, sino según el principio de la fe. El hecho de que seamos justificados, salvos y aceptados por Dios se basa en el principio de la fe, y no en el principio de la ley. Si tenemos fe en Cristo, somos justificados por Dios, aceptados por El y salvos. Con esto vemos el significado de decir que el principio de la ley está abolido en Cristo bajo la dispensación de la gracia.
Aunque el principio de la ley se ha abolido, los mandamientos de la ley no han sido anulados. En vez de eso, la norma de los mandamientos ha sido elevada. Así que, los mandamientos, relacionados con las normas de la moralidad, no han sido abolidos; permanecerán por toda la eternidad. Por la eternidad no debemos adorar ídolos, matar, robar o mentir. El Rey, en Su reino celestial, elevó la norma de la ley en dos formas: complementó y cambió las leyes inferiores, haciendo de ellas leyes superiores. De esta manera la moralidad de los mandamientos de la ley fue elevada a una norma superior.
El Salvador real guardó todos los mandamientos de la ley cuando estuvo en la tierra. Luego fue a la cruz a morir por nosotros. Por medio de Su muerte sustitutiva, El cumplió la ley dando fin a todo lo negativo. Además, mediante Su muerte sustitutiva, liberó Su vida de resurrección y la puso en nosotros, y ahora nosotros tenemos esta vida de resurrección en nuestro espíritu. Debido a que podemos vivir por la vida de resurrección, tenemos la fortaleza, la habilidad y la capacidad para manifestar el nivel más alto de la moralidad. Al andar según el espíritu (Ro. 8:4), satisfacemos los justos requisitos de la ley, cumpliendo con creces los requisitos de la ley. Por lo tanto, no abolimos la ley, sino que la cumplimos de manera más elevada.
El tercer aspecto de la ley consiste en los ritos de la ley. Por ejemplo, ofrecer sacrificios y guardar el sábado son ritos externos de la ley. Estos ritos también fueron anulados porque eran parte de la dispensación antigua de sombras, figuras y tipos, los cuales han sido completamente cumplidos por Cristo, quien es la realidad. Ya no nos vemos obligados a observar los ritos de la ley. Por lo tanto, el principio de la ley y los ritos de la ley han sido anulados, pero los mandamientos de la ley, los cuales requieren un nivel alto de moralidad, no lo han sido. Más bien, los mandamientos han sido elevados. Por medio de Cristo, quien es la vida de resurrección en nuestro espíritu, podemos cumplir con la norma de moralidad que exige la ley más elevada del reino de los cielos. Lo compartido aquí debe darnos un entendimiento claro con respecto a la ley según sus tres aspectos: el principio de la ley, los mandamientos de la ley y los ritos de la ley.

