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OSEAS, PROFETA DE LA MISERICORDIA - CAP. 38: IMÁGENES FALSA Y VERDADERA DE DIOS, Dr. Stephen E. Jones


12/01/2017



Oseas 13:1 dice,

1 Cuando Efraín hablaba, había temblor [rethath, "terror"]. Se encumbró en Israel, pero cuando se hizo culpable (hizo mal) por Baal [Asham, "era culpable"] murió.

En los años anteriores, cuando la tribu de Efraín hablaba, todas las otras tribus e incluso otras naciones, prestaban atención y respetaban lo que Efraín tenía que decir. Decir "había temblor" es una forma de expresión en hebreo, al igual que "el temor del Señor". La palabra rethath viene de una raíz que significa "temblar".

La misma expresión se usa en Santiago 2:19,

19 Tú crees que Dios es uno. Bien haces; también los demonios creen, y tiemblan.

El "estremecimiento" viene de la palabra griega Fresso, que es el equivalente al hebreo rethath. El estremecimiento, o "temblor" (KJV) debe entenderse como una expresión hebrea que usa palabras griegas. Los demonios creen, y prestan atención. Ellos también respetan la idea de que "Dios es uno". Oseas 13:1, cuando Efraín hablaba, la gente lo tomaba en serio, y "fue encumbrado en Israel".


La culpa de apagar el Espíritu
Cuando la tribu de Efraín comenzó a adorar a Baal, "hizo mal y murió". La palabra hebrea para "hizo mal" es Asham, lo que significa llegar a ser culpable y, por tanto, ser responsable de sufrir el castigo.

La palabra Asham se puede dividir en dos partes: esh, "fuego" y la letra mem "Agua". La palabra esh es Alef (buey, toro, fuerza) y shin (dientes, para consumir o devorar). En otras palabras, la esh, o "fuego" significa literalmente "fuego consumidor", razón por la cual Dios se describe a Sí mismo como "un fuego consumidor" (Deuteronomio 4:24). Nuestra palabra castellana cenizas viene esta palabra hebrea esh.

Mem es una letra del alfabeto hebreo, y también significa "agua". Por lo tanto, Asham intentaban mezclar el fuego y el agua, y tales personas deberían ser avergonzadas.

Como un curso de acción alternativo, podemos fijarnos en la palabra hebrea Ashar, (feliz; bendecido), que es literalmente "fuego" en el Resh "cabeza", Pablo probablemente tenía esta palabra hebrea en mente cuando escribió. Romanos 12 :19,20,

19 No os venguéis vosotros mismos, amados, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque está escrito: "Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. 20 Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; porque haciendo esto ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza".

Hoy en día muchos piensan que amontonar carbones encendidos sobre la cabeza de uno es algo malo, como si hacer esto volvería la cabeza en llamas. Pero la metáfora era de un vecino cuyo fuego se extinguió y necesitaba algunos carbones para reiniciarlo. Los vecinos podían a menudo no gustarse el uno al otro, pero si uno necesita reiniciar un fuego, una mujer podía ir al vecino y pedir algunas brasas. El vecino podría ser tacaño y darle sólo unos carbones pequeños, lo que haría difícil iniciar el fuego. Pero para bendecir al vecino, se amontonaban carbones de fuego en una vasija de barro, que el vecino luego llevaría en su cabeza de vuelta a su casa.

Esta era la metáfora de Pablo acerca de la bendición, derivada de la palabra hebrea ashar. También era una buena metáfora de la Efusión del Espíritu Santo, como se ve en el día de Pentecostés, cuando el fuego de Dios vino sobre las cabezas de los discípulos. Así fue como Dios les "bendijo" ese día.

Lo contrario, por supuesto, se ve en la palabra Asham, donde el agua se echa sobre el fuego. Por esto, Pablo dice en 1 Tesalonicenses 5:19, "No apaguéis el Espíritu". Apagar el Espíritu era echar agua sobre el fuego. Aquellos que lo hacen debe ser avergonzados.

Oseas 13:1 usa esta palabra asham para hablarnos de la culpabilidad de Efraín. Al adorar a Baal, Efraín apagó el Espíritu de Dios y "murió" espiritualmente.


Idolatría

2 Y ahora añadieron a su pecado, y de su plata se han hecho según su entendimiento estatuas de fundición, ídolos, toda obra de artífices; acerca de los cuales dicen a los hombres que sacrifican, que besen los becerros.

Los hombres aman grandemente las obras de arte, y la creación de ídolos era una manera de expresar la propia capacidad artística. Pero incluso las grandes obras de arte no pueden captar una representación exacta de la naturaleza de Dios. Tal arte sólo puede crear un dios a imagen de uno, imaginada por el propio corazón de maldad. Por esto fue precisamente que Dios se les apareció sólo en forma de fuego. El fuego consume la carne, y aunque su naturaleza es siempre la misma, la llama cambia continuamente de apariencia.

Sin embargo, se esperaba de los idólatras que "besen los becerros", una referencia a los becerros de oro en Bet-Aven. Porque besar era mostrar amor y respeto a los ídolos, como si realmente representaran al Dios del Cielo. El Dr. Bullinger, en sus notas, lo conecta con nuestra palabra castellana adorar, derivada del latín.
"Besen los becerros. Besar era fundamental en toda idolatría pagana. Es la raíz del latín ad-orare = a [llevar algo a] la boca".

