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CONSEJOS PARA FORMAR HIJOS PRUDENTES O DELINCUENTES

 



NECESITAMOS PADRES, Lisa Great Enebeli

 



"No puedes cambiar lo que te fue dado, pero sí puedes cambiar lo que transmites".

https://mouthpieceministries.wordpress.com/2024/10/19/we-need-fathers/


Vivir en una cultura que emascula a los hombres, los vilipendia y los deshonra, pero luego se pregunta por qué tenemos una crisis de identidad en nuestras manos, es irónico en el mejor de los casos. Tal vez nos convenga reconocer que es porque la identidad viene del padre. Cuando apoyamos que los hombres sean mujeres, la homosexualidad como un estilo de vida viable, la pornografía y el adulterio como aceptables y luego nos preguntamos por qué tenemos tantas mujeres solteras elegibles, tantos niños sin padre, tantas personas narcisistas y tanto drama traumático, pensamos que todo esto es nuevo para nuestra cultura, nuestra generación, pero no lo es. 

El apóstol Pablo abordó todos estos temas en sus cartas a los corintios y si entendiéramos lo que realmente estaba sucediendo en la cultura corintia, no llamaríamos a los Estados Unidos Babilonia, pero eso es para otro blog. Pablo aborda el tema de la inmoralidad sexual de frente, y el apóstol Juan habla del tema de la identidad que viene del padre. Amigos, necesitamos hombres saludables, necesitamos hombres que sepan quiénes son. Necesitamos padres que sepan quiénes son en Cristo, para que familias enteras puedan entrar en el reino. 

Todo comienza con la identidad y, si no tuviste un padre sano, tu identidad probablemente esté fracturada y, sin embargo, alguien tiene que detener el tren del trauma y buscar al Señor, para que el tren de la gloria de saber quién eres en Cristo pueda seguir adelante por generaciones futuras. No puedes cambiar lo que te fue dado, pero sí puedes cambiar lo que transmites. 

Juan 8 habla de una conversación entre Jesús y los fariseos, y Jesús dice: “Porque yo sé absolutamente quién soy, de dónde vengo y a dónde voy. Pero ustedes, los fariseos, no tienen idea de lo que estoy diciendo”. Ellos no sabían quién era Jesús, porque no sabían quién era su padre. Los judíos trazan su identidad hasta el padre. Entonces Jesús dice: “Lo que digo acerca de quién soy es verdad, porque no estoy solo en mi testimonio; mi Padre es el otro testigo, y juntos damos testimonio de la verdad”.

En Israel, los hombres eran llamados hijos de ______ (el nombre de su padre), no es de extrañar que Jesús se llamara a sí mismo hijo de Dios, porque Dios es su padre. Amigos, necesitamos padres, porque ellos nos revelan nuestra identidad. Hombres, necesitamos que seáis honorables, humildes, buscadores de Dios y de su verdad, valientes guerreros y defensores de la verdad en la tierra como en el cielo. Cuando los padres se pongan de pie, se restaurará la identidad en los hijos. Necesitamos que los hombres sean padres, porque los padres inculcan identidad y la identidad elimina la inseguridad.


HONRAR Y OBEDECER A LOS PADRES, Devocionales e-Maná

 



eManá
La Palabra de Dios diariamente enviada por correo electrónico

18 de marzo de 2022

Honrar a los padres

Versículos de la Biblia

Efesios 6: 1-3 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; “para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra”.

Palabras del ministerio

La expresión “en el Señor” indica que los hijos deben obedecer a sus padres siendo uno con el Señor. También indica que no deben hacerlo por su propio esfuerzo sino por el Señor, y no conforme al concepto natural, sino conforme a la Palabra del Señor. Su obediencia debe concordar con la Palabra del Señor, conforme a las Escrituras.

Este no sólo es el primer mandamiento con promesa, sino también el primer mandamiento en cuanto a las relaciones humanas (Ex. 20: 12). La promesa mencionada en el versículo 3 consiste en que a los hijos les irá bien y tendrán larga vida sobre la tierra. La primera parte de la promesa se refiere a ser prósperos en bendiciones materiales, y también a vivir en paz. La segunda parte consiste en ser de larga vida. Según este mandamiento, la prosperidad y la longevidad son bendiciones que Dios da en esta vida a aquellos que honran a sus padres.

Honrar es diferente de obedecer. Obedecer es una acción, mientras que honrar es una actitud. Un hijo puede obedecer a sus padres sin honrarlos. Para honrar a sus padres, los hijos deben tener cierta actitud, cierto espíritu. Todos los hijos necesitan aprender a obedecer a sus padres y al mismo tiempo honrarlos.

www.emanna.com/espanol

ARGUMENTOS, VANO CONOCIMIENTO, EVITAR A LOS ENTROMETIDOS 'ASESORES ESPIRITUALES', (Sorbos Místicos), François Fenélon




QUE LAS COSAS SIGAN SU CURSO

Tu mente está demasiado ocupada y argumentas demasiado como para mantener una percepción sosegada de Dios. Si siempre estás razonando, no puedes cultivar el silencio en el cual Dios habla. Sé humilde, sincero, y sencillo con las personas. Estate reposado y calmado ante Dios.

Tus mentores son demasiado secos, intelectuales y críticos. Estas personas se oponen a una vida interior espiritual. Aunque solo les escuches un poco, te llevarán lejos de una fe sencilla y mansa. Razonan demasiado y son enfermizamente cotillas. 

Los hábitos mal curados se prenden con facilidad, pues tienes una tendencia natural hacia ellos. Mantente alejado de cualquier cosa que te guíe a los viejos caminos.

