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DEUTERONOMIO-DISCURSO 6-Leyes Domésticas - Cap. 15: NACIMIENTO ILEGÍTIMO, Dr. S. E. Jones



Moisés dijo en Deuteronomio 23:2,

2 Ninguno de nacimiento ilegítimo entrará en la asamblea de Yahweh; ninguno de sus descendientes, aun hasta la décima generación, entrará en la asamblea de Yahweh. 3 Amonitas y moabitas no entrarán en la asamblea de Yahweh ninguno de sus descendientes, aun hasta la décima generación, entrará jamás la asamblea de Yahweh, 4 por cuanto no os salieron a recibir con pan y agua al camino, cuando salisteis de Egipto, y porque alquilaron contra ti a Balaam hijo de Beor, de Petor en Mesopotamia, para maldecirte.

Para entender esta prohibición, hay que entender cómo las naciones de Amón y de Moab, tuvieron su inicio. En Génesis 19, cuando Dios destruyó a Sodoma y Gomorra, salvó a Lot y a su familia. A medida que la familia huía a las montañas, la mujer de Lot miró hacia atrás y se convirtió en una estatua de sal (Génesis 19:26). Lot y sus hijas se refugiaron en una cueva, pero la escena desastrosa fue tan abrumadora, que pensaron que todo el mundo estaba siendo destruido, y que eran los únicos supervivientes.

Las hijas de Lot pensaron que su padre era el último hombre en la Tierra, por lo que idearon un plan para repoblar la Tierra a través de su padre (Génesis 19:32). Ellas lo emborracharon, cada una en su turno en noches sucesivas, y quedaron embarazadas por incesto. La hija mayor llamó a su hijo Moab (“del padre”), y el hijo de la más joven se llamó Ben-ammi (“hijo de mi padre”). Ben-ammi se convirtió en el padre de los amonitas.

Esta forma de incesto fue prohibida en Lev. 18:7

7 La desnudez de tu padre, o la desnudez de tu madre, no descubrirás; tu madre es, no descubrirás su desnudez.

Si Lot mismo hubiera sido responsable de la violación de sus hijas, habría quebrantado la Ley de Lev. 18:17.

Dios tomó el pecado de incesto muy en serio, no sólo en el caso de los moabitas y amonitas, sino también en lo que respecta a los cananeos. Dios dijo en Lev. 18:24,25,

24 no os contaminéis por cualquiera de estas cosas [es decir, estas formas de incesto]; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros, 25 y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó a sus moradores.

Dios dijo que estaba expulsando a los cananeos, de la tierra de Canaán por causa de estas prácticas incestuosas. Además, Dios dijo que cualquier “israelita o extranjero que reside entre vosotros (vs. 26) que hiciere tales cosas será cortado de entre su pueblo (vs. 29). Si, entonces, el juicio de Dios por el incesto era tan grave cuando un israelita violaba la ley, debemos esperar no menos de las naciones extrañas que hicieran lo mismo. Se aplicó la Ley por igual a todos los hombres.


Interpretando esta ley racialmente

Algunos han interpretado esta ley racialmente, como si Moab y Amón fueron prohibidos debido a su herencia racial. Sin embargo, Moab y Amón no eran racialmente distintos de Israel. Ellos eran descendientes de Lot, que era sobrino de Abraham. El único problema con su genealogía era espiritual, porque el incesto había dado lugar a una maldición generacional que se transmitía de forma continua hasta que se quitara de cada individuo mediante la oración.

Si la ley hubiera prohibido a Moab y Amón a causa de su raza, entonces, Rut la moabita nunca podría haberse unido a la tribu de Judá, sin cambiar su raza o alterar su composición genética. Pero todavía nos encontramos con Rut no sólo uniéndose a la tribu de Judá, sino también convirtiéndose en un antepasado del rey David (Rut 4:22) y en última instancia de Jesucristo.

