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ECLESIASTÉS - Parte 16: ADORACIÓN Y VOTOS, Dr. Stephen Jones (GKM)

 


Fecha de publicación: 14/01/2026
Tiempo estimado de lectura: 7 - 9 minutos
Autor: Dr. Stephen E. Jones
https://godskingdom.org/blog/2026/01/ecclesiastes-part-16-worship/

 

CANTAR CUANDO LA VIDA DUELE, Scott Hubbard

 




Con toda probabilidad, ninguna canción había tocado nunca las paredes de esta celda ni se había colado entre los barrotes. Gemidos, maldiciones, gritos: estos eran los sonidos habituales que surgían del oscuro corazón de la prisión. Nada de cánticos.

Y especialmente no a medianoche. Aquí estaba la hora de la penumbra, el primer pasillo largo en la mansión de la noche, oscuridad sin la más mínima sombra del amanecer.

Los otros prisioneros no pudieron confundir el sonido. Algunos se habían despertado bajo la extraña melodía, seguros de estar perdidos en un sueño. Otros, al oír las primeras notas, yacían preguntándose si la locura se había apoderado de los dos hombres. Se había apoderado de muchos hombres encadenados antes. Éstos, sin embargo, no eran los acordes aullantes de los locos.

La medianoche hizo su marcha solitaria y los hombres continuaron: golpeados, ensangrentados, esposados y cantando.

¿Cómo podían cantar?

Los acontecimientos de ese día hacían que el cántico de Pablo y Silas fuera aún más sorprendente. Una turba había atacado a los dos misioneros después de que Pablo expulsara un demonio de una esclava (Hechos 16: 16–21). Los magistrados de la ciudad, prescindiendo del debido proceso, desnudaron a los hombres y supervisaron su golpiza pública antes de entregarlos al carcelero de la ciudad, quien “los metió en la cárcel interior y les prendió los pies en el cepo” (Hechos 16: 24).

Cayó la oscuridad, y luego se elevó ese extraño sonido:

"Cerca de la medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos les escuchaban". (Hechos 16: 25)

Orando podemos comprender. ¿Quién de nosotros no clamaría por la liberación de una mazmorra tan injusta? Sin embargo, Pablo y Silas no solo oraron, sino que cantaron. Sintonizaron su angustia con un himno y se encontraron en la oscuridad de la medianoche con una melodía.

Y mientras lo hacían, se unieron a un gran coro de santos que cantaban por fe y no por vista. Se unieron al rey Josafat, quien entró en la guerra con alabanzas crecientes (2º Crónicas 20: 20–21). Se unieron a Jeremías, quien entonó su lamento más amargo (Lamentaciones 1–5). Se unieron a salmista tras salmista que, aunque se sentía afligido y olvidado, levantó un “cántico en la noche” (Salmo 77: 6).



Una y otra vez, los santos de Dios enfrentan el dolor no solo con oración, sino también con canto. Entonces, ¿qué vieron Pablo y Silas que liberó sus corazones para cantar?

Desde una perspectiva, el día de Pablo y Silas fue una imagen de caos perfecto. Su poder espiritual fue calumniado; su evangelio pisoteado por una turba; su inocencia silenciada por la injusticia. Parecían dos víctimas atrapadas en el caos de un mundo despiadado y sin propósito.

Pero esa no era su perspectiva. Para Pablo y Silas, todos los dolores del día descansaban en la mano de un Dios soberano. Dios les había llamado a Filipos mediante una visión de medianoche (Hechos 16: 9–10). ¿Era ahora menos soberano en una prisión de medianoche? Dios les había usado en Filipos para salvar a Lidia y su casa (Hechos 16: 11–15). ¿Les había descartado ahora? No, la prisión no podía ni frustrar los planes de Dios ni apartarlos de su vista; de esto estaban seguros.

Años más tarde, encerrado en otra cárcel, Pablo le recuerda a la iglesia de Filipos la sorprendente soberanía de Dios:

"Quiero que sepáis, hermanos, que lo que me ha pasado ha servido de veras para hacer avanzar el evangelio, de modo que se ha hecho saber en toda la guardia imperial y en todos los demás que mi prisión es por Cristo". (Filipenses 1:12–13)

Dios les había enseñado a Pablo y Silas a ver sus buenos propósitos dondequiera que miraran, incluso cuando miraban a través de los barrotes de una celda de prisión. Y les enseñó no sólo a ver esos propósitos, sino a cantarlos. Y así lo hace con nosotros.

Incluso, aparte de las palabras, el mismo acto de cantar con dolor desafía la incredulidad que no vería significado en tal dolor. Las canciones envían ritmo y orden, armonía y progresión al sufrimiento que aún no entendemos, y así testifican, incluso en nuestra más profunda confusión, que nuestro Dios aún reina.

Si Dios reina, entonces también puede rescatar, sin importar qué tan protegida esté la prisión o qué tan pesadas sean las cadenas. “De repente”, en medio de la canción de Pablo y Silas, “hubo un gran terremoto, de modo que los cimientos de la prisión se estremecieron. Y al instante se abrieron todas las puertas, y se soltaron las ataduras de todos” (Hechos 16:26). Las autoridades de Filipos no sabían, al parecer, que el Dios de Pablo y Silas una vez había destrozado una prisión mucho más fuerte que la de ellos.

Nótese, sin embargo, que los hombres no cantaron después de que Dios sacudió la tierra, sino antes. ¿Por qué? Porque habían arraigado sus alegrías más profundas en una liberación más profunda. Considere lo que el encarcelado Pablo continúa escribiendo a sus hermanos filipenses:
"Sí, y me regocijaré, porque sé que por vuestras oraciones y la ayuda del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación, ya que es mi anhelo y esperanza que no seré en absoluto avergonzado, sino que con todo ánimo ahora como siempre Cristo será honrado en mi cuerpo, ya sea por la vida o por la muerte". (Filipenses 1: 18–20)
Pablo sabe que Dios le librará, pero la liberación que espera se basa en algo más profundo que “vida o . . . muerte". ¿Qué tipo de liberación tiene en mente? No ante todo liberación del dolor, sino liberación de deshonrar a Cristo en su dolor. Ya fuera liberado o encadenado, exonerado o ejecutado, Pablo estaba seguro de esto: por el poder del Espíritu, “Cristo será honrado en mi cuerpo”. Por lo tanto, dice: “Me regocijaré”, e incluso cantaré.