VIVIR POR LA VIDA Y NATURALEZA DEL PADRE

Al final de Mateo 5 el Señor Jesús dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (v. 48). Con esto se concluye la sección de la constitución del reino, la cual es extremadamente elevada. Después de leer todos estos requisitos, todos nosotros diríamos que para nosotros es totalmente imposible cumplir con ellos. Luego llegamos al versículo 48, donde dice que debemos ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. Este versículo nos da un indicio de que tenemos en nosotros la vida y la naturaleza del Padre. Nacimos de El y somos Sus hijos. Debido a que somos Sus hijos y poseemos Su vida y Su naturaleza, no es necesario que lo imitemos. Mientras crezcamos en Su vida, seremos como El. Así que, todos los requisitos de la ley del reino celestial revelan cuánto la vida y la naturaleza divinas pueden hacer por nosotros. Lo único que nos hace falta es ser expuestos para que perdamos toda esperanza en nosotros mismos. Cuando seamos expuestos, nos daremos cuenta de que nuestra vida natural es completamente inútil. Entonces renunciaremos a nuestra vida natural, nos volveremos a la vida de nuestro Padre, y permaneceremos con la naturaleza divina. Espontáneamente, esta vida crecerá en nosotros y cumplirá con los requisitos de la ley suprema. Nosotros ahora necesitamos volvernos al espíritu y andar en nuestro espíritu. Cuando lo hacemos, vivimos por la vida y la naturaleza de nuestro Padre; luego espontáneamente satisfacemos el justo requisito de la ley. Es imprescindible que entendamos este asunto, porque es totalmente diferente de nuestro concepto natural. Por mi experiencia puedo afirmar con mi testimonio, que ahora no estoy bajo el principio de la ley. ¡Aleluya, estoy bajo el principio de la fe, y la vida de mi Padre celestial está en mí! Esta vida es el amado Hijo del Padre. Ahora vivo por la vida en mi espíritu y ando según el espíritu. Por medio de esta vida en mi espíritu espontáneamente cumplo los requisitos más altos de la ley del reino de los cielos. Al decirlo no estoy jactándome; sólo doy mi humilde testimonio para dar gloria al Señor. Esto no quiere decir que yo puedo hacer algo, sino que El puede, porque El está en mí para ser mi vida. El puede hacer lo mismo en usted y por usted. Si usted quiere tener esta experiencia, necesita una visión de lo inútil que es su vida natural. Después de que su vida natural haya sido escudriñada y expuesta, se dará cuenta de que usted es un caso sin esperanza, que no debe confiar en ella y que usted tiene que volverse a la vida y naturaleza divina del Padre, la cual está en usted. Vuelva a la vida del Padre, quédese con Su vida y viva por Su vida. Puede volverse fácilmente a la vida del Padre, porque ahora mismo está en su espíritu. Simplemente ande según su espíritu, y todos los justos requisitos de la ley serán cumplidos en usted.


NO ES NECESARIO GUARDAR EL SÁBADO. ADVERTENCIA SOBRE EL JUICIO DE LOS CREYENTES, (E.V. Mateo-Witness Lee)

En Mateo 5:22 el juicio de los creyentes en el tribunal de Cristo se describe con tres clases de juicio según la historia del pueblo judío: el juicio en la puerta de la ciudad, el juicio ante el sanedrín y el juicio de la Gehena de fuego. Estos tres niveles de juicio se refieren a un solo juicio: el del tribunal de Cristo.

ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE DIECIOCHO

LA PROMULGACIÓN
DE LA CONSTITUCIÓN DEL REINO

(6)


En este mensaje tengo la carga de compartir algo adicional con respecto a la ley. Los creyentes han debatido mucho acerca de la ley, principalmente porque han recibido muy poca luz de la Biblia al respecto. Según la economía del Antiguo Testamento, la relación que Dios tenía con Su pueblo era basada en la ley, o sea, conforme al principio de la ley. Pero en la economía del Nuevo Testamento, Dios no se relaciona hoy con Su pueblo según la ley, sino según la fe. Así que, la ley era el principio sobre el cual Dios se relacionaba con Su pueblo en el Antiguo Testamento, mientras que la fe es el principio sobre el cual Él se relaciona con nosotros en el Nuevo Testamento. Conforme a la economía antiguotestamentaria, era necesario guardar la ley para ser aceptable ante Dios. Pero en la actualidad ser aceptable a Dios tiene que ver con la fe.
El principio de la ley ha sido abolido, pero los mandamientos de la ley no. No debemos concluir que los mandamientos de la ley, tales como honrar a los padres o no robar, fueron abolidos solamente porque el principio sí lo fue. Los mandamientos de la ley, en lugar de ser abolidos, fueron elevados. Aunque nuestro contacto con Dios no se basa en el principio de la ley, es menester que nosotros observemos los mandamientos elevados de la ley.