Oseas 13:3 continúa,

3 Por tanto, serán como la niebla de la mañana, y como rocío que pronto desaparece, como paja que se sopla lejos de la era, y como el humo de una chimenea.

El profeta hace hincapié en la existencia temporal de la nación que sucumbe a la idolatría. Las nubes de la mañana y el rocío (o "niebla de la noche") desaparecen con el calor del sol matutino. El tamo de la era, se esparce con el viento. El humo de una chimenea se disipa a medida que sale de la casa. Así también Efraín, o Israel, perdió la cabeza, dejando de ser visible para los hombres en la Tierra. Tal es el precio de la idolatría.


El olvido de Dios
Oseas 13:4 dice,

4 Sin embargo, yo soy Yahweh tu Dios desde la tierra de Egipto; por tanto no conocerás otro dios fuera de mí, pues no hay salvador fuera de mí.

El profeta se refería al Preámbulo de los Diez Mandamientos, en Deuteronomio 5:6,

6 Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

Esto fue seguido inmediatamente por el Primer Mandamiento en Deuteronomio 5: 7,

7 No habrá para ti otros dioses delante de mí.

El profeta, sin embargo, añade un nuevo pensamiento, diciendo, "pues no hay salvador fuera de mí". Un salvador es un libertador. En este caso, Dios se refiere a la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto. Tenemos, por supuesto, un Salvador, Jesucristo, que nos ha liberado de la esclavitud del pecado. El pecado es el gran capataz, que manda a la carne pecar a través de "la ley del pecado" (Romanos 7:23,25; 8:2), de modo que ya no estamos bajo ninguna obligación de obedecer las órdenes del pecado que nos dice que vivamos de acuerdo a la carne (Romanos 8:12). En su lugar, nos encontramos ahora obedeciendo las leyes y las órdenes de nuestro nuevo Amo, nuestro Salvador, nuestro Libertador, que nos ha comprado como Sus propios esclavos (Romanos 1:1).

Oseas 13:5,6 dice,

5 Yo te conocí en el desierto, en tierra de gran sequedad [taluva, "sed"]. 6 Cuando eran apacentados se saciaron; y estando satisfechos, su corazón se llenó de orgullo; por lo tanto, se olvidaron de mí.

El profeta recuerda a Efraín que él había cuidado de ellos, y que siendo Sus esclavos, Él no los maltrató, sino que siempre proveyó para todas sus necesidades. Incluso cuando pasaron por "tierra de gran sequedad", donde se quedaron sin agua (Éxodo 17:1), Dios trajo el agua para ellos mismos desde la roca (Éxodo 17:6).

No obstante, cuando entraron en la tierra que mana leche y miel, y cuando la gente prosperaron y ya no sufrieron escasez, sus hijos olvidaron a Dios, porque sus corazones nunca habían sido probados y disciplinados por dificultades. Los padres quieren que sus hijos eviten las dificultades que ellos mismos han experimentado, sin darse cuenta de que las dificultades construyen el carácter. Por lo tanto, una generación que vive mejor que la anterior es casi siempre más decadente y permisiva. En el caso de Israel, las generaciones posteriores adoraron ídolos, porque no tenían recuerdos de la liberación que sus padres tuvieron en el desierto.

Dios advirtió a Israel de esto: en Deuteronomio 8:10,11,

10 Cuando hayas comido y estés satisfecho, te bendecirá Yahweh tu Dios por la buena tierra que te habrá dado. 11 Cuídate de no olvidarte de Yahweh tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos, que yo te mando hoy.

Esto era más que una advertencia; era una profecía de lo que vendría. En los días de Oseas, la mayoría de la gente se había olvidado del verdadero Dios. Habían desechado a Yahweh y lo reemplazaron con el becerro de oro, pensando que este ídolo era el verdadero Dios que los había liberado de Egipto. Este problema había comenzado en los días de Moisés, cuando el propio Aarón construyó el primer becerro de oro, y cuando la gente dijo: "Este es tu dios, Israel, que te sacó de la tierra de Egipto" (Éxodo 32:4).

Es importante señalar, sin embargo, que la mayoría de la gente no rechazó conscientemente al Dios creador; el problema fue que pensaban que su becerro de oro era una representación exacta del Dios Creador. Una imagen se basa en la comprensión o concepto de los hombres de Dios, aquello que el hombre imagina que Dios es. En esencia, la idolatría es un estado de ánimo en el que adoramos nuestra comprensión carnal de Dios, más que al verdadero Dios como realmente es. Esa es la idolatría del corazón, que se expresa en imágenes u objetos artísticos.

Al final, el propósito de Dios es crear al hombre a Su propia imagen (Génesis 1:26). Porque seremos semejantes a él en todos los sentidos, tales imágenes no serán una forma de idolatría divina, sino una verdadera representación de lo que Él es. Jesucristo vino a la Tierra para mostrarnos el camino, porque Él era (y sigue siendo) "la imagen misma de su sustancia" (Hebreos 1:3 KJV), o "la representación misma de su sustancia" (Hebreos 1:3 NASB).


Nosotros mismos "estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria" (2 Corintios 3:18) a través de Cristo por medio de la nueva Alianza.

Etiquetas: Serie Enseñanza
Categoría: Enseñanzas

Dr. Stephen Jones

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