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DIFERENCIA ENTRE COBERTURA Y AUTORIDAD, Mario Fumero

ADMINISTRADOR:

Nos ha parecido un buen estudio en general; aunque en particular no compartimos la toma de decisiones democrática, sino que creemos en la teocrática.

DIFERENCIA ENTRE COBERTURA Y AUTORIDAD 

Mario E. Fumero
Uno de los principios bíblicos en cuanto a la estructura de la iglesia se encuentra en el concepto “cuerpo” (1 Corintios 12:12) lo cual da a entender una unidad de miembros con miembros “en partícular” (1 Corintios 12:27) que forman un conjunto, donde cada cual tiene una función específica (Romanos 12:4), pero en estrecha relación y cobertura unos con otros. Sin embargo, actualmente la onda neo-apostólica ha establecido un concepto de cobertura espiritual estilo Iglesia Católica Romana, donde reina una autoridad vertical, que no tiene una relación horizontal con sus miembros, sino que crea una autoridad impositiva, hegemónica y abusiva contraria a las enseñanzas apostólicas.

Es por ello que en este estudio deseo analizar a fondo el concepto de autoridad en sujeción y cobertura. Estas son palabras que se entrelazan, pero a su vez se diferencian, porque la cobertura es una, pero la autoridad se manifiesta en diversas formas, dependiendo desde que perspectiva la enfoquemos. Por regla general existen tres tipos de autoridad:
1-La autoridad filial. Que se forma la familia, fruto de una relación y entrega terrenal.
2-La autoridad delegada. Que es aquella se encomienda a alguien de forma delimitada.
3-La autoridad electa. Se elige mediante el voto
¿QUÉ ES COBERTURA?
Iniciemos el análisis definiendo “cobertura”. Se denomina cobertura “todo lo que va por encima de algo, a primera instancia, una cobertura es colocada sobre algo, con el fin de proteger o cumplir cierta función. La cual estará magnificada dentro de cierto resguardo”[1]Para comprender este término, usemos la ilustración de un paraguas en medio de una tormenta. La persona se cubre con el mismo, de forma tal que no se moja. Podemos afirmar que esta persona está cubierta de la lluvia, o sea, bajo cobertura. Esto indica que estás protegido en ciertas circunstancias. Al aplicarlo a la vida espiritual de la Iglesia, se entiende por cobertura el tener a alguien que vela por ti y te protege a la hora de tomar decisiones, o en los momentos en que buscar consejo, de manera que mientras este bajo ese consejo, estas protegido, como afirmó el salmista; “el que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente” Salmo 91:1. De manera que en esta relación, más que una autoridad impositiva, existe una relación protectora. Quien acepta una cobertura, está aceptando una protección, un consejo, una enseñanza, pero no está obligado a acatar lo que se le diga o enseñe de forma impositiva, sino relativa y de acuerdo a ciertos principios.

Es ahí cuando ocurren dos verdades fundamentales sobre la cobertura y la libertad del individuo dentro de un esquema espiritual. Aquel que ejerce autoridad para dar cobertura, es responsable de lo que enseña y aconseja, de tal forma que si su consejo es errado, será responsable de las consecuencias del mismo, y deberá responder por ello, tanto delante de Dios, como de la persona a la cual le ministro el mismo (Hebreos 13:17). No podemos evadir las consecuencias de nuestras acciones cuando tenemos personas bajo nuestra protección, a las cuales les ministramos erróneamente. De igual forma, si el sujeto bajo cobertura no acata lo enseñado, o no sigue el consejo recibido, actuando en desobediencia, sufrirá las consecuencias negativas, y en tal caso, el culpable será él, quedando su cobertor libre de responsabilidad bajó esta situación.
Para dejar más claro este principio pondré un ejemplo: Un hermano viene a mí pidiéndome un consejo respecto a una determinada decisión, yo, sin analizar bien a fondo las consecuencias, le digo que lo haga, y al hacerlo tiene problemas ¿Tendré el deber de ayudarle en tal caso? Claro que sí, porque parte de la culpa está en el consejo que le di. Ahora pongamos el asunto al revés, un hermano me plantea un problema y me pide consejo, yo le doy respuesta y directrices, y después él se va, pero no acata el consejo recibido, y hace lo contrario, y le va mal; ¿Tendré yo responsabilidad para ayudarle en tal caso?, ¡Claro que no!, porque tomó una decisión contraria a mi consejo recibido.