Dios puede librarnos de las penas que nos envuelven como cadenas. Puede curar enfermedades, restaurar relaciones, salvar a los seres queridos y enterrar la depresión de una vez por todas. Sí, puede, y oramos con razón para que lo haga. Pero necesitamos algo más grande que la liberación de nuestros dolores: necesitamos liberación de deshonrarlo en nuestros dolores. Y en Cristo, esta es la liberación que finalmente nos promete aquí. Entonces, en cada medianoche solitaria, podemos cantar de un rescate seguro: ya sea con un cuerpo sano o quebrantado, ya sea en la felicidad o en el dolor, ya sea en la vida o en la muerte, el dolor no robará nuestra satisfacción en Cristo.

Un día, cantaremos a Jesús, desencadenados de todo dolor. Hoy, hacemos sonar su valor cantando aun con nuestras cadenas.

Mientras Pablo y Silas oraban y cantaban, Lucas nos dice, “los presos los escuchaban” (Hechos 16: 25). Tal vez escucharon con fastidio, tal vez con sorpresa, tal vez incluso con asombro. En cualquier caso, escucharon. Y pronto, otra persona se une a su canción.

Una vez que Dios sacude la prisión, abre las puertas y suelta las cadenas, el carcelero cae ante Pablo y Silas. “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16: 30). Pablo y Silas responden: “Creed en el Señor Jesús”. Cree en el Salvador al que vale la pena cantarle en el dolor. Creed en el Cristo que da cantos de medianoche. Cree en el Señor que reina y rescata. Y así leemos: “Se regocijó con toda su casa” (Hechos 16: 34). Una casa nueva cantó la canción de Pablo y Silas.

Lucas no nos dice si el carcelero mismo había oído cantar a los hombres, pero el punto es incidental. Podía sentir que los hombres tenían corazones cantores. Y así es con nosotros: ya sea que nuestras canciones literales lleguen a los oídos de los demás o no, ellos escucharán qué tipo de corazones tenemos. Nuestros amigos y familiares, compañeros de trabajo y vecinos escucharán la diferencia entre un gruñido interior y una melodía, entre un sufriente hundido en sí mismo y uno que, milagrosamente, levanta su voz a Dios y su mano para ayudar a los demás.

Todos en el mundo conocen algo del dolor. Y, oh, cuán desesperadamente necesitan escuchar cómo Dios puede llenar nuestras penas con canciones.

Los que cantan con Pablo y Silas se unen a un gran coro de santos, desde Josafat y Jeremías hasta Asaf y David. Pero el más grande en ese coro es Jesús.

En la noche de su traición, después de haber partido el pan y compartido la copa, después de haber lavado los pies de sus discípulos y entregado sus corazones al Padre, llevó a los doce a cantar un himno (Mac. 14: 26). Envió una melodía a la noche más oscura; envolvió su pena con una canción. Tampoco dejó de cantar, incluso cuando la multitud gritaba "¡Crucifícale!" y la injusticia traspasó sus manos y sus pies. Mientras colgaba de la cruz, sangraba. Salmos (Mateo 27: 46; Lucas 23: 46; Juan 19: 28).

Cantar en el dolor, entonces, es una forma más en que Dios nos conforma a la imagen de su Hijo amado. Aquí, mientras sufrimos con Él en el canto, Jesús nos enseña a decir: “Nuestro Dios aún reina. Nuestro Dios librará. Y alguien necesita oír hablar de su incomparable valor”.


Scott Hubbard

(Gentileza de Esdras Josué ZAMBRANO TAPIAS)


DAME UN CORAZÓN LLENO DE DIVINO Y CELESTIAL AMOR, "El Valle De La Visión. Oraciones"


Dame un nuevo corazón - YouTube


¡Dios mío!  Yo creo que el Cielo Te agrada, y Tú quieres que  yo esté. 

Que sea tan santo como Tú eres santo, puro, como Cristo es puro, perfecto, como Su Espíritu es perfecto, yo creo que son los mejores mandamientos de Tu libro, ¿y yo debo desobedecerlos? ¿debo romperlos? ¿estoy bajo tal necesidad, puesto que vivo aquí? 

¡Ay, ay! ¡Pobre de mí, que soy un pecador, si ofendo a este Dios bendito, que es infinito en bondad y gracia! ¡Oh, no! Si Él me castigara por mis pecados, esto haría ir mi corazón tan lejos a punto de ofenderle; más a pesar de pecar continuamente, Él continuamente renueva Su bondad para mí. 

A veces siento que yo podría soportar cualquier sufrimiento, mas ¿cómo puedo deshonrar a este Dios glorioso? ¿Qué debo hacer para glorificar y 
adorar a este más excelente de los seres? ¡Oh, que pudiera consagrar mi alma y cuerpo a su servicio, sin restricciones, para siempre! ¡Oh, que yo pudiese entregarme a Él, de modo que nunca más tratara de ser yo mismo, o tener cualquier voluntad o afecto que no sea perfectamente conforme a Su voluntad y Su amor!  Pero, por desgracia, no puedo vivir y no pecar. 

¡Ángeles glorifíquenle incesantemente y postrense en el suelo ante el bendito Rey del Cielo! Yo quisiera poder aguantar durante un momento con ellos en la alabanza incesante; aun cuando yo hubiere hecho todo para la eternidad, yo no seré capaz de ofrecer algo más que una pequeña fracción de homenaje que el glorioso  Dios merece. 

Dame un corazón lleno de divino y celestial amor. 