Hace cuatro meses que no he tenido tiempo para estudiar. Pero estoy contento de entregar el estudio y no apegarme a nada que Dios quiera llevarse. Puede que este invierno tenga tiempo de poner un pie en mi biblioteca. Entraré con cautela y atenderé a la más leve insinuación de que Dios me quiera en cualquier otro sitio. Al igual que el cuerpo, la mente tiene que ayunar

No tengo deseo de escribir, hablar, que hablen de mí, razonar, ni persuadir a nadie. Vivo cada día con sencillez. Soporto cualquier inconveniencia que se presente, pero también me entretengo cuando lo necesito

Los que escriben cosas en contra mía y me tienen miedo están tristemente engañados. ¡Que Dios les bendiga! No soy tan necio como para salir de mi senda para ir a molestarles. Como Abraham dijo a Lot: ¿No está delante de ti toda la tierra? Si tú vas a la izquierda, yo iré a la derecha (Génesis 13: 9).

¡Bienaventurados los libres! Solo Jesús puede hacerte libre. Te libera quebrando toda cadena que te retiene. ¿Cómo? Su espada divide marido y mujer, padre e hijo, hermano y hermana. En tanto haya algo en este mundo que signifique algo para ti, tu libertad solo es una palabra. Eres como un pájaro retenido con lazo; solo puedes volar hasta donde te deje el hilo. ¿Ves lo que quiero decir? Lo que quieres ganar vale más que todo lo que temes perder. Sé fiel en lo que sabes y se te añadirá. No confíes demasiado en tu mente..., ¿cuántas veces te ha descarrilado? Mi propia mente ha sido tal engañadora que ya no cuento con ella. 

Sé sencillo. “Porque la apariencia de este mundo se pasa” (1ª Corintios 7: 31). Pasarás junto al mundo si sigues su patrón. La verdad de Dios permanece para siempre; así pues, deja que sus caminos tomen plena posesión de ti.

Te vuelvo a advertir: Ten cuidado con los filósofos. Te atraparán y te harán más daño que bien les sepas tú procurar. Sus discusiones son eternas, pero nunca se allegan a la verdad sencilla. Los intelectuales son unos curiosos insanos; son como conquistadores que destruyen el mundo sin poseerlo. Salomón mismo testifica de la vanidad del interminable razonar. Nunca estudies asuntos espirituales a menos que Dios te anime a ello. Y no estudies más de lo que puedas abarcar. Estudia con un corazón lleno de oración. Dios es tanto Verdad como Amor. Solo puedes conocer la verdad en la medida que la ames. Ama la verdad y conocerás la verdad. Si no la amas, no conoces el amor. Ama con un corazón humilde y la Verdad te amará. Sabrás lo que los filósofos no pueden conocer e incluso lo que los filósofos no quieren saber. Espero que obtengas el conocimiento que se reserva para los niños y los de mente sencilla. Dicho conocimiento está oculto a los sabios y prudentes (Mateo 6: 25).


EVITA A LOS ENTROMETIDOS ESPIRITUALES

Estoy contento de que hayas encontrado las cualidades que estabas buscando en la persona de la que me hablaste. Dios pone lo que Él desea donde Él desea. Nos envía ayuda y luz a través de muy diferentes personas y circunstancias. ¿Te debería eso preocupar? Si ves que Dios te está enviando el socorro, no te apegarás tanto a la forma en que lo envió. Sus caminos están muy por encima de los nuestros. Confía en su senda y madurarás en humildad y sencillez. El Señor te mostrará que no tienes ningún poder en o de ti. Recibe lo que Él te da y depende de su Espíritu, que sopla de donde quiere (Juan 3: 8).

No necesitas conocer los secretos de Dios... tan solo sé obediente a lo que Él te muestra que hagas. Pensar mucho te distraerá. Si te ves atrapado en tus pensamientos, apagarán tu sentir espiritual interno como una ráfaga de aire apaga una vela. Si te mantienes en la compañía de personas como esta, verás cuán secos están sus corazones y cuánto se han apartado sus mentes del centro. Es mejor estar alejados de ese tipo de personas.

También quiero advertirte de las personas que aparentan tener una vida espiritual interior. Es fácil confundir una viva imaginación con una verdadera experiencia espiritual. Observa con cuidado y verás que aún están indebidamente apegados a las cosas externas.

Tus deseos caprichosos, dejados a su aire, te guiarán a obsesiones que estrangulan tu paz interior y silencio ante Dios. Permanece lejos de personas que suenan bien, pero nunca exhiben un verdadero fruto del caminar interior. Su habla es engañosa y casi siempre los verás agitados, buscando los defectos, y llenos de sus propios pensamientos. A estos entrometidos espirituales les molesta todo, ¡y casi siempre son ellos los molestos!


(Por gentileza de E. Josué Zambrano Tapias)

AUTORIDAD versus PATERNIDAD: Haciéndonos primero hijos sumisos, obedientes y humildes para poder tener autoridad, Charles Elliott Newbold Jr.





Hoy, siguiendo nuestra costumbre de republicar entradas antiguas de nuestro blog FINISTERRE en nuestras redes sociales, nos topamos con este artículo que publicamos en agosto del 2012 y fuimos movidos a releerlo. Nos ha parecido tan maravilloso, que para darle un mayor impacto hemos decidido republicarlo en este blog. No se lo pierdan porque nos parece muy bueno e importante, porque si estos fundamentos no están en nuestras vidas aún no habremos empezado a caminar la verdadera senda espiritual alejándonos de la simulación religiosa.



"Cierta cantidad de estructura (normas) es liberadora, 
carencia de estructura trae anarquía"

En busca de Papá 
Charles Elliott Newbold, Jr.


Capítulo 8: Haciéndonos hijos primero

Camino de mi cuadragésima reunión del instituto, visité a un compañero del colegio que había levantado un exitoso negocio de concesionario de automóviles en mi pueblo natal:

¿Qué has estado haciendo últimamente?”, le pregunté.

Se echó hacia atrás en su silla y una sonrisa satisfecha recorrió su rostro.

Principalmente he estado dedicándome a las sesenta cabezas de ganado en la granja que tengo en el campo”,

contestó.

Mis hijos llevan el negocio”.

Dios me había estado enseñando lo que significa ser un hijo de Dios y cómo nosotros, como hijos Suyos, tenemos un negocio con Él. Somos Padres e Hijos S.A., tal y como lo expuso un maestro.