¿CUÁL ES EL PRINCIPIO DE SUJECIÓN?
La sujeción bajo cobertura no es impositiva, sino optativa. Cada cual acepta o no esta dependencia voluntariamente, de manera que siempre cabe la posibilidad que cometamos errores hacia ambas direcciones. Lo que no podemos evadir, ni como discipuladores, padres espirituales, o pastores, es la responsabilidad de lo que enseñamos o aconsejamos, porque de ello Dios nos pedirá cuenta (Hebreos 4:13, 13:17).  No podemos negarle ayuda a los que están bajo nuestra responsabilidad, pero tampoco estamos obligados a sostener o apoyar aquellos que no actúan como se les ha demando, o está determinado en la Palabra de Dios, ya que cada cual es responsable de sus acciones. Recordemos que siempre, para entrar a una casa, se necesita que el que está adentro abra la puerta, ya que no podemos forzar la misma (Apocalipsis 3:20) . Esto es aplicable también a la vida espiritual de las personas. Un líder solo puede penetrar hasta donde el hermano le deje llegar, y no se puede imponer lo que le dice, porque nadie es esclavo de nadie, a menos que se someta previamente al Señorío de Cristo.

DEFINIENDO LA AUTORIDAD
Definamos ahora que es autoridad. Este vocablo tiene su origen en el vocablo latino “auctorĭtas”, y hace referencia a “una potestad que logra alguien, o un líder legítimo o una persona que obtiene poderes o facultades sobre un grupo”. Esta autoridad se obtiene de diversas formas. En los anales de la historia, el primer inicio de autoridad comenzó en la familia, naciendo la “autoridad filial”, que evolutivamente se convirtió después en “patriarcal”, o sea, el más anciano de la familia, o del clan o de la tribu era la autoridad máxima. Tiempo después aparece la autoridad delegada, que es aquella que Dios o el patriarca determina al escoger a alguien para llevar a cabo una misión. Esta autoridad delegada toma su protagonismo en el libro del Éxodo, con el llamamiento de Moisés, apareciendo el gobierno de los Jueces, siendo Samuel el último de los jueces de Israel.
Con el inicio del gobierno de los Reyes, el pueblo le reclama a Samuel, una autoridad electa mediante un sistema monárquico, igual que los demás pueblos paganos (1 Samuel 8:5), pero después, en la época de la cultura griega, aparece la democracia [1] con el surgimiento de la autoridad electa, que ha evolucionado a lo largo de la historia, y la cual llamamos “democracia moderna”. Está se fortaleció después de la revolución francesa (1789–1799) la cual abrió las puertas para la definición de una economía libre, sin clases sociales, y grandes cambios políticos como fue el surgimiento del sistema parlamentario, en sus dos primeras formas: el liberalismo y la democracia, lo cual abolió la monarquía absoluta, para dar paso al sistema democrático republicano.
La iglesia evangélica evolucionó de un sistema paternal, de relación de cuerpo con coyuntura en relación y edificación (Efesios 4:16), a un sistema jerárquico que comenzó con la adopción de los cristianos como parte del imperio romano en el año 313, al proclamarse Constantino emperador, y emitir el “Edicto de Tolerancia” [2] mediante el cual la Iglesia comenzó a formar parte del Estado Romano. Cuando esta se alió al sistema, comenzó a copiar lentamente los esquemas político romano, y los implantó en la Iglesia, creándose su estructura jerárquica, naciendo el papado y un esquema impositivo, perdiéndose la forma de “iglesia-cuerpo”, para dar paso a la “iglesia-pulpo”.
Después de la reforma, los luteranos rechazaron el poder absoluto del papado de Roma, naciendo la Iglesia Reformada o Protestante, la cual adopto una estructura episcopal, aunque Martin Lutero no se oponía a la existencia de un sistema de organización colegiada, basado en el Consejo de Pastores, para que no actuaran por su propia responsabilidad, sino previa consulta a personas idóneas en sus iglesias. Esas personas idóneas fueron denominadas ancianos o presbíteros [3], sin embargo, esas ideas tuvieron poco significado en la práctica, ya que la autoridad final en el gobierno de la iglesia descansó en las manos de los consistorios,  que eran los gobernantes territoriales, pero la idea evoluciono después a un sistema de “Gobierno Presbiteriano”, más acorde al modelos bíblico del libro de los Hechos. Posteriormente, y con la influencia de la democracia política, nació dentro de la iglesia evangélica, el Sistema Congregacional [4] democrático, el cual rige la mayoría de las denominaciones tradicionales.
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[1] -La palabra democracia nació en Grecia y deriva del termino democratia que significa literalmente “gobernado por el pueblo”. En los tiempos de la democracia griega, importantes filósofos como Platón y Aristóteles hablaban de la importancia del territorio y los habitantes que participaban en las decisiones políticas.
[2] -El  “Edicto de tolerancia” del cristianismo,  más conocido como “El Edicto de Milán” (en latínEdictum Mediolanense), fue promulgado en Milán en el año 313 y en él se establecía la libertad de religión en el Imperio romano, dando fin a las persecuciones dirigidas particularmente contra los cristianos. El edicto fue firmado por Constantino I el Grande y Licinio, dirigentes de los imperios romanos de Occidente y Oriente, respectivamente.
[3] -(cf. Melanchthon, CR, iii. 965; agenda de Johann Brenz de 1526; A. L. RichterLehrbuch des Kirchenrechts, i. 45; y la disciplina de Hesse de 1539, Ricthter, ut sup., i. 291).
[4] -Se llama gobierno congregacional a cualquier iglesia cristiana protestante, que practica el gobierno mediante el cual la iglesia se gobierno democráticamente (por su la propia congregación). En este sistema cada congregación maneja sus propios asuntos de manera independiente y autónoma. Su origen procede del calvinismo, pero prevalece en las iglesias arminianas también.
El arminianismo es una doctrina teológica cristiana fundada por Jacobo Armenio en Holanda a comienzos del siglo XVII, y la cual impugnaba el dogma calvinista de la predestinación. Sustenta la salvación en la cooperación del hombre con la gracia divina a través de la fe.

