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Isaías Profeta de la Salvación- Parte 18: AYES 1 AL 3, Dr. Stephen Jones


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25-03-2020


El mal uso que hizo la gente de "la viña" significaba que no la usaban de acuerdo con los principios de la Ley de Dios, que fueron Sus términos de acuerdo al principio. Luego, Isaías emite seis "ayes", por los cuales condenaba la maldad de la nación por permitir que el pecado oprimiera a la gente común.


Ay nº 1 contra las violaciones del jubileo

Isaías 5: 8 dice:

8 ¡Ay de aquellos que agregan casa por casa y unen campo a campo, hasta que no queda más espacio, para habitar solos en medio de la tierra!

Esto estaba dirigido a los hombres ricos y poderosos de Judá que habían ejecutado la herencia de los pobres. Implica que habían fallado en mantener sus Jubileos, donde la tierra de cada familia debía regresar a ellos cada 49 años (Levítico 25: 10, 13). La ley del jubileo era una salvaguarda contra la deuda perpetua y la pérdida de la herencia de uno en la Tierra.

Un número creciente de judaítas tuvieron que "vivir solos" debido a la ruptura de la familia. La herencia familiar proporcionaba el espacio para que la familia trabajara junta. Cada persona tenía asignadas tareas de acuerdo a sus capacidades. La estructura familiar, mantenida por su herencia familiar en la tierra, tenía como objetivo proporcionar estabilidad a la nación.

El juicio divino por violar estos principios se ve en Isaías 5: 9-10,

9 En mis oídos, Yahweh de los ejércitos ha jurado: “Ciertamente, muchas casas serán desoladas, grandes y bellas, pero sin ocupantes. 10 Por diez yugadas [sembrados] de viña producirán solo un bato de vino, y un homer de semillas producirá solo un efa de grano”.

El profeta había escuchado el juramento de Yahweh de los ejércitos y dice, "en mis oídos". Cuando Dios hace un juramento, ciertamente se cumplirá. Es un veredicto establecido del Tribunal Divino. Todavía puede retrasarse debido al arrepentimiento, como vemos con Judá, cuando el ejército asirio no pudo capturar Jerusalén y el cautiverio se retrasó otro siglo. Sin embargo, ciertamente sucederá al final.

Esas grandes casas y mansiones, que los ricos y poderosos habían construido para sí mismos, estarían desocupadas porque serían muertos o enviados al exilio. La razón de tal desolación es la incapacidad de la tierra para producir fruto (vino y grano). Aquí hay un sutil recordatorio del Cantar de la Viña de Isaías 5: 1-7, donde el problema era la falta de fruto adecuado en Judá. Como hemos visto, ese era un problema espiritual expuesto en una parábola agrícola.

Un bato era de unos seis galones ingleses. Diez yugadas de viña deberían haber producido mucho más que solo seis galones de vino. La palabra hebrea tsemed literalmente significa "un yugo (par) de bueyes", y por extensión se refiere a la cantidad de tierra que un par de bueyes podía arar en un día. Así también era cómo se medía una yugada durante la Edad Media.

De la misma manera, el profeta dice: "un homer de semillas producirá solo un efa de grano". Había tres medidas básicas de capacidad en la cultura hebrea: omer, efa y homer. Un omer era una pequeña medida de grano; un efa era diez omers, y un homer era diez efas o 100 omers. Las medidas van por múltiplos de diez.

Así que, el profeta les decía que si plantaban un homer de semillas, cosecharían solo una décima parte de lo que habían plantado, cuando según la ley de rendimientos crecientes normalmente uno esperaría recibir 30 veces, 60 veces o incluso 100 veces de lo sembrado (Mateo 13: 8).

Todo esto muestra el significado más profundo de la falta de fruto de Judá. Su negativa a implementar la Ley de Dios resultó en una grave escasez del fruto del Espíritu que Dios requería y que era el propósito de Su trabajo en la Creación misma.


Ay nº 2 contra demasiada diversión

Isaías 5: 11-12 dice:

11 ¡Ay de aquellos que se levantan temprano en la mañana para poder tomar una bebida fuerte, que se quedan despiertos hasta tarde en la noche para que el vino los inflame! 12 Sus banquetes están acompañados de lira y arpa, pandereta y flauta, y vino; pero no prestan atención a las obras de Yahweh, ni consideran la obra de sus manos.

Esto no es simplemente una condena de los alcohólicos. Es una condena en contra de aquellos que prefieren las fiestas y la búsqueda frívola de placer a estudiar y aprender acerca de Dios y Su naturaleza. El profeta consideraba que sus fiestas eran una pérdida de tiempo valioso, causada por la falta de prioridades apropiadas en la vida de los hombres. El juicio de Dios se establece en Isaías 5: 13-17. El versículo 13 dice:

13 Por eso mi pueblo va exiliado [gala] por su falta de discernimiento; y sus hombres notables están hambrientos, y su multitud reseca de sed.

El profeta usa la palabra gala, "ser trasladado o exiliado" con un doble significado. En la superficie, significa que la gente sería trasladada por los asirios en breve. Pero mientras tanto, la gente se dejaba llevar por su frívola búsqueda de diversión. El hecho de dejarse llevar por las fiestas resultó en su falta de conocimiento de Dios y de lo que había hecho en la historia de Israel.

Nuestra palabra española gala significa "una celebración festiva". Se deriva de la palabra francesa gale y galer, "placer, alegría", pero es una de las miles de palabras en español derivadas originalmente del idioma hebreo.

El juicio de Dios, entonces, se presenta en Isaías 5: 14-15,

14 Por lo tanto, el Seol [sepulcro] ha agrandado su garganta y abierto su boca sin medida; y el esplendor de Jerusalén, su multitud, su estruendo de juerga y el júbilo dentro de ella, descienden a él. 15 De modo que el hombre común será humillado y el hombre importante será abatido, los ojos del orgulloso también serán humillados.

Toda la nación, comunes y nobles, sufrirían al ser "humillados" y "abatidos". El Seol, el sepulcro o tumba, fue representado como una pitón, que agranda su garganta para tragarse a su presa entera. En este caso, ser "abatido" (shafel) es ser derribado o arrojado (al pozo del Seol), así como la pitón se traga a su presa.

Isaías 5: 16-17 concluye,

16 Pero Yahweh de los ejércitos será exaltado en juicio, y el Dios santo se mostrará santo en justicia. 17 Entonces los corderos pacerán como en su pasto, y los extraños comerán en los desiertos de los ricos.

La humillación de los pecadores contrasta con la exaltación de Dios (gabbah, "ser elevado, alto"). Sus juicios (mishpat) son sus veredictos mientras juzga a las naciones y al pueblo. Todos Sus juicios serán vindicados como actos de justicia (tsedeqah). Entonces Apocalipsis 15: 3-4 dice:

3 ... ¡Grandes y maravillosas son tus obras, oh Señor Dios, el Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, rey de las naciones! 4 ¿Quién no temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? Porque solo Tú eres santo, porque todas las naciones vendrán y adorarán delante de ti, porque tus actos justos han sido revelados.

La preocupación del profeta es que cuando Dios juzga, la gente generalmente piensa que Dios está abusando de ellos injustamente. Ellos lo malinterpretan por su falta de conocimiento. Sin conocer los Caminos de Dios o el Plan Divino, en su arrogancia, piensan que son sus propios amos. No reconocen que el Creador posee lo que crea y tiene el derecho de establecer el estándar de comportamiento de acuerdo con Su propia naturaleza justa, como se expresa en Su Ley.

El juicio es que los corderos comerán hierba en lo que queda de sus casas, y los extranjeros usarán sus ruinas como sombra cuando almuercen.


Ay nº 3 contra el cinismo

Isaías 5: 18-19 dice:

18 ¡Ay de los que arrastran la iniquidad con cuerdas de mentira y pecan como con coyundas de carreta! 19 que dicen: “Que acelere, que acelere su obra para que la veamos; y que se acerque y se cumpla el propósito del Santo de Israel, para que lo sepamos".

El Comentario Bíblico de Wycliffe dice esto:

18 y 19. Culpables del materialismo cínico. Al igual que los idólatras que arrastran el carro de un gran ídolo en una procesión festiva, estas personas rebeldes arrastraban su ídolo de la iniquidad, desafiando al Santo de Israel, como si Él fuera impotente para intervenir en la historia humana y ejercer Su soberanía.