La razón bíblica para la prohibición legal sobre la moabitas, dada en Deut. 23:4, no se basa en su genealogía como tal, sino en el hecho de que se negaron a ser hospitalarios con Israel cuando estaban en su camino hacia la Tierra Prometida. Dios realmente mostró respeto a los de Moab, a causa de su descendencia de Lot, porque leemos las instrucciones de Dios acerca de Moab en Deut. 2:9,

9 Entonces Yahweh me dijo: “No molestes a Moab, ni los provoques a la guerra, porque no te daré nada de su tierra como posesión, porque yo he dado Ar a los hijos de Lot por posesión”.

Dios mostró el mismo respeto hacia Amón (Deut. 2:19), no permitiendo que los hijos de Israel los desplazaran de su herencia en la tierra.


El pecado de Moab y de Madián

Cuando Israel se acercó al territorio de Moab en su camino hacia la tierra de Canaán, los moabitas no confiaban en los israelitas y tenían gran temor de ellos mientras se acercaban (Num. 22:3). En lugar de hacer la guerra con Israel, sin embargo, enviaron a buscar a Balaam, hijo de Beor de Petor para venir y maldecir a Israel.

El Señor le dijo que no maldijera a Israel (Núm. 22:12), y así le dio a los moabitas un plan alternativo. El plan era atraer a los israelitas con hermosas mujeres moabitas, de modo que sus hormonas pudieran superar su deseo de obedecer la Ley de Dios. Num. 25:1-3 dice:

1 Mientras Israel estaba en Sitim, el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab. 2 Porque invitaron al pueblo a los sacrificios de sus dioses, y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. 3 Así Israel se unió con Baal-peor, y Yahweh se enojó con Israel.

Moab y Madián conspiraron contra Israel, pero parece que el juicio de Dios cayó principalmente sobre los madianitas. Israel hizo la guerra contra Madián poco después, momento en el que Balaam fue muerto por su papel en el intento de corromper a Israel (Num. 31:8).

También hay que señalar que en esta guerra, Israel tomó 32.000 vírgenes madianitas cautivas (Núm. 31:35). Estas fueron purificadas por el acto de entrega de siete días (Núm. 31:19) para eliminar cualesquiera maldiciones generacionales, por lo que fueron capaces de casarse dentro de la comunidad de Israel, sin pasar las maldiciones generacionales de su pasado idólatra.

Si los madianitas fueron tratados con más dureza que los de Moab, y las vírgenes madianitas pudieron calificar como esposas para Israel, ¿por qué los moabitas y amonitas serían descalificados a causa de la genealogía? ¿Qué pasaría si una mujer moabita quería ser israelita? ¿Su Genealogía la descalificaría? ¿No calificaría ella al ser sometida a la misma ceremonia de purificación que las mujeres madianitas en Num. 31:19?

¿Qué se purificaba exactamente en esa ceremonia? ¿No eran de las maldiciones generacionales que la gente había heredado de generaciones anteriores? En mi opinión, estas ceremonias eran ritos de paso a la ciudadanía, y se corresponden con el bautismo en la actualidad. En otras palabras, no se trataba de la genealogía, sino de la impureza espiritual transmitida a través de las generaciones. Cuando esto era limpiado, se eliminaba el impedimento para la ciudadanía del Reino.


Uniendo a Cristo con los ídolos

El problema real con los de Moab fue que trataron de unirse con los hijos de Israel por fornicación, de una manera ilegal. Siguieron el consejo de Balaam de prevaricar contra Yahweh (Núm. 31:16). Ya era un problema solamente la unión en sí, porque requería que los israelitas hicieran pacto con los idólatras. La raza o la genealogía no era el problema. Un problema similar se encontró más tarde en la iglesia de Pérgamo del Nuevo Testamento en Rev. 2:14,

14 Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer actos de inmoralidad (fornicación).

Pérgamo es la forma latina del nombre griego, Pérgamos, “casada con el poder”. La palabra gamos significa “unión”.

La iglesia de Pérgamo corresponde a la condición de la Iglesia desde el 313 al 529 dC, como he explicado en mi libro, Las Siete Iglesias (en castellano: http://josemariaarmesto.blogspot.com.es/2014/09/libro-apocalipsis-2-3-las-siete.html). Era un momento en que la Iglesia se volvió casada con el poder, y algunos de los líderes de la Iglesia estaban siguiendo la enseñanza (o consejo) de Balaam al casar el paganismo con el cristianismo en el interés de la unificación.