EL PELIGRO DEL MOVIMIENTO APOSTÓLICO
Con el surgimiento del movimiento neopentecostal apostólico, nacido como fruto de la división, proselitismo y competencia entre las iglesias independientes, surge un nuevo esquema moderno de gobierno, que aparentemente adopta el Sistema Jerárquico Católico, pero el cual tiende a convertirse en un  gobierno absolutista o “caciquista”, porque, aunque es cierto que la iglesia católica se rige por un papado, el Papa cuenta con un consejo cardenalicio que regula la doctrina, pero en el modelo del gobierno apostólico, todo el control de la Iglesia está en manos del apóstol o iluminado, que concentra en sí, todos los poderes para gobernar la congregación. El mando en la “estructura apostólica moderna” radica en que el pastor, el cual se autoproclama apóstol, se convierte en iluminado o profeta, comenzando a emitir decretos, por lo que da una nueva revelación, manejar las finanzas, nombrar los líderes a dedo, y se proclama intocable (Salmo 105:15) [1]. Aunque este movimiento no acepta la doctrina de la “infabilidad papal”, en algunas de sus acciones se vuelve infalible, pues si alguien le contradice en sus enseñanzas erróneas, o le pide cuenta de sus acciones incorrecta, los sataniza, apoyándose en el texto “no toques al ungido de Yahweh”, humillándolos y despreciándolos, por lo cual ataca a sus detractores. Sus poder absoluto lo lleva a manipular la Biblia, para imponer enseñanzas contrarias al espíritu de la Palabra, y como ocurría en Corintios (1 Corintios 1:12), "al sujetarse solo a Cristo", se apacientan a sí mismo (Judas 1:12), y no dan cuenta a nadie, volviéndose incontrolables [2].

