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EL ÁRBOL DE LA DISCORDIA, (Cap. III de "Shabat"), Joseph Herrin



Después de leer el capítulo anterior, usted debe estar empezando a tener una idea de lo verdaderamente fundamental es el tema del día de reposo. Es trágico que tal engaño y oscuridad haya vencido al cuerpo de Cristo, hasta que el sentido del sábado ha sido reducido a un conjunto de doctrinas con respecto a la cesación de trabajo durante un día de la semana. El único entendimiento entre la mayoría de los santos es que el sábado se refiere al deseo que el Padre tiene de que la humanidad no trabaje un día de cada siete. Para la mayoría de los cristianos, el verdadero significado del día de reposo permanece oculto.
Como hemos visto, en realidad el sábado se refiere a morir a toda iniciativa personal. Se refiere al hombre que es verdaderamente gobernado por el Señor, porque que todas sus acciones y toda sus palabras tienen su origen en Él. Sábado es el hombre cesando en sus propias obras y entrando en un estado en que cada momento de la vida está en armonía con la voluntad revelada del Padre. Esto requiere que el hombre siempre debe ser sensible a la voz del Espíritu, porque es el Espíritu de Dios quien da a conocer al santo la mente y la voluntad del Padre.
I Corintios 2: 10-12 Pero Dios nos las reveló a nosotros por medio del Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios. 11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. 12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha otorgado gratuitamente,


Cuando Yahshua caminó en la Tierra dijo que Él siempre estaba contemplando al Padre. Él no comenzó Su Ministerio en la Tierra hasta que el Espíritu descendió sobre Él y con acato a Él. Yahshua es nuestro ejemplo y es a Él, y el patrón de la obediencia en el que Él caminó, que estamos siendo conformados (Romanos 8:29). Por esta razón, es esencial que el santo, que anda en el verdadero descanso del sábado, debe estar en constante comunicación con el Espíritu de Dios. A menos que conozcamos la mente y voluntad del Padre, momento a momento, no podemos andar como Él quiere que lo hagamos.
En el 8ª capítulo de su epístola a los Romanos, Pablo les dice a los santos en Roma que los que son hijos maduros de Dios son guiados por el Espíritu de Dios (Romanos 8:14). En cada decisión, en cada cruce y giro de caminos, el hombre es debe tomar ninguna iniciativa propia. Él no debe decidir el curso que tomaría. El hombre no debe ser guiado por sus propias pasiones y deseos, por la dirección de su alma. El hombre no debe tener voluntad en ningún otro asunto sino en conocer la voluntad del Padre y hacerla. Esto ser debe su objetivo más alto y único.
Necesariamente, y con frecuencia se producirá, que los deseos de nuestras almas estarán en contradicción con la voluntad revelada del Padre. A veces la distancia entre los deseos nuestra alma y la voluntad del Padre será grande en extremo. En estos momentos hemos de poner a muerte a los deseos del alma para que podamos seguir dócilmente el curso que el Padre tiene determinado por nosotros. Este es el tema del siguiente discurso de Yahshua.
Mateo 16: 24-25 Entonces Yahshua dijo a sus discípulos: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará".
La vida que Yahshua está hablando es la vida del alma del hombre. Es la mente, la voluntad y emociones del hombre. La mente del hombre puede idear muchos caminos para andar que parecen buenos y aceptables. Las emociones del hombre pueden instar apasionadamente la búsqueda de un curso en particular. El hombre se puede determinar a caminar por caminos de su propia elección, pero Salomón afirmó que "hay caminos que parecen bien a un hombre, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12, 16:25).
El apóstol Pablo también habló de la necesidad de apartarse de los deseos de nuestra carne que podríamos recorrer el camino que el Espíritu nos guía hacia abajo.
Romanos 8:13 Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
¿Cómo el hombre vino a estar en este estado donde está presente dentro de él un sentido innato del bien y el mal, que está fuera de armonía con la mente de Dios? Los primeros capítulos del Génesis revelan la respuesta.
