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CARTAS DE JUAN - Parte 1: VERDAD, AMOR, OBEDIENCIA, Dr. Stephen Jones

 

Fecha de publicación: 20/02/2026
Tiempo estimado de lectura: 6 - 8 minutos
Autor: Dr. Stephen E. Jones
https://godskingdom.org/blog/2026/02/letters-from-john-part-1/

ECLESIASTÉS - Parte 29: LA SABIDURÍA DE CONFIAR EN DIOS, Dr. Stephen Jones

 

 


Fecha de publicación: 02/03/2026
Tiempo estimado de lectura: 4 - 5 minutos
Autor: Dr. Stephen E. Jones
https://godskingdom.org/blog/2026/02/ecclessiastes-part-29-the-wisdom-of-trusting-god/


DE FE EN FE - Parte 4, Dr. Stephen E. Jones (GKM)



Fecha de publicación: 12/07/2024
Tiempo estimado de lectura: 8 - 10 minutos
Autor: Dr. Stephen E. Jones

DE FE EN FE - Parte 3, Dr. Stephen E. Jones (GKM)



Fecha de publicación: 11/07/2024
Tiempo estimado de lectura: 4 - 5 minutos
Autor: Dr. Stephen E. Jones

DE FE EN FE - Parte 2, Dr. Stephen E. Jones (GKM)

 


Fecha de publicación: 10/07/2024
Tiempo estimado de lectura: 7 - 9 minutos
Autor: Dr. Stephen E. Jones

AÑO 2023: SORPRENDIDO DE REPENTE / PRIMEROS TRES MESES (Palabras Proféticas), Chris G Bennett





Examinen todo y retengan lo bueno, especialmente eso de ordenar, declarar o decretar, cuando no esten ciertos de que han oído a Dios claramente al respecto. Puede que las palabras proféticas que publicamos sean palabras de Dios para alguno de los que hacemos o los que siguen este blog. Son palabras que a nuestro entender pueden encajar con el kairos (tiempo o sazón propicio) general y/o personal que nosotros pensamos que está aconteciendo. Puede que también sean oportunas para los kairos personales de sus propias vidas en el Señor. Pero seamos especialmente cautos en la apropiación personal de las palabras proféticas; sobre todo cuando sean muy complacientes con nuestros deseos y gustos carnales. Pidamos discernimiento para saber si Dios las está usando para confirmar lo que Él ya nos ha estado hablando/haciendo en nuestras vidas. Así evitaremos equivocaciones y frustraciones innecesarias con los tiempos de Dios, por tratar de escoger aquello que queremos oír en lugar de lo que necesitamos oír.

Igualmente, queremos dejar constancia que hay veces, y desgraciadamente no pocas, en que los dones del profeta no van acordes con la maduración de su carácter; por esa razón, la publicación de palabras proféticas de diferentes personas en este sitio, no significa que forzosamente estemos de acuerdo con sus ministerios o prácticas ministeriales y/o personales.

JOSÉ

El SEÑOR me sorprendió hace un par de años, pero me lo recordó hoy, esta vez para 2023.

“Prepárense para una temporada corta de sorpresas repentinas. ¡Algunos momentos impresionantes cuando Yo me mueva DE REPENTE! Momentos dramáticos de aliento cuando el mundo que les rodea se detendrá, mirará y dirá '¡GUAU'!

“Así que, en sus oraciones, SEAN AUDACES, pidan una gracia EXTRAORDINARIA”, dice el SEÑOR.

“Ordenen, declararen y decreten aquello con lo que apenas se han atrevido a soñar. YO SOY el SEÑOR, y me deleito en responder a aquellos que son AUDACES con su fe.

Prepárense para recibir EXACTAMENTE lo que pidan y nada menos. ¡SEAN PRECISOS en su pedido y estén preparados para que sus oraciones precisas sean respondidas PRECISAMENTE!

YO SOY el SEÑOR. ¿Hay algo demasiado difícil para Mí?”, dice el SEÑOR, “¿Hay algo más allá de mi conocimiento, más allá de mis capacidades? HABLARÁN y SE HARÁ por USTEDES.

Esto no es para USTEDES. Más bien, ¡ESTO ES PARA EL MUNDO, para que el mundo vea, para que el mundo crea, y para que el mundo VUELVA A MÍ!”, dice el Señor Dios Todopoderoso.

Vi milagros sucediendo que desviaron la atención del mundo de lo temporal a lo eterno.

Vi la enfermedad derrotada, vi las heridas reparadas, vi las extremidades perdidas reemplazadas, todo en unos pocos momentos mientras el mundo miraba con asombro.

Vi cuencas vacías llenas de ojos que veían. Vi niños deformados al nacer, reformados perfectamente.

Vi mundos silenciosos convertidos en ruidosos a medida que se reparaban los oídos. Todo en un abrir y cerrar de ojos. Todo de repente y sorpresivamente ante la Palabra de un creyente.

