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APOC. 20 – P-10: LOS LIBROS QUE FUERON ABIERTOS (Libros de la Ley, Libro de La Vida y Libro de Memorias) (Apoc. Nuevo Estudio), Dr. Stephen E. Jones

30 de agosto de 2016


Cuando Dios llama a todos los muertos en la Última Resurrección, Apocalipsis 20:12 dice que "los libros fueron abiertos" para juzgar a la humanidad. El mismo versículo dice más adelante, "fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras". Algunos han especulado que estos "libros" eran los registros de todas sus obras durante su vida en la Tierra. No se nos dice, pero los tribunales juzgan a los hombres por la norma de la ley de la Tierra. Por lo tanto, es más probable que estos "libros" sean los libros de la Ley Divina. A pesar de ello, sin duda son registros sobre los hombres que se presentan en la Corte Divina. Mientras no ignoremos uno o lo otro, no podemos ir por mal camino en la interpretación de la naturaleza de los "libros".


El Libro de la Vida
También hay otro libro en esta Sala Divina. Apocalipsis 20:12 dice, "y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida". De este libro, en el versículo, 15 sólo se nos dice,

15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

El Libro de la Vida, entonces, contiene los nombres de los que no serán juzgados en el "lago de fuego", que, como se verá más adelante, es la esclavitud a largo plazo de acuerdo a la justicia bíblica. La sola presencia del Libro de la Vida demuestra que algunos de los convocados en esta Segunda Resurrección de hecho se hallaban inscritos en este libro y escaparán al Lago de Fuego. En otras palabras, muchos creyentes estarán en este juicio, como Jesús reivindica en Juan 5:28,29.

Este Libro de la Vida fue mencionado en Éxodo 32: 31-33 cuando Moisés intercedió por Israel después de haber adorado al becerro de oro.

31 Entonces Moisés se volvió a Yahweh, y dijo: "Por desgracia, este pueblo ha cometido un gran pecado, y han hecho un dios de oro por sí mismos. 32 Pero ahora, si quieres, perdona su pecado, ¡y si no, por favor ráeme de tu libro que has escrito!" 33 Y el Señor dijo a Moisés: "al que haya pecado contra mí, a ese raeré de mi libro".

Sin duda, este es el mismo libro que Juan llama "el libro de la vida". Es un libro de nombres, no de hechos, y los nombres son compilados por el mismo Dios. Dios incluso lo llama "Mi libro". Los nombres se registran y se transfieren de acuerdo a Su voluntad. Pero se negó a borrar el nombre de Moisés del libro, porque él es un Dios justo y tiene a cada persona responsable por sus propias acciones.

Lo que muchos no se dan cuenta es que Israel era "la iglesia en el desierto" (Hechos 7:38 KJV), y que a pesar de que todos ellos habían sido justificados por la fe en la sangre del cordero de Pascua, sin embargo, (presumiblemente por la alusión de Moisés a ser él borrado) fueron borrados del Libro de Dios cuando adoraron al becerro de oro. Por extensión, los creyentes del Nuevo Testamento también podrían ser borrados del libro de Dios, incluso después de que hayan sido justificados por la sangre del verdadero Cordero de Dios.

Por supuesto, la Escritura no dice en ninguna parte que esto sea una condición permanente. Si los nombres pueden ser borrados, también pueden ser escritos y reescritos en el libro. Sin duda, el arrepentimiento lleva mucho peso en esta materia. Tal vez el elemento más importante se encuentra en la declaración de Dios: "Al que haya pecado contra mí, lo borraré de mi libro". Esto implica que el pecado (como la idolatría) (¿pecados de muerte- 1 Juan 5:17?) potencialmente puede resultar en que el nombre de uno sea borrado del libro.


Nombres borrados del libro de la vida
El problema es que "todos pecaron" (Romanos 3:23), y que incluso los creyentes continúan estando "privados de la gloria de Dios". ¿Cuántos creyentes han echado abajo todo lo que les ha exaltado a sí mismos contra Dios? ¿Cuántos han llevado cautivo todo pensamiento (Corintios 10: 5)? ¿Están sus nombres escritos en el Libro de la Vida, sólo para ser borrados todos los días hasta que se arrepientan de cada pecado?

Muchos han estado enseñando esto a lo largo de los siglos, sobre todo en la iglesia romana. El resultado es que estos creyentes no pueden saber realmente si son salvos, debido a que su salvación pende constantemente de un hilo. Si mueren con algún pecado sin confesar en su vida, se exponen a los fuegos del infierno o el purgatorio.