NO ES NECESARIO GUARDAR EL SÁBADO

Al llegar a este punto los adventistas del séptimo día dirían: “Sí, debemos guardar todos los mandamientos de la ley. Uno de estos mandamientos es guardar el sábado. Basándonos en lo que usted dijo acerca de no abolir los mandamientos de la ley, nosotros le decimos que debemos guardar el sábado”. Aunque los mandamientos de Dios no fueron abolidos, uno de estos mandamientos, la ley acerca de guardar el sábado, no está relacionado con la moralidad. Más bien, es una ley ritual. Un rito es una formalidad, una sombra, que ya no necesitamos observar en la actualidad. Por ejemplo, no es necesario ofrecer los sacrificios de animales, ¿verdad? Asimismo, ya no necesitamos guardar el sábado. En el Antiguo Testamento, o sea en la edad de las sombras, eran necesarios los sacrificios, las fiestas, y la observancia del sábado. Pero ahora estamos en la era de realidad. Nuestro sacrificio no es un cordero ni un macho cabrío, sino Cristo, la realidad de todos los sacrificios del Antiguo Testamento. Del mismo modo, nuestro reposo no es un día específico, sino Cristo. Debido a que Cristo, la realidad, está presente, se han acabado todas las sombras. Puesto que el mandamiento acerca de guardar el sábado es un mandamiento ritual, y no un mandamiento moral, no tenemos la obligación de guardarlo hoy en día. Este mandamiento no está relacionado con la moralidad, sino con la sombra, la formalidad, la cual ya pasó.

EL PRINCIPIO DE LA LEY

El principio de la ley debe dejar una impresión profunda en nosotros. La manera en que Dios se relaciona con Su pueblo siempre depende de cierto principio. Por ejemplo, Dios se relacionó con Abraham basándose en Su promesa. No le dio a Abraham los mandamientos de la ley, sino sólo le dio la promesa. Por lo tanto, Dios hizo con Abraham conforme a Su promesa. La promesa que Dios hizo a Abraham llegó a ser el principio según el cual Dios se relacionó con él. Más tarde, Dios dio la ley a los hijos de Israel por medio de Moisés. La ley dada en el monte Sinaí llegó a ser el principio sobre el cual Dios se relacionó con los hijos de Israel. De esta manera la ley vino a ser el principio sobre el cual Dios se relacionó con Su pueblo en el Antiguo Testamento. Ahora en el Nuevo Testamento Dios se relaciona con los creyentes según la fe, y no según la ley. Este punto se desarrolla en los libros de Romanos y Gálatas. Si usted lee estos libros, verá que Dios trata con los creyentes en Cristo no según la ley, sino según la fe. En los tiempos antiguotestamentarios, Dios aceptó a la gente conforme a la ley. Si alguien quería que Dios lo aceptara, tenía que satisfacer los requisitos de la ley. Pero ahora Dios nos acepta, no según la ley, sino según nuestra fe en Cristo, o sea, si hemos creído en Él o no. Por lo tanto, el hecho de que Dios nos acepte se basa en la fe.

LOS MANDAMIENTOS DE LA LEY
NO FUERON ABOLIDOS SINO ELEVADOS

El hecho de que Dios ya no trate con nosotros los creyentes conforme al principio de la ley, no significa que los mandamientos de la ley antigua fueron abolidos. Por ejemplo, los primeros dos mandamientos de la ley antigua tenían que ver con que no tengamos otros dioses ni hagamos imágenes. Decir que el principio de la ley fue abolido no significa que sus mandamientos fueron abolidos. Por el contrario, según el Nuevo Testamento, estos mandamientos son recalcados, fortalecidos y elevados. En el Antiguo Testamento se nos dice que no debemos hacer una imagen material, pero en el Nuevo Testamento, se nos dice que la codicia es una forma de idolatría (Col. 3:5). La avaricia es un ídolo. Con esto vemos la elevación del mandamiento referente a la idolatría. Sí, el principio de la ley fue abolido, pero no los mandamientos de la ley. El mandamiento acerca de honrar a nuestros padres nunca fue abolido. En el Nuevo Testamento este mandamiento se repite, y es fortalecido y elevado. En estos días debemos honrar a nuestros padres mucho más que lo hicieron anteriormente los hijos de Israel.
Hemos visto que el Señor Jesús también elevó los mandamientos acerca del asesinato y del adulterio. Debido a que los mandamientos del Antiguo Testamento referente al asesinato y al adulterio no eran adecuados, el Señor los complementó. El antiguo mandamiento en cuanto al asesinato no abarcó el odio y el enojo. Así que, el Señor complementó la ley antigua acerca del asesinato diciendo que cualquiera que se enoje con su hermano será reo de juicio. También complementó el mandamiento referente al adulterio diciendo que cualquiera que mire a una mujer lujuriosamente ha cometido adulterio en su corazón. Con estos ejemplos vemos que las leyes morales nunca fueron abolidas; más bien, fueron elevadas. Los diez mandamientos han sido repetidos y elevados en el Nuevo Testamento excepto el cuarto mandamiento, el de guardar el sábado. Este mandamiento se ha terminado porque no está relacionado con la moralidad. Al contrario, es un mandamiento ritual.