Era como una recreación de cuando Dios habló en la Creación. Esta vez hablaba un creyente, "¡y así fue!"

¡Dios se está preparando para usarlo a USTED, SÍ, INCLUSO A USTED, para invocar y realizar sus sorprendentes "de repente"!


Hoy me hice la pregunta: "¿Qué está diciendo o mostrándote el Señor sobre los primeros tres meses de 2023?"

Cuando comenzaron a llegarme uno o dos comentarios, el SEÑOR me hizo la misma pregunta y, sin esperar a que le respondiera, me llevó a una visión.

Me hallaba en un lugar oscuro. Estaba muy oscuro, pero sabía en mi espíritu que me encontraba caminando por un largo túnel. Lo primero que pensé fue en un túnel ferroviario ahora desaparecido, aunque solo fuera porque parecía que no había trenes corriendo a través del túnel.

¡Eso me tranquilizó cuando en mi mente imagiba trenes corriendo por el túnel y yo pegándome a la pared para estar relativamente seguro!

Así que dejé de deambular, porque no tenía idea de hacia dónde iría en ninguna dirección. ¡Estaba allí, vagando sin rumbo en la oscuridad!

Le pregunté al SEÑOR qué me estaba mostrando. En lugar de responderme, señaló un pequeño punto de luz.

Tan pequeño que apenas se distinguía, pero como era la única fuente de luz a la vista, hacía evidente su presencia.

Luego, por alguna razón, giré la cabeza en la dirección opuesta. ¡Otro punto de luz! Otra fuente de luz, muy lejos, pero otra vez claramente visible.

Entonces Él habló. 

"¡Cualquier dirección te sacará, pero una dirección es Mi dirección, mientras que la otra no lo es!"

“Oh, genial, entonces, ¿cómo sabré por cuál ir?”, pregunté.

“¡Escucha mis indicaciones!”,  
fue la respuesta,  
“Sígueme, y te pondré a salvo. ¡Hazlo mal y no te será tan fácil!

Me detuve y escuché, nada obvio, pero en mi 'conocedor', sentí que era correcto ir en una de las dos direcciones. ¡Me sentí en paz!

“¡Eliges correctamente, me escuchas bien!”  
dijo en su pequeña Voz apacible.

Regresé a mi sillón en ese momento y comencé a interpretar lo que había visto. Era una visión extraña, llena de incógnitas y preguntas, pero me sentí extrañamente en paz con todo.

Me vino a la mente espiritualmente que realmente no importaba dónde estaba el túnel, o incluso que fuera un túnel. Lo importante era que andaba a tientas en la oscuridad.

No importaba en qué dirección fuera, ya que había luz en ambos extremos del túnel. ¡Lo importante para mí era tomar la dirección del SEÑOR en lugar de tropezar con lo desconocido, de haber aceptado ciegamente la primera luz que vi como la solución a mi dilema!

Los próximos meses han sido profetizados como los más oscuros hasta ahora y esta visión parece confirmarlo, mientras que al mismo tiempo nos muestra que todo está previsto en los Planes del SEÑOR para nosotros.

Diríjase a Él y escúchelo, pero lo que es más importante, haga lo que Él diga, cuando Él lo diga.

¡Este año que viene, es un año de obediencia a la Voz de Dios!

 

Chris G Bennett

FAMILIA JOSÉ ALVAREZ (Testimonio), Joseph Herrin


 


José Herrín (08-10-09)

El blog de hoy continúa la serie de testimonios de fe práctica en un Dios muy presente. Que su fe sea alentada mientras lo lee.

Jose Alvarez Family

José Álvarez, su esposa Mary y sus hijos viven en Peña Blanca, Nuevo México. Dios los ha estado usando en el ministerio a los indios nativos americanos en los Estados Unidos. Más recientemente, José y María han estado viajando a África para realizar seminarios ministeriales sobre la vida en el Reino y sobre el papel de los apóstoles y profetas en sentar las bases de la Iglesia. Tienen un sitio web donde aproximadamente 100 enseñanzas están disponibles gratuitamente. También hay preciosos testimonios de la hospitalidad que han recibido en África, y el cuidado humilde y amoroso que han recibido de muchos de nuestros hermanos y hermanas en Cristo allí.

El siguiente testimonio fue obtenido del sitio web de José Alvarez. José y Mary Alvarez son los autores del mismo.

HONRAR Y OBEDECER A LOS PADRES, Devocionales e-Maná

 



eManá
La Palabra de Dios diariamente enviada por correo electrónico

18 de marzo de 2022

Honrar a los padres

Versículos de la Biblia

Efesios 6: 1-3 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; “para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra”.