En otras palabras, "arrastrar la iniquidad con las cuerdas de la mentira" era hacer desfilar un ídolo ("iniquidad") por las calles de Jerusalén. Su cinismo se basaba en el aparente fracaso de Dios para reivindicarse o manifestarse en la Tierra. Los profetas habían predicho muchas cosas que aún no habían sucedido. Por lo tanto, la palabra de los profetas no tenía peso para ellos.

Entonces, cuando Isaías se opuso a su idolatría, la gente dijo, en efecto, si tu Dios es el Dios verdadero, entonces déjalo apurarse y cumplir Su palabra para que podamos ver y creer. Leemos de personas similares en 2ª Pedro 3: 3-4,

3 Sabed esto antes que nada, que en los últimos días los burladores vendrán con su propia burla, siguiendo sus propios deseos, 4 y diciendo: “¿Dónde está la promesa de su venida? Desde que los padres durmieron, todo continúa tal como fue desde el comienzo de la creación".

Pedro responde en 2ª Pedro 3: 8-9,

8 ... para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no tarda en cumplir Su promesa, según algunos consideran la tardanza, sino que es paciente hacia vosotros, no deseando que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

El tiempo es el ingrediente principal de la paciencia. La paciencia de Dios se basa en Su inmortalidad; la impaciencia del hombre se basa en su perspectiva mortal. El hombre, por lo tanto, carece de tiempo y exige ver todo de inmediato. Pero Dios es quien establece la política, y el cinismo y la impaciencia infantil de los hombres no lo harán seguir Su ejemplo infantil. Alguien tiene que ser el adulto en esto.



https://godskingdom.org/blog/2020/03/isaiah-prophet-of-salvation-part-17-1

INVIERTE TU TIEMPO SEGÚN DIOS / ENTRETENIMIENTOS (Sorbos Místicos), François Fenélon




TIEMPO

El hecho de cómo inviertes tu tiempo varía con las diferentes etapas de tu vida, pero hay un principio que se aplica a cada instante de tiempo: no lo malgastes.

Cada época tiene varias tareas que Dios te ha asignado y darás cuenta de cómo has invertido tu tiempo. Dios nunca quiere que mires a ninguna etapa de tu vida como si fuera inútil. No quiere que pases tu tiempo fuera de Él.

Lo importante es saber cómo quiere Dios que uses tu tiempo. No aprenderás esto mediante el duro esfuerzo, o estudio, o una aguda inteligencia, sino buscando a Dios con un corazón puro y recto.

También has de poner a un lado las artimañas de tu amor propio en el momento en que te percates de ellas. Pues no solo pierdes el tiempo por no hacer nada o incluso por hacer algo que sabes que está mal; también pierdes el tiempo al hacer algo aparentemente “bueno” que Dios no te ha pedido que hagas (obras muertas o separadas de Dios).

Debes depender de continuo del Espíritu de Dios para hallar su orientación. Si tienes una duda en cuanto a lo que Él quiere, pregúntale otra vez. Cuando el sendero se perfile mejor, muévete hacia delante con su fuerza. Trae tu corazón de nuevo a Él siempre que sientas que te vas alejando de Dios a la deriva.

Serás en verdad bendecido si te abandonas en las manos de tu Salvador, dispuesto a hacer lo que Él requiera de ti. Cuando llegue cada responsabilidad, dale la bienvenida. Dios te prepara para ellas. Lo único que tienes que hacer es someter tu temperamento, tus opiniones, tus preocupaciones —tu forma natural de reaccionar ante las cosas— completamente a Él. No te dejes acosar por los asuntos externos.

Busca glorificar a Dios en todo lo que hagas. No te dejes implicar tan personalmente en tus obligaciones, de modo que toda tu vida gire en torno a ellas. No permitas que tu trabajo te excite o te deprima demasiado.

El tiempo que inviertes socialmente con otros puede ser peligroso para ti. Debes aprender a permanecer en la presencia de Dios mientras estés con otras personas. A menudo hay un veneno secreto oculto en tu conversación. Usa tu tiempo con otros para influirles hacia Dios. Recuerda: tus palabras pueden hacer mucho bien o mucho mal.

El tiempo libre es muy agradable. A duras penas podrías encontrar un mejor uso de él que en renovar tus fuerzas mediante la comunión interior con Dios. Aprenderás el secreto de pasar tiempo íntimo con tu Señor. Aquellos que conocen bien al Señor no se pueden resistir a volver a Él en cuanto tienen la oportunidad.



ENTRETENIMIENTOS

Si mantienes tu corazón puesto en Dios, los entretenimientos inocentes son inocuos. Ser rudo, legalista, e inflexible, reforzará la falsa idea de que servir a Dios equivale a vivir una vida aburrida y triste. Deja que la paz y el gozo de tu vida en Dios fluyan hacia afuera para que todos la vean. Aun las cosas más simples, hechas en la presencia de Dios, le sirven a Él. Dios dispone que aún las cosas más sencillas se hagan en su orden y para su gloria. ¡No lo olvides!

La mayoría de las personas, al tratar de agradar a Dios, esperan que Dios quiera que hagan cosas difíciles o fuera de lo común. Dios quiere que mueras a ti mismo, y vivas para Él en los acontecimientos diarios de la vida. Los cambios que tendrán que hacerse en ti serán mucho más internos que externos, si antes de convertirte vivías una vida moral y decente.

Dios no quiere que finjas buena cara... Él quiere que le dejes moldear tu voluntad. No le niegues nada. No quieras nada más que su voluntad. Búscale durante tus horas de vacío, y Él te llenará con su gracia.

Incluso los pasatiempos más estúpidos pueden ser ofrendas a Dios cuando por obligaciones familiares has de comprometerte en ellos. Cuán libre habrás de ser cuando haces todas las cosas simplemente para la gloria de Dios. Deja que Dios te guíe de la mano sin cuestionarle. No hay nada más sencillo o más fiel que aprender a aceptar la voluntad de Dios poniendo a un lado tus preferencias personales... tus gustos, aversiones e impulsos. Si vives de esta manera andarás despreocupada, pero disciplinada.

Cuando tus pasatiempos empiecen a distraerte de Dios, vuelve a Él. Cuando estés deprimida o cansada, trae tu atribulado espíritu ante tu Padre, quien extiende sus brazos hacia ti. Búscale cuando tus emociones suban y bajen, y Él te traerá a un equilibrio y jamás te dejará sin socorro. Búscale con un mover silencioso de tu corazón y hallarás nuevas fuerzas. Incluso aunque te sientas descorazonada, Dios aún te dará la fuerza para hacer lo que Él espera de ti. Su fuerza es tu pan diario... Su fuerza es tu propia vida. Dios no olvida a sus hijos. Él espera encontrar un corazón abierto para que pueda derramar los torrentes de su gracia.

¿Has visto alguna vez a un pequeñuelo moverse felizmente de un lado para otro? Aprende a ser así. Conténtate con estar sujeta o con estar libre. Cuando no puedas decir nada que merezca la pena, alégrate de no decir nada. Sé que siempre quieres estar ocupada con asuntos serios. Pero Dios no ha escogido esto para ti, y sus gustos son mejores que los tuyos. Es bueno no querer decir cosas tontas o frívolas, pero Dios quiere llevarse la autosatisfacción que sientes al tratar siempre de cosas “importantes”. Así que te va a desilusionar al dejar que te veas envuelta en situaciones menos serias.

Preguntas cómo conservarte pura en medio de un estilo de vida que es tan público, y para ser francos, tan superficial. Primero, lee y ora. No me estoy repitiendo ni soy superficial al sugerir esto. Y no quiero decir que se lea para adquirir más datos. ¡Nada podría ser más vano! No, lee alguna palabra o hazaña de Jesús y sopésala en profundo silencio. Tan solo estate al tanto de la verdad, y a medida que tu mente empiece a divagar, vuelve a traerte al momento actual sin enfadarte contigo misma. No sabes lo lejos que llegarás así.

En segundo lugar, cuando estés libre, tomate días enteros para únicamente estar a solas con Dios. A los pies de Jesús es donde todas las heridas del corazón sanan y se limpia todo el barro del mundo.

En tercer lugar, métete en sus fiestas solo cuando te lo pidan. Sé amigable, pero no busques la invitación. Aquellos que te observan, al menos los que sean razonables, estarán contentos de que seas lo bastante sociable como para unirte a ellos, pero lo suficientemente cuidadosa como para que no te vean siempre de fiesta. Y doy por sentado que cuando apareces por uno de estos festejos, lo haces con buena actitud. El mundo critica a las personas que condenan sus caminos y al mismo tiempo viven por sus reglas. ¡Así es como debe ser!



