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INVIERTE TU TIEMPO SEGÚN DIOS / ENTRETENIMIENTOS (Sorbos Místicos), François Fenélon




TIEMPO

El hecho de cómo inviertes tu tiempo varía con las diferentes etapas de tu vida, pero hay un principio que se aplica a cada instante de tiempo: no lo malgastes.

Cada época tiene varias tareas que Dios te ha asignado y darás cuenta de cómo has invertido tu tiempo. Dios nunca quiere que mires a ninguna etapa de tu vida como si fuera inútil. No quiere que pases tu tiempo fuera de Él.

Lo importante es saber cómo quiere Dios que uses tu tiempo. No aprenderás esto mediante el duro esfuerzo, o estudio, o una aguda inteligencia, sino buscando a Dios con un corazón puro y recto.

También has de poner a un lado las artimañas de tu amor propio en el momento en que te percates de ellas. Pues no solo pierdes el tiempo por no hacer nada o incluso por hacer algo que sabes que está mal; también pierdes el tiempo al hacer algo aparentemente “bueno” que Dios no te ha pedido que hagas (obras muertas o separadas de Dios).

Debes depender de continuo del Espíritu de Dios para hallar su orientación. Si tienes una duda en cuanto a lo que Él quiere, pregúntale otra vez. Cuando el sendero se perfile mejor, muévete hacia delante con su fuerza. Trae tu corazón de nuevo a Él siempre que sientas que te vas alejando de Dios a la deriva.

Serás en verdad bendecido si te abandonas en las manos de tu Salvador, dispuesto a hacer lo que Él requiera de ti. Cuando llegue cada responsabilidad, dale la bienvenida. Dios te prepara para ellas. Lo único que tienes que hacer es someter tu temperamento, tus opiniones, tus preocupaciones —tu forma natural de reaccionar ante las cosas— completamente a Él. No te dejes acosar por los asuntos externos.

Busca glorificar a Dios en todo lo que hagas. No te dejes implicar tan personalmente en tus obligaciones, de modo que toda tu vida gire en torno a ellas. No permitas que tu trabajo te excite o te deprima demasiado.

El tiempo que inviertes socialmente con otros puede ser peligroso para ti. Debes aprender a permanecer en la presencia de Dios mientras estés con otras personas. A menudo hay un veneno secreto oculto en tu conversación. Usa tu tiempo con otros para influirles hacia Dios. Recuerda: tus palabras pueden hacer mucho bien o mucho mal.

El tiempo libre es muy agradable. A duras penas podrías encontrar un mejor uso de él que en renovar tus fuerzas mediante la comunión interior con Dios. Aprenderás el secreto de pasar tiempo íntimo con tu Señor. Aquellos que conocen bien al Señor no se pueden resistir a volver a Él en cuanto tienen la oportunidad.



ENTRETENIMIENTOS

Si mantienes tu corazón puesto en Dios, los entretenimientos inocentes son inocuos. Ser rudo, legalista, e inflexible, reforzará la falsa idea de que servir a Dios equivale a vivir una vida aburrida y triste. Deja que la paz y el gozo de tu vida en Dios fluyan hacia afuera para que todos la vean. Aun las cosas más simples, hechas en la presencia de Dios, le sirven a Él. Dios dispone que aún las cosas más sencillas se hagan en su orden y para su gloria. ¡No lo olvides!

La mayoría de las personas, al tratar de agradar a Dios, esperan que Dios quiera que hagan cosas difíciles o fuera de lo común. Dios quiere que mueras a ti mismo, y vivas para Él en los acontecimientos diarios de la vida. Los cambios que tendrán que hacerse en ti serán mucho más internos que externos, si antes de convertirte vivías una vida moral y decente.

Dios no quiere que finjas buena cara... Él quiere que le dejes moldear tu voluntad. No le niegues nada. No quieras nada más que su voluntad. Búscale durante tus horas de vacío, y Él te llenará con su gracia.

Incluso los pasatiempos más estúpidos pueden ser ofrendas a Dios cuando por obligaciones familiares has de comprometerte en ellos. Cuán libre habrás de ser cuando haces todas las cosas simplemente para la gloria de Dios. Deja que Dios te guíe de la mano sin cuestionarle. No hay nada más sencillo o más fiel que aprender a aceptar la voluntad de Dios poniendo a un lado tus preferencias personales... tus gustos, aversiones e impulsos. Si vives de esta manera andarás despreocupada, pero disciplinada.

Cuando tus pasatiempos empiecen a distraerte de Dios, vuelve a Él. Cuando estés deprimida o cansada, trae tu atribulado espíritu ante tu Padre, quien extiende sus brazos hacia ti. Búscale cuando tus emociones suban y bajen, y Él te traerá a un equilibrio y jamás te dejará sin socorro. Búscale con un mover silencioso de tu corazón y hallarás nuevas fuerzas. Incluso aunque te sientas descorazonada, Dios aún te dará la fuerza para hacer lo que Él espera de ti. Su fuerza es tu pan diario... Su fuerza es tu propia vida. Dios no olvida a sus hijos. Él espera encontrar un corazón abierto para que pueda derramar los torrentes de su gracia.

¿Has visto alguna vez a un pequeñuelo moverse felizmente de un lado para otro? Aprende a ser así. Conténtate con estar sujeta o con estar libre. Cuando no puedas decir nada que merezca la pena, alégrate de no decir nada. Sé que siempre quieres estar ocupada con asuntos serios. Pero Dios no ha escogido esto para ti, y sus gustos son mejores que los tuyos. Es bueno no querer decir cosas tontas o frívolas, pero Dios quiere llevarse la autosatisfacción que sientes al tratar siempre de cosas “importantes”. Así que te va a desilusionar al dejar que te veas envuelta en situaciones menos serias.

Preguntas cómo conservarte pura en medio de un estilo de vida que es tan público, y para ser francos, tan superficial. Primero, lee y ora. No me estoy repitiendo ni soy superficial al sugerir esto. Y no quiero decir que se lea para adquirir más datos. ¡Nada podría ser más vano! No, lee alguna palabra o hazaña de Jesús y sopésala en profundo silencio. Tan solo estate al tanto de la verdad, y a medida que tu mente empiece a divagar, vuelve a traerte al momento actual sin enfadarte contigo misma. No sabes lo lejos que llegarás así.

En segundo lugar, cuando estés libre, tomate días enteros para únicamente estar a solas con Dios. A los pies de Jesús es donde todas las heridas del corazón sanan y se limpia todo el barro del mundo.

En tercer lugar, métete en sus fiestas solo cuando te lo pidan. Sé amigable, pero no busques la invitación. Aquellos que te observan, al menos los que sean razonables, estarán contentos de que seas lo bastante sociable como para unirte a ellos, pero lo suficientemente cuidadosa como para que no te vean siempre de fiesta. Y doy por sentado que cuando apareces por uno de estos festejos, lo haces con buena actitud. El mundo critica a las personas que condenan sus caminos y al mismo tiempo viven por sus reglas. ¡Así es como debe ser!



(Por gentileza de E. Josué Zambrano Tapias)

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