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IMPACIENCIA, David Wilkerson


CREYENTES IMPACIENTES

by David Wilkerson | December 24, 2015
Al parecer, el diablo percibió la impaciencia en Juan el Bautista, cuando estaba retenido en prisión antes de su muerte. La impaciencia es la inhabilidad de esperar o llevar las aflicciones calmadamente. Y cuando aumenta nuestra impaciencia con Dios, cuando nos impacientamos por no recibir respuestas de Él y mezclamos la impaciencia con la fe, nuestra actitud en oración se convierte en “incienso extraño” para el Señor. Llena nuestro ser, Su templo, con un olor repugnante. Y en vez de elevar un incienso de oración con olor dulce, despedimos un olor a podrido. Satanás reconoce este olor rápidamente.

Los creyentes impacientes se ofenden cuando ven a Dios obrando milagros a todo su alrededor pero no en sus vidas. Se ofenden con lo que ellos creen que es la lentitud de Dios en contestarles y con el tiempo se sienten abandonados y aprisionados. Hebreos nos dice que tal impaciencia es una forma de pereza espiritual: “A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas (Hebreos 6:12). Se nos ha instruido a seguir el ejemplo de Abraham: “Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa” (6:15).

La Escritura también nos dice que “El dicho de Jehová le probó [a José]. De igual manera hoy, las promesas de Dios pueden probarnos en ocasiones. Y si no añadimos paciencia a nuestra fe durante estas pruebas, acabaremos ofendidos con Dios. Proverbios 18:19 declara: “El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas entre hermanos son como cerrojos de alcázar”. La palabra hebrea para “ofendido” aquí significa “alejarse, apostasía”. En otras palabras, cuando estamos ofendidos con Dios, hay un peligro de salirse de la fe por completo. Y cuanto más tiempo retengamos nuestra ofensa, más difícil será liberarnos de las barras de nuestra prisión de incredulidad.

Pero Santiago 1:2-4 nos da la cura: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”.


LAS PROMESAS DE DIOS

by David Wilkerson | December 22, 2015

Las promesas de Dios son para aumentar nuestras expectativas en Él. Debemos declarar que Su Palabra es la promesa, sólida como una roca, de un Padre amoroso y poderoso para con Sus hijos. Sin embargo, a menudo, cuando no vemos que Su Palabra se cumpla según nuestro itinerario, el enemigo inunda nuestras mentes con preguntas acerca de la fidelidad de Dios. El blanco de Satanás es sencillo: robarnos de toda nuestra confianza en el Señor.

Estoy convencido de que el diablo trató de levantar toda clase de dudas en Juan el Bautista, mientras estaba en prisión. Me lo imagino susurrando al oído de Juan: “Sí, este Jesús es un hombre santo. Pero, Él es otro profeta cualquiera que hace milagros y buenas obras. Si Él es el Mesías, entonces ¿por qué estás pasando tú tanta necesidad? ¿Por qué es que Él no ha cumplido Su Palabra, como lo mencionaron Isaías y los profetas? Y, ¿por qué tu propia predicación no te ha funcionado?”
Satanás usa estas mismas mentiras y engaños contra nosotros hoy. Y su meta es sembrar semillas de duda en nosotros acerca de la Palabra de Dios, de Sus promesas, de Su deleite en nosotros. El enemigo susurra: “Dices que tu Padre celestial es un Dios de milagros, de lo imposible, que Él escucha tus peticiones inclusive antes de que las hagas. Entonces, ¿por qué todo este sufrimiento? ¿Por qué todo el silencio del cielo? ¿Por qué no hay una sola chispa de evidencia de que Dios ha escuchado tu clamor?
“Mira a tu alrededor. Todos están recibiendo respuestas a sus oraciones, excepto tú. Tú estás atrapado en un matrimonio insatisfecho. Oras para que tus hijos se salven, pero nada cambia. Por años, has predicado sobre la fidelidad de Dios a otros, entonces, ¿por qué no ha te ha funcionado a ti? ¿Por qué te ha dejado Él aquí, en esta espantosa condición?”
Una evidencia segura de que la incredulidad se ha arraigado en tu alma es que dejas de orar por lo que una vez creíste que Dios podía hacer. Ya no le llevas tus cargas a Él. Ya no vienes a Él en fe. En resumen, ya no estás dispuesto a dejarlo hacer las cosas a Su manera en tu vida.

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7).

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