(Por gentileza de E. Josué Zambrano Tapias)

DISMINUYE TUS DISTRACCIONES / IMPACIENCIA (Sorbos Místicos), François Fenélon




DIVAGANDO

Algunas veces introducirás en tu vida de oración una mente llena de divagaciones y pensamientos egoístas. Te verás desgarrada entre la opción de agradar a Dios y el deseo de agradarte a ti misma. ¿Ves cómo la oración puede volverse algo tan difícil y carente de vida? Lo que podría fortalecerte se hace débil porque hay tantísima lucha por dentro, que tu espíritu queda sin alimentarse.

¿Cómo puedes arreglarlo? 

Disminuye tus distracciones e invierte una mayor parte de tu tiempo libre sentada ante Dios.

No quiero apartarte de tus deberes de cara al público. No creo que inviertas el tiempo suficiente visitando a aquellos que debieras. Pero de verdad que deberías volver a tantear lo que haces con tus horas libres. No mimes tanto tu curiosidad, y mantén los detalles de tus obligaciones a un mínimo. Te cansas más de estudiar asuntos desagradables, que de visitar a aquellos que crees que se entrometen en tus horas libres. Olvídate de tu necesidad de siempre estar  distraída y de tu necesidad de estar siempre ocupada, y encontrarás que todo cuanto se exige de ti puede hacerse en calma ante Dios.



EL FUTURO

No estés tan preocupada con el futuro. El futuro le pertenece a Dios. Él está a cargo de todas las cosas y cuidará por completo de ti. Si tratas de adivinar lo que va a pasar, solo conseguirás preocuparte y anticipar problemas. Vive cada día como viene. Cada día trae su propio bien y mal, pero lo que parece malvado se hace bueno si lo dejas en las manos de Dios. No retrases su propósito por ser impaciente. Dios tiene un tiempo para todo. Nunca te anticipes a Él. Una de las cosas más importantes que debes hacer es vivir en el momento actual.

No se trata de cuán rápido marches, sino de lo bien que marches. Dios sabe exactamente cuánto tiempo te supondrá ir de un sitio a otro. No tienes por qué estar siempre ajetreada. Tan solo sigue la guía de Dios.

Todo cuanto necesitas hacer es preparar tu corazón para entregarlo completamente a Dios, sin reservas. Él hará contigo lo que a Él le agrade. Cierra tus ojos y síguele. Camina, como Abraham, sin saber a dónde vas. Dios mismo será tu guía. Te guiará a través del desierto hacia la Tierra Prometida. ¡Serás tan feliz si le dejas a Dios tomar completo control de tu vida!



(Por gentileza de E. Josué Zambrano Tapias)

EL OÍDO QUE OYE (Liberarse del espíritu de mercadeo del Sistema Mundial)- Parte 4, Joseph Herrin






Proverbios 20:12, El oído que oye y el ojo que ve, Yahweh ha hecho ambos.


Suponga que tiene un muy buen amigo con quien desea reunirse y compartir algunas cuestiones muy íntimas e importantes. ¿Qué tipo de ambiente elegiría para reunirse con él? ¿Lo arreglaría para reunirse en el patio de comidas del centro comercial más grande de la ciudad, donde la gente pasa constantemente, donde se mantienen decenas de conversaciones, y las distracciones están por todas partes a su alrededor?

Supongamos que está en casa viendo un programa de televisión y su cónyuge entra con una expresión muy seria en su cara y le dice que tiene que hablar con usted. ¿No apagaría la televisión, daría instrucciones a sus hijos a no interrumpir, y prestaría toda su atención a su cónyuge?

Si realmente queremos escuchar a alguien, debemos proporcionar un entorno que sea propicio para escuchar.

En los evangelios leemos relatos de Cristo que arroja a los comerciantes y cambistas del templo. Cada acontecimiento de la vida de Cristo sirve como una parábola espiritual. Cuando la Biblia dice del Mesías que “el celo por la casa de mi padre me ha consumido”, no debemos suponer que se trataba de un edificio de piedra y madera lo que había captado el interés del Hijo de Dios. El templo de Jerusalén construido por Herodes no era más que un símbolo del verdadero templo en el que habita el Señor, un templo construido de piedras vivas. El pueblo de Dios es ese templo. Usted y yo somos la vivienda en la que el Espíritu del Señor habita.


I Corintios 3:16-17
¿No sabéis que vosotros sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que sois.

Yahshua declaró que el templo fue diseñado para ser una casa de oración. Iba a ser un lugar donde los hombres y las mujeres podrían entrar en comunión tranquila con el Espíritu de Dios.

Mateo 21:13
Y Él les dijo: "Está escrito: Mi casa será llamada casa de oración '...”

No es el edificio físico en Jerusalén del cual Cristo habló. Ese edificio sirvió solo como un tipo y símbolo de la verdadera casa de Dios.

II Corintios 6:16
Porque vosotros sois el templo de Dios vivo. Como Dios ha dicho: “Yo habitaré en ellos y caminar entre ellos. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo".

Usted y yo hemos sido creados para ser casas de oración. Nuestras almas han de estar en silencio; lugares de consuelo en medio de un mundo agitado, que se ha vuelto loco buscando la industria y el comercio. Satanás ha hecho su obra capital para contaminar los santuarios de Dios a través de una sobreabundancia de comercio de las cosas del mundo. El profeta Ezequiel escribió acerca de la caída de Lucifer, el querubín protector, de su lugar en los cielos.

Ezequiel 28:18
"Por la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones, profanaste tus santuarios”. NASB

Ezequiel 28:18
Has profanado tus santuarios por la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones” … KJV

Satanás continúa contaminando esta obra hasta este mismo día. Es muy efectivo para provocar el pueblo de Dios para enfocar una cantidad excesiva de su tiempo, pensamiento y energía sobre el tráfico y el comercio en este mundo. Día tras día las mentes de los santos se centran en su próxima adquisición, sobre cómo generar ingresos suficientes para pagar por todas las cosas materiales que sus almas anhelan. Satanás inunda el mundo con avisos, anuncios y promociones de la próxima gran cosa, tratando de persuadir a los hombres y mujeres de que deben tener alguna baratija o tesoro de este mundo caído.


Considere la vida cotidiana del típico cristiano. Muchos se levantan de la cama por la mañana con el tiempo justo para ducharse, vestirse, tomar un desayuno rápido, y luego sacar la cabeza por la puerta para ir a trabajar. Descuidando el tiempo de permanencia en la presencia del Padre; las mejores horas, las más productivas de sus días se le dan a este Sistema Mundial. Se gastan a sí mismos en trabajo para un empleador terrenal que les proporciona un cheque de pago para que puedan comprar las cosas que tienen sus vecinos.

Al final de la jornada de trabajo del cristiano, volverá a casa para cuidar de las responsabilidades familiares, o para reunirse con amigos, o para participar en las interminables actividades que su iglesia pone ante ellos. Algunos se quedan en casa y encienden el televisor en cuanto salen del trabajo, dejando el televisor encendido hasta que es hora de irse a la cama.

Día tras día los cristianos llenan sus vidas con devaneos y actividades vanas. Han abrazado la carrera de ratas de la humanidad, engañados por Satanás y los predicadores de la prosperidad a creer que esto es de lo que se trata la vida. En el proceso han fracasado en salvaguardar el templo de su cuerpo como un remanso de paz y una casa de oración. Han caído de su principal llamado en la vida que es comunicarse diariamente con el Padre.

Es con propósito en la ilustración que Yahshua manifiesta gran celo en la expulsión de los comerciantes y cambistas del templo. Como individuos, los santos de Dios han invitado al espíritu de mercadeo en sus vidas. Han abrazado el amor al dinero y todo lo que puede comprar. Multitudes están tratando de servir a Dios y a las riquezas. En consecuencia, la pequeña voz del Espíritu de Dios ha sido ahogada por el ruido incesante que surge de tráfico de las cosas del mundo.

Pocos cristianos han discernido cuán radicalmente diferente del modelo de este mundo caído es la vida de Cristo y la de aquellos que serían Sus discípulos. El carácter de Cristo es la alegría. El discípulo se contenta con cualquier refugio, comida y experiencias de la vida del Padre escoge para él. Por el contrario, el hombre mundano se acerca a Dios con una lista de compras de todas las cosas que le gustaría que Dios proveyera para él. El hombre o la mujer al mundo se ha formado una gran cantidad de deseos y expectativas. Quieren un cierto tipo de casa para vivir. Desean mobiliario bonito para llenarlo. Desean diversas características en un coche. Esperan tener un buen conjunto de aparatos, y más allá de esto quieren muchos de los productos de entretenimiento que ofrece este mundo; televisores, equipos de música, ordenadores, consolas de vídeo juegos, juegos de mesa, artículos deportivos, teléfonos inteligentes, y deben tener todos los artilugios y comodidades que se establecen de forma continua ante la mente del público.




