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DEUTERONOMIO-DISCURSO 7-Matrimonio y Relaciones Vecinales - Cap. 5: LEY DE LAS PRENDAS Y LEY DE SALARIOS, Dr. S. E. Jones



Llegamos ahora a una de las leyes más profundas de Dios que jamás se haya escrito. Es una ley que establece el propósito del Espíritu Santo y revela el proceso por el cual hemos de recibir el cuerpo glorificado en la Fiesta de los Tabernáculos.

Deut. 24:6 y 10-13 dice,

6 Nadie podrá tomar un molino de mano o un rueda de molino en prenda, porque sería tomar en prenda la vida … 10 Cuando entregues a tu prójimo alguna cosa prestada, no entrarás en su casa para tomarle prenda. 11 Te quedarás fuera, y el hombre a quien prestaste te sacará la prenda. 12 Y si el hombre es pobre, no te acostarás reteniendo aún su prenda. 13 Sin falta le devolverás la prenda cuando el sol se ponga, para que pueda dormir en su ropa, y te bendiga; y te será justicia delante de Yahweh tu Dios.

La aplicación práctica, terrenal de esta ley prohíbe a un acreedor tomar una piedra de molino como prenda (seguridad o garantía) por un préstamo, ya que en esos días las mujeres hacían el pan cada día, moliendo la harina con las ruedas de molino superior e inferior. La piedra de molino superior era móvil y cóncava con un agujero en la parte superior a través de la cual se vertía el grano. Tomar una rueda de molino como prenda era sinónimo de tomar la vida como prenda. Eso estaba prohibido.

Era lícito, sin embargo, tomar en prenda el “manto” de un hombre que era su chal rectangular, que se usaba para cubrirse durante la noche mientras dormía. Sin embargo, el acreedor tendría que devolverlo al deudor por la noche. Esta ley se explica de nuevo en Éxodo 22:26 y 27,

26 Si alguna vez tomas el manto de tu prójimo como prenda, debes devolvérselo antes de la puesta de sol, 27 porque ese es su único abrigo; es su vestido para el cuerpo. ¿En qué otra cosa ha de dormir? Y sucederá que cuando él clame a mí, yo le oiré, porque soy misericordioso.

Esta ley fue diseñada para proteger a los pobres de los acreedores. Los deudores se les garantizaba el derecho a que sus prendas se les devolvieran al atardecer. De esta manera esta ley se relaciona con el Jubileo, donde todas las deudas son canceladas al comienzo de cada cincuenta años en el calendario hebreo. También vemos cómo Dios establece un descanso para Su pueblo, que es la base de las Leyes del Sábado, porque éste es el propósito declarado de la devolución del manto (prenda) al deudor al atardecer. Al final, todos los deudores (pecadores) tienen el derecho de entrar en el reposo sabático de Dios, que es el Jubileo.


El Espíritu Santo dado como prenda o garantía

Sin embargo, hay mucho más en esta ley que lo que se ve a simple vista, ya que en el Nuevo Testamento encontramos que Dios nos ha dado su Espíritu como prenda. Por esta razón, las leyes relativas a las prendas se aplican a nosotros en un nivel que la mayoría nunca contempla.

Si llevamos esto de nuevo al principio, entendemos que Dios tenía un Plan Divino para la Creación. Ese plan era expresarse en este reino o dimensión terrenal. Cuando el pecado entró en el mundo a través de Adán, no tomó a Dios por sorpresa, ya que por ser atemporal, el Alfa y la Omega, conocía el fin desde el principio. Y así el Plan Divino fue escrito antes de que se creara nada.

El objetivo principal de este Plan era crear al hombre a Su imagen y semejanza, y a pesar del pecado en el mundo, Dios tiene la sabiduría y el poder para vencer al mundo y para cumplir Su propósito original para la Tierra y para toda la humanidad.

El Pecado hizo a los hombres deudores a la Ley, porque todo pecado es contado por una deuda. Pero se determinó desde el principio que Jesucristo vendría a la Tierra para pagar por el pecado (deuda) del mundo. El éxito del Plan Divino se estableció así en la Cruz, pero cada cual entraría en Su reposo en momentos diferentes.