UN NIVEL MÁS ALTO DE LA MORALIDAD

Ahora llegamos a la verdadera carga de este mensaje. Sí, en el Nuevo Testamento la salvación se basa en el principio de la fe; no tiene nada que ver con la ley. Todos fuimos salvos por la fe, y no por guardar la ley. Pero después de ser salvos, debemos vivir según una norma más alta que la de la ley antigua. Nunca debemos pensar que tenemos plena libertad para ser indisciplinados, descuidados, o aun inmorales sólo porque nuestra salvación no se basa en la ley. El hecho de que Dios no se relacione con nosotros conforme al principio de la ley, no debe servirnos como base para pensar que no es necesario prestar atención a los mandamientos de la ley. Todos los que creen esto han sido embotados por lo que se enseña en cierta parte del cristianismo de hoy. Debemos ser sobrios. Repito, después de haber sido salvos, necesitamos vivir según una norma más elevada que la de la ley antigua. Nuestra norma tiene que ser más alta que los requisitos de la ley. La ley requiere que no asesinemos a nadie, pero ni siquiera debemos enojarnos con otros. Aun si decimos a nuestro hermano: “Raca”, una expresión de menosprecio, o: “Moreh”, una palabra de condenación que significa rebelde, estaremos en peligro de juicio. Aunque no matemos a nuestro hermano, si tan sólo le llamamos necio o rebelde, nos encontraremos en serios problemas.

LOS PROBLEMAS DEL MAL GENIO
Y DE LA CONCUPISCENCIA

En Mateo 5 el Señor Jesús habló del asesinato y del adulterio. El asesinato tiene que ver con nuestro mal genio, y el adulterio con nuestra lujuria. Nuestro mal genio y nuestra lujuria constantemente nos perjudican y perturban. Si fuéramos piedras, no nos molestarían estas dos cosas. Por mucho que uno moleste, insulte u ofenda a una piedra, ella nunca reaccionará, porque no tiene genio. Además, una piedra no tiene concupiscencia. Por lo tanto, nunca es tentada por la lujuria. Pero a diario nuestro mal genio o nuestra concupiscencia nos perturban. ¡Cuán fácil es que nos irritemos o que seamos ofendidos! Es posible que algunos de nosotros seamos ofendidos al menos diez veces al día. Tal vez usted sea ofendido por su cónyuge, por sus hijos, por sus vecinos o por sus parientes políticos. Aun es posible que sus zapatos, la estufa o la tetera le ofendan. Conozco a algunas hermanas que han sido ofendidas por sus cocinas; parece que su enojo nunca se podrá agotar. Otros tienen problemas con la lujuria. Por eso, señalé en uno de los mensajes de estudio-vida de Génesis, que nadie debe estar solo con un miembro del sexo opuesto por algún período de tiempo. Si lo hace, será tentado por su feroz lujuria.
Uno debe vencer su mal genio y sus concupiscencias si quiere vivir según una norma de moralidad más elevada que la de la ley antigua. Puede ser que usted diga que esto no es fácil de hacer. Es cierto, no es fácil. Es por eso que necesitamos a Cristo. Es por eso que necesitamos otra vida. ¡Cuánto necesitamos permanecer con Cristo! Tenemos que hacer contacto con Él no sólo día tras día, sino hora tras hora. Debido al mal genio y a la concupiscencia que están en nuestro interior, necesitamos permanecer en una comunión continua con Él. Debemos reconocer que no somos ni madera ni piedra. Si fuéramos madera o piedra, no tendríamos nada por lo cual preocuparnos en lo tocante al enojo y a los deseos carnales. Pero, puesto que somos seres vivientes, tenemos estas dos cosas en nuestro ser. ¿Acaso no tiene usted tanto el mal genio como la lujuria en su interior? En cualquier momento es posible tropezar por causa del mal genio o ser tentados por la lujuria. ¡Estemos alerta! Vigilemos y oremos con respecto a estos dos “demonios”, nuestro mal genio y nuestra lujuria. Después de ser salvos conforme al principio de la fe, necesitamos llevar una vida más elevada, una vida con la norma moral más alta. Esta vida, con su norma superior, es la que vence nuestro mal genio y nuestra concupiscencia.