Si un cristiano tuviera que hacer un inventario de su casa y las posesiones en ella, se convertiría rápidamente en evidencia que la mayoría se han salido de la actitud descrita por Pablo cuando escribió, “teniendo sustento y cobijo, con eso estaremos contentos”. Las vidas cristianas hoy en día están llenas de obstáculos. El ruido del tráfico del mundo, y la energía constante dedicada a pagar por todo para mantener una vida cómoda con muchos entretenimientos, ha llevado a la profanación de sus santuarios. La pequeña voz de Dios es ahogada por el zumbido constante de la búsqueda mundana.

En 1999 el Padre me llevó a un cambio radical de la vida que había conocido antes. Mi vida antes de 1999 era similar a la de la mayoría de los cristianos de América. Yo era gordo, materialmente satisfecho, un cristiano impulsado por la posesión. Aunque yo era muy activo en mi iglesia, sirviendo incluso como ministro, mi vida no era de quietud. Empecé a trabajar por la mañana, y por la noche, si no estaba involucrado en algún evento de la iglesia o actividad social, estaba en la computadora, o viendo la televisión. Fui empleado como un profesional de la informática. Ganaba un buen sueldo, y según mi ingreso aumentó también lo hicieron mis posesiones, mi nivel de deuda, y el tiempo que pasaba cuidando de todo lo que poseía.

Nadie en la iglesia alguna vez me censuró por vivir una vida tan ocupada y cargada. Nadie me advirtió que yo estaba demasiado involucrado con el mundo y la búsqueda del mismo. Mi vida no era diferente de todos los demás creyentes que conocía. Sin embargo, estaba lejos de ser el patrón que se muestra en la vida de Cristo y la de Sus discípulos.

Cuando el Espíritu me llevó a renunciar a la vida que había elegido para mí, y a abrazar la que Él eligiera para mí, lo primero que hizo fue realizar una limpieza importante en la casa. Me despojó de las posesiones acumuladas de toda una vida. Fue un proceso difícil, no solo para mí, sino para mi esposa e hijos. Ellos también habían crecido acostumbrados a una vida mundana, centrada en las cosas materiales.

Yahweh nos izo rendir, o vender, la mayoría de las posesiones que teníamos. Casa, muebles, artículos de entretenimiento, un segundo vehículo, electrodomésticos, juegos, adornos, y muchas adquisiciones vanas fueron echados a distancia. Cuando el proceso fue completado Yahweh había reducido las posesiones de nuestra familia de cuatro a una casa rodante de 20 años de edad de 28 pies de largo y lo que cabía cómodamente en ella, remolcando un pequeño coche detrás.




Sucedió algo asombroso junto con esta tremenda reducción en las posesiones. Como familia nos fuimos aproximando (literalmente). Al estar en una proximidad más cercana entre sí fomenta una interacción más personal. También todos descubrimos que teníamos más tiempo libre. Ya no había tanto tiempo requerido para limpiar las habitaciones, cortar el césped hacer el mantenimiento de la casa, etc... Me di cuenta que tenía mucho más tiempo para estar en comunión con el Padre. Me permitió pasar horas al día hablando con Dios, leyendo Su Palabra y la escuchando Su voz. Me hice más contemplativo, más meditativo, porque el tráfico de las cosas del mundo había llegado a su fin. Cristo había entrado con un látigo hecho de cuerdas y limpiado el templo una vez más.

Eso fue hace 13 años. Hasta el día de hoy he continuado contentándome con cualquier arreglo de vivienda que el Padre elija para mí. No he vuelto a una persecución del mundo o las cosas en él. Me he contentado con muchas menos posesiones de las que solía tener. Mi vida es más simple, más tranquila, y la voz de Dios es mucho más fácil de escuchar.

I Juan 2: 15-17
No améis al mundo, ni las cosas en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Por todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. El mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Le pregunto, ¿en qué se diferencia su vida significativamente de la de los miembros de la sociedad a su alrededor? ¿Persigue las mismas posesiones, participa en actividades y entretenimientos similares? ¿Las cosas cambiaron radicalmente en su vida cuando se convirtió en cristiano? El apóstol Pablo declaró:



Romanos 12:2
Y no os conforméis a este mundo …

La Iglesia de hoy está por lo general conformada al mundo. Están persiguiendo las posesiones materiales en la misma medida. Al entretenimiento se le da el mismo tiempo en la vida de cristianos como no cristianos. El alma sigue siendo la fuente de la dirección. Estas cosas no deberían ser así. No es de extrañar que la voz de Dios se escucha tan pocas veces entre los cristianos de este tiempo.

Las siguientes palabras del apóstol nunca han sido más urgente:

I Corintios 7:29-31
Pero esto digo, hermanos, que se ha acortado el tiempo, por lo que de ahora en adelante los que tienen mujer sean como si no la tuvieran; y los que lloran, como si no lloraran; y los que están alegres, como si no se alegraran; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.

¿Qué será de aquellos santos que siguen ajustados al presente Sistema Mundial? Cuando aparezca el Hijo de Dios no estarán listos. Estarán persiguiendo las cosas de un mundo caído.

Lucas 17:26-30
Y tal como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre: comían, bebían, se casaban, se les estaba dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. Fue lo mismo que ocurrió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, estaban plantando, estaban construyendo; pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y los destruyó a todos. Será lo mismo en el día en que el Hijo del Hombre se manifieste”.

Ajetreo, un compromiso con este Sistema Mundial, y una búsqueda de la felicidad y la satisfacción personal, hará a los cristianos sordos a la voz de Dios. Las señales que nos rodean indican que la aparición de Cristo se acerca. La Tierra está a punto de pasar a través de dolores de parto y gran tribulación. Al oír la voz de Dios será absolutamente esencial para andar victorioso en esa hora sin sufrir gran pérdida espiritual.

Si desea estar listo para esa hora, si quiere escuchar la voz de Dios resonando claramente en sus oídos, entonces usted debe limpiar su templo del espíritu de mercadeo. Debe poner fin al tráfico de las cosas de este mundo.

Yo lo reto a leer el siguiente relato de los evangelios desde la perspectiva de ver el templo como su propia vida. Si Cristo se acercara hoy a su templo encontraría una casa de oración, o un centro ruidoso de tráfico del mundo?

Juan 2:14-16
Y halló en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados en sus mesas. Y haciendo un azote de cuerdas, echó a todos fuera del templo, con las ovejas y los bueyes; y derramó las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: "Quitad esto de aquí; dejad de hacer de la casa de mi Padre un lugar de negocio".



Simplifique su vida. Entregue sus pertenencias a Cristo para ser dispuestas como Él dirija. No se conforme a este mundo. Póngase en la mente de Cristo. Conténtese con lo que el Padre haya elegido para usted. Estoy seguro de que encontrará que la vida y el camino que Yahweh elegirá para usted va a proporcionarle mucho más tiempo para hablar con Él. Se le permitirá tener una vida contemplativa, meditar.

Comience el día con el Padre. Dando lo mejor de su fuerza y energía a Él. Recuerde la lección del maná. El maná tenía que ser recogido temprano antes de que el sol calentara, o se evaporaría. Así también debemos buscar a Dios temprano.

Salmo 5:3
Oh Yahweh, de mañana oirás mi voz; de mañana presentaré mi oración a ti, y con ansias esperaré.

Si usted mismo se ha comprometido a trabajar por las cosas de este mundo, si se dedica demasiado a entretenimientos, entonces seguramente encontrará que se va a quedar hasta tarde y se levantará por la mañana con la falta de tiempo y energía para buscar al Padre. Como discípulo de Cristo está llamado a vivir una vida radicalmente diferente de la del mundo que lo rodea. Que los mundanos den su energía a la búsqueda del mundo y de todo lo que hay en él. Que su búsqueda sea Dios. Si hace de Él su búsqueda, seguramente lo encontrará.

Jeremías 29:13-14
Me buscaréis y me hallaréis, cuando me busquéis de todo corazón. Y seré hallado por vosotros”, declara Yahweh.

