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DEUTERONOMIO-DISCURSO 6-Leyes Domésticas - Cap: 14: EUNUCOS E HIJOS ESPIRITUALES, Dr. S. E. Jones



Moisés escribe en Deuteronomio 23:1,

1 Todo aquel que es castrado, o su órgano masculino amputado, no entrará en la asamblea de Yahweh [Kahal].

Bajo el Antiguo Pacto, tal incapacidad física impedía a los hombres ser parte de la Asamblea. La asamblea o congregación, es la Kahal, esta es la palabra hebrea que se traduce en el Nuevo Testamento por la palabra griega ekklesia “asamblea, congregación o iglesia”.

Si tomásemos esta ley, literalmente, o si Dios estuviera realmente tan preocupado por el debilitamiento sexual, entonces podríamos insistir en que tales hombres no pueden unirse a la Iglesia. De hecho, si los hombres creen que la adhesión a la Iglesia es necesaria para la salvación, pueden negar la salvación a todos los eunucos. Entonces, ¿cuál es la verdad acerca de esto?


Sentencia del Tribunal Supremo Celestial en Isaías

En primer lugar, podemos conjeturar cómo los sacerdotes interpretaron esta ley en los días de Isaías, el profeta escribe una palabra de Dios bastante asombrosa para aclarar esta ley. Isaías 56:3-6,

3 No hable el extranjero que se ha allegado a Yahweh diciendo: “Yahweh ciertamente que me apartará de su pueblo”. Ni diga el eunuco: “He aquí, yo soy un árbol seco”. 4 Porque así dice Yahweh, “a los eunucos que guardan mis días de reposo, y escojan lo que yo quiero, y se unan a mi pacto, 5 les daré en mi casa y en mis muros un lugar, y un nombre mejor que el de hijos e hijas; y les daré un nombre eterno que no será cortado”.

Esto debe ser considerado como un fallo del Tribunal Supremo Celestial para aclarar la ley de Moisés. Los eunucos no podían reproducirse, y por lo que se dijo de ellos que su nombre fue cortado; es decir, no tendrían hijos para continuar con su familia o para heredar sus bienes. Pero Isaías les honra con un nombre eterno que no será cortado. Esto parece una contradicción, pero hay que tener en cuenta que el trabajo del profeta era interpretar y aplicar la Ley Divina según la mente de Cristo.

Está claro, entonces, que la Ley de Moisés estaba siendo mal interpretada en el tiempo de Isaías. No se podía aplicarla literalmente, dice Isaías. Entonces, ¿cómo debemos interpretarla? La clave está en la declaración de Isaías en sí. La recompensa dada a un eunuco es un nombre mejor que el de hijos e hijas. ¿Qué puede ser mejor ?

El requisito para ser miembro de la “iglesia” en el Antiguo Testamento era físico o carnal. La mayoría de las personas tenían muy poca fe genuina en toda la historia de Israel, y sin embargo, disfrutaron de membresía de la iglesia, siempre y cuando calificaran físicamente y mantuvieran sus rituales. Nadie era cortado de entre su pueblo a menos que violara ciertas leyes de una manera tangible. Desde ese punto de vista, la fe no era un requisito para ser miembro de la iglesia. Sólo se requerían obras.

Por supuesto, esto nunca fue la intención de Dios. Dios siempre ha requerido la fe para ser miembro de la “verdadera iglesia”, cuya lista de miembros es Libro de la Vida del Cordero en el Cielo y no en la Tierra. Y así, un hombre castrado podría ser excluido de la membresía de la iglesia en la Tierra, pero de ninguna manera afecta esto a su situación en el Libro de la Vida del Cordero. Bajo el Antiguo Pacto, un israelita castrado podría no tener hijos físicos, pero aún podría estar entre los hijos de Dios, como Jesús dijo en Juan 1:12,13,

12 Pero a todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre, 13 que no son engendrados de sangre (línea), ni de voluntad de carne, ni de la voluntad de varón, sino de Dios.