Cuando mi amigo me dijo que sus hijos llevaban el negocio, una inundación de analogías pasó por mi mente. No conozco los nombres de sus hijos y lo que sigue ahora es estricta ficción. He llamado a uno de los hijos “Junior”.

Desde el tiempo de su niñez, a Junior le gustaba quedarse con su padre en el concesionario. Me lo imagino, sentado en la enorme silla de su papaíto, con sus pies puestos sobre la mesa, como su papá. Papá era el más grande. Cuando Junior creció un poquito, comenzó a ir con su papá al banco, y a ver como recibía préstamos de cientos de miles de dólares para pagar una nueva entrega de automóviles.

Un buen día decidió ir solo al banco e intentar hacer lo que había visto hacer a su padre:

Hola, soy Junior, ¿Te acuerdas de mí? Necesito un préstamo de un zillón de dólares para mi papá. Dentro de poco le viene una nueva tanda de coches. Poned el dinero en la cuenta como siempre hacéis”.

El empleado de banca sonrió, se inclinó desde detrás de su mesa y explicó cuidadosamente:

Bueno Junior, parece que estás aprendiendo mucho en el negocio de tu papá. Estoy seguro de que un buen día empezarás igual que tu papá. Pero hay un problemilla. No podemos hacer esa clase de préstamo a menos que tu papá esté aquí para solicitarlo él mismo o a menos que primero nos informe de que tú estás autorizado para solicitarlo en su nombre”.

Junior comprendió… más o menos. Se encogió de hombres y se marchó.

Treinta años después, más o menos, Junior entra en ese mismo banco y habla con el
empleado, quién, sin rechistar, le presta el capital que necesita.

¿La diferencia? Trabajó duro en su negocio, demostró ser un hijo fiel y ahora tiene la autorización de su padre para hacer negocios en su nombre.

Yo estaba convencido, aunque mi amigo no había dicho nada de eso, que él no se había apartado de la supervisión general del negocio. Puede que sus hijos llevaran el negocio, pero no eran los dueños. Puede que tuvieran mucha mano en ciertas áreas, pero llevaban el negocio conforme a la voluntad y la forma personal de su padre. El concesionario sigue estando a nombre del padre.


Autoridad graduada:
Cuando era niño, espiritualmente hablando, yo tenía ciertos privilegios, aunque no muchos, en la Casa de mi Padre-Dios. Principalmente aprendí y fui disciplinado por Dios, quien se encargó fielmente de todas mis necesidades. Al crecer bajo sometimiento a mi Padre-Dios, aprendí de Su voluntad y de Sus caminos. Aprendí principalmente viendo a Su Hijo, mi Hermano mayor, Jesús, y por la disciplina de Su Espíritu Santo. Aprendí más y más sobre la forma que Él tiene de hacer negocios y cómo Él espera que Sus hijos hagan negocios con Él. Gradualmente iba depositando una mayor autoridad en mí, mientras yo iba demostrando fidelidad y obediencia para hacer Su voluntad y para andar en Sus caminos.

Un día llegué a un punto en el que podía decir ciertas cosas y tendrían que suceder simplemente porque yo las había dicho.

No puedo decir simplemente lo que me apetezca, pero sé que hay cosas que es correcto declarar porque conozco la voluntad de mi Padre y Sus caminos. Son la clase de cosas que Él mismo diría, y Él me ha dado la autoridad para decirlas en Su Nombre. Sé que esto no es ser arrogante ni presuntuoso sobre estas cosas. Tomo esta responsabilidad muy seriamente, del mismo modo que pienso que lo hacen los hijos de mi amigo cuando van al banco para pedir préstamos de grandes sumas de dinero.

Como creyentes nuevos, muchos de nosotros fuimos enseñados que teníamos autoridad en el nombre de Jesús. Declarábamos toda clase de cosas en Su nombre, aunque nada cambiaba. Nos hemos podido desanimar e incluso algunos han caído en incredulidad. No nos enseñaron que teníamos que crecer hasta convertirnos en hijos responsables antes de poder ejercer autoridad en ciertas áreas. No fuimos sazonados lo suficiente para usar esa autoridad de forma adecuada.

Tenemos que ser hijos antes de poder ser padres. No saltamos al mundo para convertirnos automáticamente en padres. Crecemos en eso. Como hijos, tenemos que aprender a depender de nuestro Padre-Dios para cada necesidad que tengamos. Tenemos que sujetarnos a nosotros mismos a Su disciplina en nuestras vidas de manera voluntaria y gozosa. En cualquier caso, lo único que Él quiere hacer es criarnos hasta llegar a ser padres en autoridad, llevar Su imagen y hacer negocios conforme a Su voluntad y a Sus caminos.


La condición de hijos:
Cuando utilizo el término condición de hijos” no me refiero simplemente a hijos e hijas niñitos. Me refiero a esa clase de madurez a la que llegamos cuando hay ciertos elementos clave presentes en nuestras vidas—cosas tales como el sometimiento a la autoridad, la obediencia, la confianza, la humildad y el amor generoso.

Un hijo no puede entrar con facilidad en la condición de adulto, si la paternidad no está presente para hacer que surja. La condición de hijo va mano a mano con la paternidad. La paternidad es esencialmente, la presencia del papá.

Dios mismo es la más alta y perfecta personificación de la paternidad. Él da a conocer Su presencia a nosotros y nos llama como Sus hijos espirituales que somos.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”. (Rom. 8:19,29,30).

Lo que Dios quiere en Su Casa espiritual es lo mismo que Él quiere en las familias naturales de Su pueblo—hijos hechos conforme a la imagen de Su Hijo. La persona de Jesucristo define la condición de hijo en su máximo esplendor.


Los hijos aprenden el sometimiento a la autoridad:
Dios es la autoridad más alta en el universo. Él ha delegado en el padre para que sea la autoridad en las vidas de sus hijos. La madre tiene autoridad, pero es diferente y mucho menos apremiante.

Un padre sano y funcional que está presente en la vida de sus hijos, enseñará autoridad y sometimiento.

