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SEGUNDA DE TESALONICENSES - Parte 10: EXHORTACIONES, Dr. Stephen Jones (GKM)

 


Fecha de publicación: 14/09/2026
Tiempo estimado de lectura: 7-9 minutos
Autor: Dr. Stephen E. Jones
https://godskingdom.org/blog/2026/09/second-thessalonians-part-10-exhortations/

ECLESIASTÉS - Parte 29: LA SABIDURÍA DE CONFIAR EN DIOS, Dr. Stephen Jones

 

 


Fecha de publicación: 02/03/2026
Tiempo estimado de lectura: 4 - 5 minutos
Autor: Dr. Stephen E. Jones
https://godskingdom.org/blog/2026/02/ecclessiastes-part-29-the-wisdom-of-trusting-god/


COLOSENSES - Parte 8: MADUREZ ESPIRITUAL, Dr. Stephen Jones (GKM)

 



Fecha de publicación: 04/12/2025
Tiempo estimado de lectura: 5 - 7 minutos
Autor: Dr. Stephen E. Jones
https://godskingdom.org/blog/2025/12/colossians-part-8-spiritual-maturity/


UN PUEBLO QUE ESPERA EN DIOS, Scott Hubbard

 


¿POR QUÉ UN DIOS DE TODA CONSOLACIÓN NOS AFLIGE? Jon Bloom

 




La declaración más conocida y querida de la Biblia sobre la fidelidad de Dios podría ser Lamentaciones 3: 22–23:

“El amor constante del Señor nunca cesa;

sus misericordias nunca se acaban;

Son nuevas cada mañana;

grande es tu fidelidad”.

Lo escuchamos resonar en muchos de nuestros himnos y canciones, como el estribillo del muy amado himno "Grande es tu fidelidad":

"¡Grande es tu fidelidad!" "¡Grande es tu fidelidad!"

Mañana tras mañana veo nuevas misericordias;

Todo lo que he necesitado, tu mano lo ha provisto:

“Grande es tu fidelidad”, Señor, para mí.

Amamos este texto y las canciones que inspira, porque encontramos que la fidelidad de Dios es uno de sus atributos más reconfortantes. Pero un hecho que podríamos pasar por alto cuando citamos o cantamos estos versículos es que esta gran declaración de la gran fidelidad de Dios se hizo en el contexto de una gran aflicción.

El libro de Lamentaciones es un largo y lloroso lamento por un profundo sufrimiento. En ese momento, el pueblo judío estaba sufriendo a manos del feroz ejército babilónico. El autor de Lamentaciones reconoció que esta aflicción venía directamente de la mano del Señor, quien al afligir a su pueblo estaba siendo fiel a su Palabra (Lamentaciones 2: 17).

Ahora, cuando soportamos el sufrimiento, nos consuela la fidelidad de Dios para cumplir su promesa de liberarnos finalmente de nuestro sufrimiento (2ª Corintios 1: 10). Y así es, deberíamos hacerlo. Lo mismo hizo el autor de Lamentaciones (Lamentaciones 3: 21). Pero, ¿podemos derivar esperanza, como lo hizo el autor de Lamentaciones, no meramente de la promesa de Dios de librarnos fielmente de nuestras aflicciones, sino de lo que Dios cumplirá fielmente por nosotros a través de nuestras aflicciones?

La respuesta bíblica a esa pregunta es un rotundo sí. Y para nuestro ánimo, examinemos algunos de los propósitos redentores de Dios cuando, en fidelidad, nos aflige.

El Salmo 119, ese largo, hermoso y antiguo poema acróstico, es precioso para muchos cristianos, y por una buena razón. Porque es, en parte, una celebración extendida y un llamamiento a la fidelidad de Dios para hacer exactamente lo que nos promete.

Al igual que el autor de Lamentaciones, lo que provoca que el salmista escriba es una “gran aflicción” (Salmo 119: 107), un aspecto significativo de la cual es la persecución injusta a manos de personas impías y poderosas (versículo 161). Sin embargo, como alguien que cree en la soberanía de Dios sobre todas las cosas (versículos 89–90) y en la bondad de Dios en todas las cosas (versículo 68), el salmista reconoce que su aflicción también viene de la mano de su buen Dios:

“Yo sé, oh Señor, que tus reglas son justas,

y que en tu fidelidad me has afligido.” (Salmo 119: 75)

El salmista no duda en expresarle a Dios su dolor por esta aflicción (versículo 28) y el costo que está cobrando en todo su ser (versículo 83). Pero también expresa a Dios el bien que ve que la aflicción obra en él:
“Antes de ser afligido anduve descarriado,

pero ahora cumplo tu palabra”. 
(Salmo 119: 67)

“Bueno me es estar afligido,

para que pueda aprender tus estatutos”. 
(Salmo 119: 71)

El salmista es alguien que tiene hambre y sed de justicia, el tipo de persona cuyos anhelos, Jesús dijo más tarde, serían satisfechos (Mateo 5: 6). Y aunque, al principio, puede que no haya esperado que uno de los medios escogidos por Dios para satisfacer sus anhelos sería la aflicción, es un descubrimiento que hace durante su temporada de lucha angustiosa.