Estoy convencido que dentro de cualquier sistema de gobierno, el poder absoluto corrompe, y los que ejercen autoridad, deben gobernarse bajo ciertos principios básicos. El principio más fundamental de todos radica en sujetarse a las normas establecidas legalmente, como son; constitución, leyes, pautas, doctrina y acuerdos colegiados. En la iglesia del libro de los Hechos, todos los asuntos eran tratados bajo el principio del "Consejo de Ancianos" o ministerios (Hechos 15:22). Noten como frente a la disputa por la imposición a los gentiles de ciertas normas judías respecto a las leyes mosaicas, (Hechos 15:24) se tuvo que convocar un concilio, para dilucidar los problemas, llegando a una conclusión final que está en Hechos 15:28-29. Después vemos como San Pablo al establecer iglesias, jamás colocó a un “pastor absoluto o apóstol”, sino que establecía “ancianos” (plural), para el gobierno local (Hechos 14:23, 20:17) y cuando supervisaban las obras, o había problemas en la iglesia, llamaban no al apóstol de la iglesia, ni a un pastor, sino a los ancianos (Hechos 20:17). Es evidente que Jesús siempre pensó en el peligro del poder absoluto,  el  cual  se  evidenció  durante el gobierno  de  los Reyes  de  Israel,         que  terminaron en corrupción y fracaso, por lo que fueron llevados a cautiverio. Fue por ello que al enviar a Sus discípulos en misión, los mando de dos en dos (Lucas 10:1, 24:13, Marcos 11:1 14:13). Nunca Jesús delegó una misión a un solo discípulo, sino que los envío siempre en pareja, como hacia Juan el Bautista con sus discípulos (Mateo 11:2, Lucas 7:18).
En el envío de misioneros, vemos en el libro de los Hechos como el Espíritu Santo, siguiendo la línea de Jesús, y algunos profetas, envío obreros de dos en dos (Hechos 13:2-3). Vemos como al separarse Pablo de Bernabé, estos tomaron diversos discípulos que le acompañaban en su trabajo para formar iglesias.

[1] -Este texto se refiere al hecho de que no debemos atentar contra los que ejercen autoridad físicamente, haciendo referencia al caso de David cuando era perseguido por el Rey Saúl, pues teniendo la oportunidad de matarlo, no lo hizo, dejándole la justicia a Dios (1 Crónicas 16:21-22). Pero nada tiene que ver con defender la fe y enfrentar el engaño, porque una cosa es el respeto a los ancianos, pero con derecho a reprenderlo cuando no anden en la verdad (1 Tim. 5: 19-20).
[2] -En Corinto había una división, pues unos eran discípulos de Pablo, otro a Pedro, y otros de Apolos, pero un grupo solo se sujetaba a Cristo. Los que estaban sujetos a Apolos, Pablo y Pedro podían ser controlados por ellos, pero a los que se sujetaban a Cristo ¿quién les podía pedir cuentas?