"El Valle De La Visión. Oraciones"

(Por Gentileza de E. Josué Zambrano Tapias)

AUNQUE ME MATES (Though you slay me - Shane and Shane / Sub [ESPAÑOL]), YouTube


He aquí, aunque Él me matare en Él esperaré; 




¿EN QUÉ TEMPLO ADORA USTED? (Discernimiento Profético), Dr. Stephen Jones




Dic 18, 2018

El 10 de diciembre de 2018, se dedicó un altar de sacrificios en el muro occidental de Jerusalén. Publiqué un vídeo de la ceremonia de ayer.
Lo que no me di cuenta es que hoy hace un año que una sinagoga subterránea fue dedicada, el 18 de diciembre de 2017. No conozco su ubicación precisa, pero el vídeo a continuación da la impresión de que está ubicada dentro (debajo) del Monte del Templo. También le ofrezco un recorrido en vídeo de esta sinagoga y un recorrido virtual por el templo planificado.
El siguiente vídeo, que fue publicado en enero pasado, muestra algunas de las excavaciones arqueológicas, que creo que es la forma en que construyeron la sinagoga. El narrador nos dice que el "ídolo" colocado en el centro está ubicado directamente debajo del lugar donde el Lugar Santísimo estuvo es su tiempo.

¿Qué significa esto?
El narrador cree que estos eventos están cumpliendo la profecía bíblica. Estoy de acuerdo, pero tenemos algunas diferencias. Entiende estos eventos desde el punto de vista dispensacionalista, que se desarrolló en la década de 1850. Es el punto de vista de que Cristo vendrá al comienzo de la Tribulación para "raptar" a la iglesia al Cielo, momento en el cual un Anticristo se levantará como un líder mundial.
Dicen que este anticristo construirá un templo en Jerusalén y gobernará desde allí durante 3 años y medio o 7. Durante este tiempo, dicen, 144,000 judíos cristianos evangelizarán el mundo. El problema es que cuando ocurra el Rapto, el Espíritu Santo será removido de la tierra (eso dicen). Entonces, dada la ausencia del Espíritu Santo, no veo cómo los mismos evangelistas judíos puedan ser creyentes, ni puedan tener éxito en su evangelismo. En mi opinión, el Espíritu Santo es requerido para que cualquiera sea atraído a Dios.
Al cabo de siete años, dicen, Cristo regresará con sus santos, y echará al Anticristo de su templo y lo tomará. El templo en Jerusalén, entonces, servirá como la sede del Reino de Cristo durante los próximos mil años, mientras que los sacerdotes levíticos harán sacrificios diarios de animales en el atrio exterior del templo.
Durante muchas décadas, al menos desde la década de 1950, los cristianos han estado donando fondos para construir este tercer templo, con la esperanza de acelerar la venida de Cristo. Dicen que Cristo no puede venir hasta que se cumplan estas profecías, por lo que en realidad contribuyen con dinero para la construcción de la casa del Anticristo. Me parece que deberían dejar que el Anticristo financie su propia casa y que el dinero de Dios se gaste mejor en el evangelismo real y el trabajo del Reino.

Lo que yo creo
Supongo que la excusa es que el templo será la casa de Jesús al final. Sin embargo, mi comprensión del libro de Hebreos me dice que Jesús instituyó "cosas mejores" y que reemplazó muchas de las características de la adoración del Antiguo Pacto.
Tenemos un Nuevo Pacto, que reemplaza al Antiguo Pacto (Hebreos 8:8,13). Es un "mejor pacto" que el que se hizo en el Monte Horeb (Hebreos 7:22).
Tenemos un mejor sacrificio que utilizó la sangre de Jesús mismo (Hebreos 9:12), reemplazó los sacrificios de animales que tenían que repetirse diariamente porque nunca podían perfeccionar a nadie (Hebreos 10:1,4), ni podían "quitar los pecados" (Hebreos 10:11). Si los sacrificios de animales pudieran perfeccionar a alguien, ¿no "cesarían de ofrecerse"? (Hebreos 10:2).
Tenemos un nuevo Orden de Melquisedec (Hebreos 7:12,16), que reemplazó a la Orden Levítica.
Tenemos un Sumo Sacerdote inmortal de esta Orden de Melquisedec (Hebreos 5: 6,10; 7:24), que reemplaza a los sumos sacerdotes mortales que eran de Aarón (Hebreos 7:23, 28).
Tenemos “un tabernáculo más perfecto” (Hebreos 9:11), hecho de piedras vivas (1 Pedro 2: 5), que reemplaza el templo hecho de piedras muertas.
Tenemos mejores ceremonias que no dependen de recipientes hechos de oro (Hebreos 9:2-5), ya que nuestro gran Sumo Sacerdote realiza Sus ceremonias en el templo del Cielo, un "tabernáculo más perfecto, no hecho con manos, es decir, no de esta creación” (Hebreos 9:11).
Tenemos una Jerusalén celestial (Gálatas 4:25,26) que reemplaza a la Jerusalén terrenal.
Estas son cosas que todo cristiano genuino debería saber. Me sorprende que tantos regresen tan fácilmente a los tipos, sombras y formas imperfectas de adoración que se establecieron bajo el Antiguo Pacto. De alguna manera, piensan que pueden tener ambos al mismo tiempo, como si los dos pactos existieran uno al lado del otro. En mi opinión, solo hay un camino (exitoso) de salvación, y ese es a través del Nuevo Pacto. El Antiguo Pacto se basaba en la promesa del hombre a Dios y su capacidad para cumplir su palabra. El Nuevo Pacto se basa en mejores promesas, porque Dios mismo lo ha prometido y es fiel para cumplir su palabra (Hebreos 10:23). Con este Nuevo Pacto vienen muchos otros cambios (enumerados arriba). Uno no puede simplemente agregar el Nuevo Pacto a un sistema de adoración del Antiguo Pacto. Hacer eso es rechazar al Mediador del Nuevo Pacto. El libro de Hebreos fue escrito específicamente para llamar a los judíos fuera del judaísmo a la forma de adoración que se somete al nuevo Sumo Sacerdote, Jesucristo. Por lo tanto, se hace en Hebreos 13:12-14 la apelación,
12 Por lo tanto, también Jesús, para santificar a la gente a través de Su propia sangre, sufrió fuera de la puerta. 13 Por lo tanto, salgamos a Él fuera del campamento, soportando Su reproche. 14 Porque aquí no tenemos una ciudad duradera, sino que buscamos la ciudad por venir.
Los que se niegan a seguir a Jesús "fuera del campamento" muestran que todavía creen que la Jerusalén terrenal es la verdadera ciudad de Dios. Pero las Escrituras dicen: "aquí no tenemos una ciudad duradera". En otras palabras, Jerusalén no es "la ciudad eterna", como muchos creen. Incluso el mismo Abraham buscó una "patria mejor, que sea celestial ... porque Él ha preparado una ciudad para ellos" (Hebreos 11:16).
En otras palabras, Abraham no buscó una patria terrenal (Canaán), ni buscó una Jerusalén terrenal. Buscó algo mejor, dice el autor de hebreos. Nosotros también deberíamos buscar una mejor herencia, que es la Jerusalén celestial, no la ciudad terrenal.
Sin embargo, cuando los judíos e incluso los cristianos piensan que la Jerusalén terrenal será la capital del Reino de Cristo, muestran que se han negado a salir del campamento, llevando consigo la cruz de Cristo. Su fe está fuera de lugar, y su visión se limita a las cosas carnales. Si buscan una herencia en la ciudad terrenal, también sufrirán su destino, pues más tarde descubrirán que "no es una ciudad duradera".
Los profetas profetizaron del destino de Jerusalén. Aunque a la ciudad terrenal se le dio la oportunidad de cumplir las promesas de los hombres y de ser la ciudad santa, al final no logró alcanzar la justicia. Así que Isaías 29:1-6 profetiza la destrucción total en términos que sugieren una explosión nuclear. Dios mismo pondrá sitio a la ciudad, dice el profeta.
Jeremías 19:1 compara a Jerusalén con una vieja "vasija de barro" que debía romperse en el valle de Ben-hinnom (en griego: Gehenna). Jeremías 19:10,11 dice:
10 Luego deberás romper la vasija a los ojos de los hombres que te acompañan 11 y decirles: "Así dice Yahweh de los ejércitos: 'Así quebraré a esta gente y a esta ciudad, así como uno quiebra la vasija de un alfarero, que no puede ser reparada de nuevo; y la enterrarán en Tofet porque no habrá otro lugar para el entierro".
Esta es una clara profecía que explica la frase "no hay ciudad duradera". La Jerusalén terrenal fue la morada temporal de Dios, el lugar donde colocó Su nombre después de abandonar Silo (Jeremías 7:12-14). Justo cuando dejó Silo, también dejó Jerusalén, y ahora su nombre o presencia se encuentra en un nuevo templo descrito en Apocalipsis 22: 4, "Su nombre estará en sus frentes".
Para decirlo de otra manera, somos hijos de la Jerusalén celestial, llamada “Sara” (Gálatas 4:26). Considerar la Jerusalén terrenal como la madre del Reino es reclamar a “Agar” como nuestra madre (Gálatas 4:25). Este punto de vista reclama el Antiguo Pacto y todas sus consecuencias. Pablo nos estaba diciendo que permanecer en el judaísmo y tener fe en el Antiguo Pacto es ser un hijo de Agar, la esclava.