Palabras del ministerio

La expresión “en el Señor” indica que los hijos deben obedecer a sus padres siendo uno con el Señor. También indica que no deben hacerlo por su propio esfuerzo sino por el Señor, y no conforme al concepto natural, sino conforme a la Palabra del Señor. Su obediencia debe concordar con la Palabra del Señor, conforme a las Escrituras.

Este no sólo es el primer mandamiento con promesa, sino también el primer mandamiento en cuanto a las relaciones humanas (Ex. 20: 12). La promesa mencionada en el versículo 3 consiste en que a los hijos les irá bien y tendrán larga vida sobre la tierra. La primera parte de la promesa se refiere a ser prósperos en bendiciones materiales, y también a vivir en paz. La segunda parte consiste en ser de larga vida. Según este mandamiento, la prosperidad y la longevidad son bendiciones que Dios da en esta vida a aquellos que honran a sus padres.

Honrar es diferente de obedecer. Obedecer es una acción, mientras que honrar es una actitud. Un hijo puede obedecer a sus padres sin honrarlos. Para honrar a sus padres, los hijos deben tener cierta actitud, cierto espíritu. Todos los hijos necesitan aprender a obedecer a sus padres y al mismo tiempo honrarlos.

www.emanna.com/espanol

CUANDO LLEGAMOS A LA PERFECTA UNIDAD CON ÉL LA LUCHA CESA, Joni Eareckson Tada

 



Cuando el dolor me despierta por la noche, primero miro hacia arriba. Si la pantalla digital en el techo dice solo la segunda vigilia de la noche, supero el dolor y trato de respirar para volver a dormir. Pero si el reloj marca las 4:00 am, sonrío. Jesús me ha despertado para disfrutar de la comunión con Él, aunque pasarán horas antes de que me siente en mi silla de ruedas.

¿Necesito dormir más? Por supuesto. ¿Mi dolor disminuirá? Improbable. Pero a las cuatro de la mañana, hay algo más necesario, y me alegra pensar que mucho antes del amanecer, estoy entre los madrugadores que están bendiciendo a Jesús. Llenando mi pecho de Jesús, meditando su Escritura, murmurando su Nombre y susurrando Himnos que caen en cascada, todo lleno de adoración.

Es difícil hacer eso cuando estás usando un ventilador externo. Y así, sin palabras, le suplico que desentierre mi pecado, llene todos mis lugares vacíos y cavernosos, y me muestre más de su esplendor. Siempre responde con ternura. Me ve acostada en la cama paralizada y apoyada en almohadas, estorbada por una manga linfática, tubos de aire sibilantes, una bolsa de orina y barandillas de hospital que "mantienen todo unido".

Una de mis ayudantes sabe todo acerca de estas citas nocturnas con Jesús, así que una noche, después de arroparme, se paró frente a mi cuerpo paralizado con una Biblia abierta. “Esta eres tú”, dijo, y luego leyó el Salmo 119: 147–148: “Me levanto antes del amanecer y clamo por ayuda; Espero en tus palabras. Mis ojos están despiertos antes de las vigilias de la noche, para que pueda meditar en tu promesa”. Eso lo describe bastante. Por la mañana, cuando otra ayudante corre las cortinas, desengancha mi ventilador, baja las barandillas, quita la manga linfática y saca mis muchas almohadas, por lo general pregunta: "¿Durmió bien?" Respondo: “No fue lo mejor, pero estoy muy feliz”.

La verdadera felicidad es difícil de conseguir. Muchos cristianos se decantan por los goces menores y más accesibles de nuestra cultura. Pero cuanto más nos saturamos con placeres terrenales, más encurtidas se vuelven nuestras mentes, sentadas y empapadas en deseos mundanos hasta el punto de que apenas sabemos lo que nuestras almas necesitan. Luego aprovechamos la aprobación del préstamo, la promoción laboral, la victoria del equipo local o las nubes de lluvia que se abren sobre nuestro picnic como gloriosas bendiciones enviadas desde lo alto. Sin embargo, si Jesús estuviera contando nuestras bendiciones, ¿estarían entre las diez primeras?

Soy la tetrapléjica más bendecida del mundo. No tiene nada que ver con mi trabajo, una casa bonita, mi salud relativamente buena o un auto saliendo de un espacio para discapacitados justo cuando llego al restaurante. No depende de los libros que he escrito, de lo lejos que he viajado o de haber conocido a Billy Graham por su nombre de pila.

Jesús va mucho más allá de las bendiciones de tipo físico que recuerdan tanto al Antiguo Testamento. En aquel entonces, Dios bendijo a su pueblo con abundantes cosechas, enemigos aniquilados, vientres abiertos, lluvias abundantes y aljabas llenas de hijos. Jesús adopta un enfoque diferente. Él ubica las bendiciones más cerca del dolor y la incomodidad.