La Escritura dice que Dios nos ha dado el Espíritu Santo como prenda. Pablo dice en 2 Cor. 5:5,

5 Y el que nos preparó para esto mismo es Dios, quien nos dio el Espíritu como prenda [arrabon, arras].

La palabra que usa Pablo para “prenda” es arrabon, que en realidad es una palabra hebrea traducida por la lengua griega.

Es la misma palabra usada en Génesis 38:17,18 y 20, donde Judá da una promesa a Tamar para asegurar el pago de su deuda con ella en un momento posterior.

Pero las prendas se dan por los deudores, no por los acreedores; los acreedores son los que reciben las prendas. Así que cuando el Padre nos dio el Espíritu Santo “como prenda”, revela la cosa más increíble. Él actuó como un deudor que nos dio una prenda, como si fuéramos sus acreedores.

¿Cómo podría ser esto? ¿Qué revela a Dios aquí?


Dios como un deudor de la Humanidad

Cuando Jesús pagó la deuda de la humanidad en la Cruz, Dios de repente se convirtió en el gran deudor, y la humanidad se convirtió en acreedora de Dios. Este fue un gran cambio de fortuna. Hasta ese momento, la humanidad había sido la deudora a causa del pecado de Adán; pero cuando esa deuda se pagó en su totalidad, la humanidad dejó de ser una deudora.

Pero entonces, ¿cómo la humanidad se convirtió en acreedor de Dios?

Somos herederos de las promesas de Dios. Cada vez que alguien hace una promesa, se convierte en deudor de cumplir con su palabra. Dios nos ha dado promesas; por lo tanto, Él es el gran deudor por Su Palabra. Todas las promesas de Dios que se hicieron a Abraham, Isaac, Jacob, y a muchos otros a lo largo de la historia, fueron diseñadas para hacer de Dios un deudor de Su propia Palabra, legalmente hablando. Y nosotros somos los acreedores, los beneficiarios de Sus promesas. En otras palabras, una vez que Jesús pagó nuestra deuda, fuimos transformados de deudores a acreedores.


¿Qué nos debe Dios?

Entonces, ¿qué nos debe Dios, ahora que Jesucristo ha pagado nuestra deuda y nos ha hecho acreedores de Dios? Es el cuerpo glorificado, que se nos da en tres etapas que se representan en los tres principales días de fiesta de Israel. Cuando Jesús cumplió la Pascua para pagar nuestra deuda, Dios entonces nos debía un cuerpo glorificado. Pero ese cuerpo glorificado está en el Cielo, no en la Tierra. Pablo dice en 2 Cor. 5:1,2,

1 Porque sabemos que si esta tienda terrenal [el cuerpo] que es nuestra casa es derribada, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos. 2 Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de nuestra morada celestial.

Pablo pasó a explicar que estas dos “casas” (tienda y edificio), también se asemejan a las prendas, porque él dice que no queremos ser “desnudados” (es decir, morir), sino ser “vestidos” con esa prenda celestial, de manera que podamos recibir el cuerpo glorificado. Es en ese contexto que nos dice que Dios nos ha dado el Espíritu como prenda.

En otras palabras, nuestro cuerpo glorificado es la promesa de Dios, pero en la actualidad está cedido a Dios en el Cielo. Para asegurar esa cesión o préstamo, se nos ha dado el Espíritu Santo como una prenda, una promesa de pago. La deuda que Dios nos debe es el cuerpo glorificado, y las leyes que regulan las prendas también regulan este préstamo.


Cuando Adán fue el deudor

Ahora aquí es donde Éxodo 22 se convierte en una revelación.

26 Si alguna vez tomas el manto de tu prójimo como prenda, debes devolvérselo antes de la puesta de sol, 27 porque ese es su único abrigo; es su vestido para el cuerpo. ¿En qué otra cosa ha de dormir?