La única manera legal para que los paganos se unan a la iglesia es que se arrepientan y renuncien a sus viejas maneras y para mostrar su fe en Cristo, asumiendo el camino de la vida del Reino: que los que tienen fe en Cristo fueran bautizados, para que pudieran convertirse en ciudadanos legales del Reino. Pero la Iglesia se encontró con los mismos problemas que plagaron a “la iglesia en el desierto” (Hechos 7:38) en los días de Moisés. Dado que los problemas eran los mismos, podemos ver en el Nuevo Testamento cómo interpretar la prohibición de Moab, en el Antiguo Testamento.

No era una prohibición total, pues no habían una forma legítima para que un moabita se uniera con Israel, simplemente no era un “matrimonio” adecuado, por así decirlo. La prohibición estaba en contra de la fornicación, u otras formas ilegales de ser unidos con Israel. Por eso, Rut no recibe ninguna condenación en la Escritura, a pesar de que en todas partes se la llama moabita.


Para la Generación X

Deut. 23:2 dice que esta prohibición de los amonitas y moabitas debía de estar en vigor hasta la décima generación”. ¿Qué quiere decir esto? Los comentarios nos dicen que se refiere a “un número indefinido”. El Comentario de la Biblia Entera, por Jamieson, Fausset, y Brown, dice de este versículo,

... aun hasta la décima generación no entrarán. Muchos eminentes escritores piensan que esta ley de exclusión era aplicable solamente a los varones; en todo caso, tal definición se utiliza para un número indefinido (Nehemías 13:1; Ruth 4:10; 2 Reyes 10:2)”.

Esto es confirmado por el Comentario Wycliff de la Biblia, editado por Charles F. Pfeiffer, que escribe,

-incluso en la décima generación, es decir, de forma indefinida”.

¿Por qué los comentaristas interpretan “diez generaciones” como un periodo de tiempo indefinido? La clave se encuentra en Neh. 13:1-3, donde la propia Escritura define el término en su propia paráfrasis de esta ley:

1 En el día se leyó en voz alta el libro de Moisés a oídos de las personas; y no fue hallado escrito en él que los amonitas y moabitas deben nunca [olam] entrar en la asamblea de Dios, 2 porque no salieron a recibir a los hijos de Israel con pan y agua, antes alquilaron a Balaam contra ellos para maldecirlos. Sin embargo, nuestro Dios volvió la maldición en bendición. 3 Y sucedió que, cuando se enteraron de la ley, que excluyeron de Israel a todos los procedentes de extranjeros.

Por lo tanto, Nehemías parafraseó “diez generaciones” como olam, que es un período indefinido de tiempo. La palabra hebrea olam viene de la raíz alam, que significa “oculto, encubierto, indefinido”.

Así las diez generaciones en cuestión no nos dan un número exacto de años, debido a que cada generación es en sí un período indefinido de tiempo. Está claro, sin embargo, ese período de diez generaciones de Moisés era el equivalente al olam de Nehemías- es decir, una edad o un periodo de tiempo indefinido. Ciertamente, no era un período de tiempo sin fin. Por esta razón, podemos ver las diez generaciones, en cierta manera, literalmente, porque esto es sin duda un período limitado de tiempo, incluso si no se sabe con precisión cuántos años son.

Los comentaristas sabían esto, por lo que atribuyeron a la prohibición de un periodo “indefinido” de tiempo. Tal vez esperaban que el lector medio no entendería las implicaciones de este reconocimiento, dándose cuenta de que toda la creencia con respecto al castigo “eterno” gira en torno a una palabra que sólo es indefinida, no es infinita. Y así, a pesar de su conocimiento de que olam es indefinida y no infinita, la mayoría de ellos siguieron traduciendo la palabra como “eterno” o “siempre”.