LA DISTORCION DE LA PATERNIDAD ESPIRITUAL
Creo firmemente en la paternidad espiritual como fruto de una formación y relación, pero no como una forma de manipulación, como ocurre en las enseñanzas dentro del movimiento apostólico moderno, el cual ha tomado la paternidad espiritual como una forma de hegemonía, en la cual se exige un sometimiento absoluto a los caprichos de los llamados “apóstoles”, de forma tal, que el individuo queda anulado en su capacidad de actuar por sí mismo, debiendo seguir los parámetros y revelaciones ordenados por su llamado "padre espiritual", el cual, manipulando las Escrituras, imparte una enseñanza en la cual demanda un sometimiento servil y absoluto a sus caprichos, sin haberlos formado, a tal grado, que les ordena llamarle “papi”, y aunque estos no son  frutos de su ministerio, les enseñan la necesidad de tener un padre, que más bien se  convierte en un  manipulador de sus líderes y miembros. Esto lo podemos encontrar en el libro de Guillermo Maldonado intitulado; “Se Necesita un Padre” [1].
La paternidad espiritual, en el sentido paulino, consiste en formar discípulos siguiendo el patrón de una vida física, donde hay diversas etapas. Para ello debemos primero entender lo natural, o sea, la forma en que unos padres físicos forman a un hijo físico. “Engendrar” en sentido espiritual es traerlo a Cristo y discipularlo, una vez que se convierte (Filemón 1:10, 1 Corintios 4:15). Cuando el niño nace, depende 100% de sus padres para comer, vivir y actuar. En la medida que va creciendo, lentamente desarrolla sus capacidades de expresión, locomoción y razonamiento, aprendiendo por sí mismo. Cuando era bebé tomaba leche que le daba la madre (1 Pedro 2:2), al crecer, se toma la leche por sí mismo, y comienza a ingerir viandas (1 Corintios 3:2). Cuando era un bebé, tenía que ser cargado, pero al crecer ya camina solo, pero hay que vigilarlo. Según va creciendo y evolucionando, lentamente se independiza del sometimiento absoluto a sus padres, porque ya razona. Cuando es niño, comienza a entender, aunque es inmaduro en algunas actitudes (1 Corintios 13:11), confrontando problemas de carácter (1 Corintios 3:1, 14:20), pero al llegar a madurez y ser adulto, entonces alcanza el punto clave de “independencia”, ya que puede tomar sus propias decisiones, porque adquiere la capacidad de discernir y prepararse su propio alimento solido (Hebreos 5:14).
En este etapa de adultez, sus padres ya no lo manejan, sino que él actúa con los principios recibidos de sus padres cuando era niño, y comienza a tomar sus propias decisiones (Proverbios 22:6), y aunque puede consultar a sus padres en algunas situaciones, al formar un hogar se independiza, y ya no hay una hegemonía de sus ancestros sobre su futuro, porque sabe discernir. En esta etapa de dependencia a sus progenitores es relativa, funcionando solo en amor, respeto y en situaciones especiales en que puede buscar consejería. Es por ello que cuando Timoteo confrontaba problemas ministeriales, le escribía a Pablo, su padre espiritual, para pedirle consejo, y este le contestaba siempre dando consejos según la Palabra, pero no le daba órdenes que le manipularan. Esto lo podemos ver estudiando las epístolas a Timoteo. De manera que no existe, al ser maduro, una dependencia absoluta, ni vertical. Cuando somos maduros en la fe, la dependencia con los padres es horizontal. Primero soy padre, después amigo, y por último abuelo de los hijos de mi hijo. Esto se llama crecimiento espiritual.
LIMITACIONES EN LA PATERNIDAD
Si partimos de los parámetros anteriores, las relaciones de formación evolucionan según el crecimiento de los discípulos, y la autoridad se va transformando, según nuestros interlocutores van alcanzando madurez. Los ancianos que gobiernen bien, tienen que ser sobrios y de buen testimonio en el sentido bíblico de la Palabra, careciendo de un poder absoluto, pero deben ser respetados y honrados como tales (1 Timoteo 5:17), sin tratar de usar su paternidad y ancianidad como  medio de manipulación e imposición.
La lógica natural, legal y bíblica establece de forma clara que el poder y la autoridad dependen del crecimiento, y éste evoluciona en la medida en que nos vamos desplazando a las diversas etapas del ministerio, porque si la iglesia es un cuerpo vivo, todo es funcional, nada es estático. Otro de los principios básicos de la Palabra es la importancia del consejo y del pluralismo a la hora de actuar y tomar decisiones (Proverbios 11:14,15:22). No podemos obviar que el principio de la delegación nos ayuda a compartir el poder y la autoridad, pasando de una etapa de mando, a una etapa de supervisión y formación. Cuando surgen situaciones conflictivas, entonces debemos de acudir a los múltiples consejos, en lo cual, según la Biblia, está la sabiduría (Proverbio 22:7).
LA TIRANÍA DE LOS SANTOS
¿Cómo podemos conocer a un tirano? Es fácil identificar a una persona que ejerce una tiranía ya sea nivel de estado, empresa o iglesia. La característica de un tirano está en el hecho de que busca tener poder absoluto. En el caso de la democracia, un gobernante se vuelve tirano cuando tiene bajo su control los tres poderes del estado (legislativo, ejecutivo y judicial), y quita y pone gente a dedo según sus caprichos, o usa el poder económico para comprar conciencias. En el caso de una iglesia, el pastor se vuelve un tirano cuando inhibe a sus ovejas de la libertad de conciencia, los segrega de los demás, y forja un culto en torno a su persona, llevando el control de todo el quehacer de la congregación, incluso en lo administrativo, de manera que dispone de los recursos como que fueran suyos, y busca siempre protagonismo. Una característica de los tiranos es su soberbia y prepotencia. No acepta confrontación, ni admite errores. El tirano o dictador involucra en su liderato a elementos de su familia, o sus allegados que le son incondicionales, pero si alguien disiente en lo más mínimo de su punto de vista, los excluye y los sataniza, decretándoles el ostracismo.
Cuando un pastor no huele a oveja, ni vive en medio del rebaño, y se autoproclama apóstol o iluminado, estamos frente a un individuo muy peligroso, que por su soberbia y ambición se convertirá en un dictador espiritual, y el rebaño estará expuesto a vivir en la “tiranía de los santos”, por lo que la congregación se convertirá en una secta, y no será parte del cuerpo universal de Cristo, que es la Iglesia mística.
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[1] -Publicado por GM Internacional, Miami, 2005.