El sometimiento a la autoridad es muy importante para Dios. Hemos de someternos unos a otros (Efe. 5:21), para la supervisión pastoral (Heb. 13:17), a Dios (Santiago 4:7), a toda institución humana (1ª Ped. 2:13). Las esposas han de someterse a sus maridos  (Efesios 5:22; Col. 3:18) y los jóvenes a los ancianos (1ª Ped. 5:5).

Si nosotros, como hijos, no aprendemos el sometimiento en el hogar, se hace difícil aprender a someterse a la justicia de Dios (Rom. 10:3).

Jesús estaba completamente sometido a Su Padre celestial, y así, aprendió la autoridad y tuvo autoridad. “Porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas”.(Mat. 7:29). De este modo, la condición de hijo lleva consigo el sometimiento a la autoridad. El hijo que aprende el sometimiento aprenderá a estar en autoridad. El padre es una autoridad justa cuando él mismo está bajo la autoridad de Jesús.


Los hijos aprenden la obediencia:
La obediencia es la característica de la "condición espiritual de hijos"

Los que son guiados por el Espíritu de Dios, ésos son los hijos de Dios”, (Rom. 8:14).

Jesús es nuestro ejemplo de hijo en absoluta obediencia a Su Padre. Estaba atado, por amor a Su Padre, para hacer solo aquello que Él veía hacer al Padre.

Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis”, (Juan 5:19,20).

Jesús dijo: … No hago nada por mi cuenta, sino que hablo estas cosas como el Padre me enseñó”(Juan 8:28).

como lo ilustra la historia del niño pequeño a quien dijeron que se sentara:

No, no quiero sentarme”.
¡Te he dicho que te sientes!”, ordenó el padre severamente.
¡No!”, contestó.
Si no te sientas, me levantaré y te pegaré”.
Finalmente se sentó pero dijo, “Puede que me esté sentando por fuera, ¡pero en mi interior estoy de pie!”

La obediencia es el comportamiento externo de hacer las cosas. El sometimiento refleja una actitud, una condición del corazónLa obediencia pura es el fruto de un espíritu sometido.

La "condición de hijos"  es la clase de hijos que son tanto sometidos como obedientes.Responden bien a la paternidad; se sientan, incluso en su interior, incluso la primera vez que reciben la orden.

Pablo exhorta, “Hijos someteos a vuestros padres en el Señor, porque esto es bueno”,(Efesios 6:1). Y también, “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto es agradable al Señor”, (Col. 3:20).

La obediencia y el sometimiento no son cosas que surjan de forma natural en los hijos. Los hijos tienen que ser enseñados y modelados. Los hijos los adquieren por medio de la disciplina (discipulado). La paternidad discipula la condición de hijos; es decir, enseña el sometimiento y la obediencia.


Los hijos aprenden a confiar:
Cuando la paternidad fiable y genuina está presente, un hijo aprende primero a confiar en su padrePuede que no siempre comprenda o que ni siquiera esté de acuerdo con las acciones de su padre, pero se conformará con él.

El ejemplo final de esta confianza ciega ocurrió entre Abraham y su hijo Isaac. Abraham era un hombre bajo la autoridad del Todopoderoso. Era, por así decirlo, un hijo en obediente sumisión. Lo que Dios decía, Abraham lo hacía. Abraham confiaba en Dios como Padre. Dios había hecho Su pacto con Abraham de que él sería padre de multitudes. Abraham, como hijo bajo Dios, hecho un padre por Dios, y actuando sobre la base de una fe ciega en Dios, recibe ahora la orden de sacrificar a su hijo Isaac, el hijo de la promesa. Pienso al respecto. ¿Cómo podría Abraham pensar en ni siquiera levantar el cuchillo sobre su hijo?

Pero … ¿Te has puesto a pensar alguna vez en todo esto desde la perspectiva de Isaac? ¿Puedes imaginarte la ráfaga de emociones que debió haber sentido cuando Abraham le ató y le puso sobre el altar? No hay indicación alguna de que Isaac pusiera alguna clase deoposición. Isaac no habría podido entregarse a sí mismo a Abraham si no confiara en él. Abraham tampoco habría podido ir tan lejos como fue si no hubiera confiado en su Dios. Isaac preguntó, “veo el fuego y la madera: pero, ¿Dónde está el cordero para la ofrenda quemada?”

El Abraham lleno de fe respondió, “Dios proveerá”. Abraham también ejerció Su confianza en Dios cuando antes había dicho a los dos hombres que viajaban con él, “Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, yvolveremos a vosotrosÉl esperaba absolutamente que Dios proveyera, aunque estaba dispuesto a obedecer hasta el final. En el último instante, un ángel ordenó a Abraham que detuviera su mano y Dios proveyó otro sacrificio—un carnero atrapado en un matorral (lee Gen. 22.1-14; Heb. 11:17,19).

Gracias a Dios por Su provisión. Dios siempre provee para los que ponen su confianza en Él y Le obedecen. Esos son los jóvenes que aprenden la condición de hijos.

Jesús confirmó el papel que la fe y la confianza juegan en nuestra capacidad para someternos a la autoridad. Mateo relata:

Cuando bajó del monte, grandes multitudes le seguían. Y he aquí, se le acercó un leproso y se postró ante El, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante quedó limpio de su lepra. Entonces Jesús le dijo*: Mira, no se lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio a ellos. Y cuando entró Jesús en Capernaum se le acercó un centurión suplicándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, sufriendo mucho. Y Jesús le dijo*: Yo iré y lo sanaré. Pero el centurión respondió y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; mas solamente di la palabra y mi criado quedará sano. Porque yo también soy hombre bajo autoridad, con soldados a mis órdenes; y digo a éste: "Ve", y va; y al otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que le seguían: En verdad os digo que en Israel no he hallado en nadie una fe tan grande(Mateo 8:5-10).

La sumisión se hace muy difícil para nosotros cuando una autoridad abusa de su posición y nos violenta. Perdemos nuestra confianza y nuestro respeto hacia él. Si hemos sido abusados por un personaje de autoridad significativo durante nuestros años de crecimiento, podemos encontrar dificultades en confiar de nuevo en cualquier otra autoridad.

