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LOS DIEZ MANDAMIENTOS: Segundo Mandamiento, Dr. Stephen E. Jones

Capítulo 2
El Segundo Mandamiento


Si el Primer Mandamiento establece el derecho de Dios a gobernar y ser obedecido, el Segundo abre nuestros oídos para escuchar Su Palabra sin la interferencia de los ídolos del corazón. Deut. 5:8-10 dice,

8 No harás para ti escultura, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo ni abajo en la tierra o en las aguas debajo de la tierra. 9 No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 10 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

El versículo 8 nos muestra cómo interpretar la escritura de Pablo en Fil. 2:10,

10 para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, de los que están en el cielo y en la tierra, y debajo de la tierra.

El término "debajo de la tierra" era un modismo hebreo que significaba el mar. Esto también fue llamado "el profundo", o "el abismo" (Génesis 8:2; Job 41:31). En otras palabras, Pablo habló de los hombres que arquearán la rodilla, incluso si se hubieran perdido en el mar. Moisés dice que no hay que crear una imagen de Dios sobre la base de cualquier criatura en el Cielo, la Tierra o en el Mar.


La visitación divina

Deuteronomio 5:9 nos dice que Dios es "un Dios celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen". Esto se repite en Éxodo 20:5, 34:7 y Números 14:18. ¿Qué significa visitar?

En mi libro sobre El Significado Bíblico de los Números (En castellano: http://josemariaarmesto.blogspot.com/2014/06/libro-significado-biblico-de-los.html), di cuenta de que el número nueve es el número de visitación (juicio). Expliqué esta palabra,

"Este es un hebraísmo que muestra a Dios como un investigador 'visitando' una persona, ciudad o país para exponer los corazones, reunir pruebas, y "ver" de primera mano, por así decirlo, la verdad de la cuestión. Es muy parecido a un caso judicial divino donde se destapan y se presentan al juez del juicio las pruebas".

Entonces cité Lucas 19:43,44, donde Jesús se lamentó por Jerusalén, "porque no has conocido el tiempo de tu visitación". El momento de la visitación de Jerusalén se extendió durante el ministerio de un año de Juan Bautista y por otros tres años del ministerio de Jesús, en los que buscaban "fruto" (Lucas 3:9; 13:6-9). Hay nueve dones y nueve frutos del Espíritu. El momento de la visitación de Judá fue como una investigación divina para revelar la verdad y para ver si la nación había producido fruto.

La investigación comenzó con Juan el Bautista, que empezó a predicar a la edad de 30 en el año 15 de Tiberio César (Lucas 3:1). Tiberio tomó el trono cuando su padre Augusto murió el 19 de agosto del 14 dC. Su 15º año se extendió desde agosto del año 28 a agosto del 29, y el ministerio de Juan comenzó en la primavera del 29.

Un año más tarde, en la Pascua del 30, Juan fue ejecutado por Herodes, y Jesús continuó la investigación, en busca de fruto por los próximos tres años, como Lucas 13:7 nos dice, hasta Su crucifixión en la Pascua del año 33 dC. Por lo tanto, se trató de exactamente una investigación o "visitación" de cuatro años.

Por supuesto, Judá no mostró frutos, ya que era una higuera estéril con un gran despliegue hipócrita de hojas (Mateo 21:19). Por esta razón, Jesús pronunció el veredicto divino sobre la nación, "Ya jamás salga ningún fruto de ti".

Más adelante en el mismo capítulo dijo una parábola en la que Él permitió que los principales sacerdotes y los ancianos del templo se juzgaran a sí mismos. La parábola fue acerca de la viña y sus cuidadores, que se negaron a dar a Dios los frutos que Él requería como propietario. En su lugar, golpearon y apedrearon a los profetas e incluso mataron al Hijo. Mateo 21:40 y 41 entonces dice,

40 Por lo tanto, cuando llegue el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? 41 Ellos le dijeron: "Llevará a esos miserables a un fin lamentable, y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.