Aquí es donde hay que ir atrás en el tiempo hasta antes de la muerte de Jesús en la Cruz. Cuando Adán pecó, él y toda la humanidad se convirtieron en deudores a la Ley, porque todo pecado es contado como deuda. ¿Qué pasó cuando Adán incurrió en esta deuda? Él perdió su cubierta (cuerpo glorioso) y se quedó “desnudo” (Génesis 3:7). En otras palabras, Dios tomó nuestro manto como prenda. En otras palabras, Adán fue el deudor al que se requirió dar el cuerpo glorioso como prenda, al Acreedor divino contra quien había pecado.


Nuestro vestido (cuerpo glorioso) está cedido a Dios

Una vez que la deuda de Adán se pagó en la Cruz, Dios fue requerido por Su propia Ley a devolvernos esa prenda. De acuerdo con la Ley, ahora es nuestra por derecho. Sin embargo, todavía no ha regresado a nosotros, dice Pablo, porque el manto (cuerpo glorioso) todavía está en el Cielo; y por ello estamos caminando en nuestra tienda (cuerpo) terrenal, en la que gemimos agobiados (2 Cor. 5:4).

Por lo que el cuerpo glorioso, que Dios originalmente tomó como prenda de la deuda por el pecado de Adán, está ahora esencialmente en préstamo o cesión a Dios, por lo que Él nos ha dado Su Espíritu como prenda, con una promesa de pagarnos este préstamo en algún momento. Esta es la metáfora que usa Pablo, y se basa en la Ley de las Prendas en Deuteronomio 24 y Éxodo 22.

¿Cuando nos debe ser devuelto? 

La Ley dice que como muy tarde hay que “devolverlo a él antes de que el sol se pone”. La gente es por naturaleza impaciente, por supuesto, y así, como acreedores, algunos quieren ir a la casa de Dios en el Cielo y recuperar su cesión por la fuerza. Pero la Ley prohíbe esto, diciendo en Deut. 24:10,11,

10 Cuando entregues a tu prójimo alguna cosa prestada, no entrarás en su casa para tomarle prenda. 11 Te quedarás fuera, y el hombre a quien prestaste te sacará la prenda.

Por lo tanto, es ilegal para nosotros “ir al Cielo” para obtener nuestro cuerpo glorioso. Los acreedores pueden visitar a los deudores en sus casas, pero no pueden entrar con el propósito de recuperar una prenda. Así también, podemos ser llevados por el Espíritu a una visita celestial, pero nadie está autorizado a hacerlo con el fin de obtener el cuerpo glorificado.

Del mismo modo, cuando morimos, nuestro espíritu vuelve a Dios para una visita larga, pero no podemos obtener el cuerpo glorificado en ese momento tampoco. Por ley, sólo se nos permite reclamarlo fuera de la casa de Dios, es decir, en la Tierra. Es por esto que hay una resurrección de los muertos; es el momento y lugar para recibir el cuerpo glorificado de acuerdo con la Ley.

Por lo tanto, leemos que Jesús dice en Apocalipsis 22:12, He aquí, yo vengo pronto, y mi galardón conmigo. Según la Ley, Jesús debe traer la promesa desde Su casa con el fin de dársela a los acreedores.

¿Qué pasa con el tiempo? ¿Cuándo va a devolvernos la prenda? La respuesta es antes de la puesta de sol. El texto hebreo dice más literalmente, cuando sale el sol. Al ponerse el sol el sol parece venir a la Tierra. Esto profetiza la venida de Cristo a la Tierra porque Él es el sol de justicia (Mal. 4:2). Por lo tanto, es una profecía de la venida de Cristo.

Así que llegamos a la conclusión de que todavía no hemos recibido el cuerpo glorificado, a pesar de que es nuestro por derecho. Nuestra deuda fue cancelada a través de la Fiesta de la Pascua, cuando Cristo murió en la Cruz. Luego recibimos la prenda o promesa de Dios (el Espíritu Santo) en Pentecostés. Dios reconoció su deuda con nosotros, pero optó por esperar hasta que el sol de justicia viniera antes de devolvernos la “prenda” que Él nos debe por la deuda de Su promesa.