El papá, siendo un hombre de buen carácter e integridad, edifica confianza y por ello, demanda respeto y sumisión a su autoridad. Tiene autoridad por estar bajo la autoridad de Cristo.


Los hijos aprenden la humildad:
El sometimiento, la obediencia y la confianza obran todos ellos a través de la humildad. La humildad tiene que ver con ser honestos y abiertos con nosotros mismos, con Dios, y con los demás. Cuando estemos dispuestos a ser honestos y abiertos con nosotros mismos, veremos la verdad sobre nosotros y eso siempre debería tener un efecto humillador sobre nosotros. El orgullo estorba nuestra capacidad para someternos. En cambio, la humildad nos hace libres, para eso precisamente.

A los hijos que aprendan a humillarse ante hombres mayores, les será más fácil humillarse ante Dios. 1ª Ped. 5:56 dice: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que élos exalte cuando fuere tiempo”. Es mucho mejor que Dios nos levante que intentar nosotros mismos levantarnos con nuestros inflados juicios respecto de nosotros mismos.


Los hijos aprenden la paternidad:
Un buen apadrinamiento probablemente engendrará buenos hijos. No obstante, algunos hijos se echan a perder sin importar lo bueno que haya sido el ejercicio de la paternidad por parte de sus progenitores; los padres no deben sumirse en la automatización. ¿Cómo debió sentirse el padre del hijo pródigo cuando su hijo se marchó de casa y malgastó su herencia?(lee Lucas 15:11,24).

Proverbios 22:6 dice, “Enseña al niño el camino en que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él". Las Escrituras dicen que el hijo pródigo recuperó el sentido y regresó a casa. ¿Podría haber influido el entrenamiento del Padre en esa decisión?

Los buenos hijos se convierten en buenos padres del mismo modo que los buenos árboles producen buen fruto. El padre es puesto en el hijo para que el hijo pueda convertirse en un padre. Y cuando el hijo se convierte en padre, aún retiene el corazón del hijo dentro de sí. El padre y el hijo son uno dentro de él. Si conocemos la condición de hijos, conoceremos la paternidad. Si conocemos la paternidad, conoceremos la condición de hijos. No podemos separar ambas cosas.

Atravesamos tres etapas en nuestro desarrollo espiritual: Comenzamos como bebés-niños, después nos hacemos hijos (jóvenes) y finalmente nos convertimos en padresLos padres están centrados en los hijos, los hijos están centrados en los padres y los niñitos están centrados en sí mismos. Dios el Padre está centrado en los niñitos, y Jesús, el Hijo, está centrado en el Padre. La inmensa mayoría de nosotros somos niños centrados en nosotros mismos. Tenemos que madurar para llegar a convertirnos en hijos centrados en el Padre, y que avanzan hacia la paternidad.

La condición de hijos es un paso para convertirnos en el papá. Los atributos del carácter que un hijo aprende se convierten en atributos de paternidad que no tienen precio.Los atributos  de carácter de la sumisión, obediencia, confianza y humildad nos enseñan como estar en autoridad. Si no tenemos estos atributos, no ejerceremos piadosa autoridad, y es poco probable que recibamos autoridad. Además, cualquier clase de autoridad que pensemos tener, será opresiva.

La genuina autoridad y la sumisión a dicha autoridad, liberan. Los niños queaprenden a respetar los límites, crecen con una comodidad y seguridad que producelibertad. Los niños que no reciben limitaciones, nunca aprenden realmente quienes son y se convierten en esclavos de cosas como el temor, la inseguridad, la lucha y la avaricia.Una cierta cantidad de estructura es algo liberador; una falta de estructura trae anarquía.


Jesús, el Hijo patrón (modelo):
Si no tuvimos un modelo terrenal de papá en nuestro crecimiento, tendremos que aprender a ser papás de otras fuentes. La fuente perfecta es el Padre-Dios, que quiere ser nuestro Padre y soltar las cuerdas del mandil emocional de nuestra madre.

La única forma de poder aprender de Dios es siendo primero un hijo en relación con Dios.  Esto significa que tenemos que someternos a la disciplina del Señor. Significa que tenemos que aprender la obediencia, como Hebreos 5:8 afirma sobre Jesús: “Aprendió la obediencia por las cosas que padeció”.

Jesús, como el Hijo de Dios, es el patrón por el que nosotros tenemos que guiarnos en relación con el Padre-Dios. Él es nuestro único ejemplo para aprender la condición de hijos.

Los padres cristianos son animados a ser Jesús no sólo para sus propios hijos sino para los hijos huérfanos de sus comunidades, y especialmente en su comunidad de fe—y de llevar a esos niños a ser hijos de Dios y futuros padres.


Características de buenos hijos:
1- Jesús amó a Su Padre más que a Sí mismo.
El lo demostró siendo obediente hasta la muerte (Fil. 2:8). El ágape (el tipo de amor de Dios) tiene que ver con la negación de YO y de sus caminos obstinados y auto-indulgentes. Jesús se embarcó en su propio camino hacia la auto-negación cuando venció las tentaciones del diablo en el desierto. Atravesó otra crisis en el huerto de Getsemaní en Su camino a la cruz.

El amor que Jesús tenía por su Padre era la fuerza impulsora detrás de Su deseo irresistible por hacer la voluntad de Su Padre. No deseaba otra cosa. Esta atracción le dio la capacidad para vencer el yo en cada curva.

Comenzaba cada día en oración para descubrir lo que estaba en la agenda del Padre para  ese día. Sólo hacía lo que veía hacer al Padre. Fue obediente y fiel hasta el final.

No mi voluntad, sino la tuya”.

Isaac tuvo un anticipo de este amor ágape. Su amor y Su respeto hacia su padre le dieron la fuerza y la confianza que necesitaba para estar dispuesto a poner su vida.

Nosotros, como hijos espirituales, aprendemos la obediencia y la fidelidad a través de nuestros padecimientos, dejando que Cristo crucifique la naturaleza de nuestro viejo hombre de pecado.