Como resultado, llega a amar la Palabra de Dios “sobremanera” (Salmo 119: 167). Se convierte en “la suma de [toda] la verdad” para él, “una luz para [su] camino” (versículo 105) y su refugio cuando se siente amenazado (versículo 114). Entonces, medita en ella durante todo el día (versículo 97) y la encuentra “más dulce que la miel” (versículo 103) y más valiosa que el oro (versículo 72).

En su sufrimiento, el salmista discierne la corrección amorosa de Dios a su tendencia a descarriarse, y, por lo tanto, encuentra consuelo tanto en su aflicción como en la promesa de Dios de librarlo de ella, lo que le permite decir:

“Este es mi consuelo en mi aflicción,

que tu promesa me da vida”. 
(Salmo 119: 50)

Génesis 32 contiene la extraña historia de Jacob luchando literalmente toda la noche con Dios. Luchar físicamente con el Todopoderoso es bastante extraño. Pero aún más extraño es que cuando la enigmática figura “vio que no podía vencer a Jacob, tocó el encaje de su cadera, y la cadera de Jacob se dislocó” (Génesis 32: 25). ¿Por qué Dios aflige a Jacob con una cadera dislocada?

Podemos deducir una razón del contexto de la historia. Por mandato del Señor (Génesis 31: 3), Jacob regresa a Canaán después de veinte años de trabajar para su tío Labán. Originalmente, había huido de Canaán después de enterarse de que su hermano gemelo, Esaú, planeaba matarlo por robarle la legítima bendición paterna de Esaú. Con la esperanza de que el deseo de venganza de Esaú se haya enfriado con el tiempo, Jacob envía un mensajero para informarle a Esaú que regresará a casa. El mensajero regresa con la noticia de que Esaú viene a su encuentro con cuatrocientos hombres (Génesis 32: 6). Esto aterroriza a Jacob, por lo que suplica al Señor:

“Líbrame de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo, que venga y me ataque la madre con los niños. Pero tú dijiste: "Ciertamente te haré bien, y haré tu descendencia como la arena del mar, que no se puede contar por su multitud". 
(Génesis 32: 11–12)

En otras palabras, le ruega al Señor que sea fiel a su Palabra. El Señor responde apareciendo en forma corporal en la noche y luchando con Jacob. Durante la lucha, de alguna manera le revela a Jacob quién es, y al amanecer hiere la cadera de Jacob. Pero Jacob se niega a dejar ir a Dios sin una bendición, esta vez no una bendición robada, sino una otorgada porque está dispuesto a perseverar en la fe por ella.

Pero ¿por qué la cadera? En parte, porque Dios se propone ayudar a Jacob a temer su Palabra más que las amenazas (Administrador: de cualquier tipo, como familia, falta de dinero, enfermedad, ...) de un hermano enojado.

Y así, la noche antes del encuentro de Jacob con Esaú, Dios fielmente lo aflige para que no pueda huir nuevamente por temor al hombre, sino que se ve obligado a confiar en la fidelidad de Dios a su promesa.

En su segunda carta a los Corintios, Pablo describe cómo el Señor en su gracia le había concedido “visiones y revelaciones” extraordinariamente grandes que eran tan maravillosas y raras en la experiencia humana que él, a través de su pecado interno, debido a ellas fue tentado a la vanidad (2ª Corintios 12: 1–7). Y así, explica, el Señor en su gracia le había concedido “una espina... en la carne, un mensajero de Satanás para acosar[lo], para evitar que se envaneciera” (2ª Corintios 12: 7).

Al principio, le ruega a Dios que lo libere de esta aflicción demoníaca. Pero el Señor responde: “Te basta con mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2ª Corintios 12: 9). Esta es otra revelación maravillosa para Pablo, que lo mueve a decir con gratitud:

“Por tanto, de buena gana me gloriaré más en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por amor de Cristo, entonces, estoy contento con las debilidades, los insultos, las penalidades, las persecuciones y las calamidades. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. 
(2ª Corintios 12: 9–10)

A través de esta aflicción, Dios lo estaba liberando fielmente de un peligro mayor que un atormentador demoníaco: el propio orgullo pecaminoso de Pablo.

Estas historias ilustran tres formas en que Dios manifestó misericordiosamente su fidelidad a sus amados hijos al ordenar sus aflicciones, para librarlos: 
1- De la propensión a desviarse de Él. 
2- De un temor basado en la incredulidad.
3- Del peligro mortal del orgullo pecaminoso.
Y estos son solo tres de los propósitos redentores de Dios en nuestro sufrimiento. La Escritura revela más, si tenemos oídos para oír. Pero estos ejemplos demuestran las formas de Dios, contrarias a la intuición, de ser fiel al “carácter inmutable de su propósito [último]” (Hebreos 6: 17).
“Haré con ellos un pacto perpetuo, de que no dejaré de hacerles bien. Y pondré mi temor en sus corazones, para que no se aparten de Mí. Me regocijaré en hacerles bien... con todo mi corazón y con toda mi alma”. 
(Jeremías 32: 40–41)
¿Podemos obtener esperanza, no únicamente de la promesa de Dios de librarnos fielmente de nuestras aflicciones, sino de lo que Dios cumplirá fielmente por nosotros a través de nuestras aflicciones? La respuesta bíblica es un rotundo sí. Porque cuando se trata de sus hijos, los propósitos de Dios en nuestras aflicciones son siempre redentores, ya que “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8: 28).