Expulsando a la mujer esclava
La solución, según el apóstol Pablo, se da en Gálatas 4:30,31,
30 Pero, ¿qué dice la Escritura? “Echa a la sierva y a su hijo, porque el hijo de la sierva no será heredero con el hijo de la libre” 31 Entonces, hermanos, no somos hijos de una esclava, sino de la mujer libre.
Nos acercamos rápidamente al final cuando será muy importante saber quién es usted. ¿De quién es hijo? No puede pretender ser hijo de Sara mientras se adhiera a Agar, la Jerusalén terrenal. Tampoco puede pretender ser un creyente del Nuevo Pacto mientras tiene fe en que puede cumplir su propia promesa a Dios. Tampoco puedes reclamar la sangre de Jesús mientras piense que los sacrificios de animales serán instituidos nuevamente en la Era venidera. La cruz de Cristo no fue un rasgo temporal que Dios le dio por gracia a la Iglesia hasta que el sistema del Antiguo Pacto se restableciera para la Era venidera.
Con la dedicación de la nueva sinagoga del año pasado y el altar del sacrificio este año, hemos llegado a la encrucijada, el punto de crisis en el cristianismo mismo. Aquí es donde la creencia de uno es importante, ya que afectará su vida y puede incluso afectar su propia salvación, que está enraizada en la sangre de Jesús.
No supe de la dedicación del altar hasta ayer, pero algunos de nosotros ya estábamos recibiendo revelación relevante la semana pasada. El sábado pasado fuimos movidos a convocar una reunión del Consejo Divino aquí en mi oficina y expulsar a todos los ex miembros del Consejo que habían sido descalificados, así como a todos los que actualmente dicen ser miembros del Consejo.
En la época de Cristo, el Concilio era el Sanedrín. Un nuevo Sanedrín ha sido nombrado en los últimos años en Jerusalén, como muestran los vídeos. Todos esos miembros rechazan a Jesucristo, a menos que quizás algunos sean creyentes secretos en Jesús y lo nieguen en público. De cualquier manera, NO son miembros genuinos del Consejo Divino. Todos los decretos o juicios que emitan son nulos e inválidos.
En el Nuevo Testamento, Jesús eligió a 70 como miembros de su Consejo Divino (Lucas 10:1). El Sanedrín en ese momento no reconoció a los que Jesús designó, ya que no parecían ser dignos, ni tampoco eran rabinos prominentes. Los dos grupos de 70 estaban en competición. No es diferente hoy. Dios sabe quiénes son los 70 hoy, así como Él sabe quiénes son los 12 "príncipes" de las tribus (en correlación con los 12 discípulos).
Ayer tuvimos otra reunión en mi oficina, y una vez más nos encontramos con la oposición espiritual de los competidores de Cristo. Hacia el final, el espíritu de Agar se manifestó frente a nosotros, y expulsamos ese espíritu hacia las 2:36 p.m. Solo entonces se me ocurrió que esto cumplía Gálatas 4:30, donde Pablo dice "echa a la esclava". Eso fue interesante.
Sin embargo, más aleccionador es el hecho de que esta parte de la reunión fue una sesión del Consejo Divino, y que decidimos literalmente en contra de Agar, la Jerusalén terrenal, que ha estado compitiendo con Sara como la madre del Reino y sus herederos. Se decidió el caso, y el momento de esto nos muestra que el destino profetizado de la Jerusalén terrenal ha sido sellado.
Por supuesto, ¿quiénes somos nosotros para decidir tales cosas? Somos literalmente desconocidos y no reconocidos. No somos nadie, muy parecidos a los 70 que Jesús envió. No obstante, escuchamos su voz y actuamos en consecuencia por la fe. Dios decidirá cuales decretos honrar, porque solo Él sabe quién ha actuado de acuerdo con su Palabra.
Creo que estamos entrando en un momento culminante, donde el escenario se ha establecido para el drama final en el escenario de la historia mundial.
Autor del blog: Dr. Stephen Jones