En su sermón más famoso, Jesús enumera la pobreza espiritual con las manos vacías, los corazones cargados de tristeza, un espíritu humilde de perdón, el rechazo del pecado y la lucha por la unidad de su pueblo. Jesús remata su lista con: “¡Y qué dicha será la tuya, cuando la gente te culpe y te maltrate y diga toda clase de calumnias contra ti por mi causa! Alegraos, pues, sí, alegraos sobremanera, porque vuestra recompensa en los cielos es magnífica” (Mateo 5: 11–12, JB Phillips).

¿Cómo acepta uno estas cosas de bordes duros como bendiciones? 1ª Pedro 3: 14 sugiere que “aun si padecéis por causa de la justicia, seréis benditos”. Es la aflicción la que nos envía a lo más recóndito del corazón de Cristo y cierra la puerta. Allí, una nueva cercanía a Dios y la comunión con Él es una realidad mucho más consciente. . . Se sugieren nuevos argumentos; brotan nuevos deseos; nuevos deseos se revelan. Nuestro propio vacío y la multiforme plenitud de Dios se nos presentan tan vívidamente que los anhelos de nuestras almas más íntimas se encienden y nuestro corazón clama a Dios”.

Estos nuevos deseos y anhelos dan nacimiento a un fuerte deseo de obedecerle (Santiago 1: 2 ; 2ª Corintios 5: 9). David, el salmista, sabía esto. Él dijo: “Antes de que me hicieras sufrir, solía deambular. Pero ahora me aferro a tu palabra” (Salmo 119: 67). Una respuesta piadosa al sufrimiento te coloca bajo un diluvio de bendiciones divinas.

Jesús lo resumió diciendo: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (Juan 14: 15). Aquí, Jesús no se está comparando con un esposo severo que entra por la puerta principal, se da cuenta de que la cena no está en la mesa y le murmura a su esposa: “¡Si me amas, tendrás mi comida lista cuando llegue a casa!” La obediencia bíblica no es un deber de hacer lo correcto porque eso es lo que deben hacer los buenos cristianos.

Juan 14: 15 es como una promesa. Como Jesús dijo: “Si me amas, si me haces el centro de tus pensamientos, deleitándote en Mí y haciendo tus tareas más comunes con miras a mi gloria, entonces los caballos salvajes no podrán impedir que me obedezcas”. La obediencia que está motivada por el amor entregado a tu Señor tiene un poderoso efecto santificador. ¡Qué euforia cuando tu deleite en Cristo encaja perfectamente con tu deleite en su Ley! ( Salmo 1: 1-3 ) Entonces puedes clamar: "Mi alma se consume con el anhelo de tus preceptos en todo tiempo" (Salmo 119: 20).

Entonces David pudo decir: “Bueno me es haber sido afligido, para que aprenda tus estatutos” (Salmo 119: 71). Piensa en la aflicción como un perro pastor que te muerde los talones, siempre llevándote a través de la puerta de la obediencia hacia la seguridad de los brazos del Pastor. La aflicción y la santificación entonces van de la mano a medida que eres constreñido por todos lados y empujado con fuerza “hacia la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3: 14).

Todas las bendiciones del tipo del Nuevo Testamento sobre las que Jesús predicó ahora pierden su borde duro. Ya no es desagradable, Mateo 5:11–12 se siente suave para tu alma. Puedes regocijarte con el salmista que dijo: “Esta bendición ha caído sobre mí, porque he guardado tus preceptos” (Salmo 119: 56). Somos bendecidos, supremamente felices, no cuando tenemos todo a nuestro favor, sino cuando todos nosotros vamos por Dios.

¿Se pone mejor? Sí. Jesús describe una bendición extraordinaria entre la obediencia y el premio de Sí mismo en Juan 14: 21: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. . . y Yo le amaré y me manifestaré a él”. Esta es la dulzura de la obediencia. Cuando te santificas, Él abre capa tras capa de su corazón, cortejándote inexorablemente con su hermosura y su santidad (Hebreos 12: 10):

Esta es la bendición que sobre todas las demás [Dios] desea para nosotros. . . cuando llegamos a ser perfectamente uno con Él, entonces la lucha cesa. Qué bienaventurado cuando su deseo de librarnos del pecado, y el nuestro de ser librados de él, se encuentran. . . entonces la plenitud divina fluye en el alma sin freno, y, a pesar de la amargura del proceso exterior, [se asegura] que el gozo inefable y lleno de gloria posea el alma consagrada.

En las horas previas al amanecer, cuando estoy despierta, lleno mi pecho con tales pensamientos. Me maravillo de la hermosura de Jesús, imaginándolo tallando cañones, levantando montañas, derramando arroyos, ríos y mares. Él sopla soles y estrellas en órbita; nebulosas y galaxias, todas girando en movimiento, todo para que podamos contemplar su gloria. Aún más glorioso, “Él sustenta el universo con la palabra de su poder” (Hebreos 1: 3). Las montañas, los mares y las estrellas desaparecerían, cada molécula se desvanecería, si dejara de desear que el universo fuera.

