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EL VERDADERO CUMPLIMIENTO DE LA PROFECÍA (¿Quién puede reclamar el nombre Israel?) - Parte 8, Dr. Stephen Jones (GKM)

 


Date Posted: 04/22/2026
Estimated Read Time: 7 - 9 mins
Author: Dr. Stephen E Jones
https://godskingdom.org/blog/2026/04/the-true-fulfillment-of-prophecy-part-8/

Hemos demostrado cómo reclamar el derecho al nombre Judá sin usurpar el título ni mentir respecto a manifestar su vocación como alabador. Ahora pasamos al nombre Israel. ¿Quién puede reclamar legítimamente el derecho al nombre Israel? ¿Y quién puede llamarse israelita sin mentir?

Comenzamos con el versículo poco conocido que está oculto en la genealogía de Rubén que pocas personas leen o estudian. 1º Crónicas 5:12 dice:

1 Ahora bien, los hijos de Rubén, el primogénito de Israel (pues él era el primogénito, pero como profanó el lecho de su padre, su primogenitura fue dada a los hijos de José, hijo de Israel; de modo que no está inscrito en la genealogía según la primogenitura. 2 Aunque Judá prevaleció sobre sus hermanos, y de él salió el líder, la primogenitura perteneció a José).

Rubén era el primogénito, por lo que la Primogenitura debía haberle sido otorgada. La Ley protegía el derecho del primogénito, excepto en los casos en que éste se descalificara a causa de sus acciones. En este caso, se nos da una breve declaración en Génesis 35:22.

22 Aconteció que, mientras Israel habitaba en aquella tierra, Rubén se acostó con Bilha, la concubina de su padre, e Israel se enteró de ello.

Años antes, cuando Jacob se casó con Raquel, su padre (Labán) le dio a Bilhá como sierva (Génesis 29:29). Raquel fue estéril durante algunos años, así que finalmente le dio a Bilhá a Jacob como esposa (Génesis 30:34). Esto reflejaba una antigua costumbre: una sierva podía tener hijos para su ama. Así, leemos que Bilhá dio a luz a dos hijos: Dan y Neftalí.

Bilhá probablemente era muy joven, y, por supuesto, Rubén era el hijo mayor. Puede que ella fuera algo mayor que Rubén, pero parece que ambos mantuvieron una relación amorosa. Jacob tenía 77 años cuando fue por primera vez a casa de Labán para escapar de la ira de Esaú, y 84 cuando se casó con las hermanas Lea y Raquel. Tenía 91 años cuando terminó de cumplir su obligación de trabajar los siguientes siete años para pagar la dote de Raquel.

Jacob tenía unos 85 años cuando nació Rubén, y cuando regresó a Canaán a los 98, Rubén tenía 13 años. Raquel murió cerca de Belén aproximadamente un año y medio después (Génesis 35:19), y poco después Rubén tuvo su aventura con Bilhá (v. 22). Rubén tenía unos 15 años en ese entonces; Bilhá probablemente tenía entre dieciocho y veintipocos años.

Este acto imprudente de pasión juvenil lo descalificó para recibir la Primogenitura. Jacob tuvo entonces la opción de otorgar la Primogenitura a quien quisiera. Hizo públicas sus intenciones al darle a José una túnica de muchos colores (Génesis 37:3). Sin embargo, no fue hasta muchos años después, tras la venta de José por parte de sus hermanos y su ascenso al poder en Egipto, que Jacob-Israel le confirió formal y legalmente la Primogenitura (Génesis 48:15-16).

Así como Rubén perdió la Primogenitura, tampoco los hermanos de José la recibieron. La única manera de beneficiarse de la bendición de la Primogenitura era permaneciendo unidos a José. De igual modo, la única forma en que estos otros hombres (y posteriormente sus tribus) podrían ser llamados israelitas era estando unidos a José, cuyos hijos recibieron el nombre de Israel (Génesis 48:16).

 

Reclamando el nombre de Israel

Siglos después, cuando el reino se dividió, Judá y Benjamín dejaron de tener derecho a llamarse Israel, pues estaban separados legal y políticamente de Efraín, la tribu principal de José. Ser israelita no era una cuestión de genealogía que se remontara a Jacob-Israel, sino una cuestión de leyes y derechos legales.

Si el reino sureño de Judá hubiera reclamado el nombre de Israel, lo habría usurpado ilegalmente, independientemente de su capacidad para rastrear su ascendencia hasta Jacob-Israel. Si afirmaban ser israelitas, basaban su reclamo únicamente en la ascendencia, no en las leyes de herencia por Primogenitura.

Esto es importante, porque los judíos históricamente lo entendieron, y aunque a menudo se referían a sí mismos como israelitas, reconocían que los verdaderos israelitas eran las tribus perdidas. Por esta razón, oraban regularmente para reunirse con sus hermanos de la casa de Israel. Sólo mediante la reunificación podrían reclamar legítimamente el nombre de Israel.