SOLO ESTAR CON ÉL, LA MEJOR ORACIÓN (E. V. Éxodo, Witness Lee)

¡¡¡HERMOOOSOOOO, SUBLIME!!! PURO NÉCTAR; DELÉITENSE.






ESTUDIO-VIDA DE ÉXODO

MENSAJE SESENTA Y DOS

EL ASPECTO NEGATIVO DE LA LEY
Y SU FUNCION
(2)

Lectura bíblica: Ex. 19:10-24; 20:19-21; 32:1; Ro 3:19; 5:13, 20; 4:15; 7:7-8, 13; Gá. 3:19, 23-24



... Siguiendo el mandato del Señor, Moisés subió a la cima del monte y permaneció allí durante un periodo de cuarenta días. Hace años, pensaba que estos cuarenta días representaban una prueba para los hijos de Israel. Efectivamente, estos días fueron un tiempo de prueba para ellos. No obstante, la meta principal de estos cuarenta días no consistía en probar a los hijos de Israel, sino en proporcionarle a Moisés la oportunidad de ser infundido con Dios. Cuanto más tiempo yo pasaba cerca de la estufa en mi casa, más absorbía calor. Del mismo modo, cuanto más tiempo permaneció Moisés con Dios en la cima del monte, más fue infundido con Él.

En cuanto a la mayor parte de estos cuarenta días, ningún versículo indica que Moisés o Dios hicieran algo. Dios empezó a hablar con Moisés al final de este periodo. Dios estaba contento simplemente por tener a una persona de Su pueblo que permaneciera con Él. ¿A usted le hubiese gustado quedarse con Dios durante estos cuarenta días y no hacer nada? Supongamos que un hermano lo invita a su comedor y le pida que usted se siente con él. Luego él simplemente se sienta durante doce horas con usted y lo mira sin decir una sola palabra. ¿Podría soportarlo? No creo que nadie podría tolerar esta situación, y menos una persona activa. Pero Moisés permaneció en el monte con Dios durante cuarenta días sin comer, ni beber, ni dormir. No hay indicios de que sucediera algo entre él y Dios. Lo único que sucedió fue que Moisés recibió una infusión divina: el elemento (sustancia) de Dios fue infundido dentro de él.

A algunos de mis nietos les gusta visitarnos a mi esposa y a mí. Una de mis nietas viene principalmente para conseguir algo bueno que comer. A veces consigue algo en otro lado. Pero cuando no le queda más remedio, nos visita. Sin embargo, no se queda mucho tiempo. Su intención no consiste en estar con nosotros, sino en obtener algo de nosotros y luego irse. Por el contrario, nosotros disfrutamos de su presencia y nos gustaría que se quedase más tiempo. El comportamiento de mi nieta describe la manera en que nosotros nos relacionamos a menudo con el Señor. Acudimos a Él no simplemente para estar con Él, sino para obtener algo bueno de Él. En cuanto lo recibimos, nos alejamos. Por tanto, podemos orar al Señor y aún reunirnos con Él en comunión para conseguir algo de Él, algo que nos beneficie.

Dios sabe lo difícil que nos resulta permanecer en Su presencia sin hacer nada. El simpatiza con nuestras debilidades y quizás nos pida hacer ciertas cosas. Pero Su intención no consiste en exigirnos nada. Desea que estemos con Él para infundirnos. Según nuestro concepto natural, consideramos que Dios nos pone exigencias y requisitos. ¡Oh, veamos que la intención de Dios consiste en infundirnos con lo que Él es y con lo que Él tiene! Debemos estar con Él para que se produzca esta infusión (ósmosis santa).

Después de pasar cuarenta días en el monte, recibiendo la infusión de Dios, Moisés resplandecía con la luz de Dios. Observe que Dios no le pidió a Moisés que hiciese nada. Por el contrario, Él se infundió a Sí mismo dentro de Moisés hasta que éste resplandeció con Él. Esta fue la razón por la cual su rostro resplandecía cuando él bajó del monte. Esta es la profesión más elevada en la Tierra: pasar tiempo con Dios para ser infundidos y resplandecer con Él. Esto es mucho más importante que hacer algo por Dios. Si deseamos resplandecer con Dios, debemos pasar tiempo con Él, sin hacer nada más que recibir la infusión de Él dentro de nuestro ser.

En este mensaje, mi carga es señalar que la intención de Dios al sacar a los hijos de Israel fue llevarlos a Su monte para que Él los infundiera consigo mismo. Él deseaba que ellos recibieran Su infusión, así como la zarza ardiente había sido infundida. La zarza que ardía sin consumirse fue completamente infundida con Dios. Dios estaba en la zarza y habló de en medio de ella. Dios deseaba que todo Su pueblo fuese llevado al lugar donde Él los pudiera infundir consigo mismo. Por tanto, Él les dijo que Él los llevaría sobre alas de águilas y que Él haría de ellos Su tesoro personal y un reino de sacerdotes.