Esto apenas araña la superficie. Nuestro Dios Creador entonces quiere ser clavado en una cruz. Él mira a los ojos de un soldado a punto de clavarle clavos de hierro. Pero cuando el soldado alcanza el mazo, sus dedos deben poder agarrarlo. su corazón debe seguir latiendo. Su vida debe mantenerse nanosegundo a nanosegundo, porque ningún hombre tiene tal poder por sí mismo. ¿Quién da aliento a los pulmones de este romano? ¿Quién mantiene unidas sus moléculas? Solo el Hijo puede, por quien “todas las cosas subsisten” (Colosenses 1: 17).

Jesús quiere que los clavos le atraviesen la carne. Da a los verdugos la fuerza suficiente para levantar la cruz, pesada con su cuerpo empalado. Luego, Dios se muestra humillante, en ropa interior. Apenas puede respirar. Sin embargo, desprecia a estos legionarios mal pagados que se burlan de Él y dice: “Padre, perdónalos”. Jesús, con gracia y sin reticencias, les concede a todos, a todos los desdichados, la existencia continua.

Sin embargo, su crucifixión fue un mero calentamiento para el mayor horror. En algún momento durante ese terrible día, Jesús comenzó a sentir una sensación extraña. Un mal olor sin igual comenzó a flotar en su corazón. Se sentía sucio. La maldad humana se arrastró sobre su ser inmaculado: el excremento vivo de nuestras almas. La niña de los ojos de su Padre se estaba poniendo marrón con la podredumbre de nuestro pecado.

Esto es de lo que Jesús estaba hablando en Juan 14: 21. Este es el Anciano de Días manifestándose a nosotros. Y maravilla de maravillas, el Padre ahora nos llama “niñas de sus ojos” (Salmo 17: 8).

Si anhelas que la plenitud divina fluya en tu alma sin freno, abraza tus aflicciones, participa activamente en tu propia santificación y deja que tu deleite en Cristo se una con tu deleite en su Ley. Porque Dios os ha dado el sol, las estrellas y el universo; te ha dado flores, amistad, bondad y salvación. Él te ha dado todo, ¿no puedes darle tu corazón? Si Dios no tiene nuestro corazón, ¿quién o qué lo tendrá?

Confío que a las cuatro de la mañana, Cristo tenga el tuyo.

- Joni Eareckson T.

(Gentileza de E. Josué ZAMBRANO TAPIAS)


VÍDEO RELACIONADO:

UNA SANIDAD MÁS PROFUNDA - Joni Eareckson Tada - Conferencia Fuego Extraño - YouTube

EL SUFRIMIENTO SANTIFICA Y NOS ACERCA A JESÚS, Ed Welch

 



Muchos santos son parte de una tradición cristiana común que enseña una lección incómoda: el sufrimiento santifica.

Las historias se pueden encontrar a lo largo de las Escrituras y en cristianos de todo el mundo. Podríamos desear que la fe creciera especialmente durante la prosperidad, pero la voz de la fe dice: "¡Jesús, ayúdame!" Y esas palabras surgen con más naturalidad cuando somos débiles e incapaces de arreglárnoslas solos. El crecimiento se puede juzgar, en parte, por la cantidad de palabras que le decimos a nuestro Señor, y tendemos a hablar más palabras cuando estamos al final de nosotros mismos.

El sufrimiento santifica. Dios nos prueba para refinarnos. Esto es cierto, y saberlo podría ayudarnos a enfrentar los inconvenientes y desafíos de la vida cotidiana. Pero este conocimiento se siente menos satisfactorio ante la aflicción que te deja deshecho. Entonces, el nexo entre el problema y la bondad santificadora de Dios puede dar paso gradualmente a una relación en la que tú y Dios parecen vivir en la misma casa, pero rara vez lo reconoces.

Esperamos algunos tipos de sufrimiento santificador, pero no aquellos sufrimientos que bordean lo indecible. Cuando estos vienen, la idea de que nos santifican puede parecer inútil. Aunque podríamos decirle a un amigo que tuvo un problema: “¿cómo te está haciendo crecer Dios a través de eso?” sabemos que nunca debemos hacerle esa pregunta a alguien cuando “las aguas me han llegado al cuello” (Salmo 69: 1). El principio básico es cierto: Dios nos santifica a través del sufrimiento, pero hay formas más elegantes y personales de hablar de ello.

Un enfoque más útil primero, refresca nuestra comprensión de la santificación.

Comencemos con una definición común: la santificación es crecimiento en la obediencia. El problema es cuando esta definición se aleja de sus amarras intensamente personales. Mientras lo hace, el sufrimiento se convierte en el plan de Dios: hacernos soldados más fuertes y experimentados que no retroceden después de una simple herida en la carne. Todo esto, por supuesto, suena sospechosamente a un padre que está preparando a sus hijos para mudarse e independizarse, que es exactamente lo contrario de lo que Dios desea para nosotros. Dejado simplemente así, el principio de que “el sufrimiento santifica” erosionará la fe.