Continuamente Jesús tenía que someterse a la dirección del Espíritu Santo para conocer la voluntad del Padre y hacerla.


2- Los hijos espirituales se someten continuamente a la dirección del Espíritu Santo.
Jesús tuvo hambre de justicia.

3- Los hijos espirituales tienen hambre de justicia.
Él tuvo pasión por la santidad.

4- Los hijos espirituales tienen pasión por la santidad.
La santidad nada tiene que ver con “ir a la iglesia”. No tiene nada que ver con “ser buenos”.  No es lo que hacemos, lo que vestimos, como nos arreglamos el pelo, o lo que decimos. Tiene que ver con lo que pasa en el interior de nosotros mismos como resultado de la obra interna del Espíritu Santo en nosotros. Tiene que ver con ser transformados como hijos espirituales a la imagen del Hijo patrón, Jesús.

Jesús no hizo provisión para la carne.

5- Los hijos espirituales de Dios no hacen provisión para la carne.
Aprendemos a negar a nuestro hombre de carne sus demandas, deseos y obsesiones mentales. ¿Cómo hacemos eso? “Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne”. (Gál. 5:16).


Avanzando:
Tenemos que aprender a ser hijos antes de poder saber a ser padres. Y sin embargo, no podemos retener la paternidad hasta que todos logremos ese modelo ideal de paternidad.Aprendemos la paternidad a la par que aprendemos a ser hijos y aprendemos a ser hijos al continuar hacia ser padres. La condición de padres y la condición de hijos van ambas de la mano. No podemos aprender una sin que la otra suceda automáticamente. Una no puede existir sin la otra. No hay tal cosa como un padre a menos que haya hijos. No hay tal cosa como hijos a menos que haya unos padres. Los términos sugieren la existencia mutua.

Sólo Dios, que es la personificación completa de la paternidad, puede llevarnos a la verdadera "condición de hijos". Entreguémonos a Él y a Su Espíritu Santo para que Él pueda hacerlo.

Libro: MADURANDO EN MADUREZ (Completo), Administrador







7 de noviembre de 2017

1ª Juan_2: 13

Os escribo a vosotros, padres, porque habéis llegado a conocer al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.


Enlace para lectura o descarga en PDF:




MADURANDO EN MADUREZ (3/3), Administrador






Emociones que necesitan ser sanadas y ceñidas

Mientras las heridas del pasado todavía ocupan un lugar muy presente en nuestras mentes; mientras las llagas aún supuran; mientras aún nos regodeamos contemplando y hurgando mucho en las heridas del pasado, mientras persisten los desequilibrios emocionales, no podemos tener la libertad de la plena madurez. Debemos abandonar las cantaletas de autoconmiseración por lo mucho que sufrimos ahora o en el pasado y reconocer que Dios no se equivoca y no hace acepción de personas.

Estos sube y baja, estos desequilibrios, nos lastran y nos impiden tener sanas relaciones con los demás. La vida en el espíritu es con vaselina la vida en la carne es con calzador. La fricción contra personas o circunstancias es síntoma de que no andamos todavía en perfecta armonía con el Creador y Su Creación. Resistir es señal de cierta inmadurez, someternos a la sabia soberanía de Dios eliminará muchos obstáculos en nuestras relaciones. No seamos tan ciegos como Balaam, que por resistir la voluntad de Dios vio su pie friccionado, apretado, contra el muro y luego le echaba las culpas al asna. ¡No tratemos a los demás como al asna de Balaam, cuando nosotros somos los culpables de los problemas! (Números 22:25).

Las personas quejumbrosas y depresivas no son una muy grata compañía y alejan a los demás. La depresión no es más que una resistencia o rebelión ante la realidad que Dios ha escogido para nosotros. Toda muerte es repelente y mientras haya zonas mortecinas en nosotros provocaremos rechazo y conflicto. Algunos tienen tal grado de muerte que hasta hieden. No es menos cierto que nuestro temperamento irascible rompe muchas relaciones y aleja a otros por temor de acercársenos. Recordemos que al llegar a un lugar lo primero que entra allí es nuestro espíritu y que eso captarán quienes estén allí. ¿Te das cuenta ahora del porqué de muchos de tus conflictos relacionales y de por qué no caes bien a muchos? No son los demás, ¡tú eres el culpable! No son ellos quienes te resisten, es Dios saliéndote al paso en tu obstinación y rebelión.

Dejemos pues de tratar de vivir en un pasado que ya se fue o de anticipar un futuro que aún no llegó, y sometámonos al ahora que es lo único que se nos da para vivir.


Flexibilidad y prioridades en el manejo de nuestras agendas

Nuestras agendas no han de ser inamovibles, sino que le pertenecen al Señor, y deben de estar a Su disposición, abiertas para que Él pueda introducir cambios cuando lo considere oportuno. Si no estamos dispuestos a variar nuestra rutina cuando sea necesario, ciertamente perderemos muchas bendiciones. A todos nos cuesta salir de la rutina cotidiana pero debemos ser flexibles para el Señor, sabiendo que en Su soberanía el controla las interrupciones y los cambios en nuestro programa. Esto no tiene por qué ir en detrimento de saber discernir cuando no debemos aceptar intromisiones que nos roben un tiempo que hemos sido llamados a redimir o aprovechar. Debemos saber priorizar y debemos saber ser flexibles, pues nada nos llega sin el previo consentimiento de Dios. También debemos ser serios en nuestros compromisos y ser puntuales para respetar el tiempo de los demás, que vale tanto a más que el nuestro.