Cuando el pueblo oyó esto, debiera haberse inclinado y confesado: “Oh Dios no podemos hacernos a nosotros mismos un tesoro para Ti. No somos preciosos. No podemos convertirnos en Tu tesoro personal”. Con tal actitud, Dios les habría dicho: “Les haré un tesoro personal. Permanezcan conmigo, y yo les infundiré con lo que soy. Finalmente, todos llegarán a ser preciosos para Mí”. Imagínese lo que hubiese pasado si los dos millones de israelitas hubiesen recibido la infusión de Dios y hubieran empezado a resplandecer con Él. Su gloria se habría parecido a la gloria de la Nueva Jerusalén.

El pueblo de Dios no entendía Su intención. Su concepto era que debían hacer cosas para Dios. Además, ellos deseaban hacer estas cosas y pensaban que podían hacerlas. Habían visto lo que Dios hizo por ellos, y ahora deseaban hacer algo por Él. Este concepto los hizo caer.

¿Se ha preguntado por qué Dios nos dio este gran libro que es la Biblia? Los centenares de capítulos bíblicos contienen muchos mandamientos que debemos guardar. Ciertos mandamientos se repiten continuamente. Eso tiene una razón sencilla: el deseo de Dios consiste en guardarnos con Él a través de la Palabra. Si deseamos permanecer con Dios, debemos permanecer en la Palabra. No obstante, a menudo cuando llegamos a la Biblia, no tenemos ninguna conciencia de ir a Dios. Además, cuando moramos con la Biblia, no sentimos que permanecemos con Dios. ¡Cuánto necesitamos cambiar de concepto! Cuando llegamos a la Biblia, debemos acudir a Dios y permanecer en Él. Efectivamente, la Biblia nos muestra muchas cosas que el Señor desea que hagamos. Pero todas estas cosas son secundarias. El asunto principal es que por medio de la Palabra, permanecemos en Dios y Él nos infunde. Desafortunadamente, somos distraídos fácilmente. No existen muchas personas, como Moisés, que permanezcan con Dios conforme al deseo de Su corazón.

Una vez más, deseo señalar que durante estos cuarenta días en que Moisés estuvo con Dios en la cima del monte, él no hizo nada. Dios no deseaba que Moisés hiciera nada; Él deseaba infundirse a Sí mismo dentro de él.

En la Biblia, podemos ver lo que Dios nos dice y lo que Él desea que hagamos. No obstante, el asunto principal es que nos quedemos (estemos a Su lado) con Dios por medio de la Palabra. Pero esto no es fácil. Nuestra tendencia consiste en acudir a la Biblia simplemente para saber lo que enseña acerca de ciertas cosas. Al leer la Palabra, decidimos hacer lo que nos pide la Biblia. Tenemos poca conciencia de que al tomar esta decisión, en realidad ponemos a Dios a un lado. Los que acuden así a la Palabra no reciben la verdadera bendición de Dios. Si deseamos recibir Su bendición por medio de la Palabra, debemos entender esto: lo que Dios desea que hagamos y lo que Él nos dice son cosas secundarias. Lo principal es permanecer en Dios y recibir Su infusión. La razón por la cual Dios nos habla y nos pide hacer algunas cosas es porque Él desea que seamos uno con Él.

¿Por qué debemos leer la Biblia? Cuando era joven, me dijeron que como cristiano, debía leer la Biblia para enterarme de lo que Dios desea de mí. Efectivamente, al leer la Biblia, podemos enterarnos de muchas cosas que Dios desea que hagamos, quizás centenares y aun miles de cosas. El problema es el siguiente: no somos capaces de hacerlo. No obstante, en nuestro concepto natural, queremos saber lo que Dios desea que hagamos y luego hacerlo. Nuestra actitud es la siguiente: debemos hacer y queremos hacer todo lo que Dios nos pide. Por consiguiente, decidimos hacer estas cosas y en la práctica ponemos a Dios a un lado. En lugar de esto, debemos decir: “Señor, Te amo, amo Tu Palabra, y amo todo lo que me dices”. Si hablamos así al Señor, El contestará: “¡Muy bien! Ahora debes saber que todo lo que deseo que hagas, Yo lo haré por ti y a través de ti”.

En un cántico que habla de estar de acuerdo con la Palabra de Dios, hay una línea que me gusta mucho: “lo que jamás podría hacer, Dios lo está haciendo en mí, al decir amén a Su palabra” (Himno #1219 en el himnario inglés).

Lo que no podemos hacer nosotros mismos, Dios desea hacerlo en nosotros. Por ejemplo, un esposo debería decir al Señor: “Señor, me pides amar a mi esposa. Señor, Te amo, pero debo confesarte que no puedo amar a mi esposa”. Entonces el Señor dirá: “Es cierto que no puedes amar a tu esposa, pero Yo la amaré a través de ti. Lo que no puedes hacer, lo haré en ti”. En cuanto a los mandamientos acerca de amar a los hermanos y de amar al prójimo como a nosotros mismos, también debemos decir: “Señor, Te amo, pero debo ser honesto contigo. No puedo amar a los hermanos, y no puedo amar a otros como a mí mismo. Tengo muchos vecinos y parientes, pero simplemente no puedo amarlos. Señor, Te amo y amo Tu Palabra, pero simplemente no puedo amar a otras personas”. Una vez más, el Señor nos dirá que Él hará desde nuestro interior lo que no podemos hacer. Esta es la economía de Dios tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo.







RARAMENTE ESTÁN CON DIOS, Thomas Watson



Reprende a aquellos que rara vez están con Dios. Éstos, a veces están con Dios, pero no siempre permanecen con Dios. Los moluscos, como observan los naturalistas, tienen tan poca vida en sí, y se mueven tan lento, que se hace difícil determinar si viven una vida vegetativa o una vida sensitiva: lo mismo podría decirse de varios cristianos, su caminar hacia el Cielo es tan lento e inconstante, que difícilmente podemos saber si la vida de gracia está o no en ellos; raramente están con Dios.

Apocalipsis 2:4: “… has dejado tu primer amor”.