La santificación, por supuesto, es mucho más íntima. “También Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1ª Pedro 3: 18). Jesús murió para acercarnos a Dios, y nuestra obediencia sirve a esa cercanía. Desde esta perspectiva, el pecado y cualquier forma de impureza nos alejan de Dios. La santidad, o santificación, nos acerca.

Piense en el tabernáculo del Antiguo Testamento. Los impuros, que incluían las naciones extranjeras y los contaminados por los pecados de otros, estaban más alejados del lugar de la presencia de Dios en el Lugar Santísimo. Los limpios estaban más cerca. Acampaban alrededor de la casa de Dios y podían acercarse libremente para adorar y ofrecer sacrificios. Los sacerdotes, sin embargo, los santificados, estaban aún más cerca. Eran invitados diariamente, por turnos, al Lugar Santo y, una vez al año, en el Día de la Expiación, el sumo sacerdote se atrevía a entrar en el Lugar Santísimo. El sumo sacerdote ofrece una imagen de la humanidad tal como Dios la quiso: purificada y cercana a Él.

Nosotros, hemos sido santificados una vez para siempre por la obediencia de Jesucristo (Hebreos 10: 10) y nuestra fe en Él. Ahora somos santos. Desde ese lugar, en el Lugar Santísimo, Dios nos invita a acercarnos aún más, y nuestra obediencia y amor a Él son medios por los cuales nos acercamos.

Este modelo celestial de cercanía a través de la obediencia se desborda en la estructura misma del matrimonio: una pareja casada se ha acercado en sus declaraciones de compromiso mutuo, y luego, por el resto de sus vidas, se acercan aún más a través de su crecimiento en el pacto de amor.

Con la santificación entendida más personalmente, nos volvemos a nuestra comprensión de la soberanía de Dios. “El sufrimiento santifica” sugiere que Dios trae sufrimiento a nuestras vidas a propósito. Él ordena cada detalle. Esto es cierto, pero algunas formas de hablar sobre la soberanía de Dios pueden ser engañosas y pasar por alto el énfasis de las Escrituras.

La soberanía de Dios no es una invitación a entender perfectamente cómo su poder y amor coexisten con cada detalle de nuestro sufrimiento. En cambio, su soberanía nos recuerda que nos acerquemos a Él como hijos que confían en su Padre y en su amor. Un niño entiende el amor, y el amor de Dios es, de hecho, una extensión insondable que nos invita a explorar. Él brinda ayuda y sabiduría cuando consideramos: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8: 32).

El más vergonzoso abuso no nos separará de Dios, lo que ciertamente es contradictorio cuando nos sentimos como un paria que está entre los inmundos. Cuando lo veamos cara a cara, descansaremos (e incluso nos regocijaremos) en su juicio justo contra los opresores, y seremos completamente limpios de los actos inicuos cometidos contra nosotros. En otras palabras, la soberanía de Dios nos invita a confiar en que nuestro Padre hará todo bien, incluso en la Creación misma.

Entonces, ¿cómo santifica el sufrimiento? ¿Cómo nos santifica Dios en medio del sufrimiento?

De esta manera: con compasión sin límites, Dios se precipita hacia nosotros. Él se acerca y entra en nuestras cargas. Él escucha el clamor de su pueblo, lo que significa que tomará acción (Salmo 10: 14).

“Yo soy el siervo sufriente. Háblame". El Espíritu te invita a ver y escuchar a Jesús, el siervo sufriente. La miseria de un siervo misterioso en Isaías 52–53 predice su historia. La última semana de la vida de Jesús en Juan 10–21 lo revela más plenamente. En Jesús, encuentras un espíritu afín que conoce tu experiencia a través de la suya. Te entiende sin que le expliques los detalles. Mientras lo observa, notará cómo la lista de abusos en su contra cobra impulso todos los días. Tal vez te sorprenda su rechazo y vergüenza universales.

A continuación, hay un giro inesperado. “Fue traspasado por nuestras transgresiones” (Isaías 53: 5), es decir, por vuestras transgresiones. ¿Qué tiene que ver tu pecado con tu sufrimiento? Cuando Jesús tomó tu pecado, te aseguró que nada puede separarte del amor de Dios, y abrió una brecha en el muro de dolor en el que habitaban Satanás, la muerte, la vergüenza, el pecado y la miseria. A esta fortaleza, Jesús anunció su desaparición.