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LOS VENCEDORES Y LAS OBRAS (2a. parte) (Los Vencedores y el Reino Milenario Cap- 4), Arcadio Sierra Díaz


Capítulo 4
LOS VENCEDORES Y LAS OBRAS
(2a. parte)


Las cuatro etapas de la obra de Cristo
El Señor está edificando su casa; ese es su gran propósito. Y para ello Dios se ha venido revelando por etapas. En la Biblia vemos un proceso ascendente de esa revelación divina al hombre. Al comienzo, cuando el hombre pecó, Dios dijo (a la serpiente): "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Gé. 3:15). Ahí aparece un comienzo de revelación de Dios para el curso de la historia y de la economía divina. Esa serpiente antigua se ha hecho sentir en la historia de la humanidad, y se ha desarrollado tanto que llegó a ser un gran dragón con siete cabezas y diez cuernos. Pero Dios también ha venido desarrollando sus propósitos; y formó para sí la nación de Israel, por medio del cual manifestarse al mundo y dar testimonio de su unidad, de su poder, de su palabra, de sus propósitos eternos, y de la encarnación de Su Verbo. En cuanto a la manifestación del Hijo de Dios, el Salvador, podemos ver cuatro etapas definidas:

-Primera etapa. El Verbo divino estaba con el Padre (Juan 1:1,2); con Él estaba eternamente. "1En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2Éste era en el principio con Dios".

-Segunda etapa. Históricamente toma carne por obra del Espíritu Santo en una mujer hebrea de una familia oriunda de Belén, descendientes del rey David. "14Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad". "20Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. 21Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt. 1: 20-21). Creció como hombre, es bautizado, ejerce su ministerio público.

-Tercera etapa. Se somete a la muerte en la cruz, es sepultado y resucita al tercer día; fue ascendido y glorificado. "3Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras" (1 Co. 15:3-4). "Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios" (He. 10:12).

-Cuarta etapa. Su Espíritu desciende a morar en nosotros los creyentes. "16Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros" (Jn. 14:16-17). "Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen" (Hch. 2:4). "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?" (1 Co. 3:16). Esto se refleja tanto en el judaísmo como en la cristiandad.

  1. Para los judíos aún no ha venido el Mesías; se puede decir que ellos siguen en la primera etapa. Los judíos creen que vendrá un Mesías pero no Dios encarnado.2. Con relación a los católicos romanos, ellos no se sienten que son morada de Dios. Es algo completamente ajeno a su práctica religiosa y ritual. Sus sacerdotes y teólogos viven y enseñan la segunda etapa.3. Las organizaciones cristianas denominacionales por lo general viven la tercera etapa. A menudo piden que descienda el Espíritu Santo sobre ellos.4. Pero hay un grupo de hermanos que vivimos en la cuarta etapa. Somos morada de Dios en el Espíritu. Ahora Cristo se está formando en nosotros; Él es nuestro Señor y Salvador, luego a Él le pertenecemos, y ha venido a morar dentro de nosotros, en nuestro espíritu. Eso significa que hemos creído en Cristo como el fundamento de la edificación de la casa de Dios; pero ¿qué había en nosotros antes de que eso ocurriera? Si éramos religiosos, ¿en qué etapa estábamos? Para poder edificar sobre el único fundamento, primero hay que destruir lo que antes había, derribar lo viejo, tanto a nivel personal como en lo institucional.
Por ejemplo en Marcos 13:1,2 dice: "1Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. 2Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada". Tal vez los discípulos esperaban que Jesús dijera algo elogioso de lo que Herodes había construido y embellecido; pero no; para poder edificar la iglesia hay que derribar el judaísmo; y no solamente al judaísmo, sino también a todos los sistemas que se han desviado del verdadero modelo de la iglesia bíblica. Ese antiguo templo de Jerusalén ya no podía dar morada a Dios, pues ya sólo se trataba de la sombra o la maqueta de lo que es el verdadero edificio (Hebreos 8:5: 10:1).

"Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios" (1 Co. 3:9). Cuando Pablo dice nosotros se refiere a los apóstoles, en este caso como los maestros de obra. "11Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo" (Ef. 4:11,12). En esa edificación de la casa de Dios, cada santo tiene alguna responsabilidad. ¿Por qué somos colaboradores de Dios? Porque hacemos parte de la casa de Dios, somos morada de Dios y templo de Dios. "16¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? 17Si alguno destruye el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es" (1 Co. 3:16). Destruir el templo de Dios es dividirlo. Al entender una persona que somos el cuerpo de Cristo y templo de Dios, puede ver la realidad de esa unidad; pero si busca la división, lo está destruyendo. El Señor está edificando su Iglesia, El fundamento ya está puesto, es Cristo; una persona ya tiene el fundamento cuando ha recibido a Cristo por la fe. Y estamos "edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo" (Ef. 2:20). En el Nuevo Testamento nosotros somos edificados tanto individual como corporativamente. Somos un cuerpo y formamos el templo del Señor.


El vencedor y las recompensas
Una vez más dejamos claro que no hay que confundir la Vida Eterna, o salvación eterna, con el Reino de los Cielos. No hay que confundir el don con el galardón. La vida eterna se recibe del Señor por fe, como un don gratuito. No hay que hacer nada para merecer la salvación eterna. En cambio el reino de los cielos es temporal, mil años, y sí se gana por obras. Hay que trabajar para merecer el reino de los cielos. Dice 2 Juan 8: "Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo". Esto significa que debemos estar vigilantes por nosotros mismos, para que no se arruine el fruto de nuestro trabajo. También en Colosenses 3:24-25, nos dice la Escritura: "24Sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. 25Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas".

La Palabra del Señor no registra ni una sola vez que el reino de los cielos se reciba por gracia por medio de la fe. Por ejemplo, si lees las bienaventuranzas en Mateo 5, encontrarás que para entrar en el reino de los cielos se necesita, entre otras cosas, ser pobres en espíritu, y sufrir persecución por causa de la justicia; en cambio la vida eterna se recibe por fe, inmerecidamente, sin que uno deba hacer nada para recibirla, ni bueno ni malo; al contrario, dice que no es por obras para que nadie se gloríe.

No se nos tilde de cansones si no dejamos de repetir que la salvación es un regalo de Dios; pero que también debemos trabajar para participar en el Reino. Si trabajamos conforme el plan de Dios, recibiremos recompensa; pero si no trabajamos, o si lo hacemos en la carne, recibiremos castigo.


Jesucristo, el fundamento
Leemos en 1 Corintios 3:8-10: "8Y el que planta y el que riega son una misma cosa: aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. 9Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. 10Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica".

En estos versículos la Escritura habla que el que trabaja recibe su recompensa, que es como un incentivo para los siervos del Señor que trabajan en Su obra. Dios está trabajando en Su labranza y nosotros somos Sus colaboradores, porque la Iglesia es la tierra cultivada por Dios donde Cristo fue plantado; y esa tierra hay que regarla, abonarla, limpiarla, para que produzca el fruto previsto en la Palabra. Además de labranza, la Iglesia es el edificio de Dios, la casa de Dios, la cual se está construyendo; el Señor está trabajando en esa construcción con la colaboración de nosotros. ¿Quiénes trabajan en esa edificación? Nosotros, unos más que otros, aunque algunos no hacen nada. Pero muchos trabajan usando métodos, planos y materiales que no son de Dios. Pablo puso el fundamento, la base de la enseñanza; las cartas de Pablo son la revelación de la Iglesia. Cada uno debe saber cómo sobreedifica sobre este único fundamento de la Iglesia. Alguien puede estar ocupado sobreedificando sobre el fundamento de Jesucristo pero obedeciendo, no a la Palabra, no al evangelio, no a las cartas de Pablo ni al resto del Nuevo Testamento, sino a otras directrices diferentes, otras corrientes doctrinales, otras tradiciones, ideas, estatutos, leyes y normas de organizaciones y liderazgos de factura humana. La casa de Dios la edifica el propio Señor; sin Él toda edificación es inútil. Dice el Salmo 127:1: "Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia".


Materiales de la construcción
Seguimos leyendo 1 Corintios 3: "11Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 12Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosa, madera, heno, hojarasca".