Cuando se creó originalmente Adán, cuyo nombre significa hombre, no contaba con un sentido anímico innato del bien y el mal. Adam recibía de Dios su orientación y su comprensión de lo que era el bien. Se nos dice que Dios puso a Adán en el Jardín del Edén y le dio el cargo de cuidarlo. También se nos dice que Dios hizo que muchos árboles crecieran en la tierra, algunos de los cuales eran buenos para la comida, pero estaba prohibido el fruto de un árbol.
Génesis 2: 8-17 Y Jehová Dios plantó un huerto hacia el oriente, en Edén; y puso allí al hombre que había formado. Y de la tierra Jehová Dios hizo nacer cada árbol que es agradable a la vista y bueno para comer; el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol del conocimiento del bien y del mal ... Entonces Jehová Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y Jehová Dios mandó al hombre diciendo: "De todo árbol del huerto podrás comer libremente; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque en el día que de él comieres, ciertamente morirás".
En este momento de la vida de Adán, no tenía sentido interior del bien y el mal. Él no tenía esta capacidad en su alma, él tampoco tiene el Espíritu Residente de Dios para darle a conocer la voluntad de Dios. Adán caminaba con Dios y estaba en comunión con Él en un nivel externo. El Padre expresaba Su voluntad a Adán por medio de esta relación. Se puso de manifiesto un poco más tarde que la manera de Dios era caminar en el jardín y encontrase y hablar allí con Adam.
Génesis 3: 8-9 Y oyeron la voz de Yahwéh Dios que se paseaba en el huerto al aire del día, y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Entonces Yahwéh Dios llamó al hombre, y le dijo: "¿Dónde estás?"
Adán, creado en su forma original, no tenía sentido del bien y del mal presente dentro de él. Todos sus caminos se determinaban mediante la comunicación con el Señor. Yahwéh hablaba a Adán y daba a conocer a Adán lo que quería que hiciese. Ambos, bien y el mal, eran dados a conocer a Adam por la comunicación directa con Yahwéh Dios. Yahwéh le decía a Adán las cosas que eran buenas y deseables; Adam debía atender el jardín y comer de sus árboles.
También Jehová dijo a Adán lo que constituía el mal. Sólo había una cosa que se describió como fuera de la voluntad de Jehová. Adán no podía comer del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.
Las cosas eran muy simples para Adán. Si lo hacía las cosas que el Señor le había ordenado estaba caminando en obediencia y adhiriéndose al bien. Si Adán hacía la única cosa que el Señor le ordenó que no debía hacer, estaría caminando en desobediencia y esto sería el mal. Ambos, hicieron bien y el mal se hicieron conocidos a Adán a través de la comunicación directa con el Señor. En esto vemos que lo bueno equivalía a hacer la voluntad expresada por el Señor, mientras que lo malo era hacer lo que no es Su voluntad.
Sabemos el trágico suceso que tuvo lugar en el Jardín del Edén. Se nos dice que la serpiente vino y engañó a Eva. Él la tentación de comer del fruto del árbol prohibido. Lo que se revela en la tentación es muy importante.
Génesis 3: 5 "Dios sabe muy bien que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal".
Vamos a examinar de cerca estas palabras. La tentación que Satanás trajo a Eva fue la tentación de "ser como Dios", y el atributo particular que se caracterizó como único de Dios era la capacidad de conocer el "bien y el mal". Hasta este momento ni Adán ni Eva eran capaces de determinar el bien y el mal por sí mismos. Sólo había uno que determinaba el bien y el mal, y este era el Señor. Lo que el Señor declaraba que era bueno estaba bien, y lo que Él declaraba ser malo estaba mal. Sólo él podía hacer tales juicios. Sólo él tenía la autoridad para determinar lo que era permisible y lo prohibido, lo que era justa conducta y lo que era una conducta injusta. Sólo Jehová podía determinar qué actividades debían realizar, y de que debían abstenerse.
