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OSEAS, PROFETA DE LA MISERICORDIA – CAP. 13: ¿QUIÉN ES MI PUEBLO?, Dr. Stephen E. Jones

Sólo los vencedores son verdaderos Israelitas, de corazón circuncidado.

02/12/2016



Oseas 2:21,22 dice,

21 "Y sucederá en aquel día que voy a responder", declara el Señor. "Voy a responder a los cielos, y ellos responderán a la tierra, 22 y la tierra responderá al trigo, al vino y al aceite, y ellos responderán a Jezreel".

La palabra hebrea traducida "responder" es anah, que significa "contestar, dar testimonio, responder". Los versículos de arriba dan la imagen de un acuerdo entre varios testigos. Dios responde a los cielos, y ellos a su vez (Dios y los cielos) responden a la Tierra. La Tierra responde a la llamada de la semilla para dar sus frutos, y por último, "ellos responderán a Jezreel".

Cada uno se representa hablando o testificando, en su propia manera, dando testimonio a otro. Debido a que todas las cosas son establecidas por dos o tres testigos, Dios nos está diciendo que por fin se ha cumplido el Mandato de Fecundidad. Este es el significado del nombre Jezreel. Dios esparce semilla para sembrar a Israel en el campo, que es el mundo, y en última instancia Él recibirá una cosecha generosa.

La "llamada de la semilla a dar sus frutos" es contestada por la tierra misma. Es como si cada semilla, que conlleva el potencial del fruto, clamase desde la tierra. A pesar de que ha muerto, todavía habla, al igual que la sangre de Abel (Hebreos 11:4). Pero la semilla en sí misma no puede dar fruto hasta que la tierra entera escucha y da testimonio del grito de la semilla.

Jezreel, como he dicho antes, no sólo habla de que la semilla se dispersa y se siembra, también representa a Israel, porque Iesreel es un homónimo, que se pronuncia casi como Israel. Dios había dispersado a Israel con el fin de sembrarla en la Tierra, con la vista puesta en una cosecha futura. El juicio divino tiene un propósito, y el resultado es que Dios recibe una cosecha generosa de hijos. El propósito de la muerte es clasificar para la resurrección. El propósito de la resurrección es para dar sus frutos.


Mi Pueblo
Oseas 2:23 concluye esta sección, diciendo:

23 "Y la sembraré para mí en la tierra [o Tierra], también tendré compasión (Lo-Ruhama) de la que no había tenido compasión (Lo-Ammi), y voy a decir a los que no eran mi pueblo (Lo-Ammi), 'Tú eres mi pueblo!' Y ellos dirán, 'Tú eres mi Dios!' "

Así como la simiente de Israel había sido dispersada (Jezreel), así también la semilla moriría, para que pudiera dar sus frutos en una gran cosecha por venir. Los que habían sido llamados Lo-Ruhama, "no dignos de lástima, o de compasión", serán llamados Ruhama, "dignos de lástima, o compasión". Aquellos que fueron llamados Lo-Ammi, "no mi pueblo", serán llamados Ammi, "Pueblo Mío".

Esta es la resolución del problema de la sentencia. El juicio es temporal. La muerte es temporal, en el sentido de que la semilla se restaura en su nueva forma, o nuevo cuerpo. La primogenitura de José (o Efraín), que fue la Promesa de Filiación que parecía estar perdida, se restaurará, y su promesa será cumplida.

El apóstol Pedro entendía las profecías de Oseas muy bien, y nos dio su interpretación. En 1 Pedro 1:23-25 define la semilla:

23 habiendo nacido de nuevo [gennao, "engendrado"], no de simiente corruptible, sino de incorruptible, es decir, a través de la Palabra viva y permanente de Dios. 24 Porque "Toda carne es como la hierba, y toda su gloria como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae, 25 pero la palabra del Señor permanece para siempre". Y esta es la palabra que os ha sido anunciada.

Hay dos tipos de semillas. La semilla que engendra la carne es un producto perecedero. La Palabra de Dios, sin embargo, es viva, inmortal e imperecedera, y hemos sido engendrados por esta semilla espiritual. Esta es la manera en que se cumple la profecía de Jezreel. Más tarde, el apóstol nos dice en 1 Pedro 2:9,10,

9 Pero vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10 porque en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois pueblo de Dios; que no habíais recibido misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

Antes de su conversión a Cristo por la semilla espiritual de la Palabra viva, habían sido "no erais pueblo" (Lo-Ammi). Pero ahora, por el engendramiento de Cristo en ellos, se habían convertido en "pueblo de Dios" (Ammi).