En otras palabras, la Fiesta de los Tabernáculos tiene un cumplimiento futuro. Mientras tanto, no hay que tratar de reclamarlo (el cuerpo glorioso) de manera ilegal. No podemos obtenerlo introduciéndonos en la casa de Dios en el Cielo y tratando de recuperarlo por la fuerza. Estamos obligados a esperar fuera hasta que Él lo traiga.


Ley de Salarios

En Deut. 24:14 y 15, Moisés continúa su discurso con una ley relacionada, diciendo:

14 No oprimirás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus conciudadanos o uno de tus extranjeros que están en tu tierra en tus ciudades. 15 Le darás su salario en su día antes de la puesta de sol, porque es pobre y con él sustenta su vida; para que no pueda clamar en contra de ti a Yahweh y se halle en ti pecado.

Aquí Dios da otra definición en contra de la opresión, esta vez en términos de pago de salarios en tiempo y forma. Una vez más, Moisés hace hincapié en la igualdad de trato entre los compatriotas y los extranjeros que vivían en la Tierra. Es parte de amar al prójimo como a uno mismo. A los oprimidos, incluyendo a los extranjeros, se les da el derecho de apelar a la Corte Celestial por justicia divina.

Como siempre, esta Ley expresa el corazón de Dios y revela Su trato con todos los que trabajan para Él en el Reino de Dios. Pablo nos dice en Ef. 6:7-9,

7 Con buena voluntad sirviendo, como para el Señor y no para los hombres, 8 sabiendo que el bien que cada uno haga, esto recibirá del Señor, sea siervo o libre. 9 Y amos, haced lo mismo con ellos, y dejad las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y no hace acepción de personas.

A pesar de que pueda parecer que servimos a los hombres, en realidad, estamos en la nómina de Dios. Incluso los esclavos de los hombres son reclamados por Dios, que sostiene a los amos como responsables por cómo los traten. Dios a menudo cree conveniente subcontratar nuestra mano de obra a los hombres.

Aprendí esto hace muchos años durante mi experiencia en el desierto. Yo sabía que se me había llamado al ministerio, y lo que al principio me irritaba era el hecho de que me veía obligado a trabajar en el sistema mundano, trabajando para producir cosas que parecían sin importancia para mí. Mi corazón no estaba en ello, y así me parecía que Dios estaba perdiendo el tiempo año tras año. Pero con el tiempo, he aprendido que no era tan importante como lo había pensado, y que Dios tenía el derecho de subcontratar mi trabajo a cualquier persona que deseara. Entonces llegué a tratar a mis supervisores como designados por Dios.

Durante ese tiempo, llegué a una comprensión más profunda de Su provisión. Las formas milagrosas en las que Él proveyó para las necesidades de mi familia me enseñaron que yo estaba realmente en la nómina de Dios, no importaba donde trabajara o para quién. ¡De hecho, descubrí que en los momentos en los que estaba en paro, la provisión era mayor que cuando estaba empleado! Cuando la vida no tiene sentido, es porque todavía no conocemos a Dios como deberíamos.

La recompensa final (el salario o cheque) es el cuerpo inmortal glorificado. Es el tipo de cuerpo que Jesús tenía después de Su resurrección, con el que podía ir al Cielo o venir a la Tierra a voluntad.

El calendario de este pago por los servicios prestados es insinuado por Moisés en esta Ley en Deut. 24:15. La voluntad de Dios dice que el pago debe ser entregado antes de la puesta del sol (NASB). El texto hebreo usa el mismo texto que hemos visto anteriormente en el versículo 13, cuando el sol se pone. Es una referencia a la llegada del sol a la Tierra (puesta del sol).


Moisés tendrá más que decir más tarde acerca de lo que Dios nos paga por nuestro trabajo. Pero por ahora el principio establecido en el versículo 15 nos muestra que el pago definitivo, o recompensa, por nuestro trabajo se nos dará cuando el Sol de Justicia llegue a la Tierra. Esto, por supuesto, es además de la provisión diaria que Él nos da antes de ese último día.

http://www.gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/deuteronomy-the-second-law-speech-7/chapter-5-law-of-pledges/

1 comentario:

  1. buenisimo, justamente de lo que hablabamos hoy en la mañana !!! Byron M.

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