Entonces Jesús hace todo esto aún más personal. Él te acerca. Te invita a hablar con Él. “Derrama tu corazón” (Salmo 62 :8), dice. La oración, por supuesto, puede ser mucho más difícil de lo que parece, por lo que te da palabras para reemplazar esos silencios indecibles. Cuando lees los Salmos, casi puedes escuchar a Jesús preguntarte: "¿Es así como te sientes?" Su pedido de que hables con Él es un pedido sincero, y espera pacientemente tus palabras.

En respuesta, rompes tu silencio. Tal vez tus palabras lo sacudan, no por su honestidad sino simplemente porque tus palabras recientes para Él han sido muy pocas.

“Pero, ¿cómo se le ha podido dar al mal tanta libertad en mi vida? ¿Por qué escondiste tu rostro de mí? ¿Cómo pudiste haberlo permitido?. . .” Con estas palabras, te ha acercado más. Son expresiones de su fe en Dios. Estás siendo santificado. Lo has escuchado. La incredulidad se aleja o simplemente se enfurece; la fe responde a Dios, presiona e indaga, con palabras formadas por las Escrituras. Jesús mismo ha hecho estas mismas preguntas a su Padre.

Después de más palabras de ida y vuelta, Dios te invita a crecer como su hijo. “Yo soy vuestro Dios y Padre. Puedes confiar en mi". Te ha dado pruebas de que es digno de confianza. Ciertamente no se olvidará de ti ni de los actos cometidos contra ti (Isaías 49: 16). ¿Tú crees? Esta es la verdad.

Él dice: “Acércate, como mi hijo, y confía en mí”. Usted responde: “Sí, creo; ayuda mi incredulidad. Confío en ti, pero por favor dame más fe”.

Esta es una forma en que el sufrimiento santifica: nos acerca a Dios.


Ed Welch

(Gentileza de E. Josué Zambrano Tapias)

CONVERSIÓN CONTINUA, Oswald Chambers

 




"... Si no os volvéis y os hacéis como niños", Mateo 18: 3

Estas palabras del Señor se refieren a nuestra conversión inicial; pero debemos regresar continuamente a Dios como niños, es decir, convertirnos a Él continuamente, todos los días de nuestra vida. Si confiamos en nuestras propias capacidades y no en Dios, originaremos ciertas consecuencias de las cuales Él nos hará responsables.

Cuando Dios en su soberanía nos dirige hacia situaciones nuevas, debemos cuidar de que nuestra vida natural se someta a la espiritual, obedeciendo las indicaciones del Espíritu Santo. Que hayamos respondido adecuadamente en el pasado no garantiza que lo repitamos. La relación que existe entre lo natural y lo espiritual es una relación de continua conversión, pero es ahí donde con frecuencia nos negamos a obedecer

El Espíritu de Dios no cambia en ninguna situación que enfrentemos y su salvación permanece inalterable; pero, debemos vestirnos del nuevo hombre (Efesios 4: 24). Dios nos hace responsables cada vez que rehusamos convertirnos. Él ve nuestra negativa como una obstinada desobediencia. Nuestra vida natural de ninguna manera debe gobernar. Es Dios quien debe ejercer su gobierno en nosotros.

Rehusar la conversión continua es una piedra de tropiezo en el desarrollo de nuestra vida espiritual. En nosotros existen apilamientos de obstinación desde donde el orgullo escupe al trono de Dios y dice: "No me someteré porque no encuentro esto malo". 

Convertimos en dioses a nuestra independencia y terquedad y las identificamos con nombres equivocados. Lo que Dios considera como una debilidad obstinada, nosotros lo identificamos como una fortaleza. Hay áreas enteras de nuestra vida que aún no han sido sometidas, lo cual sólo se puede lograr mediante la continua conversión. De una manera lenta, pero segura, podemos reclamar todo el territorio en nosotros para el Espíritu de Dios, sometiéndolo.


Oswald Chambers

(Gentileza de E. Josué Zambrano Tapias)

DESOBEDIENCIA, ORIGEN DE CUALQUIER PROBLEMA EN NUESTRA RELACIÓN CON DIOS, Oswald Chambers

 




"La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón", Juan 14: 27


Siempre que enfrentamos dificultades, somos tentados a culpar a Dios. Pero nosotros somos quienes estamos equivocados, no Él (Daniel 9: 7: Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro...). Culparlo a Él demuestra que estamos desobedeciendo y que hay algo en nuestra vida que no queremos dejar. Pero tan pronto lo abandonamos, todo se vuelve tan claro como la luz del día. Mientras estemos tratando de servir a dos señores a la vez, a nosotros mismos y a Dios, las dificultades se combinarán con la duda y la confusión. 

Nuestra actitud debe ser de completa confianza en el Señor. Una vez que llegamos a ese punto, no hay nada más fácil que vivir la vida de un hijo de Dios. La dificultad viene cuando tratamos de usurpar la autoridad del Espíritu Santo para satisfacer nuestros propios intereses.

