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ECLESIASTÉS - Parte 27: PALABRAS NECIAS Y SABIAS, Dr. Stephen Jones

 

 

Fecha de publicación: 31/01/2026
Tiempo estimado de lectura: 6 - 7 minutos
Autor: Dr. Stephen E. Jones
https://godskingdom.org/blog/2026/01/ecclesiastes-part-27-wise-and-foolish-words/

Eclesiastés 10: 12-14 dice:

12 Las palabras de la boca del sabio son graciosas [ḥēn], mientras que los labios del necio lo consumen; 13 el comienzo de sus palabras es necedad y el final, locura perversa. 14 Sin embargo, el necio multiplica las palabras. Nadie sabe lo que sucederá, ¿y quién puede decirle lo que vendrá después?

El contraste de Koheleth no se limita a las ideas sabias y las necias, sino al habla sabia y a la necia. "Graciosas" implica favor, atractivo y aceptación. Las palabras del sabio generan buena voluntad: edifican en lugar de provocar. En cambio, las palabras del necio lo consumen. La ironía es aguda: al necio no lo destruyen principalmente sus enemigos ni las circunstancias, sino su propia boca.

Esto hace eco de un tema bíblico recurrente: el habla no es neutral: es creativa o corrosiva.

En el versículo 13 se nos dice que la necedad es progresiva. Comienza con la necedad (siklût) —habla descuidada e irreflexiva— y luego se consolida en la «locura perversa» —desorden moral y extremismo irracional—. Las palabras moldean el pensamiento; el pensamiento moldea la acción. El habla del necio se intensifica hasta volverse destructiva y, a menudo, delirante.

Un dicho similar se da en Proverbios 10: 11:

11 La boca del justo es fuente de vida, Mas la boca de los impíos esconde violencia.

Nuevamente leemos en Proverbios 12: 18,

18 Hay quienes hablan con ligereza, como golpes de espada; pero la lengua de los sabios trae alivio.

En el Nuevo Testamento, leemos en Santiago 3: 56,

5 Así también la lengua es una pequeña parte del cuerpo, y sin embargo se jacta de grandes cosas. ¡Miren qué gran bosque se incendia con un fuego tan pequeño! 6 Y la lengua es un fuego, el mismísimo mundo de iniquidad; la lengua está entre nuestros miembros como aquello que contamina todo el cuerpo e incendia el curso de nuestra vida, y es incendiada por el infierno [hades, «la tumba»].

Una lengua necia puede incendiar un vecindario entero. Un gobernador necio puede incendiar una región entera. Un líder nacional necio puede incendiar el mundo. En Santiago 3: 10-11, bendecir y maldecir con la misma boca es antinatural. Lo que sale de la boca revela el corazón. Eclesiastés describe el efecto; Proverbios describe el patrón; Santiago expone el mecanismo.

La sabiduría no es elocuencia; es moderación nacida de la humildad ante Dios y el tiempo.

 

Ignorancia confiada

En el versículo 14, la ironía alcanza su punto máximo. El necio habla con mayor precisión sobre el tema donde el conocimiento humano es más limitado :el futuro [habla copmo situpiera de lo que no sabe, cree que ntiende de todo y da lecciones hasta a su maestro]. Habla con seguridad sobre lo que ningún mortal puede estar seguro, ignorando la incertidumbre, la condición humana fundamental.

En la cosmovisión de Koheleth, la sabiduría comienza con reconocer los límites. El necio rechaza los límites y los compensa con excesos verbales. Las muchas palabras no son perspicacia; son ruido que enmascara la ignorancia.

Esto anticipa temas de sabiduría posteriores: la humildad en el habla surge del reconocimiento de la incertidumbre, mientras que la arrogancia llena el silencio con especulación y soberbia.

A lo largo de estos versículos, Koheleth enseña que la sabiduría se revela menos por la brillantez que por la moderación. Uno puede ser muy inteligente y, sin embargo, carecer de sabiduría. La necedad se revela no por el silencio, sino por su exceso en la verborrea. Las palabras no sólo expresan el carácter; forjan el destino.