Algunos traductores, sin embargo, fueron más honestos. La Traducción Literal de la Biblia de Young traduce la frase de Neh. 13:1, “amonitas y moabitas no han de entrar en la asamblea de Dios, durante la edad”. La Biblia Enfatizado de Rotherham lo traduce, “el amonita y el moabita no deben entrar en la convocatoria de Dios en el tiempo de la edad”.


Judá y Tamar

En cualquier caso, se nos da un ejemplo bíblico de esto en la historia de Judá y Tamar en Génesis 38. Tamar era nuera de Judá, pero Judá dio a luz gemelos a través de ella, Fares y Zara. Los gemelos nacieron de una unión ilegítima que se define en la Biblia como incesto (Lev. 18:15). Por lo tanto, cayeron bajo la prohibición de Deut. 23:2, porque eran de nacimiento ilegítimo.

Por esta razón, se necesitó un total de diez generaciones para que la profecía de Judá se cumpliese, según la cual él había heredado el cetro y fue llamado para producir los reyes de Israel (1 Crón. 5:2). David fue la décima generación de Fares. Esto explica la larga duración del tiempo que le tomó a Dios para dar Israel un rey de la tribu de Judá. También explica por qué, cuando el pueblo exigió un rey en la novena generación, Dios les dio a Saúl, que era de la tribu de Benjamín, porque ningún judaíta todavía calificaba para ello según la ley de Deut. 23:2.

Esto también nos da otro ejemplo que nos muestra cómo la ley es profética y no simplemente una norma moral. Nos da las reglas y parámetros de la historia profética, ya que establece la mente de Dios para el Plan Divino de las naciones, y para su Reino en particular.


No buscar su prosperidad

Al hablar de los amonitas y moabitas, Moisés concluye en Deut. 23: 6 (NASB),

6 Nunca procurarás la paz ni su bien en todos los días.

Esto debe ser tomado en el contexto de lo que Moisés ya ha dicho en el versículo 2, que no podían “entrar en la asamblea de Yahweh ... hasta la décima generación”. Esto no es un período de tiempo infinito, sino más bien un periodo de tiempo indefinido.

Esto deja la puerta abierta para que Dios los acepte después que una duración de tiempo indefinido (“edad”) haya pasado. Moisés estaba hablando de esas personas como naciones, y no como individuos. Si tal individuo había decidido salir de su país y de su gente, y juntarse en el pacto con Israel, él habría sido aceptado por Dios. Al dejar la propia nación, y al someterse a las ceremonias de purificación practicadas en ese tiempo, y especialmente mediante la expresión de la fe en el Dios de Israel, un hombre así ya no sería un amonita ni moabita, ni tampoco llevarían por más tiempo la maldición nacional traída sobre ellos por el incesto de Lot con sus hijas.


Transferencia de Ciudadanía

De la misma manera, nosotros también somos capaces de transferir nuestra ciudadanía de nuestras propias naciones terrenales al Reino de Cristo. Pablo dice así en Colosenses 1:13 y 14,

13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y nos trasladó [methistemi] al reino de su amado Hijo, 14 en quien tenemos redención, el perdón de los pecados.

El término griego methistemi significa “transponer, transferencia, retirar de un lugar a otro”. Pablo dice otra vez en Filipenses 3:20,

20 Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.

Pablo, aunque nacido de la tribu de Benjamín, era ciudadano de “Cielo”. Es decir, que se consideraba a sí mismo como un ciudadano del Reino de Dios. En su vida anterior, su origen étnico le había hecho un ciudadano de Judea, siempre y cuando él siguiera sus leyes y no fuera expulsado de la nación (como la Ley permitía). Pero no fue el Reino de Judea, ni su origen étnico lo que les daba algún derecho exclusivo a ser ciudadanos de ese Reino celestial. Simplemente tenían una ventaja, ya que estaban en posesión de las Escrituras que les podría enseñar a la voluntad de Dios y cómo llegar a ser un ciudadano del Cielo.

Cualquier extranjero tiene derecho a renunciar a su ciudadanía y transferir su nacionalidad a la nación de Israel. Era una cuestión de ciudadanía legal, no de raza. Esta transferencia de la ciudadanía no cambiaba el origen étnico de ninguna persona, pero les daba plena igualdad jurídica con los israelitas étnicos. Todos los que tenían fe genuina en el Dios de Israel eran más que la suma de su origen étnico, porque eran ciudadanos iguales del Reino. El Reino de Dios es un tipo de nacionalidad que está por encima del Reino de Israel.