En la edificación de la casa de Dios hay un único fundamento, que es Su Hijo Jesucristo, la piedra angular. Aquí figuran seis elementos con los cuales se está edificando.
Los tres primeros, oro, plata y piedras preciosas, simbolizan la Trinidad divina: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los tres últimos, madera, heno y hojarasca, simbolizan lo humano en esa sobreedificación; el último grupo se contrapone al primero, pues los pensamientos del hombre no son los de Dios. Dios quiere edificar su casa con los tres primeros elementos. El oro se refiere a la naturaleza divina, a la voluntad de Dios, lo eterno, lo que jamás se envejece, lo más glorioso; en cambio la madera es la naturaleza humana, lo que perece. Por ejemplo, en el tabernáculo lo principal es Cristo, el arca, la cual estaba hecha de madera de acacia (la humanidad de Cristo) recubierta de oro (la divinidad de Cristo). De manera que si se edifica en oro significa que se está obedeciendo la voluntad de Dios consignada en el Nuevo Testamento; pero si es en madera, es porque se está obedeciendo otras opiniones; es lo que ha hecho la cristiandad a partir del siglo V de esta era. Pero si seguimos al Señor Jesús, debemos hacer su voluntad, y Él vino a hacer la voluntad del Padre que lo envió. "Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra" (Jn. 4:34). Antes de que el Señor naciera en carne, el Padre ya tenía preparado todo, galaxias, sistemas solares, mares, continentes, todo lo necesario para que hombre pudiese vivir en la tierra y se pudiese encarnar Su hijo y salvar a la Iglesia (salvar a toda la humanidad: 1Ti_4:10 (RV1977) ... el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los que creen). Dios no va a dejar el cumplimiento de sus propósitos al criterio de los hombres. El primer Adán falló, pero segundo Adán vino a vencer, a obedecer a Dios. A partir de Él, Cristo vino a preparar para Dios una nueva raza humana, el verdadero hombre a la imagen de Dios.
El Padre le dijo al Hijo lo que debía hacer.
"No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre". ¿Por qué insiste el Señor Jesús en esto? Para darnos ejemplo de obediencia. "38Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió. Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero" (Jn. 6:38-39).

Volvemos a Efesios 2:19-22:
"19Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, 20edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, 21en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; 22en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu". ¿A qué se refiere aquí con el fundamento de los apóstoles? Se refiere al Nuevo Testamento. Estamos en plena edificación del templo, y el Señor quiere terminar ese edificio con personas obedientes. Recuérdese que cada uno de nosotros es una de las piedras vivas, con las cuales el Señor está edificando su casa. Él no busca montones de piedras muertas, ni siquiera que haya montones de piedras por allá y otras por acá; Él busca que todos estemos juntos para poder ser edificados. Cuando Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, el Señor le dijo: "Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán sobre ella". El que edifica la Iglesia es Cristo, y nosotros somos colaboradores; Él con nosotros y nosotros con Él. Si no edificamos con Él, sólo estaríamos edificando con madera. Ya no sería Su Iglesia; de pronto estaríamos edificando nuestras pequeñas iglesias.

¿Qué es la Iglesia? La palabra iglesia viene del griego ekklesia (de ek, fuera de, y klesis, llamamiento). Se usaba entre los griegos de un cuerpo de ciudadanos reunido para considerar asuntos de estado (Hch. 19:39). La iglesia de Jesucristo (Mt. 16:18), la cual es Su cuerpo (Ef. 1:22; 5:22) es toda la compañía de los redimidos a través de la era presente. La Iglesia universal del Señor es la misma que nació el día de Pentecostés, diez días después de haber ascendido el Señor a la diestra del Padre. Entonces vemos que en esa construcción de la Iglesia, nosotros somos Sus colaboradores, quienes estamos sobreedificando, "edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo". Esa sobre edificación, cuando se hace sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, es decir, de acuerdo con lo que ellos predicaron y escribieron, debe ser en oro, plata y piedras preciosas, lo cual es la obra de Dios. Allí el oro, el metal precioso por excelencia, representa la naturaleza de Dios Padre, Su vida, Su gloria, Su justicia, Su obra, Sus propósitos con la creación; la plata se relaciona con la redención, la obra del Hijo, por el precio asignado por el Señor (Zacarías 11:12; Mateo 16:15), y las piedras preciosas tienen que ver con la manifestación y obra del Espíritu Santo en la Iglesia y en la vida de cada uno de nosotros en particular. Las piedras preciosas son carbones purificados y trabajados a través del tiempo con alta presión y temperaturas elevadas.

Infortunadamente, sobre ese mismo fundamento, Jesucristo, a menudo también se suele trabajar por iniciativa propia, valiéndonos de nuestro propio punto de vista, excluyendo la voluntad del Señor; se abandonan los principios del fundamento apostólico, de lo que ellos dejaron registrado por la voluntad de Dios, y es cuando aparecen otros tres elementos que de alguna manera se relacionan con los tres primeros: madera, heno y hojarasca. Si se edifica en
madera, que representa la naturaleza del hombre, esa obra se destruye, se convierte en basura. Tenemos por ejemplo, el arca del pacto. Fue hecha de madera de acacia recubierta de oro, pues era un tipo de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. También dice Juan el Bautista en Mateo 3:10: "Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego". Si se edifica en heno, que es una planta de utilización periódica, esa sobre edificación también fenece y no es eterna en comparación con la salvación eterna que nos aseguró el Señor Jesús en la cruz. Por último, puede ser que se edifique en hojarasca, que son hojas secas, muertas, que caen de los árboles cuando sus tejidos se marchitan y ya no les llega la savia; eso simboliza las cosas de vistosa apariencia pero de una fragilidad impresionante, son las cosas inútiles y de poca sustancia, aunque a nosotros nos parezca que lo estamos haciendo muy bien, especialmente en las palabras y promesas; o esa demasiada e inútil frondosidad de algunos árboles y plantas, todo lo inútil con que creemos que estamos agradando al Señor, despreciando el verdadero trabajo del Espíritu Santo en nosotros, comparado con las piedras preciosas. La madurez de un creyente se da a través de un proceso y un laborioso trabajo del Espíritu del Señor en nosotros y con nosotros, llevando la cruz, negándonos a nosotros mismos, pasando por pruebas. Dios nos dio Su vida en la regeneración, el oro; también nos ha redimido por la obra de Su Hijo, la plata, y también forja dentro de nosotros las piedras preciosas, para que seamos la imagen de Su Hijo. Dios no cambia las piedras preciosas por hojarasca. La vida que Dios nos ha dado no es afectada por el fuego. Los tres primeros, lo de Dios, son materiales duraderos, y los tres últimos son materiales combustibles, perecederos, por cuanto simbolizan la obra del hombre. A continuación podemos intentar hacer una comparación un poco más detallada entre los tres elementos de Dios y los tres elementos del hombre:

-Oro. El oro es el primer elemento indicado para la sobre-edificación de la iglesia. El oro se relaciona con la obediencia a la voluntad del Padre. Ya hemos visto que el Señor ha establecido y ordena que la edificación de su casa se efectúe sobre el fundamento puesto por los apóstoles y profetas. "Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero" (Ap. 21:14). El testimonio de los doce apóstoles del Cordero es fundamental, pues por medio de ellos el Señor nos dejó en el Nuevo Testamento los detalles sobre esta edificación del templo. El modelo, pues, de la Iglesia del Señor está en el Nuevo Testamento. La edificación de la iglesia del Señor debe ser sobre la base de la unidad del Espíritu, no de la carne; la unidad sólo se puede realizar en el amor en la iglesia de una localidad. Obedecer la voluntad de Dios para edificar la iglesia, es sobreedificar en oro. El oro, por tanto, se contrapone a la madera. El oro y la madera se juntan en la construcción del arca del tabernáculo, auténtico tipo de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. "10Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio. 11Y la cubrirás de oro puro por dentro y por fuera, y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor" (Éx. 25:10-11). Esos dos versículos nos hablan de lo central del tabernáculo. Ahora nosotros somos el tabernáculo de Dios, y el arca (Cristo) la llevamos dentro de nosotros, en nuestro lugar santísimo (nuestro espíritu regenerado).