Antes de su conversión a Cristo, "no habían recibido misericordia" (Lo-Ruhama), pero ahora "han recibido misericordia" (Ruhama).

En otras palabras, Pedro nos muestra específicamente cómo la profecía de Oseas debía cumplirse. Oseas profetizó sin explicación alguna; Pedro lo explicó. Oseas no tenía ninguna revelación sobre las dos semillas, ni él vivió para ver la manera de la concepción y el nacimiento de Jesús a través de la semilla espiritual. Esta revelación se reservó para un momento posterior, y Pedro comprendió esto.


Los israelitas dispersos
Pedro estaba escribiendo específicamente a los ex-Israel en la dispersión, por lo que fue capaz de aplicar esto a ellos en su exhortación a la justicia. En su introducción leemos en 1 Pedro 1:1,2,

1 Pedro, apóstol de Jesucristo, a los moradores de la dispersión, del Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, 2 elegidos, según el previo conocimiento de Dios Padre … [La Diaglotón Enfática]

La "dispersión" eran aquellos israelitas que habían sido dispersados por los asirios, el tema de la profecía de Oseas. Pedro escribió a algunos de ellos cuyos antepasados se habían extendido hacia el oeste en lo que hoy es el norte de Turquía, al sur del Mar Negro. Pedro aparentemente había viajado a esas zonas y había predicado el Evangelio a muchos de estos ex-israelitas. Los que creyeron el Evangelio fueron "elegidos según el previo conocimiento de Dios". Más tarde, como leemos en 1 Pedro 2:9, los llamó "una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para posesión de Dios" (es decir, un tesoro especial, o segullah).

Sin embargo, Pedro no estaba aplicando el estado de “elegidos” a todos los dispersos de Israel, sino sólo a aquellos que habían sido engendrados por la semilla espiritual de la Palabra. La mayor parte de los israelitas dispersos eran todavía carnales, engendrados únicamente por semilla carne, que era tan perecedera como la hierba. Las personas aún eran Lo-Ruhama y Lo-Ammi. La única manera para que cambiaran su estado (relación con Dios) era recibiendo la semilla espiritual de la Palabra que se les ofrecía.


No todos los hijos de Israel fueron escogidos
Sólo aquellos que recibieron esta semilla espiritual son en realidad "elegidos". Pablo dice en Rom. 9:6, "no son Israelitas todos los que descienden de Israel". No hay tal cosa como "una nación santa" de pecadores, ni Dios estableció incrédulos para ser su "sacerdocio real". El apóstol Pablo nos dice que de los millones de israelitas en la tierra (antes de su dispersión), solo un pequeño remanente de gracia fueron en realidad "elegidos". Habla de los días de Acab y Jezabel y de Elías quejándose en los primeros versículos de Romanos 11. Entonces Romanos 11:4,5 dice,

4 Pero ¿cuál es la respuesta divina? "Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla delante de Baal". 5 De la misma manera, entonces, también ha llegado a haber en la actualidad un remanente de acuerdo a la elección de la gracia de Dios [ekloga, "el acto de elegir"].

La Diaglotón Enfática traduce, "una elección de gracia". El término ekloga se refiere a aquellos a quienes Dios ha elegido o escogido. El término "elegido" o "elección" es intercambiable con "escogido". Digo esto porque muchos han separado los términos y han aplicado la idea de un "pueblo elegido" a una genealogía carnal, mientras que la aplicación de "los elegidos" es a los de una semilla espiritual. Estas distinciones son injustificadas y engañosas. Se escoge el viejo hombre de carne o se escoge el hombre de la nueva creación. No podemos decir que ambos sean escogidos.

Pablo mismo va a decirnos en Romanos 11:7,8,

7 ¿Qué, pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado, pero los que fueron escogidos lo alcanzaron y los demás fueron endurecidos [poros, "como la piedra, duro y ciego, tapado, volverse estúpidos o insensibles"]. 8 Tal como está escrito, "Dios les dio espíritu de estupor, ojos para que no vean y oídos para no oír [Isaías 29:10], hasta el día de hoy".