UNA ADVERTENCIA CON RESPECTO AL
JUICIO DE LOS CREYENTES

Semana tras semana muchos son embotados por las enseñanzas del cristianismo, las cuales ni advierten a los cristianos ni les dicen la verdad. Pocos reciben la advertencia de que el enojo y el menosprecio o condenación a otros les causará muchos problemas, así como la entrega a sus lujurias. Aun por menospreciar en algo a nuestro hermano, seremos reos de juicio (5:22). Esto no significa que pereceremos. No, una persona salva nunca perecerá, y nadie que está perdido tendrá los requisitos para presentarse ante el tribunal de Cristo. Sólo los que han sido salvos según el principio de la fe, estarán capacitados para estar allí. Pero no pensemos que es imposible que usted tenga un problema ante el tribunal de Cristo. Tal vez diga al Señor: “Nunca robé un banco ni asesiné a nadie”. Pero el mero acto de perder la paciencia podría traerle a usted condenación.
En Mateo 5:22 el juicio de los creyentes en el tribunal de Cristo se describe con tres clases de juicio según la historia del pueblo judío: el juicio en la puerta de la ciudad, el juicio ante el sanedrín y el juicio de la Gehena de fuego. Estos tres niveles de juicio se refieren a un solo juicio: el del tribunal de Cristo. Nosotros los cristianos, quienes hemos sido salvos conforme al principio de la fe, no seremos juzgados en el trono blanco mencionado en Apocalipsis 20. Al contrario, seremos juzgados en el tribunal de Cristo mil años antes del juicio en el trono blanco. El juicio que se ejecuta en el gran trono blanco será para los incrédulos y tendrá que ver con su perdición eterna. Pero el juicio ejecutado en el tribunal de Cristo será para los creyentes y tratará sobre si recibirán un galardón o un castigo.

Aunque muchos de ustedes estuvieron en el cristianismo por muchos años, probablemente nunca oyeron un mensaje tan serio. ¿Acaso oyó usted un sermón en el cual se le dijo que, aunque usted es salvo por la fe mediante la gracia, es necesario que viva conforme a una norma moral más elevada que la que se requiere bajo la ley antigua? ¿Acaso le dijeron a usted que debe vivir una vida en la que nunca se enoje ni mire a una mujer para codiciarla? La ley superior, la del reino de los cielos, no sólo toca los actos externos, sino también los motivos internos. ¡Cuán alta es la norma de esta ley! La advertencia dada por el Señor con respecto a la norma de esta ley es seria. Incluso habla de ser echado en la Gehena de fuego. Vuelvo a decir que esto no significa que los creyentes perecerán. El pobre cristianismo sólo dice a los hombres que van a ir a los cielos o al infierno. Pero la Biblia afirma claramente que después de haber sido salvos conforme al principio de la fe, debemos cumplir todos los requisitos de la nueva ley. La ley ya no es el principio según el cual somos salvos, pero sí es la norma de moralidad que debemos satisfacer. El principio de la ley fue abolido, pero la moralidad que los mandamientos de la ley requieren permanece y ha sido elevada. No debemos pensar que no es necesario ocuparnos de la moralidad porque no somos salvos por la ley. Este es un concepto completamente erróneo. El punto crítico de la promulgación del Señor con respecto a la ley es que no necesitamos guardar la ley para poder ser salvos, pero sí es necesario que mantengamos una norma de moralidad mucha más elevada que la norma de la ley antigua después de ser salvos por la fe.