El juicio vino 40 años después, tal como Jesús profetizó. A pesar de que el momento de la visitación terminó con un veredicto dictado en contra de ellos, a causa de la intercesión de Ezequiel en Ezequiel 4:6, Dios les dio un período de gracia de 40 años en el que arrepentirse.


La Ley de los Celos

La Ley de los Celos de Dios declara que Él visitará la maldad de los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que le odian. Jesús dijo en Juan 15:23, "El que me odia odia también a mi Padre". El versículo 25 cita el Salmo 69:4, que dice, "me aborrecieron sin causa".

Estas cosas están escritas en los Evangelios para mostrar que la ley en Deut. 5:9 fue aplicada a Judá y Jerusalén, y que el juicio fue justo cuando Dios usó a los romanos para destruir la ciudad y su templo (Mat. 22:7).

Tenemos otro ejemplo de cómo se aplicó esta ley en la historia profética. El rey Joram de Judá era un malvado rey que reinó en Jerusalén. Se casó con Atalía, la hija del rey Acab de Israel y Jezabel. Jezabel misma era la hija de Et-Baal, el rey-sacerdote de Tiro, y por lo tanto Atalía, la reina de Judá, también era nieta de Et-Baal.

El rey Joram, por tanto, fue influenciado por su esposa practicante del Baal-culto. La historia de Joram se encuentra en 2 Reyes 8:17 y 18,

17 Tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén. 18 Y anduvo en los caminos de los reyes de Israel, tal como la casa de Acab, porque una hija de Acab fue su mujer; e hizo lo malo ante los ojos del Señor.

Entonces se nos dice la razón por la cual Dios comenzó una investigación oficial de Judá, es decir, una "visitación", que duraría hasta la cuarta generación.

19 Sin embargo, el Señor no quiso destruir a Judá por amor a David su siervo, ya que le había prometido darle una lámpara a él a través de sus hijos siempre.

Dios había prometido a David que siempre tendría un hijo que se sentaría en el trono. Esta promesa fue incondicional. Sin embargo, a causa de la maldad de estas generaciones en cuestión, Dios se embarcó en un plan diferente por el cual podría traer juicio sin violar Su promesa a David.

Al parecer, Joram y Atalía intentaron convertir el templo de Salomón en un santuario de Baal. Leemos acerca de esto en 2 Cr. 24:7,

7 Porque la malvada Atalía y sus hijos habían arruinado la casa de Dios e incluso utilizado las cosas sagradas de la casa del Señor para los baales.

Los reyes eran de Judá; los sacerdotes eran de Leví. A los reyes de Judá se les prohibió entrar en la casa de Dios, excepto por el sacerdocio de Melquisedec, que era una orden del Rey-Sacerdote. David era un sacerdote Melquisedec (Salmo 110:4). Por esta razón, le era lícito comer de la mesa de los panes cuando él y sus hombres tenían hambre (1 Sam. 21:6).

Al parecer, Joram y Atalía intentaron establecer una falsificación de Melquisedec en Jerusalén, duplicando el patrón de su abuelo, Et-Baal, el rey-sacerdote de Tiro. Él y sus hijos se suponían con derecho a entrar en el templo, como si fueran sacerdotes, así como reyes. Pero el orden de Melquisedec no depende de la genealogía, como Hebreos 7:3 nos dice. Por lo tanto, incluso los descendientes directos de David no estaban más cualificados que cualquier otro hombre o mujer para ser de esa Orden. Los legítimos reyes-sacerdotes de la orden de Melquisedec califican solo por descendencia espiritual de Jesucristo, que es el Sumo Sacerdote de esa Orden (He. 7:26).

Joram y sus hijos, obviamente, no podía considerarse como legítimos reyes-sacerdotes de la Orden de Melquisedec. Sin embargo, su intento de usurpar esa posición en el templo de Jerusalén impulsó una investigación divina, y, en última instancia, un juicio contra ellos hasta la cuarta generación, como la ley prescribe.