Sin embargo, el mismo Juan nos dice en 1 Juan 5:13,

13 Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna [es decir, la vida aionian].

¿Cómo podría alguien realmente saber con certeza que ha alcanzado aionian vida? Así de contundente sería imposible, porque los creyentes nunca realmente saben si han confesado cada pecado. Sólo es posible confesar esos pecados que recordamos, o aquellas acciones y pensamientos que creemos que son pecado. Sin embargo, hasta que aprendamos la Ley, nuestra cultura es nuestra norma, y a menudo pecamos sin darnos cuenta.

La respuesta a toda esta incertidumbre se encuentra principalmente en Romanos 4, que es donde Pablo expone sobre la justicia imputada. A aquellos que tienen fe en Cristo, Dios atribuye o reconoce (logizomai) la justicia de Cristo. El resultado es que Dios llama a lo que no es como si fuera (Romanos 4:17 KJV). Así como Dios imputó muchas naciones a Abraham cuando no tenía hijos en absoluto, así también Dios imputa justicia a nosotros aunque no tengamos ninguna por nosotros mismos. En otras palabras, si nuestra fe en Cristo es verdadera, en lugar de en la Iglesia o en cualquier otro ídolo, Dios nos atribuye justicia por lo que podemos estar seguros de que tenemos aionian vida aquí y ahora. Esta justicia es continua, y Dios no necesita borrador de tinta o papel secante para actualizar nuestro registro en su Libro de la Vida.

Pero si nuestra fe está fuera de lugar, entonces se nos trata en consecuencia en la Corte Divina. Cuando los hombres obedecen a los hombres más que a Dios, o cuando la fe de los hombres descansa en su personal promesa a Dios, o cuando su fe depende de su cubertura de la iglesia o de su condición de miembro de la organización terrenal que ellos consideran que es "la iglesia", entonces son juzgados como si su fe estuviera en los hombres. Cada vez que pecan, sus nombres son borrados del Libro de la Vida, si es que alguna vez sus nombres fueron escritos en ese libro. (???)


La fe y las obras de un vencedor
Este problema de fe se encuentra en el corazón de lo que significa ser un vencedor que está calificado para reinar sobre otros con Cristo. Un vencedor, entre otras cosas, tiene fe en Jesucristo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Su fe es imputada por justicia. Su fe está basada en el Nuevo Pacto, no en el Antiguo. En otras palabras, su fe está en la promesa de Dios a los hombres, no en las promesas de los hombres a Dios, como dice Pablo acerca de Abraham en Romanos 4:21,22,

21 y estando plenamente convencido de que lo que había prometido, poderoso era también para cumplirlo. 22 Por lo tanto, también le fue contado [imputado] por justicia.

Así como la fe de Abraham le dio la seguridad de que Dios era capaz de cumplir Su promesa, así también nuestra fe en Cristo nos da la misma confianza, porque Romanos 4:23,24 dice:

23 Ahora no sólo por él fue escrito que le fue contada [imputada] a él, 24 sino también por nosotros, a quienes será contada [imputada], a los que creemos en el que levantó a Jesús nuestro Señor de los muertos.

Aquellos que realmente tienen fe en Jesucristo son guiados por el Espíritu, es decir, que son obedientes a Dios y Su Ley. (Todo lo que Dios manda, por escrito o verbalmente, es una Ley.) Pero la obediencia es un proceso pentecostal de aprendizaje. Nadie es perfectamente obediente hasta que la Ley está totalmente escrita en su corazón, momento en el que su obediencia es sustituida por un acuerdo (un amén) a través de la fiesta de los Tabernáculos. Sin embargo, incluso mientras se aprende la obediencia, nosotros gustamos la justicia imputada, por lo que no necesitamos cuestionar nuestra salvación siendo aún imperfectos. Nuestra fe no está en nosotros mismos, nuestras buenas intenciones, o en nuestra capacidad para mantener nuestros propios votos a Dios, sino en la intención y la capacidad de Dios para perfeccionarnos por la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones durante un período de tiempo.

Para decirlo de otra manera, la primera obra de Cristo, en la imagen del primer macho cabrío en Levítico 16, expía o cubre nuestro pecado. El segundo macho cabrío quita nuestro pecado, y esto se cumple en la Segunda Venida de Cristo. Tener nuestros pecados cubiertos es la característica esencial de la justicia imputada, que recibimos a través de la Pascua. La eliminación del pecado en "una tierra solitaria" (Levítico 16:22), es decir, lejos de la gente, reemplaza la justicia imputada con la justicia infusa.