OBLIGADOS A PERMANECER CON CRISTO

Después de escuchar todo esto, es posible que usted diga que no puede cumplir con ello. Es bueno decir que no podemos hacerlo, porque es necesario que Cristo entre en nosotros. Aquel que plenamente satisfizo la ley y que murió por nosotros ha entrado en nosotros en resurrección para ser nuestra vida. La advertencia que el Señor da en Mateo 5 debe obligarnos a permanecer con Cristo. Debemos vivir diariamente con temor y temblor. Debemos decir: “Tengo que quedarme muy cerca al Cristo resucitado. Debo ser uno con Él. Necesito confiar en Él y depender de Él. Debido a que la norma de moralidad del reino de los cielos es demasiado alta para que yo la satisfaga, tengo que permanecer con el Señor. Tan sólo por enojarme con mi hermano, podría quemarme en el fuego”. ¡Cuán serio es esto!
Cuando algunos maestros cristianos oigan esto, tal vez dirán: “Es herético enseñar que los salvos se quemarán en el fuego”. Vuelva a leer Mateo 5. Las palabras de este capítulo no fueron dirigidas a los incrédulos, sino a los discípulos, los salvos, los hijos de Dios. Si ellos no refrenan su enojo, serán echados en la Gehena de fuego. Quizás algunos dirían: “Esta es la Gehena de fuego y no el lago de fuego”. No discutamos acerca de cuál fuego es, porque aun el fuego más pequeño puede causarnos mucho sufrimiento. Cada domingo, muchísimos cristianos se llenan de las enseñanzas azucaradas. Nunca han oído la palabra de cordura hallada en Mateo 5. Agradecemos al Señor por Su misericordia y Su gracia y por la fe que nos dio mediante la cual somos salvos. ¡Cuán maravilloso es ser salvo por la fe! Pero como personas salvas, debemos escuchar lo seria que es la palabra de advertencia Incluso el enojo para con nuestro hermano puede llevarnos a ser quemados en la Gehena de fuego.
El pensamiento de ser quemado por fuego se halla tanto en 1 Corintios 3 como en Hebreos 6. En 1 Corintios 3:15 dice: “Si la obra de alguno es consumida, él sufrirá pérdida, pero él mismo será salvo, aunque así como pasado por fuego”. Aunque éste será salvo, lo será pasado por fuego. Hebreos 6:7 y 8 dicen: “Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos para los cuales es labrada, participa de la bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada. En estos versículos los creyentes son comparados con la tierra, la cual tiene la capacidad de producir hierba aprobada por Dios o espinos y abrojos que serán quemados. ¡Cuán terrible sería pasar por tal fuego! Más aún, en Apocalipsis 2:11 el Señor dijo: “El que venza, no sufrirá ningún daño de la segunda muerte”. Con esta palabra se da a entender que los cristianos derrotados sufrirán daño de la segunda muerte, el lago de fuego (Ap. 20:15). Sufrir daño de la segunda muerte equivale a ser tocado por el lago de fuego. Ciertamente ninguno de nosotros quiere que el lago de fuego le toque.

EL CASTIGO LIMITADO A LA DISPENSACION

La idea de que los creyentes sean juzgados y posiblemente sufran daño por el fuego no es compartido por el calvinismo ni por el arminianismo. Según el calvinismo, una vez que seamos salvos, así seremos para siempre, y no habrá ningún otro problema. En cierto sentido esto está correcto, pues una vez que somos salvos, lo somos eternamente. Sin embargo, no debemos decir que no habrá otros problemas. Existe la posibilidad de ser quemados en el fuego. Según el arminianismo, algunos pueden ser salvos por la mañana y perder su salvación en la noche. Su salvación sube y baja como un ascensor. Ni el calvinismo ni el arminianismo concuerdan con la palabra pura de la Biblia. La Biblia revela que somos salvos por la eternidad; pero después de ser salvos, necesitamos vencer toda cosa pecaminosa; si no, recibiremos disciplina, castigo. Si usted no se arrepiente confesando su pecado, sino que se queda en el adulterio, en la era venidera será echado en el fuego y quemado, no como perdición eterna, sino como un castigo limitado a la dispensación.