En toda la Creación, el Señor no creó un solo ser que estuviera dotado de autoridad para determinar por sí mismo el bien y el mal. Todas las cosas creadas salieron de Jehová, y todas cosas que están en reposo tenían que estar en un estado de perfecta armonía con Su voluntad. Nada creado tenía la autoridad para disponer las cosas por su propia iniciativa. Todas las cosas encontraban su voluntad en la mente de Aquel que era el Creador.
Lo que ofreció la serpiente a Eva era la capacidad de hacer algo que estaba reservado sólamente para el Creador. Eva podría determinar su propio camino. Ella podría decidir por sí misma qué actividades eran buenas y cuáles eran malas. Podía encontrar, dentro de su propio ser, la capacidad para gobernarse a sí misma.
Algunos santos tienen la idea errónea de que la tragedia de comer del Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal fue que las actividades malas se expusieron. Miran el asesinato de Caín a Abel, miran el egoísmo, la mentira, la codicia, el adulterio y toda clase de males que vinieron sobre la Tierra y dicen: "Este es el gran mal de haber comido del árbol prohibido". El gran mal no eran estas cosas. El gran mal era que el hombre empezó a mirar hacia adentro, a sí mismo, para percibir lo que era correcto y lo incorrecto. El hombre dejó de mirar siempre al Señor para discernir lo que era su voluntad. El hombre ahora tenía su propia iniciativa y una voluntad que estaba separada de la voluntad de Dios. Que el hombre comenzó a hacer lo malo no fue la gran tragedia, fue que el hombre comenzó a tener una voluntad propia que inició cosas aparte de la mente de Yahvé.
Si el hombre hubiera comido del fruto prohibido y luego siempre habría optado por seguir lo que
decidía ser bueno y justo, habría sido igual de transgresor como alguien que siempre hubiera optado por seguir el curso que su alma le decía que era malo. No importaba si el hombre estaba haciendo bien o mal. Lo importante era que el hombre estaba ahora encontrando su sentido de lo que era bueno o malo en un lugar distinto de la mente de Jehová.
Esta es la intención de la Escritura que previamente consultamos de Mateo capítulo 7: Yahshua dijo que muchos vendrán a Él en el día de dicho juicio, "¿No hicimos muchas buenas cosas en Tú nombre; echamos fuera demonios, profetizamos, realizamos milagros" (paráfrasis mía), pero Él les responderá que son sin ley y no van a entrar en el Reino de Dios.
No importa si elegimos un camino del bien, o si nos dedicamos a hacer mal. Si lo que hacemos se basa en nuestro propio sentido del alma del bien y el mal, entonces es detestable al Padre. Sólo aquellos que hacen la voluntad del Padre Celestial entrarán en el Reino de Dios, y sólo conocerán la voluntad del Padre cuando Él se revela por medio de su Espíritu.
Debemos morir a esa parte de nosotros que se aceleró y fue vivificada cuando Adán y Eva comieron del árbol prohibido. Hay que volver a un lugar donde "conocer el bien y el mal" sea nuevo sólo una actividad de Jehová. Debemos dejar de ser "como Dios", usurpando su autoridad en determinar lo que es bueno y malo, y tratar de conocersiempre su mente.
No son las malas acciones del hombre anímico las que son una trampa tan sutil al santo de Dios, es el conocimiento innato y carnal de lo que es bueno. El santo, pensando que el puede determinar el bien por sí mismo, mira dentro de su alma para encontrar el camino que debe seguir. Su mente puede no ver el mal en el camino que ha elegido. Puede parecer totalmente decente y bueno, incluso divino, pero este es el peligro del fruto del que Adán y Eva comieron.
La serpiente habló a Eva y le dijo: "Pues Dios sabe que el día que comáis de él, vuestros ojos se abrirán, y seréis como Dios ... " (Génesis 3: 5).