Pablo nos decía que el remanente de gracia (enumerado solo en 7,000) en los días de Elías fueron "elegidos", mientras que el resto de los hijos de Israel fueron endurecidos, estúpidos, e insensibles hacia la Palabra de Dios. Es evidente que el rey Acab no era uno de los elegidos de Dios, ni él gobernará con Cristo en el siglo venidero. Su genealogía carnal como israelita era irrelevante.

Así también, en el primer siglo había dispersados de Israel al norte de las siete iglesias, que habían sido engendrados por el Espíritu y que fueron así "una raza elegida". Pedro no los estaba identificando con las personas no elegidas, Lo-Ammi, que habían sido llamadas israelitas en los siglos pasados; en cambio, él los estaba identificando con una nueva "raza" (genos, "parentela, descendientes") de las personas que habían sido engendradas por semilla espiritual.


La nueva raza de Hijos
Esta nueva "raza" se compone de personas que son engendrados por el mismo Dios a través del Espíritu Santo. Han sido engendrados de forma similar al nacimiento virginal de Cristo, porque Jesús no tuvo padre terrenal, sino que fue engendrado por el Espíritu Santo. Así también somos engendrados nosotros, y esa semilla santa dentro de nosotros es "Cristo en vosotros, la esperanza de gloria" (Colosenses 1:27).

Las "madres" de Cristo todas tienen diferentes características carnales y vienen de muchos grupos étnicos, pero todos ellos tienen a Dios como Su Padre. Eso es lo que los convierte en "hijos de Dios". Más en particular, es la nueva creación del hombre dentro de cada persona elegida la que es un "hijo de Dios". Cuando nos identificamos con ese hombre de la nueva creación y dejamos de tener confianza en el viejo hombre carnal, entonces y sólo entonces, podremos afirmar verazmente que somos hijos de Dios. Los que pretenden ser hijos de Dios en virtud de su carne biológica, muestran a la luz evidencia de su ceguera y endurecimiento. Por lo tanto, no es probable que sean verdaderamente "elegidos" por Dios.

Este es el mensaje de la Filiación en el libro de Oseas. Aunque el profeta dice poco acerca de la manera en que la meta divina debe llevarse a cabo, sabemos por la enseñanza apostólica cómo esto podría llevarse a cabo de manera legal.

Cuando los israelitas endurecidos fueron expulsados de la tierra, perdieron su condición de israelitas, y llegaron a ser conocidos por otros nombres; sin embargo, en la realidad, estos incrédulos como individuos nunca habían sido elegidos en absoluto. En realidad sólo se escogió al remanente elegido. Por lo que su divorcio y dispersión fueron sólo historia en cuanto a alcanzar la realidad espiritual.

Por otra parte, este divorcio proclamó a Israel que no era la esposa de Dios, no era Su pueblo, y no era digna de lástima. Una mujer divorciada no es diferente de cualquier otra mujer en la medida en que se refiere al marido. De hecho, una mujer divorciada estaba aún en desventaja, porque a un hombre no estaba prohibido casarse con otra mujer, pero se le prohibía regresar a su esposa divorciada, incluso si su último marido murió o se divorció de ella.

Lo importante, desde un punto de vista legal, es que Israel se convirtió en no-elegida y quedó reducida a la misma condición en que todas las otras naciones se encuentran. La única manera de recuperar el estatus de "elegida" eta por la fe en Jesucristo, y esto fue abierto por igual a todas las naciones. La ruta para ser "elegidos" es la misma para todos. Hay igualdad de oportunidades para todos. Al final, de hecho, todos llegarán al lugar de la fe en Cristo. El Evangelio será aún predicado en pureza.

Por último, los muertos también serán levantados para que puedan cumplir con la ley de la Segunda Pascua (Números 9:5-11), que se estableció para los que no pudieron celebrar la Primera Pascua. Los que no estuvieren justificados por la fe en la sangre del Cordero en su primer tiempo de vida, serán levantados de entre los muertos y celebrarán la Segunda Pascua, en ese día, porque está escrito, "Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble ... y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor" (Filipenses 2:10,11).

Etiquetas: Serie Enseñanza
Categoría: Enseñanzas

Dr. Stephen Jones

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