En Eclesiastés, la caída del necio suele ser gradual, verbal y autoinfligida. Su boca se convierte en el instrumento de su ruina. Así leemos en Proverbios 13: 3:

3 El que guarda su boca preserva su vida; Mas el que mucho abre sus labios viene a la ruina.

 

Líderes necios

Eclesiastés 10: 15 dice:

15 El esfuerzo [trabajar] del necio lo cansa tanto que ni siquiera sabe cómo ir a la ciudad.

El necio trabaja duro, pero no llega a ninguna parte. Koheleth no dice que el necio carezca de sentido geográfico, sino de orientación en un sentido práctico. «Ir a una ciudad» es la tarea cívica más básica: simplemente seguir el camino. Las ciudades eran visibles y las rutas muy transitadas, pero el necio parece no encontrar el camino. Por lo tanto, su labor está mal encaminada. Invierte un esfuerzo enorme, pero fracasa en lo que debería ser sencillo.

Eclesiastés 10: 1617 continúa,

16 ¡Ay de ti, tierra, cuyo rey es un muchacho, y cuyos príncipes banquetean de mañana! 17 Bienaventurada tú, tierra, cuyo rey es un noble, y cuyos príncipes comen a la hora oportuna, para fortalecerse, y no para beber.

El término "muchacho" (joven) no se refiere sólo a la edad, sino a la inmadurez: falta de disciplina, previsión y moderación. Festejar por la mañana indica indulgencia antes que responsabilidad. En el mundo antiguo, la mañana era para juzgar, administrar y trabajar, no para la juerga. La vida debe ser disciplinada y ordenada. El problema no es la alegría, sino las prioridades equivocadas: la indulgencia antes que el deber. El placer ha desplazado al deber en importancia. La indulgencia con los líderes precede al colapso nacional.

Koheleth pronuncia un "ay" no sólo sobre los gobernantes, sino sobre la tierra misma, porque los fracasos de liderazgo siempre repercuten en todos los habitantes de la tierra. La sociedad puede sufrir tanto por líderes inmaduros como por líderes malvados.

El versículo 16 ofrece un contraste correctivo. Los elementos clave de un gobierno sabio son (1) de nobleza —no sólo de noble cuna, sino de carácter noble: autocontrol, responsabilidad y legitimidad—; (2) banquetear a su debido tiempo —disfrute guiado por la sabiduría—; y (3) Propósito —para fortalecerse, no para complacerse ni simplemente para emborracharse—.

Koheleth no aboga por el ascetismo. Permite los festines, pero sólo cuando contribuyen a la vida y al orden, no al escape ni al exceso.

Eclesiastés 10: 18 dice:

18 Por la pereza se desploman las vigas del techo, y por pereza tiene goteras la casa.

Este es un proverbio sobre mantenimiento, no sobre construcción. La casa ya existe. El problema no es la ambición, sino la negligencia. La indolencia y la desidia son pecados pasivos: inacción, falta de atención, falta de reparación.

La perspectiva de Koheleth es aleccionadora. El colapso a menudo no se debe a un ataque, sino a la falta de atención. Aplicado políticamente, esto completa el panorama de los versículos 16 y 17. Los gobernantes inmaduros no necesitan ser tiranos para arruinar una tierra; sólo necesitan descuidar sus deberes.

Eclesiastés 10: 19 dice:

19 Los hombres preparan la comida para disfrutarla, y el vino alegra la vida, y el dinero es la respuesta a todo.

Esto es descriptivo, no una aprobación. Es cómo la gente cree que funciona el mundo. «El dinero es la solución a todo» refleja una visión funcional del mundo, donde la solución es invertir más dinero en cada problema. Koheleth, por lo tanto, expone la realidad económica que se esconde tras la negligencia política. Se financia el placer, se descuida el orden y el dinero se convierte en el mediador de todos los problemas.

Hay ironía en esto: el dinero "resuelve", pero no cura. Aborda los síntomas sin resolver las causas profundas. Encubre la decadencia mientras el techo sigue pudriéndose hasta que se derrumba.

Eclesiastés 10: 20 concluye:

20 Además, no maldigas al rey en tu dormitorio, ni al rico en tus aposentos, porque el ave del cielo llevará la voz, y el ser alado hará saber el asunto.

Koheleth pasa ahora de los gobernantes a los súbditos, ofreciendo no idealismo moral, sino sabiduría de supervivencia. Esto no es adulación a la autoridad; es prudencia bajo vigilancia. Gobiernos nerviosos se convierten en estados de vigilancia disfrazados de seguridad nacional. Koheleth enfatiza lo insegura que puede ser la disidencia cuando el poder es inseguro. El "ave" representa proverbialmente la transmisión no intencionada. En tiempos donde la verdad es ilegal, la sabiduría sabe que el silencio es más seguro que la verdad dicha en voz alta.



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