Cuando la serpiente engañó a Eva, conocía que la tentación se pondría ante Adán para que eligiera un camino de independencia de Jehová. Adán no tenía más que mirar al Señor para que le dijera lo que era bueno o malo. Adán no estaba obligado buscar conocer la mente y la voluntad de Dios. Adán podía determinar estas cosas dentro de su propio ser. Podía elegir su propio camino. Podía seguir sus propias inclinaciones buenas y pensarse a sí mismo como justo para después seguir un curso de su propia elección.
El santo de Dios hace esto cuando se pone a sí mismo a llevar a cabo actividades que parecen buenas, pero que él no tiene ninguna orden específica del Padre de hacerlas. El santo puede hacer algo que tiene apariencia de justicia, tales como profetizar o expulsar de demonios, pero sólo son verdaderamente justas cuando la actividad es iniciada por el Padre.
Pablo dice a los lectores del libro de Hebreos que el que ha entrado en el Sábado de Reposo del Padre es el que ha reposado de sus obras. No importa si la obra es buena o mala, si no se originó con el Señor, es una obra del hombre. Este se está esforzando. Este es el fruto de comer del árbol prohibido. Lo que la serpiente estableció realmente ante Adán era la tentación de violar el descanso del sábado de Jehová. El hombre, desde la caída de Adán, ha estado en un estado de lucha porque ha estado dispuesto al inicio de muchas cosas que el Padre no ordenó.
La gran tragedia de hoy es que el cuerpo de Cristo no ha discernido que es este innato sentido del bien y del mal el que debe morir, a fin de que pueda percibir por el Espíritu lo que es la buena y perfecta voluntad de Dios en las vidas. La mayoría de los santos no han discernido que deben morir al hábito de mirar dentro de su alma para encontrar el camino que deben andar. Raro es el santo que puede separar o discernir la voz del Espíritu (Heb. 4:12) de la voz de su propia alma.
Cuando el santo mira hacia adentro para saber lo que debe hacer alcanza del alma la respuesta del buen camino delante de él, un camino que evita el mal, decide que este es el camino que él debe elegir y que debe mirar a Dios para ayudarlo a caminar por este camino. Un santo tal no logra entender que
Este es un asunto muy importante, que uno no puede enfatizar demasiado. Yo supongo que una de cada cien mil decisiones tomadas en la cristiandad hoy en día son en realidad tomadas en la guía del Espíritu. Todo lo demás surge del alma del hombre.
Mirése a sí mismo. ¿Está usted escuchando la voz de su alma, o la voz del Espíritu de Dios? ¿Reconoce que está presente en su alma un sentido de la justicia que no tiene su fuente en Dios?¿Supone falsamente que el sentido del bien y el mal dentro de su alma está en armonía con la voluntad de Dios para su vida?
El santo de Dios que ha nacido de nuevo del Espíritu debe aprender a discernir la diferencia entre la voz de su propia alma y la voz del Espíritu. Muchos, no disciernen que hay un sentido anímico del bien y del mal presente dentro de ellos, erróneamente asumen que están caminando de acuerdo a la voluntad de Dios cuando sólo han consultado con su propia alma y aún no han discernido el testimonio del Espíritu de Dios.
Puede parecer a algunos que estoy machacando este punto, pero es un punto muy crítico, tal vez el asunto más crítico en todo el Reino de Dios, sin embargo, no es percibido así por la mayoría.
Tenga en cuenta la forma en que el apóstol termina su tema de entrar en el reposo del sábado en el libro de Hebreos. Algunos han sentido como si estuviera cambiando repentinamente de tema en los siguientes versos, pero todos ellos son un tema recurrente.