-Madera. La madera es lo que se contrapone al oro; la madera es la naturaleza humana; el hombre mortal. Pero en esa madera viene Cristo a morar y trae el oro de la naturaleza divina. Cristo se va desarrollando en nosotros. "Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da fruto es cortado y echado en el fuego" (Mt. 3:10). No se refiere a los árboles del campo, sino a los hombres que no dan fruto de arrepentimiento. Mateo 7:19 lo repite en palabras del Señor Jesús. Él quiere que cada uno de nosotros demos abundante fruto; pero fuera de su voluntad no podemos dar fruto. Dios quiere que nos capacitemos para un trabajo en Su obra. Nosotros en nuestra vida natural podemos ir adquiriendo conocimientos, escalando logros, incluso posiciones desde donde nos enaltecemos; pero a medida que Cristo se forma en nosotros, el Espíritu Santo nos va mostrando qué hay dentro de nosotros, y podemos ver los rezagos supersticiosos, los fundamentos filosóficos y religiosos. La religión del mundo se fundió con la cristiandad; de Babilonia ese espíritu pasó a formar al papado romano y del papado pasó al anglicanismo y de allí a los bautistas, a los presbiterianos, etc. La iglesia del Señor quedó cautiva en una maraña de sistemas construidos con madera, y el Señor decidió sacarla de allí, y continuar su construcción con oro, plata y piedras preciosas. Todo lo que no edifica la casa de Dios en unidad del Cuerpo de Cristo, es construido con madera; y se quemará. Nosotros somos la asamblea de los santos; somos santos porque hemos sido apartados para Dios. En la cristiandad infiel se ha metido mucho fundamento filosófico, mucho judaísmo, mucha construcción de templos materiales, muchas leyes y preceptos estatutarios, mucho nicolaísmo, mucha religión babilónica, mucha magia, comercialización con la Palabra de Dios, visualización, mucho piense y hágase rico. Al comienzo se formaron las grandes denominaciones en torno a doctrinas; hoy se organizan en torno a liderazgos y "ministerios".

-Plata. Se relaciona con el Hijo de Dios, con la redención en la cruz. Tipifica la vida del hombre redimido; en la plata estamos involucrados los redimidos; la sobreedificación con plata tiene que ver con nuestro andar con Cristo. El Cordero de Dios está íntimamente ligado con Su cruz. Cuando en Apocalipsis Juan vio el trono de Dios, allí estaba el Cordero inmolado. Los hechos más relevantes de la historia de la humanidad son: la encarnación del Verbo de Dios, su crucifixión y resurrección en cuerpo glorioso. Cristo resucitó para jamás volver a gustar la muerte. Durante Su ministerio Él resucitó a Lázaro y a otros, pero ellos volvieron a morir. Cristo está edificando a través de la cruz; si nosotros no llevamos nuestra cruz y experimentamos la negación de nuestro yo, no podemos edificar con Cristo. A través de ese proceso hay revelación en nuestras vidas, pero antes debe haber revelación del Padre acerca del Señor Jesús como Salvador; si no hay revelación nadie puede creer en Cristo. ¿Quién es Cristo para ti? Nadie busca al Señor; es el Señor el que nos busca. Él siempre toma la iniciativa, nosotros jamás.
Mateo 16:15:
"Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Surge una pregunta, ¿cuál es la roca que menciona el Señor? "16Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 17Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos". Conocer quién es Jesús es una revelación del Padre. Ya que el Padre te reveló quién soy yo y tú lo confiesas, entonces "18Yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella". Ahora dejas de ser Simón; ahora eres una piedra viva para la construcción de mi casa. La construcción no es material; es una casa espiritual. Sobre esta roca, sobre lo que acaba de confesar Pedro "edificaré mi iglesia". Ahí está el fundamento. La roca es Cristo, y Pedro es una piedra vida. "Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo" (1 Pe. 2:5). Cristo es la piedra viva, la piedra angular, y nosotros somos piedras vivas en Cristo. Nosotros somos "20edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, 21en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; 22en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu" (Ef. 2:20-22). El fundamento de los apóstoles y profetas es el Nuevo Testamento; ellos fueron testigos de la encarnación del Verbo de Dios, de Su vida como hombre, de Su muerte, de Su resurrección, de Su ascensión al cielo. Unos ángeles de Dios se les presentaron y les dijeron: "Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hch. 1:11). El apóstol Pablo también lo vio, y también fue llevado al tercer cielo, y allí recibió toda esa información que nos transmite en sus cartas; y Pablo fue apóstol, profeta, evangelista, pastor y maestro.
Entonces, ¿quiénes sobreedifican? Los creyentes en Cristo; pero esa sobreedificación puede ser errada; algunos pueden estar edificando con madera, heno y hojarasca.
De modo, pues que la sobredificación con plata tiene que ver con el Hijo, con la redención; la plata tipifica la vida del hombre redimido, el andar con Cristo. Con la plata se paga un precio. José, el hijo de Jacob, es un tipo de Cristo; él fue vendido como esclavo por sus propios hermanos por veinte piezas de plata (Génesis 37:28). El Señor fue vendido por treinta piezas de plata, como está profetizado en Zacarías 11:12-13 y su cumplimiento en Mateo 26:14-15. La plata se relaciona con el hecho de que nuestra vida está unida al Señor. Él pagó el precio con Su preciosa sangre. La plata tiene que ver con la vida de Cristo en nosotros. Es necesario que Cristo se forme y crezca en nosotros (Gá. 2:20); nosotros en Cristo ya fuimos a la cruz, por eso ahora es necesario que Él viva Su vida en mí. Si no es así, no estoy sobreedificando con plata. Si Cristo vive en mí, ya yo no vivo; el vivir en la carne (comer, dormir, laborar, hablar), lo vivo no en mis propias ilusiones e intereses. Cuanto más viva Cristo en mí, se van de mí las antiguas costumbres, porque Él trae otras costumbres a nuestras vidas. La edificación en plata, como en Cristo, puede incluir en nosotros el sufrimiento. "1Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, 2para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios" (1 Pe. 4:1-2).

-Heno. Si no se edifica en plata, la contraparte negativa es el heno. El heno es una gramínea que simboliza al hombre caído, el hombre no redimido, el hombre carnal, no regenerado. Cuando se trata de un creyente, es un bebé espiritual y nunca deja de serlo (1 Co. 3:2,3), de manera que su edificación lo hace en sus egoísmos, mal carácter, ambiciones y avaricia; pretensiones de que lo puede todo. Cuando la vida de uno no ha pasado del hombre viejo, está en la hierba, en el heno (1 Pe. 1:24); el hombre viejo atrae la gloria de los hombres. Muchas veces al hombre le gusta recibir la gloria terrena, las miradas de aprobación, las felicitaciones. Pero el que así obra, todo lo está haciendo en heno; muchos viven pendientes de los hombres. La gloria y el vivir humano se seca cuando sale el sol (la venida del Señor), la flor se cae (Sant. 1:9-11) y perece. El verdadero tesoro debe ser el Señor; los demás tesoros enceguecen y apartan de Dios. Hay una gran diferencia entre el vivir de Cristo y el vivir carnal. Entre la plata y el heno podemos ver la relación entre la hierba y el vivir de Cristo.

-Piedras preciosas. Tenemos aquí la obra transformadora del Espíritu Santo en nosotros. Los creyentes hemos pasado por un proceso. El Padre nos hizo del barro de la tierra para vivir en este mundo físico (Gé. 2:7; Ro. 9:20,21); el Hijo, al creer en Él, nos convirtió en piedras vidas a fin de vivir en Su casa y hacer parte de ella (Jn. 1:42; Mt. 16:17,18; 1 Pe. 2:5) y el Espíritu Santo vino a convertirnos en piedras preciosas para entrar al reino y a la Nueva Jerusalén, la ciudad celestial (Ap. 21:18-20; 2 Co. 3:18; Ro. 12:2). Como barro somos vasos; como piedras vivas construidas somos casa, y como piedras preciosas haremos parte de la ciudad de Dios. En la naturaleza las piedras preciosas se forman a través de un prolongado proceso de altas temperaturas y presiones; algo parecido nos sucede a nosotros. (Mt. 16:24) Nadie quiere someterse a la cruz, y a la negación de su ego. Pero sólo la acción de la cruz aplicada por el Espíritu realiza esa transformación. A la Nueva Jerusalén no puede entrar nada que no sea precioso. Para ser precioso hay que pagar el precio.

-Hojarasca. Es lo opuesto a la piedra preciosa. Hojarasca es lo que no tiene vida, está seca. La hojarasca es el obrar y vivir proveniente de una fuente terrenal. Es el proceder de un alma sin la debida transformación y vida por parte del Espíritu Santo. Es cuando en nuestro ser natural no somos piedras sino barro. Todo lo que se construye con hojarasca, cuando no sale de una vida transformada por el Espíritu Santo, no está firme, se va hacia cualquier corriente (Salmo 83:13); todo se quema fácil (Isaías 33:11)."12Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosa, madera, heno, hojarasca, 13la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cual sea, el fuego la probará. 14Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego" (1 Co. 3:12-13).