EL EQUILIBRIO ENTRE LA AUTORIDAD Y LIBERTAD

No es fácil entrelazar sujeción, autoridad y libertad, porque todo depende de varios factores como son; conocimiento, crecimiento, madurez, relación y respeto. En la vida cristiana somos llamados a ser libres de toda atadura, no solo del pecado, sino también de los hombres ambiciosos (Gálatas 5:1). La libertad tiene límites, y estos límites los determina la Palabra de Dios (1 Pedro 2:16). En la medida en que conozcamos la doctrina, definiremos nuestros derechos de libertad (2 Corintios 3:17). Todo lo natural y espiritual está bien definido y limitado, para que no convirtamos la libertad en libertinaje, (1 Corintios 8:9) y la manifestación del Espíritu en desorden y caos (1 Corintios 14:40).
Respecto a la sujeción, como ya expresamos, significa estar bajo la responsabilidad de aquel que la ejerce para formación. Estar sujeto, no es ser un títere o marioneta de la cobertura, sino aceptar y buscar el consejo o la amonestación con humildad, en situaciones puntuales, y según lo enseñado en la Sagradas Escrituras. Aquel que ejerce la cobertura sobre una vida solo tiene derecho a controlarle cuando se salga del camino trazado por la Palabra (2 Timoteo 4:2), pero no podrá anular su libre albedrío, sino que, como indica la Biblia, deberá exhortarle o reprenderle con argumentos (Tito 2:15), pero si se niega a acatar la amonestación, quedará a expensas de sus acciones y se le podrá desechar, principalmente cuando su pecado afecte el testimonio de la Iglesia (Tito 3:10, 1 Corintios 5:1-5).
Sobre la autoridad espiritual, esta no es producto de una elección entre hombres, sino del llamado divino. Cuando somos llamados y hacemos discípulos, automáticamente vamos recibiendo autoridad. La autoridad espiritual emana de dos fuentes:
  • La que Dios te da al ser llamado por medio de la Palabra, y la cual viene de lo Alto (Mateo 28:18, Lucas 10:45) para tener poder sobre las huestes satánicas, y la cual es delegada por medio de la “Palabra de Poder” (Mateo 10:11, Lucas 9:1, Mateo 16:19).
  • La que tú te ganas con tu testimonio y frutos, a lo cual le llamamos “ser ejemplo” (Juan 13:15, Filipenses 3:17, 1 Timoteo 4:12), por lo que debemos ser fieles en todo. La autoridad espiritual descansa en el fundamento del amor y el testimonio.

CONCLUSIÓN: Queda claro la diferencia entre autoridad, cobertura y sujeción dentro del quehacer de la Iglesia, y en el marco de la Palabra.  Es por ello que debemos tener cuidado de no caer en las garras de muchos malos obreros (Filipenses 3:2), que aparentando ser pastores o apóstoles de Jesucristo (2 Corintios 11:13), son lobos disfrazados de ovejas, que siempre entran en las iglesias para destruir el rebaño (Hechos 20:29) y que se aprovechan de la ignorancia de la Palabra de muchos sinceros cristianos, para someterlos a servidumbre (Gálatas 5:1), privándoles de la libertad de conciencia y discernimiento, para entretenerlos con mensajes que alimentan los deseos carnales, pero anulan el crecimiento espiritual, y lucrar a estos malos obreros, que no viven para Dios, sino para su propio vientre (Filipenses 3:19).

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