Cómo los ex-israelitas podían volver a ser israelitas

Israel mismo fue llamado a ser el Reino de Dios, y la presunción era que todos los israelitas formaron el primer grupo étnico en disfrutar de la ciudadanía legal en el Reino de Dios. Por supuesto, la historia demuestra que sólo unos pocos israelitas en realidad eran ciudadanos del Reino, porque la mayoría de ellos siguieron a otros dioses y no tenían fe en el Dios que los había rescatado de casa de servidumbre. Su conexión étnica a Abraham y a la nación de Israel no les convertía automáticamente en ciudadanos del Reino de Dios.

Y así Israel fue expulsado de la Tierra y Dios se divorció de ellos (Jer. 3:8). ¿Por qué? Israel había demostrado ser algo menos que el Reino de Dios. Además, si hubo verdaderos creyentes entre aquellos israelitas que fueron llevados cautivos a Asiria, estos nunca perdieron su ciudadanía en el Reino de los cielos; simplemente dejaron de ser ciudadanos de Israel, porque ya no había una nación de Israel, ni eran más la nación casada con Dios.

Con los años, sin embargo, algunos de esos ex-étnicos israelitas pueden haber encontrado la fe en el verdadero Dios, en cuyo caso recuperaron la ciudadanía en el Reino de los Cielos. Con el tiempo se hizo evidente que Dios estaba recogiendo Su pueblo bajo el Nuevo Pacto. Con ellos se reunieron muchas otras personas de diferentes grupos étnicos, como profetizó Isaías en 56:8,

8 Yahweh el Señor, el que reúne a los dispersos de Israel, dice: “Aún juntaré a otros con ellos, a los ya reunidos”.

Esto, dice el profeta, es como Dios hace de Su casa una casa de oración para todos los pueblos. Esta era una profecía sobre la base de la oración de Salomón en la dedicación de su templo, en la que pidió que las oraciones de los extranjeros, así como de Israel, serían aceptables a Dios (1 Reyes 8:41-43). Por lo tanto Isaías une el templo a los extranjeros que deseaban unirse a sí mismos a la alianza de Israel (Isaías 56:3-8).

En otras palabras, el origen étnico es un fenómeno terrenal, pero la intención de Dios es reunir a todos los hombres en el Reino de Dios. Los hijos étnicos de Abraham e Israel fueron el primer grupo importante al que se ofreció la ciudadanía en este Reino, después de haber sido liberados de Egipto. Pero debían ser una luz y un ejemplo para las demás naciones, mostrándolas el camino hacia la ciudadanía en el mismo Reino.

Israel fracasó en este sentido, pues, como se vio después, las otras naciones mostró a Israel el camino hacia la ciudadanía en los reinos de Baal y de Moloc. Fue una evangelización inversa, que Dios juzgó. Con el tiempo, Jesús vino a mostrarnos el camino de nuevo. Al igual que Israel, la Iglesia también se supone que es el Reino de Dios. A los que siguieron al Rey (Jesús) les concedió la ciudadanía, independientemente de su origen étnico. A pesar de que disfrutó de un éxito mayor que Israel en las generaciones anteriores, también se corrompió. Por lo tanto, no todo el que tiene la etiqueta de cristiano es en realidad un ciudadano del Reino de los Cielos.

Las denominaciones de iglesias a menudo han expulsado a los ciudadanos genuinos del Reino de en medio de ellos o los han perseguido por varias razones, pero sólo Dios puede revocar la ciudadanía de alguien del Reino Celestial.


El caso de Moab y Amón

Cuando damos un paso atrás y miramos el cuadro más grande, vemos cómo la Ley de Moisés estrictamente excluía a amonitas y moabitas indefinidamente. Deut. 23:6 insta además que de forma indefinida los israelitas no fueran a buscar su paz ni su prosperidad. En otras palabras, el tiempo que amonitas y moabitas permanecieran no teniendo el deseo de unión con el pacto de Dios y no teniendo fe en el Dios de Israel, debían mantener la separación clara.