Pero llega el día del juicio de la Iglesia. El Señor vendrá a probar todas nuestras obras; vendrá a ver cómo utilizamos nuestros talentos. ¿Qué sucede, pues, con los que sobreedifican en oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca? Que el fuego lo probara todo.
Ese fuego es el juicio (Deuteronomio 33:2 Dijo: Jehová vino de Sinaí, Y de Seir les esclareció; Resplandeció desde el monte de Parán, Y vino de entre diez millares de santos, Con LA LEY DE FUEGOa su mano derecha). El fuego del juicio del Señor a la Iglesia en Su venida, entra a probar si lo que hemos sobreedificado ha sido en oro, plata y piedras preciosas. Si es así, en todo eso se sale victorioso, y hay recompensa; unos más, otros menos, pero hay, y se entra a participar con el Señor en el Reino. Si es con oro, plata y piedras preciosas, habrá recompensa, la cual es el Reino Milenial. Pero al llegar a los que han edificado en madera, heno y hojarasca, todo cambia. Pero si se quema la obra, sufrirá pérdida del Reino, y entrará en una disciplina. Habrá, pues, un período de pagar el precio así como por fuego (Mat. 5:21-26). Nadie pierde la salvación, pero todo eso se quema, pues nada de eso fue conforme a Dios. Entonces el Señor dice en su Palabra: "14Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego" (1 Co. 3:14-15). Mateo 5:27-30. Si algo es para mí de mucha atracción y con ello peco, debo cortar con ello. Está hablando a la Iglesia. En Apocalipsis 20:11-14 habla de la muerte segunda, la Gehena. El Lago de Fuego es la misma Gehena. El juez es el Señor, los alguaciles son los ángeles. Si no te reconcilias con tu hermano ahora, vas a pasar una temporada en el Lago de Fuego hasta que pagues el último cuadrante.

Apocalipsis 2:9-11.
El que venciere no sufrirá daño de la segunda muerte. La primera muerte es la muerte física, la separación del alma del cuerpo. La segunda muerte es la separación de la persona de todo contacto con Dios y lanzada en el Lago de Fuego, la perdición eterna (por el eón o edad hasta el Gran Jubileo de Creación). Se debe buscar vivir una vida de obediencia y sometimiento al Señor para ser un vencedor y no sufrir daño de la segunda muerte.
A menudo hay diferencia entre servir a Dios y trabajar para Dios. Dice el hermano Watchman Nee: "
Muchos van apresuradamente de un sitio a otro para conseguir fama por sus obras. No cabe duda de que han realizado esas obras, pero en realidad no han servido a Dios",*(1) pues efectivamente, no le han servido a Dios, sino al templo y a sus propios intereses.
*(1) W. Nee. "El Plan de Dios y los Vencedores". Ed. Vida. 1977. pág. 56.


Cuarta promesa
"26Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, 27y las regirá con vara de hierro, y serán quebrantadas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi padre" (Ap. 2:26-27).

Debemos vencer las tres grandes religiones tergiversadas que están reveladas en el libro de Apocalipsis: el judaísmo, el catolicismo y el protestantismo. Estas religiones le han hecho daño a la Iglesia. ¿Por qué? Debido a que las religiones se han contaminado con misterios y principios satánicos disfrazados con la apariencia de verdades bíblicas. Las organizaciones religiosas de corte institucional, al no guardar las obras del Señor, a menudo se pervierten y se revisten de un dominio mundano y temporal, inclinadas a recibir la gloria de los hombres, y hacer las cosas bajo otras directrices diferentes de las del Señor. Pero el Señor muestra otra alternativa al creyente: dejar ese camino autoritativo y dominante, dejar de morar en la tierra, donde tiene su trono el mismo diablo, y ocupar su lugar en los lugares celestiales con Cristo.
Por otro lado, hoy en día, para el cristiano hay un gran peligro en la amistad y compañerismo con los mundanos. Puede que la intención sea a veces atraer a los incrédulos. Esto, por inocente que parezca, siempre arroja pésimos resultados. ¿Por qué es tan nefasto? Porque las personas de mundo, en su ceguera y oscuridad no permiten que se les hable del evangelio; no les interesa, les estorba. Como consecuencia los resultados son inversos: el cristiano es sumergido en una lucha frente a una fuerza que lo trata de arrastrar a los vicios y costumbres propios del mundo y del pecado, de donde ya el Señor lo ha sacado. Por eso el vencedor de Tiatira se enfrenta a las tentaciones que la impía Jezabel le presenta; es el que hace con perseverancia las obras que agradan al Señor. La carta apocalíptica a Tiatira es una profecía que se cumple con la formación de la Iglesia Católica Romana. Dice el hermano Lee: "
En Mateo 13:33 el catolicismo es tipificado por una mujer que leudó ‘tres medidas de harina’, que representan toda la enseñanza acerca del elemento de Cristo en Su persona y obra. La Iglesia Católica aceptó la enseñanza neotestamentaria, pero la leudó. El pan sin levadura es difícil de comer"*(2). El vencedor recibirá autoridad sobre las naciones, y las regirá con cetro de hierro y las hará añicos como cacharro de barro, de la misma manera que el Señor Jesús ha recibido potestad del Padre celestial en el Salmo 2:8-9. Esto ocurrirá en el reino mesiánico milenario, en que el creyente fiel participará de lleno en el gobierno de las naciones, tanto en la parte regia como en la judicial. Es una promesa de carácter escatológico. En Lucas 19:16-17 dice: "16Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades".
*(2) Witness Lee. "Los Vencedores". LSM. pág. 67.

Entonces, a los vencedores de Tiatira Dios les promete gobernar, reinar y regir las naciones con Cristo en el Reino venidero. De acuerdo con Mateo 3:2, desde hace dos mil años vino a la Iglesia el reino de los cielos, pero por la degradación de la Iglesia, el cristianismo convencional es la apariencia del reino de los cielos descrita en las parábolas de Mateo 13. Los que vencen al sistema religioso, también se relacionan con el
"hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones" de Apocalipsis 12:5, y "los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás" del Salmo 2:9. ¿Cuándo estarán los vencedores recibiendo esa autoridad de quebrantar las naciones como vaso de barro? Durante el futuro reino del milenio. ¿Por qué relaciona el Señor las naciones y el sistema religioso dominante con vasijas de barro? Volvamos al libro del Génesis Satanás y sus seguidores quieren imitar la edificación de Dios, en la construcción de la ciudad terrenal, Babilonia, y su sistema político religioso, no según Dios sino según el hombre, no con piedras, sino con ladrillos (barro cocido modelado por el hombre). "3Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. 4Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue hasta el cielo; y hagámonos un nombre..." (Gén. 11:3-4). Los sistemas religiosos del hombre, todo lo que se encamina hacia el ecumenismo, todo lo que se aparta de Dios, es construido con ladrillo (barro cocido), es destructible. Se hacen un nombre, con el agravante de que es un nombre efímero, como todo lo que no sale de las manos de Dios.

Dios está edificando con los vencedores una ciudad celestial, la Nueva Jerusalén, la casa de Dios que es la Iglesia, con piedras vivas y preciosas. El Señor invita a vencer guardando las obras de Dios, según el plan trazado por Dios, de acuerdo con la maqueta de Dios. Las obras de los hombres a veces son muy llamativas, pero engañosas; les falta la autenticidad estampada en la Palabra de Dios. El vencedor es un creyente espiritual, y sabe captar cuando las cosas no son de Dios y las discierne por el Espíritu, y no se aparta de la voluntad de Dios. Por eso recibirá la misma autoridad para gobernar que recibió el Señor Jesús del Padre. Las obras de la iglesia apóstata se realizan bajo la influencia de Satanás.


La estrella de la mañana
"Y le daré la estrella de la mañana" (Apo. 2:28).

A los vencedores de Tiatira el Señor promete darles la estrella de la mañana. ¿Cuál es esa estrella de la mañana? Es el Señor Jesús mismo. "Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana" (Ap. 22:16). En astronomía, la estrella de la mañana es Mercurio, el astro que se vislumbra en la hora más oscura de la madrugada, próxima a la salida del Sol; es como un anuncio de que viene la luz del día; y por esa razón lo relacionan con el dios romano del mismo nombre, y con el dios griego Hermes, heraldo de Zeus, el padre de los dioses del Olimpo. Esa estrella de la mañana sólo puede ser vista por las personas que madruguan y estén atentas a contemplarla en el firmamento. De manera que podemos entender que el Señor Jesucristo, en su segunda venida y manifestación gloriosa, será la estrella de la mañana sólo para los hermanos vencedores, los que no andan dormidos espiritualmente, sino velando y esperando la venida del Señor. Para el resto de la Iglesia, el Señor no será la estrella de la mañana, sino que cuando despierten de su sueño, Él será como el sol cuando ha salido para todos. Sólo a los vencedores no los sorprenderá la venida del Señor como ladrón en la noche; es decir, no los tomará por sorpresa.