Cuanto más veamos la fidelidad de Dios en nuestras aflicciones, más significativa encontraremos la exclamación de Pablo: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones”. (2ª Corintios 1: 3–4). Y cuanto más significativo encontraremos el pasaje que inspiró el gran himno “Grande es tu fidelidad”, porque nos daremos cuenta de que incluida en el “toda consolación” del “Dios de toda consolación” está la aflicción que Dios, en su amor inquebrantable, con fidelidad nos ha afligido.


Jon Bloom

(Gentileza de Esdras Josué ZAMBRANO TAPIAS)

¿CREE REALMENTE QUE DIOS CONTROLA SUS CIRCUNSTANCIAS? Oswald Chambers

 




''... a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien", Romanos 8: 28.


Solo la persona fiel cree verdaderamente que Dios controla sus circunstancias. Damos por hecho que Él las controla, pero en realidad no lo creemos. Actuamos como si lo que ocurre hubiera sido dispuesto por los hombres. Ser fiel en todas las situaciones implica que tenemos una sola lealtad: el Señor Jesucristo. 

Dios puede intervenir para que nuestras circunstancias se desmoronen súbitamente y comprendamos que le hemos sido infieles, al no reconocer que Él las había ordenado. Debido a que nunca percibimos lo que trataba de lograr, ese hecho particular no se repetirá en nuestra vida. La prueba de la fidelidad siempre se presenta justo en el momento preciso. Si aprendemos a adorar a Dios, incluso en las circunstancias difíciles, Él las cambiará por algo mejor, en un instante, si así escoge hacerlo.

Ser fieles a Jesucristo es lo más difícil que tratamos de hacer en este tiempo. Seremos fieles al trabajo o a cualquier cosa, pero que no se nos pida ser fieles a Jesucristo... Muchos cristianos se ponen sumamente impacientes cuando se habla de la fidelidad a Jesús. El Señor es destronado de una forma más intencional por los creyentes, que por el mundo. Tratamos a Dios como una máquina diseñada para bendecirnos.

La meta de la fidelidad no es que realicemos la obra de Dios, sino que Él actúe de manera libre y realice su obra por medio de nosotros.

Cuando Dios nos llama a su servicio y coloca enormes responsabilidades sobre nosotros, no espera ninguna queja de parte nuestra, ni ofrece ninguna explicación de su parte. Él quiere utilizarnos como usó a su propio Hijo.



Oswald Chambers

(Gentileza de E. Josué Zambrano Tapias)

¿FANÁTICO O COHERENTEMENTE FIEL? Oswald Chambers

 



"...El Señor me ha guiado en el camino..." Génesis 24:27, LBLA. 

Deberíamos ser uno con Dios de tal manera que no necesitemos pedir su dirección continuamente. 

La santificación implica que somos hijos de Dios y la vida natural de un hijo es la obediencia. Sin embargo, como llega el momento en que escogemos desobedecer, de inmediato se produce un conflicto interno. En el nivel espiritual este conflicto es la amonestación del Espíritu de Dios. Cuando Él nos exhorta de esta forma, debemos detenernos en seguida y renovamos en el espíritu de nuestra mente para discernir la voluntad de Dios (ver Romanos 12: 2). 

Si hemos nacido de nuevo por el Espíritu, nuestra devoción a Dios se ve obstaculizada, o incluso interrumpida, porque continuamente le pedimos que nos dirija aquí y allá... 

"El Señor me ha guiado". Mirando hacia atrás vemos la presencia de un designio asombroso. Si hemos nacido de Dios, veremos su mano que nos guía y le daremos el crédito.

Todos podemos ver a Dios en situaciones excepcionales, pero es necesario cultivar la disciplina espiritual para verlo en cada detalle. Nunca creas que los acontecimientos "casuales" de la vida son algo menos que el orden establecido por Dios. Debes estar listo para descubrir sus designios en cualquier lugar y en todas partes.

Ten cuidado de que tus convicciones se vuelvan una obsesión en ti, en lugar de consagrarte a Dios. Si eres un creyente que dice: "Nunca haré esto o aquello", con toda probabilidad eso será exactamente lo que Dios te pedirá.

Durante su vida terrenal, nunca hubo un ser más inconsecuente que nuestro Señor, pero nunca lo fue con su Padre. La única coherencia de un creyente no es con respecto a un principio, sino a la vida divina. Esta vida es la que continuamente hace más descubrimientos acerca de la mente de Dios. 

Es más fácil ser fanático que coherentemente fiel, porque Dios humilla de manera asombrosa nuestro orgullo religioso, cuando somos fieles a Él.


Oswald Chambers

(Gentileza de E, Josué Zambrano Tapias)