Está claro, entonces, que la propia capacidad de reproducir hijos no es más que un tipo y sombra de la verdadera preocupación de que los hijos de Dios han de reproducirse a la imagen de Cristo. Un eunuco podría no tener hijos, pero tener la fe para dar a luz a “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27). Isaías probablemente entendió esto, pero se vuelve muy claro bajo la unción fresca de Pentecostés en el Nuevo Testamento.


El eunuco etíope

Uno de los primero entre los ethnos en ser convertido a Cristo fue el eunuco etíope (Hechos 8:27). Isaías había profetizado de él en Isaías 52:15, el mismo pasaje que el eunuco estaba leyendo cuando Felipe fue transportado de manera sobrenatural para explicarle la Palabra a él. Hechos 8:32,33 dice que el eunuco estaba leyendo un pasaje de Isaías 53 sobre el Siervo sufriente. Felipe le dijo que se trataba de una profecía acerca de Jesucristo, que había sido el Cordero conducido a la masacre.

Esa sección se inició en Isaías 52:13. Nuestras Biblias no dividen el capítulo en el lugar correcto. La sección debe comenzar:

13 He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto. 14 Así como se asombraron de ti muchos (de tal manera fue desfigurado su aspecto que no parecía hombre, y su figura no era como la de los hijos de los hombres), 15 así sorprenderá él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y comprenderán lo que jamás habían oído.

Los versículos 13 y 14 predicen el golpeo que Jesús recibió justo antes de su crucifixión. Sin embargo, el versículo 15 dice también que, como resultado, Él sorprenderá a muchas naciones. Esto comenzó con el Avivamiento Samaritano en Hechos 8, y también con el eunuco etíope. Cuando el eunuco fue bautizado de acuerdo con la Ley de Bautismos (Hebreos 6:2; 9:10-14), cumplió Isaías 52:15, lo que demuestra que Felipe le roció de acuerdo con la Ley en Lev.14:7.

Del mismo modo, tomen nota de que el eunuco necesitaba iluminación y comprensión. Cuando Felipe le explicó las Escrituras al eunuco, cumplió el versículo 15, que puede ser parafraseado leyéndose, “lo que los maestros no les habían explicado, verán; y las explicaciones que no habían oído antes, entenderán”.

¿Qué fue exactamente lo que verían y entenderían? La respuesta se encuentra anteriormente en el verso 13, He aquí, mi siervo será prosperado. El eunuco quería saber quién era el siervo. Nadie había sido capaz de decirle la respuesta. Felipe le dijo que era Jesús, y él le explicó los recientes acontecimientos de Su crucifixión, resurrección y ascensión.

La palabra hebrea para “siervo” que se utiliza aquí es ebed. Tiene un valor numérico de 76, y la palabra se usa 800 veces en la Escritura. El número 76 es el número bíblico de limpieza, y por lo tanto está conectado a la idea del bautismo como un ritual de limpieza. Los siervos de Dios son limpiados.

En el Nuevo Testamento la palabra griega kurios (“Señor”) tiene un valor numérico de 800. Por lo tanto, oculto en las matemáticas del texto en sí mismo está la clave para saber la identidad de ese Siervo sufriente. Es el mismo Señor, que vino a la Tierra y nació en Belén. Por lo tanto, un siervo de Dios se limpia y se conoce a Jesucristo como el gran siervo.

Por otra parte, Su nacimiento en el año 2 aC llegó 76 x 7 años después del Edicto de Ciro en el 534 antes de Cristo, lo que permitió a los judíos a regresar a su Tierra y reconstruir Jerusalén. Desde un punto de vista profético, se tardaron 532 años (76 x 7) para limpiar y preparar el camino para el nacimiento de Cristo después que el gobierno de Judá había sido levantado de entre los muertos. Escribí sobre esto al final del capítulo 8 en mi libro,Secretos del Tiempo (en castellano: http://josemariaarmesto.blogspot.com.es/2015/10/libro-secretos-del-tiempo-traduccion.html).