Hebreos 4: 11-12 Por tanto, seamos diligentes para entrar en ese reposo, no sea que alguno caiga siguiendo semejante ejemplo de desobediencia. Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Con el fin de entrar en el descanso del sábado, debemos ser capaces de discernir o diferenciar entre la voz de el alma y la voz del espíritu. Debemos rechazar el buen camino que el alma trae a la mente para que podamos seguir la dirección del Espíritu de Cristo. Nosotros sólo entramos en el reposo del sábado cuando dejamos las obras que surgen de sentido del bien y del mal del alma.
Vamos a terminar este capítulo, echando otra mirada a las palabras de Yahshua, las palabras de Aquel a quien debemos imitar.
Juan 5:30 "No puedo hacer nada por mi propia cuenta. Como oigo, juzgo; y mi juicio es justo,
porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió".
La vida de Yahshua fue un ejemplo de perfecto descanso del sábado. No iniciaba ninguna actividad por Sí mismo. Sólo fue a esos lugares que el Padre le mandó que fuera por el Espíritu. Él sólo realizó esas obras que el Padre reveló que Él debía hacer. Incluso fue perfecto en Su hablar, sólo habló de lo que el Padre le mandó hablar. Él sólo hizo la voluntad del Padre en el Cielo.


Cabe señalar, a quien sostiene que Yahshua mandó a Sus discípulos echar fuera demonios, sanar a los enfermos, etc., que a esta carga precedió un asunto muy importante. Yahshua no estaba dando a Sus discípulos un mandato general para que participasen en estas actividades a su antojo, de acuerdo a su propia comprensión. Él desea que fueran guiados por el Espíritu en todo lo que hacían. Él mandó que andaran como él anduvo, y Él siempre hacía lo que el Espíritu le reveló que era la voluntad del Padre.
En las Escrituras encontramos que cuando Él comisionó a Sus discípulos para que fueran y ministraran como Él había ejercido Su ministerio, que Él muy particularmente les mandó que debían recibir el Espíritu antes de que empezaran a ministrar.
Juan 20: 19-22 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primer día de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo a los judíos, Yahshua vino y poniéndose en medio les dijo: "La paz con vosotros". Y habiendo dicho esto, les mostró ambas manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Por lo tanto, Yahshúa les dijo otra vez: "La paz sea con vosotros; como el Padre me ha enviado, así también os envío". Y habiendo dicho esto, sopló en ellos, y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo".
Lucas 24:49 "He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto".
Yahshua no comenzó Su ministerio hasta después que el Espíritu descendió sobre Él y descansó en Él. De la misma manera, Sus discípulos no debían iniciar su ministerio hasta después de Pentecostés, cuando el Espíritu fuera dado a ellos.
¿Por qué fue así? El espíritu es el que da a conocer la mente de Yahwéh a nosotros. Los santos no pueden saber que es lo que el Padre quiere que hagan hasta que reciban el Espíritu. Sin embargo, muchos no saben que esta es la razón por la que el Espíritu les es dado. A menudo no ven la necesidad de que el Espíritu les guíe en todas sus actividades, porque les parece bastante fácil a ellos determinar cual debe ser su actividad. Las Escrituras afirman que los santos de Dios han de hacer esas cosas que el Padre ha preparado de antemano para ellos.
Efesios 2:10 Porque somos hechura suya, creados en Yahshua el Mesías para buenas obras,
las cuales Dios preparó de antemano para andáramos en ellas.
El santo de Dios debe apartarse del árbol de la lucha, el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, debe volver a un lugar en el que discierna la mente del Padre. Él ya no camina con el hombre en el Jardín del Edén al fresco de la tarde. Debemos tener otra manera de discernir Su mente. La forma que Él ha proporcionado es la morada Espíritu de Dios, que escudriña en la mente del Padre y hace Su voluntad conocida para nosotros.

Los quieran entrar en el 7º día de la Creación desde Adán tienen que llegar a un lugar de descanso en su ser. Deben entrar en el Descanso del Sábado de Dios mediante el cese de sus propias actividad y obras. Ellos deben hacer sólo lo que el Padre les revele por su Espíritu.

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