Cuando obedeces a Dios, la paz es su sello de aprobación. Él envía una paz profunda e indescriptible; no la natural, es decir, como el mundo la da, sino la paz de Jesús. Siempre que falte la paz, espérala hasta que llegue, o averigua por qué te falta

Si estás actuando por impulso, o por un sentido de lo heroico para que los demás te vean, la paz de Jesús no se manifestará en ti. Esto a su vez implica que no hay sencillez ni confianza en Dios, porque dicha actitud nace del Espíritu Santo, no de tus decisiones. Dios contrarresta nuestras decisiones obstinadas con un llamamiento a la sencillez y a la comunión con Él.

Mis preguntas surgen cuando comienzo a desobedecer. Pero cuando obedezco al Señor, los problemas nunca se interponen entre Él y yo y se presentan como un medio para que mi mente continúe examinando asombrada la verdad revelada de Dios. Cualquier problema que se interponga en nuestra relación tiene su origen en la desobediencia. Cualquier problema - y habrá muchos - que surja mientras lo estoy obedeciendo a Él, aumentará mi gozo profundo porque sé que a mi Padre le interesa y lo conoce. Entonces, yo estaré atento (expectante) para ver cómo lo solucionará.


Oswald Chambers

(Gentileza de E. Josué Zambrano Tapias)

NEGARNOS EN FAVOR DE LA UNIDAD Y DE NUESTRA VERDADERA IDENTIDAD, Oswald Chambers

 



"Entonces Jesús dijo a sus discípulos: -Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo", Mateo 16: 24.


La individualidad es la envoltura de la vida personal. La individualidad se abre paso a los codazos, separando y aislando. Ésta es la característica primordial de un niño y con razón. Cuando la confundimos con la vida personal, quedamos aislados. 

La individualidad como un caparazón, es la protección natural creada por Dios para la vida personal. Pero, para que esa vida personal pueda surgir y llegar a la comunión con Él, nuestra individualidad debe desaparecer. La individualidad falsifica la personalidad, así como la lujuria falsifica el amor. Dios diseñó la naturaleza humana para Él mismo, pero la individualidad la corrompe y la desvía hacia sus propios propósitos.

La individualidad se caracteriza por la independencia y la obstinación. Es su continua afirmación lo que, más que cualquier otra cosa, estorba nuestro desarrollo espiritual. Si dices: "No puedo creer", es porque tu individualidad está bloqueando la vía. Ella nunca puede creer. Pero, nuestra personalidad no puede dejar de creer. 

Obsérvate cuidadosamente cuando el Espíritu de Dios esté obrando en ti. Él te empuja hasta el límite de tu individualidad donde es necesario escoger entre decir: "No lo voy a hacer", o someterte para que se rompa el caparazón de la individualidad y dejar que emerja la vida personal

El Espíritu Santo la va reduciendo poco a poco a un solo punto (negar tu yo, tu opinión, tu deseo, tu originalidad, negarte a ti mismo) (Mateo 16: 23-24). Dios quiere llevarte a tener comunión con Él, pero si no estás dispuesto a ceder el derecho sobre ti mismo, Él no lo hará

Niéguese a sí mismo: Cuando niegas tu derecho a la independencia, la vida real tiene la oportunidad de crecer.

Oswald Chambers



"...Que sean uno, así como nosotros somos uno", (Juan 17: 22).

 

La personalidad es esa parte peculiar, singular e incalculable de nuestra vida, que nos diferencia de todos los demás. Es demasiado grande para poderla comprender. Una isla en el mar puede ser solamente la cima de una gran montaña y nuestra personalidad es algo parecido. Como no conocemos las grandes profundidades de nuestro ser, no podemos hacer una valoración de nosotros mismos. Empezamos creyendo que podemos, pero pronto entendemos que sólo un ser nos comprende completamente, nuestro Creador.

Así como la individualidad caracteriza la parte externa del hombre natural, la personalidad es el sello característico del hombre espiritual. Nunca podemos describir a nuestro Señor a partir de la individualidad o la independencia, sino sólo a partir de su personalidad: "El Padre y yo uno somos", Juan 10: 30. 

La personalidad se debe unir. Es decir, que sólo alcanzas tu verdadera identidad estando unido a otra persona. Cuando el amor, o el Espíritu de Dios, entra en una persona, ésta queda transformada y ya no insiste más en mantener su individualidad. El Señor nunca habló de la individualidad de una persona, o de su posición aislada, sino de su personalidad. "Que sean uno, así como nosotros somos uno".

Cuando le cedes a Dios tus derechos sobre ti mismo, enseguida tu verdadera naturaleza personal comienza a obedecer a Dios. Jesucristo emancipa toda tu personalidad e incluso tu individualidad se transforma. La transformación es causada por el amor, es decir, por la devoción personal a Jesús. El amor es el desbordante resultado de una persona en verdadera comunión con otra.


Oswald Chambers.

(Gentileza de E. Josué Zambrano Tapias)