Esto es importante, porque cuando el Estado Sionista adoptó el nombre de Israel en 1948, no les estaba permitido legalmente hacerlo (como judíos), pues eran plenamente conscientes de que no se habían reunido con la tribu de Efraín. La mayoría de los cristianos, por otro lado, al desconocer en gran medida la Ley, no comprendieron las implicaciones legales y proféticas de llamar a ese Estado Israel.

 

El Mandato de Fecundidad (Fertilidad, Fructificación) de Israel

Así como el Cetro (Mandato de Dominio) fue transmitido a Judá en Génesis 49:10, también el Derecho de Primogenitura (Mandato de Fecundidad) fue transmitido a José. Estos dos mandatos fueron instituidos en tiempos de Adán. Génesis 1:26 (NASB) dice: «y gobierne (y ejerza dominio)». La versión Reina Valera dice: «y señoree». Luego, en Génesis 1:28 leemos: «Sed fecundos y multiplicaos», que es el Mandato de Fecundidad, al cual se le otorgó la autoridad para engendrar hijos de Dios.

Desafortunadamente, Adán pecó, perdiendo así el Dominio a través de la sentencia de muerte (mortalidad). Dios dispuso que la Tierra misma lo redimiera, y así la responsabilidad principal (maldición) recayó sobre la Tierra (Génesis 3:17). A cambio, según las Leyes de la Redención, Adán quedó esclavizado a la Tierra y, por lo tanto, se volvió «terrenal» (1ª Corintios 15:47). El nombre Adán significa terrenal. Su nombre originalmente hacía referencia al hecho de que estaba hecho del polvo de la tierra, pero después de pecar, su nombre aludía a su amo terrenal y a su naturaleza corrupta y bestial.

Si Adán y Eva hubieran tenido hijos antes de pecar, habrían engendrado hijos de Dios a su imagen celestial, «según su especie» (Génesis 1:12). Según la ley de la biogénesis, lo semejante engendra lo semejante. Pero sus hijos fueron engendrados después de haber pecado; por lo tanto, según la misma ley, engendraron hijos imperfectos que luego tendrían que buscar la manera de convertirse en hijos de Dios.

La solución, desde el punto de vista del Nuevo Testamento, es a través de Cristo, pues leemos en Juan 1:12,

12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Este “derecho o potestad” está condicionado a recibir a Cristo. Uno debe ser engendrado por el Espíritu y por la semilla incorruptible de la Palabra, al oír y responder al evangelio de Cristo. Al final, todos responderán de esta manera y se reconciliarán plenamente con Dios; sin embargo, no todos responderán al mismo tiempo. La mayoría no se arrodillará ante Cristo hasta el Juicio del Gran Trono Blanco, cuando sean plenamente conscientes de la verdad (Filipenses 2:10-11). Incluso entonces, tendrán que permanecer sujetos a Cristo (y a los Vencedores) para crecer en madurez espiritual hasta que toda la Creación sea finalmente liberada a la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Romanos 8:21).

Este Mandato de Fertilidad o Fecundidad, que fue la intención de Dios desde el principio, le fue dado a José en la Primogenitura después de que le fue retirado el Cetro que temporalmente se le había dado a Judá y el Sacerdocio que temporalmente se le había dado a Leví. El derecho de filiación fue, quizás, el elemento más importante de la Primogenitura que le quedó a José, y este derecho se le da a Cristo en su Segunda Venida como José, con su túnica teñida de sangre (Apocalipsis 19:13).

En resumen, nadie puede reclamar legítimamente el nombre de Primogenitura Israel sin tener fe en Jesucristo. ¿Por qué? Porque sólo a través de Él se puede reclamar el derecho a ser hijos de Dios (Juan 1:12). Uno puede afirmar ser de Judá mediante la circuncisión, pero debe convertirse en hijo de Dios para reclamar el nombre de Israel. Incluso Jacob no nació israelita; recibió ese nombre tras luchar con el ángel de Dios. Esto le dio una nueva perspectiva y un mayor grado de fe en la soberanía de Dios.

En términos del Nuevo Testamento, ser israelita significa formar parte del remanente de la gracia, es decir, ser un Vencedor, y no simplemente un creyente. Jacob fue creyente durante dos ciclos de Jubileo (98 años), pero fue israelita sólo durante el último ciclo de Jubileo de su vida (murió a los 147 años, al cumplir tres ciclos de Jubileo, 49 x 3 años).

El actual Estado Sionista, al que los hombres llaman Israel, no está capacitado (ante los ojos de Dios) para llevar ese nombre de Israel, pues ese Estado rechaza  a Jesucristo hasta el día de hoy. Así pues, la pregunta es: ¿Por qué permitió Dios que los sionistas usaran ese nombre? ¿Existe alguna justificación profética para ello? Independientemente de las intenciones humanas o las afirmaciones ficticias, ¿cuál es el propósito de Dios en todo esto?

La respuesta sorprendería tanto a los sionistas judíos como a los cristianos.


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