Muchos profesores casi han perdido su conocimiento de Dios. Hubo tiempos en los cuales podían llorar por un sermón, pero ahora estos pozos están secos, tapados. Hubo tiempos en los que eran sensibles al pecado; el más fino cabello dentro del ojo, podía hacerlos llorar, el menor de los pecados lastimaría sus conciencias; ahora, pueden digerir este veneno: hubo un tiempo en el cual temblaban por las amenazas de la Palabra, ahora, junto al leviatán, pueden burlarse del blandir de la jabalina (Job 41:29).

Tiempo hubo cuando llamaban al Sábado una delicia (Isa. 48:13), el príncipe de entre los días. ¡Cómo esperaban con gozo la salida del sol de justicia en aquel día! ¡Qué anhelos y suspiros del alma tras de Dios! ¡Cuántos afectos! Pero ahora, la situación se ve alterada. “Habéis además dicho: ¡Oh, qué fastidio es esto!” (Mal. 1:13). Hubo tiempos en que se deleitaban en La Escritura (sin duda alguna, es una lente que enmienda los ojos de quienes miran por ella), ahora, se hacen a un lado, rara vez se examinan frente a ella como en un espejo. Tiempos hubo en los que podían ofrecer grandes ruegos y súplicas en la oración (Heb. 5:7), pero ahora las alas de la oración se les han cortado, vienen a Dios como fríos pretendientes, incluso las peticiones que emanan de entre sus labios son frías, como si fueran a tentar a Dios para que los negase. ¡Oh! ¿por qué has dejado tú la comunión con Dios? “Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos?” (Jer. 2:5).

Deja que los cristianos sientan esta tristeza en su corazón. “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras…” (Apocalipsis 2:5). Están en un letargo espiritual. ¡Oh! No se detengan hasta que su corazón haya sido moldeado y conformado tan celestial como lo estaba el corazón de David; “Despierto y aún estoy contigo”.

Thomas Watson. Extracto de: “Un cristiano en el Cielo a pesar de la Tierra”

(Por gentileza de Piedad H. Navarro López)

PARA SER UN VERDADERO ADORADOR DEBES DESPACHAR A ISMAEL, C.H. MacKintosh



ISAAC E ISMAEL
(El hijo de la promesa y el hijo de la carne)


Gén 21:1,  Y visitó el SEÑOR a Sara, como había dicho, e hizo el SEÑOR con Sara como había hablado.

El Señor siempre hace como ha dicho, el Señor siempre cumple sus promesas. Nadie ha esperado en Dios en vano. ¡Qué dicha es hallar nuestro refugio y reposo en Dios, en medio de los amparos engañosos e ilusorios que ofrece el mundo; qué consuelo para nuestras almas el podernos apoyar en esta ancla que entra hasta adentro del velo, teniendo por sostén estas dos cosas inmutables: ¡La Palabra y el juramento de Dios!

Una vez que Abraham tuvo delante de sí la promesa de Dios cumplida, muy bien pudo comprender la nulidad de sus propios esfuerzos para conseguir el cumplimiento. La naturaleza nada puede hacer para Dios. Es preciso que Dios visite, que Dios haga; y es preciso que la fe espere y que la naturaleza se mantenga quieta; así la gloria divina puede resplandecer y la fe puede hallar en esta manifestación su recompensa rica y excelente.

Gén. 21:2,  Y Sara concibió y dio a luz a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho.


Existe un tiempo determinado de Dios, un tiempo agradable de Dios, y es preciso que el creyente sepa esperarlo con paciencia. El tiempo puede parecer largo y la esperanza puesta a prueba, capaz de desanimar el corazón, pero el hombre espiritual será siempre consolado por la seguridad de que todo lleva por objeto final la manifestación de la gloria del Señor. Aunque la visión tardará aún por tiempo, más al fin hablará y no mentirá. Espéralo que sin duda vendrá, no tardará… más el justo en su fe vivirá (Hab. 2:3 – 4).

Gén. 21:5,  Y era Abraham de cien años, cuando le nació Isaac su hijo.


Nada tenía, pues, la naturaleza de que gloriarse en el caso. Cuando el hombre se halle sin recursos en absoluto ha llegado la hora de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es (Juan 3:6).

Hay una diferencia muy grande entre remendar un vestido viejo y echarlo a un lado totalmente, y ponerse uno nuevo.

¿Dónde hubo el remedio para un mal tan grande (El hijo de la esclava)? Echa a esta sierva y a su hijo, que el hijo de la sierva no ha de heredar con mi hijo (con el hijo de la promesa).

Hacer depender la salvación, en la más mínima medida, de cualquier cosa que sea del hombre o de lo que pueda hacer el hombre, equivale a hacer nula la salvación. En otras palabras: es preciso despachar a Ismael.

Esta salvación, huelga decirlo, no deja al hombre nada que añadir en que se pueda glorificar. Es Dios quien obra y yo le adoro: es el que bendice y yo recibo la bendición; Él es lo que es más, yo lo que es menos. (Heb. 7:7).

HE AQUÍ LO QUE HACE EL CRISTIANISMO, LO QUE ES, Y LO QUE ADEMÁS LE DISTINGUE DE TODOS LOS SISTEMAS RELIGIOSOS DE INVENCIÓN HUMANA QUE EXISTEN DEBAJO DEL SOL. LAS RELIGIONES HUMANAS CONCEDEN SIEMPRE MÁS O MENOS PUESTO A LA CRIATURA, GUARDANDO EN SU CASA A LA ESCLAVA Y SU HIJO, DEJANDO AL HOMBRE ALGO DE QUE GLORIARSE. EL CRISTIANISMO PURO, EN CAMBIO, EXCLUYE LA NATURALEZA VIEJA, NO DEJÁNDOLE PARTE ALGUNA EN LA OBRA DE SALVACIÓN; ECHA FUERA LA SIERVA CON SU HIJO Y DA TODA LA GLORIA AL ÚNICO AL CUAL PERTENECE.

La esclava representa al pacto de la Ley (Ritos, mandamientos y doctrinas de hombre), y su hijo, a todos los que son de las obras de la Ley (Administrador: los que obran en la carne). La esclava sólo pare para la esclavitud, y no puede dar a luz hombre libre alguno.

Gál. 4:29,  Pero como entonces el que era engendrado según la carne, perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. 