¿Por qué? ¿Fue debido a su origen étnico? No, en absoluto, aparte del hecho de que su origen étnico llevaba una maldición espiritual, ya que su comienzo fue incestuoso. La separación se debió a su culto a dioses falsos, porque si hubieran adorado al verdadero Dios, nunca habrían sido separados por la Ley de Israel.

La historia nos dice que los hijos de Israel, efectivamente, comenzaron a adorar a los dioses de Amón y de Moab. Leemos en 1 Reyes 11:33,

33 Por cuanto me han dejado, y han adorado a Astoret, diosa de los sidonios, a Quemos dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón …

A Israel le fue prohibido buscar su paz, es decir, hacer tratados de paz con ellos, o buscar que prosperasen ayudándoles financieramente, siempre y cuando adoraban a dioses falsos. Pero esto no quiere decir que los israelitas tenían que abstenerse de mostrar bondad o compasión hacia ellos. De hecho, Israel se suponía que debía ser una luz para todas las naciones que adoraban a dioses falsos. El propósito primordial de Dios en todas las cosas ha sido restaurar a toda la humanidad a Sí mismo. El Plan Divino ha sido poner todas las cosas bajo los pies de Cristo (1 Cor. 15:27).

Por lo tanto, cuando Rut la moabita deseó unirse a sí misma al pacto con Israel, a través de la influencia y el ejemplo de su suegra Noemí, no hubo ningún indicio en la Escritura de que debía ser excluida y enviada a su país. Al unirse a sí misma al pacto con Israel, sin duda se habrá sometido a los ritos de purificación, que fueron diseñados para limpiarla de la maldición nacional que la había transmitido su origen étnico de las hijas de Lot.


Evangelismo del Nuevo Pacto

Esta es, de hecho, la base jurídica de la evangelización cristiana de hoy. Cuando estudiamos la Ley con respecto a Moab y Amón, hay que mirarla con los ojos del Nuevo Pacto y aplicarla según la mente de Cristo. Él es, después de todo, el autor de la Ley Divina. El problema es que los hombres en su día entendieron mal la Ley, como exclusiva de Israel, y por lo que no tuvieron compasión por los de otras etnias.

Esto era aún un obstáculo para la evangelización apostólica, hasta que Dios les reveló que era necesario cambiar sus puntos de vista. En ese momento, ya no estaban preocupados con moabitas y amonitas, sino que estaban aplicando estas leyes a los samaritanos, fenicios, griegos y romanos, de acuerdo con su comprensión. Felipe fue a Samaria, y los samaritanos recibieron el Espíritu Santo (Hechos 8:15). Pedro fue a una guarnición romana en Cesarea y se sorprendió cuando el Espíritu Santo vino sobre ellos (Hechos 10:45). Pablo fue después a los griegos con los mismos resultados.

Aun así, muchos entre los cristianos de Judea siguieron insistiendo en que los de otras etnias fueran circuncidados, esencialmente, ordenándoles ser judíos. Ellos no entendían que el Reino de Dios estaba por encima de la etnia o la ciudadanía nacional, pues se basa en la fe en Jesucristo, no la fe en Jerusalén, su templo, y su sistema sacerdotal de sacrificios. Tampoco entendían que el Reino de Dios no consiste en dos clases de personas según el origen étnico.

El Apóstol Pablo creía en la igualdad en Cristo de todos los ciudadanos, argumentando que no había más que sólo “un nuevo hombre” en Cristo (Ef. 2:15), y esto provocó cierta tensión y conflicto entre él y los judíos cristianos. Los judíos no cristianos, incluso lo odiaron por trastornar su orden establecido, que mantenía a los prosélitos como ciudadanos de segunda clase.

Es por esto que es importante entender Deuteronomio 23 con la mente de Cristo, en lugar de interpretar la Ley de las maneras judías tradicionales.

http://www.gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/deuteronomy-the-second-law-speech-6/chapter-15-illegitimate-birth/


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