Los vencedores pasan por el mismo proceso de purificación y refinamiento que es común a todos los creyentes. Tienen una fe genuina en Cristo, más que en sí mismos, como dice Pablo, pero también se someten al Espíritu Santo con el fin de aprender la obediencia. La obediencia es la manifestación exterior de su fe, como nos dice Santiago. La mayoría de los cristianos están atrapados en algún lugar entre la fe y la obediencia, y sólo Dios mismo es verdaderamente capaz de discernir y juzgar los pensamientos y las intenciones del corazón.

No obstante, está claro que la Primera resurrección es para los vencedores, no para los creyentes en general. La Resurrección General es para creyentes no vencedores cuyos nombres están escritos en el Libro de la Vida, así como para los no creyentes cuyos nombres no se encuentran en ese libro. Las recompensas divinas y los juicios o sentencias son impuestos de acuerdo a las obras o acciones de los hombres, como la Ley prescribe.


El Libro de Memorias

16 Entonces los que temían a Yahweh hablaron unos a otros, y Yahweh prestó atención y oyó, y un libro de memorias fue escrito delante de él para los que temen al Señor y que piensan en su nombre. 17 "Y serán míos", dice el Señor de los ejércitos", en el día que yo preparo mi especial tesoro, y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve".

¿Qué es este libro y en qué se diferencia del Libro de la Vida? El Libro de la Vida se basa en la Pascua y Tabernáculos, ya que se centra en la justicia imputada (Pascua) y la justicia infundida (Tabernáculos). El Libro de Memorias parece centrarse principalmente en Pentecostés, ya que se asocia con los que son "mi especial tesoro", un término que se utiliza también en Éxodo 19: 5 cuando Israel estaba al pie del monte. La KJV traduce "especial tesoro" en Éxodo 19: 5 y "Mis joyas" en Malaquías 3:17. En ambos casos, la misma  palabra hebrea segullah es utilizada.

Esta fue una promesa de Dios como recompensa por la obediencia. Esta promesa se produjo en el Sinaí, donde Dios bajó como fuego y habló los Diez Mandamientos. Fue observado el día después y venerado como Shavuot o Pentecostés. Parece, pues, que el Libro de Memorias tiene que ver con los obedientes y no solamente los que son justificados por la fe. Los pentecostales verdaderos son los que "escuchan y obedecen" (Shema) cuando Dios les pide ascender al monte al fuego de Dios. Los israelitas tenían miedo y se negaron en Éxodo 20:21, pero los 120 discípulos en el libro de Hechos ascendieron al Aposento Alto para encontrarse con Dios y recibir el bautismo de fuego.

El peculiar tesoro que Dios reclama como Su propia posesión, son los que van más allá de la simple fe de la Pascua. Son aquellos que no tienen miedo (tienen miedo pero se someten) de la prueba de fuego. Ellos escuchan Su voz y obedecen, y el Espíritu Santo entonces, comienza a escribir la Ley en sus corazones, les enseña la obediencia hasta que entran de lleno en convenio con la naturaleza y el carácter de Cristo.

La memoria es una palabra legal en la perspectiva hebrea. Cuando los hombres se arrepienten, Dios se acuerda de Su pacto. No es que Dios tenga problemas para recordar algo. Más bien, se indica que el Pacto es exhibido y legalmente reivindicado en el Tribunal de Justicia. Así Levítico 26: 40-42 dice: "Y confesarán su iniquidad ... entonces me acordaré de mi pacto ... y haré memoria de la tierra".

El requisito para tal memoria o recuerdo es la confesión de pecado. El Libro de Memorias, entonces, contiene los nombres de los que admiten su maldad, y se someten a la prueba de fuego, de modo que todo el tamo pueda ser consumido por el fuego consumidor de la presencia de Dios. Por lo tanto, no debemos seguir el ejemplo de Israel de negarnos a escuchar Su voz, porque ellos se encogieron ante Su fuego. Rechazaron el fuego de Pentecostés, provocando de esta manera que Dios (legalmente) olvidara Su Nuevo Pacto prometido a Abraham, Isaac y Jacob. Israel permaneció bajo el Antiguo Pacto durante otros 1480 años.


Debido a que muchos creyentes han tenido miedo de entrar en el fuego de Dios como verdaderos pentecostales, ellos tendrán que experimentar algún nivel de fuego en el Gran Trono Blanco antes de que se les dé la recompensa de la inmortalidad. Como dice Pablo en 1 Corintios 3:15, serán "salvos aunque así como por fuego". Es mejor pasar por el fuego divino ahora, en lugar de esperar hasta más tarde.

Etiquetas: Serie Enseñanza
Categoría: Enseñanzas

Dr. Stephen Jones

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