Gál. 4:30,  Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la sierva y a su hijo; porque no será heredero el hijo de la sierva con el hijo de la libre.
 
Gál. 4:31,  De manera, hermanos, que no somos hijos de la sierva, sino de la libre.


No se trata de hacer esfuerzos de conseguir la vida tratando de guardar la Ley, procurando establecer así mi propia justicia.

Gál. 5:1,  Estad, pues, firmes en la libertad en que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez a ser presos en el yugo de servidumbre.



VERDADEROS ADORADORES. FE A PRUEBA
Dios coloca a Sus hijos amados en el horno para probar la realidad de su fe. Dios lo hace porque desea la realidad. No basta decir: Señor, Señor, o voy Señor. Es preciso que el corazón sea probado hasta el fondo, a fin de que en él no se abrigue algún elemento de hipocresía o de falsa profesión. Dios dice: Hijo mío dame tu corazón. Y a fin de probar la sinceridad de nuestra respuesta a las órdenes de su gracia, pone Su mano sobre lo que toca más de cerca el corazón.

Puede haber mucha verdad en los labios, pero Dios ama la verdad en lo íntimo. 

Gén. 22:2,  Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. 

Eso, si, que es poner a prueba la fe, para que esta, mucho más preciosa que el oro, el cual perece, bien que sea probada con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra.

El alma que ha encontrado en Dios todas sus fuentes, puede, sin vacilar, abandonar todas las cisternas humanas.

Y querer abandonar las cosas visibles, sin la fe que se apropia de las cosas invisibles, resulta el trabajo más estéril que se puede imaginar. ¡No puede hacerse! El alma retendrá a su Isaac querido hasta que haya encontrado en Dios su todo.

Gén 22:3,  Y Abraham madrugó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos criados suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. 

No tardó, sino obedeció en seguida. La fe no se para a considerar las circunstancias y en calcular sobre las consecuencias, sino fija la mirada en Dios. La fe no toma consejo con carne y sangre.

Gén. 22:5  Entonces dijo Abraham a sus criados: Esperaos aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí, y adoraremos, y volveremos a vosotros.


El verdadero servidor tiene la vista no fija en su servicio, por considerable que fuera, sino en el amo, y esto es lo que produce el espíritu de adoración. Que no vivamos más ocupados de la obra que del Maestro.

Ahora, descansar en las bendiciones de Dios es otra cosa que descansar en Dios mismo. Confiar en Dios al tener a la vista los conductos por los cuales debe venir la bendición, es muy otra cosa que confiar en Él cuando esos conductos están tapados. Cuando yo vea los conductos visibles de la bendición secarse ¿disminuye mi confianza?

Gén. 22:12  Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ahora conozco que temes a Dios, pues que no me rehusaste tu hijo, tu único; 

La fe se manifiesta siempre por las obras, y el temor de Dios por los frutos que produce. Pero la fe tiene que ser probada. 

Stg. 2:14,  Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene las obras? ¿Por ventura esta tal fe le podrá salvar? 

NOTA: Stg. 2:15-17,  Y si el hermano o la hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16  y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿qué les aprovechará? 17  Así también la fe, si no tuviere las obras, es muerta en sí misma. 

Cuando nos sea dado sufrir la prueba que Dios mismo nos envía, podemos estar seguros de hacer nuevas experiencias en orden al carácter de Dios y aprender así a apreciar el valor de la prueba. Si Abraham no hubiera extendido la mano para degollar a su hijo, no habría conocido nunca toda la grandeza excelsa de las riquezas del Nombre que allí da Dios: YHWH-jireh, o el Señor proveerá, o verá.

Solamente cuando somos sometidos de verdad a la prueba, descubrimos lo que es Dios. Sin pruebas no podemos ser más que conocedores teóricos; pero dios no quiere que seamos tales conocedores tan solo; desea que penetremos en las profundidades de la Vida que está en Él mismo, en la realidad de una comunión personal con Él.

Nota: Rom. 5:3,  Y no sólo esto, más aún nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 

Rom. 5:4  y la paciencia, experiencia; y la experiencia, esperanza; 

Stg. 1:22,  Mas sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, ENGAÑÁNDOOS A VOSOTROS MISMOS. 

Pro. 14:23,  En toda labor hay fruto; mas el hablar y no hacer, empobrece. 

Retomamos: 
Stg. 1:12,  Bienaventurado el varón que padece con paciencia la tentación, porque cuando fuere probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. 

La prueba es honra conferida por el Omnipotente mismo, y sería difícil apreciar toda la bienaventuranza que resulta de la experiencia que produce.

Haga Dios que sepamos sufrir la prueba, a fin de que se manifieste Su obra y que Su Nombre sea glorificado en nosotros.

Antes de terminar, fijemos por un momento nuestra atención en el testimonio que rinde el Señor a favor de Abraham.

Gén. 22:16-18,  y dijo: Por mí mismo he jurado, dijo el SEÑOR, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único; 17  bendiciendo te bendeciré, y multiplicando, multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está a la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos: 18  En tu simiente serán benditos todos los gentiles de la tierra, por cuanto escuchaste a mi voz.


Nota: ¿Estamos rehusando algo al Señor?

Heb. 6:13-18,  Porque prometiendo Dios a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, 14  diciendo: Que te bendeciré bendiciendo, y multiplicando, te multiplicaré. 15  Y así, esperando con largura de ánimo, alcanzó la promesa. 16  Porque los hombres ciertamente por el mayor que ellos juran; y el fin de todas sus controversias es el juramento para confirmación. 17  En lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento, 18  para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que nos acogemos a unirnos a la esperanza propuesta; 

Esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe. Solamente por la fe podemos vencer al mundo. La incredulidad nos coloca bajo el poder de las cosas presentes, o en otras palabras, da al mundo la victoria sobre nosotros, mientras tanto que el alma que, mediante la enseñanza del Espíritu Santo, haya aprendido a conocer que Dios le es del todo suficiente, se haya del todo independiente de las cosas de la Tierra.

C.H.MACKINTOSH

(Estractos recibidos por gentileza de Rafael Restrepo).