Rezagos de religiosidad

Quienes todavía recién están acomodando sus retinas espirituales a la luz del amanecer del nuevo día o a punto de entrar en él, se muestran reacios a abandonar ciertas prácticas religiosas de Pentecostés. Ciertamente estas prácticas nos fueron muy útiles en la etapa anterior, pero nos estorban en la nueva Edad de Tabernáculos que estamos iniciando. Cuando es tiempo de que estemos en el Lugar Santísimo a la luz de la Shekiná (la gloria de la Presencia de Dios, Cristo formado en nosotros) y disfrutando del maná escondido (Cristo como rhema viviente) dentro del Arca (nuestro espíritu), la luz de la menorá y el maná externo (cultos, devocionales, lectura de la Biblia, y oraciones al estilo vocal y rutinario de Pentecostés, ayunos, etc.) que caía delante de nuestra tienda cada día, nos dejarán secos, indiferentes y hambrientos. Cuando la Inquisición ordenó retirar todos los libros perniciosos, según los inquisidores, coincidencialmente todos los que más amaba Teresa de Ávila, ella exclamó: “Jesús, desde ahora en adelante tú serás mi libro viviente”.

Este paso audaz de fe ciertamente es muy obstaculizado por el enemigo, que nos infunde temor y peligro para que no soltemos este tipo de oración, de vida religiosa, y por nuestra carnalidad, pues la carne está muy interesada en el halo de santidad que le procura la apariencia de piedad y por el envanecimiento de seguir pensando que su esfuerzo en este tipo de oración es la clave de sus éxitos. Hay quienes se sienten muy espirituales porque ayunan mucho, pero la realidad es que quien mucho ha de ayunar mucha carne le queda por sujetar. Sin embargo, en el Lugar Santísimo no queda nada para nosotros, para el yo, sino dejarle hacer a Él. De este modo de nada podremos jactarnos, salvo de la bondad de un Dios que nos da todas las cosas gratuitamente, por el puro amor y deleite de quien gusta de sustentar a Sus hijos amados. Ciertamente, en la nada encontramos el Todo, en el despojamiento la provisión, en el desasimiento el anclaje más fuerte, en la bendita inseguridad la plena tranquilidad. ¿No sustenta Dios a toda la Creación? ¿No alimenta a todos los animales y aves del campo? ¿No es Él quien viste de hermosura las plantas y las flores? ¿No tenía todo a su disposición Adán en el huerto del Edén? Es un salto al bendito vacío, donde encontraremos los brazos fuertes del Señor.

Puede que nos llamen herejes o apóstatas, pero correremos ese riesgo para que entiendan que no les va a pasar nada por abandonar la oración vocal, al menos parcialmente, por faltar a lectura diaria de la Palabra, pues a estas alturas se supone que debería estar encarnada en nuestros corazones, habiendo pasado ya de fuera a dentro. Claro está, a cambio tendremos la sintonía continua de quienes no necesitan buscar o entrar en Su Presencia, porque viven allí y de allí no salen y, por lo tanto, no necesitan volver a entrar. En esa sintonía ellos escucharán, cuando Él lo decida, Su voz y, mientras no la oigan sabrán que simplemente todo estará bien y podrán seguir con sus rutinas. La paz en sus corazones será el árbitro que les diga que todo va bien y, el gozo, la sonrisa de aprobación del Padre contemplándoles con deleite.

Permítannos dejarles unos enlaces sobre la suprema oración del silencio, mística, contemplativa, de quietud, el orar sin cesar, la invocación del Nombre, la práctica de la Presencia de Dios, la oración continua, o como la quieran llamar. Dijo un santo de Dios que cuando practicaba esta oración y no sentía nada; salía de allí como si nada hubiera ocurrido; pero que cuando se presentaba la ocasión a lo largo del día, se daba cuenta de que en aquellos momentos de SIMPLEMENTE ESTAR CON ÉL, el Padre le había dejado, sin que lo notara, algo en un bolsillo y cuando en el momento preciso metía su mano allí encontraba todo lo necesario para la ocasión. Esta vida de oración no precisa de un lugar o tiempo específico, pues consiste en vivir en Su Presencia, conectados permanentemente a la Fuente de Vida y sorbiendo siempre que necesitemos más. Cuando uno usa un perfume acaba habituándose a él y deja de notarlo, pero sabe que de todos modos está ahí. Igualmente cuando vivimos en el Santísimo sabemos que andamos en Su Presencia aunque no Le sintamos, salvo que Él quiera manifestarse de alguna manera a Su discreción. Simplemente vivimos por fe y no por sentimientos. Les recomendamos este enlace sobre como se bebe del Agua de Vida.


Al pie de este artículo verán varias etiquetas sobre este tipo de oración. Les invitamos a seguirlas para aprender y avanzar más sobre esta oración.

Debemos igualmente darnos cuenta que quien tiene Su Presencia y vive en Él no necesita emplear la jerga religiosa, los “Dios te bendiga” a toda hora, los “Dios me dijo”, etc. etc.; jerga religiosa tan odiosa para los incrédulos y de la que huyen como de una pulmonía. Los que moran en la Tierra Prometida se muestran tal como son, como personas naturales y normales, que por no estar saturados de piedad afectada pueden sintonizar con cualquiera cuando les llegua el momento y presentar defensa con mansedumbre y reverencia de la esperanza que hay en ellos (1 Pedro 3:15) (Véase nuestro artículo, “Evangelización Vía 'Satélite'”). Simplemente son sal y sin siquiera tener que hablar provocan sed; algo así como la impresión que Eliseo causaba en la mujer de Sunem (2 Reyes 4:9), quien sin conocerle de nada algo notó en él algo que la movió a invitarle a su casa y bendecirle. Recordemos que no somos nosotros sino el “perfume” que llevamos puesto.

Que no le dé pena saltarse uno, dos o tres o … devocionales si la agenda de Dios, ¡que incluye interrupciones e inoportunidades!, lo requiere y siga luego con las tareas, haciendo lo que pueda en el tiempo que le quede, sin afanarse. ¡Dios controla su agenda! ¿O no? Deje pues su rigidez, su inflexibilidad y recuerde más bien que el Señor conoce de que pie cojea y que lo que pretende con eso es abortar sus propios planes con cosas naturales que Él quiere que hagamos, que a veces son lo más espiritual, e interrupciones para sacarle de su tendencia a la “espiritualidad” mal entendida y para que se relaje. Deje de orar y leer la Palabra programáticamente, al menos hasta que se desenganche de su religiosidad y que su vida entera, devocionales si cuadra incluidos, puesta en el altar a Su disposición sea una oración perpetua. Simplemente ande delante de Él y sea perfecto (Génesis 17:1).