El eunuco etíope se destaca como uno entre las etnias que empezado a cumplir estas profecías de Isaías 52:15. Sin embargo, también se convirtió en el beneficiario de las profecías de Isaías 56:3-5, porque su fe le llevó al lugar donde podría convertirse en uno de los hijos de Dios, pues por la fe recibió un nombre que es mejor que el de los hijos e hijas físicos.

Es de interés señalar que había sido un convertido al judaísmo hasta ese momento, a pesar de que era un eunuco, por lo que incluso los líderes religiosos del templo sabían que no debía a ser excluido de “la iglesia”. Tal vez creían que Deut. 23:1 aplicaba sólo a sacerdotes o al sumo sacerdote (Lev 21:20).


Aplicación del Nuevo Pacto

Como creyentes del Nuevo Pacto en Cristo, ¿cómo consideraremos esta ley?

Vemos estos requisitos físicos como tipos proféticos que revelan requisitos espirituales. En este caso la exigencia física habla de la idea de la filiación. Está ligada a la ley en Deut. 25:5-10, que vamos a cubrir en detalle más adelante. En esa ley, si un hombre muere sin hijos, su hermano mayor superviviente era llamado a levantarle un hijo (el primogénito de la viuda) en el nombre de su hermano muerto. Todos esos hijos eran sus hijos biológicos, pero legalmente el primogénito pertenecería a su hermano muerto. Esta ley constituye el telón de fondo para el libro de Rut.

Tal era la práctica durante el Antiguo Pacto. Pero esa ley profetizaba de algo más grande. Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos (He. 2:11), y murió sin hijos. Somos Sus hermanos, llamados a dar descendencia a nuestro Hermano mayor, para que no pierda Su herencia en la Tierra. La “semilla” que estamos levantando es santa para el Señor, santificada, apartada para Él, porque ellos son los hijos de Dios. Aunque somos los padres biológicos del Cristo cada uno de nosotros, el “hijo de Dios” pertenece legalmente a Jesucristo, nuestro hermano mayor.

Cuando el Espíritu Santo descienda sobre nosotros (al igual que con María en Mat. 1:18), nos hacemos la madre, así como Dios es el Padre de Cristo en vosotros la esperanza de gloria (Col. 1:27). Pablo habla de esto como un embarazo en Gal. 4:19, anticipándose a la manifestación plena (nacimiento) de los hijos de Dios.

Este es el mensaje básico de la filiación como se revela con mayor detalle en el Nuevo Testamento. La Ley de Moisés, junto con los profetas, como Isaías, prefiguran esta verdad de la filiación, a pesar de que sus escritos es necesario aclararlos a través de la inspiración dada en Pentecostés. Después de haber recibido el Espíritu Santo, nuestros ojos están abiertos a las Leyes de la Filiación, entre las que está Deut. 23:1.

Ahora podemos ver que la intención de Dios era demostrar que si un hombre no reproduce Cristo, no puede ser parte de la verdadera Iglesia. La verdadera Iglesia, o asamblea, se define en Heb. 12:22 y 23,

22 Pero vosotros os habéis llegado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, 23 a la asamblea general e iglesia de los primogénitos que están inscritos en los cielos, y a Dios, el juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos perfectos.

Si estamos inscritos en los cielos, es porque el Espíritu de Dios ha engendrado a Cristo en nosotros, y esa semilla santa está creciendo y madurando hasta el nacimiento completo se lleva a cabo a través de la Fiesta de los Tabernáculos. Somos engendrados a través de la Pascua, que madurados o gestados a través de Pentecostés, y dados a luz a través de los Tabernáculos.

La Ley básica en Deut. 23:1 es una revelación fundamental de la verdad del Nuevo Testamento.

http://www.gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/deuteronomy-the-second-law-speech-6/chapter-14-eunuchs-and-spiritual-sons/


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