HUIR DE NUESTRO MAL GENIO
Y DE NUESTRA LUJURIA

La edad en que vivimos es una edad de fornicación y de adulterio. Todos los países están llenos de inmoralidad. Muchísimos han sido embotados por el “ajo” y han perdido su capacidad para sentir lo pecaminoso que es. ¡Que esto nos haga sobrios! Tenemos que apartarnos y guardarnos de esta tendencia. Nada ofende más a Dios que la fornicación, la cual perjudica al hombre que Él creó a Su imagen. Todos debemos huir de nuestro mal genio y de nuestra lujuria. ¡Huya de su mal genio! ¡Huya de su lujuria! No es cosa insignificante que nos enojemos o que nos entreguemos a la lujuria. Entregarnos a estas cosas podría hacer que seamos quemados. Así que, necesitamos prestar atención a esta palabra de cordura, la cual nos obligará a estar cerca de Cristo. Necesitamos orar: “Señor, tengo el mal genio y la lujuria dentro de mí. Pero, Señor, te doy las gracias porque Tú estás en mi espíritu. Señor, no quiero permanecer en mi lujuria física, ni en mi enojo psicológico. Quiero permanecer en mi espíritu junto a Ti, querido Señor Jesús”. Aquí tenemos nuestra salvación, nuestro rescate, nuestra santidad: día y noche tenemos que permanecer con el Señor Jesús en nuestro espíritu, acudiendo a Él, haciendo contacto con Él y confiando en Él.
El mal genio, un problema para todos los cristianos, es como una ardilla terrestre: está escondido, es sutil y prevaleciente. Todos debemos estar alerta al respecto. La lujuria también es un gran problema. Siento decir que aun entre los santos ha habido varios casos de fornicación. ¡Qué vergüenza es ésta! Entre los santos nada es más vergonzoso que la fornicación o el adulterio. Esto perjudica a las personas que Dios creó, daña la vida de iglesia y también el testimonio de la iglesia. El apóstol Pablo nos advirtió una y otra vez que ningún fornicario tendrá parte en el reino de Dios (1 Co. 6:9-10; Gá. 5:19-21; Ef. 5:5). Los creyentes que cometen adulterio o fornicación están acabados con respecto al reino de los cielos. El pueblo del reino debe tener el nivel más alto de justicia. No se enoje ni mire a una mujer para codiciarla. ¡Tenga cuidado! Necesita considerar estos asuntos con toda seriedad y terminar con su raíz. Esta palabra no es una amenaza, sino una advertencia que nos obliga a permanecer cerca de Cristo.
Gracias al Señor porque tenemos el Evangelio de Mateo así como el Evangelio de Juan. Necesitamos confiar en la vida revelada en el Evangelio de Juan. ¡Aleluya, tenemos esta vida! Es la vida de resurrección, la vida vencedora. Cristo ya venció y ahora, en resurrección, Él vive en nosotros. Esta es la vida por la cual satisfacemos los requisitos más altos del reino de los cielos.

ANDAR CONFORME AL ESPIRITU

Debemos entender muy claramente el hecho de que en realidad no estamos guardando la ley. Por el contrario, estamos andando conforme al espíritu. Romanos 8:4 dice que cuando andamos conforme al espíritu, espontáneamente satisfacemos todos los justos requisitos de la ley. No intentamos guardar la ley, porque cuanto más tratamos de guardarla, más la quebrantamos. Este hecho se revela plenamente en Romanos 7 donde lo hallamos registrado. Hoy en día no estamos bajo la ley ni estamos obligados a guardarla. Estamos libres de la ley y ahora andamos conforme al espíritu. Dentro del espíritu está el Rey, Cristo, quien es nuestra vida de resurrección. Al andar nosotros conforme al espíritu, cumplimos con los requisitos de la ley superior.
Creo que ahora tenemos un concepto claro acerca de la ley. Podemos decir a otros que el principio de la ley ya pasó, pero los mandamientos de la ley permanecen y han sido elevados. Aunque nosotros no somos capaces de satisfacer la norma de estos requisitos, tenemos la vida de resurrección en nuestro espíritu. Por lo tanto, no es necesario que guardemos la ley en el sentido de esforzarnos por hacerlo, sino que andemos conforme al espíritu. Cuando andamos conforme al espíritu, espontáneamente satisfacemos todos los requisitos de la ley y tenemos la norma de moralidad más alta. Este es el testimonio de Jesús, el testimonio de la iglesia. Esta es la vida adecuada de iglesia, la realidad del reino de los cielos.