Hacer lo correcto sin retraernos por intimidación

Aún Pedro y Bernabé, apóstoles y ciertamente cristianos con un alto grado de madurez, se retrajeron de hacer lo correcto por temor de otros líderes judaizantes de la Edad antigua de la Pascua (Gálatas 2:12). A veces estamos siguiendo algo nuevo que nos parece lo correcto delante de Dios, pero cuando algunos hermanos lo critican tenemos la tendencia a abandonarlo, en lugar de permanecer pegados a la nueva verdad descubierta, al vino nuevo, a las revelaciones de la Nueva Edad. Pablo estaba predicando lo correcto, Pedro y Bernabé le secundaban, pero ante la presión de los judaizantes, que se negaban a recibir el vino nuevo, se echaron hacia atrás. Ciertamente eso es un indicador de que debemos crecer un poco más, para seguir libremente a la Cabeza sin dejarnos coaccionar.


Patinar, corregir y avanzar

Sí, Dios es maravilloso y a veces nos deja errar o patinar o incluso “nos pone una pequeña zancadilla”. Ordena las circunstancias haciéndonos tropezar para exponernos, y así podernos mostrar lo que nosotros no vemos, pero Él sabe que está ahí. Caemos y somos expuestos. Cuando seamos expuestos deberemos decidir si nos haremos los locos, como que no pasó nada, o si le diremos: “tienes razón Señor eso que señalas con Tu dedo está ahí y es bien feo; necesito dejarte obrar aquí para poder vencer y crecer. Gracias Padre por no dejarme seguir adelante con esto. No rebajes tu listón, sólo dame tiempo y yo me someteré a Tus demandas”.

Deberemos hacer un replay completo de los hechos desde el origen, con objetividad y decirle al Señor que nos muestre las causas, las malas prácticas o actitudes, los patrones errados de pensamiento o comportamiento; las fortalezas mentales que aún han de ser derribadas, y sustituir esas formas erróneas de pensar y de proceder por los patrones bíblicos adecuados. Elegiremos un texto que el Señor nos dé que se oponga, golpee hasta derribar esa fortaleza, ese patrón de pensamiento erróneo, hasta que la Palabra consiga su efecto. Usar versículos como píldoras medicinales siempre da buen resultado.

Casi siempre hay un desfase temporal entre cuando somo expuestos por la luz y el momento en que esa luz se encarna en nuestra vida por experiencia. La luz normalmente mata el germen pero la herida necesita ser restañada. Si ve ese desfase en otros, entre lo que dicen y lo que realmente viven de lo que dicen, puede que no estén siendo hipócritas y sólo estén en su tiempo de ajuste; así que perdóneles y deles tiempo de gracia para ajustarse a sus propios estándares.


Arreglando cuentas

Dijo Jesús: quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.

Todo tiene su tiempo y a veces llega el tiempo de hablar, aclarar y ajustar cuentas con el hermano. Es mejor hablar que seguir un amor fraternal fingido, cuando estamos dolidos por algo que nos hicieron o nos dijeron.

Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;

Cuando el tropiezo ha dañado una relación aún hasta el punto de que hieda porque ha pasado mucho tiempo, siempre hay solución. Para resucitar esa relación que nuestro exabrupto dañó deberemos primero quitar la piedra; es decir, restituir. Restituiremos reconociendo y confesando nuestro traspiés y pidiendo perdón. Con esto el “muerto” saldrá de la cueva … y la comunión será restablecida y, lejos de menoscabada, reforzada.

sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.


Proyección

Los niños y jóvenes en el Señor deben superar la tendencia a la proyección. Nuestros hermanos suelen ser como espejos en los que nos vemos reflejados. La falta de discernimiento maduro para conocernos y conocer los espíritus de los demás, nos lleva a errar achacando a los demás los defectos o cosas que sólo están en nosotros mismos. Atribuimos a los demás aquello que no nos gusta de nosotros mismos y somos incapaces de ver. Aquí cabría hablar del tan manido asunto de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio o lo del dicho, “médico sánate primero a ti mismo”.


Idolatría del corazón y resistencia a lo nuevo

Es cierto que no podemos recibir la revelación clara de la Nueva Edad, que ha de ser entendida a la luz de la shekiná, con la luz mucho menos penetrante de la menorá de la Edad Vieja. No es menos cierto también, que aún habiendo cruzado manifestaremos resistencia a esa potente luz nueva, que inicialmente nos ciega por su gran resplandor y a la que deberemos ir aclimatándonos (Véase el artículo de Oswald Chambers: “Luz Cegadora que Todavía no se Puede Sobrellevar”).

Está resistencia viene en gran parte por nuestra idolatría de corazón, por nuestro apego a doctrinas y/o “revelaciones” antiguas erradas o parciales. Deberemos orar y recordar que somos llamados a examinarlo todo y retener lo bueno y a entresacar lo precioso de lo vil y lo importante de lo accesorio; pero una vez contemplada una nueva verdad no debemos convertirnos a ellos de nuevo volviendo atrás, por causa de la intimidación de los que se niegan a avanzar recibiendo esa verdad, como Jeremías tal vez quiso hacer debido a su fracaso en ser escuchado, sino estar firmes y esperar que ellos se conviertan a nosotros (Jeremías 15:19).

En el paso de Pentecostés a Tabernáculos hay muchas cosas que nosotros tuvimos que descubrir y corregir con temor y temblor. Al respecto les invitamos a leer nuestro artículo “Experiencia de Traducción de la Obra del Dr. Stephen E. Jones”.


Concluyendo
No hemos pretendido escribir un gran libro ni en ninguna manera agotar un tema tan extenso como el de la madurez o paternidad. Simplemente les hemos trasladado algunas de las experiencias que nosotros hemos enfrentado o enfrentamos al respecto.

Quiera Dios que todos hallemos de Su gracia y de Su luz para continuar creciendo en madurez y en paternidad delante de Dios y de los hombres (Lucas 2:52).