El hijo de Joram, Ocozías (2 Reyes 8:25-26) gobernó sólo un año. Cuando fue matado por Jehú (2 Reyes 9:24), su madre decidió usurpar el trono para sí misma, por lo que ella mató a todos sus otros hijos (2 Reyes 11:1). Sin embargo, Joás (o Jeoás), el más joven, que todavía era un niño, fue escondido en el templo por los buenos sacerdotes y por lo tanto se escapó de la matanza. Atalía gobernó seis años y luego fue derrocada por los sacerdotes, que pusieron a Joás en el trono a la edad de siete años. A continuación, Atalía fue ejecutada.

Joás, o Jeoás, reinó 40 años (2 Reyes 12:1). A pesar de que era un rey bastante bueno, no quitó los altares idólatras de Baal que habían sido levantados por su padre y madre. Cuando murió, su hijo Amasías reinó otros 29 años (2 Reyes 14:2). Amasías fue la cuarta generación de Joram cuyas acciones dieron comienzo a la divina "visitación".

Por lo tanto, en la genealogía de Mateo nos encontramos que Dios borró al hijo, nieto y bisnieto de Joram, de la genealogía que conduce a Cristo. Mateo 1:8 dice: "Joram engendró a Uzías". En realidad, Joram engendró a Ocozías, que engendró a Joás, que engendró a Amasías, que engendró a Uzías (u Ozías).

Estos reyes fueron eliminados del registro bíblico según el veredicto alcanzado en la Corte Divina después de que Dios visitara a Judá hasta la tercera y cuarta generación. Era una limpieza divina. El número bíblico para la limpieza es 76, como he mostrado en el capítulo 8 de mi libro, Secretos del Tiempo (en castellano: http://josemariaarmesto.blogspot.com.es/2015/10/libro-secretos-del-tiempo-traduccion.html). Por lo tanto, el número total de años que estos tres reyes (además de la reina Atalía) reinaron fueron precisamente 76.

Ocozías reinó a 1 año.
Atalía reinó 6 años.
Joás, o Jeoás, reinó 40 años.
Amasías reinó 29 años.
El total es de 76 años.

Cuando Dios reveló que "visitaría", o investigar la maldad de los padres hasta la tercera y cuarta generación, se nos dan historias de casos específicos bíblicos que nos muestran lo que esto significa.


10 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

Jesús citó esto en Juan 14:15, diciendo:

15 Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.

Una vez más, dijo en Juan 14:21,

21 El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

En estos versículos, Jesús nos dice que los Mandamientos son Suyos. En otras palabras, Él es la encarnación de Aquel que fue revelado a Moisés como Yahweh. También es evidente que Jesús usó el término "amor" de una manera más limitada que en Juan 3:16, "Dios amó tanto al mundo". El mundo en general no ama a Yahweh-Jesús en este tiempo, sin embargo, Dios ama al mundo. Pero en Juan 14:21 anteriormente, Jesús habló de una manifestación más limitada de amor, dada a los que guardan Sus Mandamientos. A este grupo más pequeño se da la revelación de Sí mismo y la revelación de la Palabra, la Ley, los Profetas, los Salmos, y los Evangelios. Vemos esto específicamente con el mismo Juan, que se llama en Juan 21:20, "el discípulo a quien Jesús amaba". Tal afirmación no tendría sentido si amara a todos los hombres por igual, o incluso a todos los discípulos por igual. Esto indica que reveló Su corazón a Juan más que a los otros discípulos. En otras palabras, Juan entendió la mente de Cristo más que los otros, porque Cristo reveló Su corazón a él de una forma mayor.

Tal es la promesa, entonces, a los que "guardan sus mandamientos". Por otra parte, guardar Sus Mandamientos es algo más que la obediencia a Él. El término hebreo shema significa tanto oír como obedecer. La obediencia es el resultado del oír. El oír ocurre primero. El oír no es posible sin la revelación de Cristo de Sí mismo (es decir, Su mente y Su corazón). Cuando Cristo ve que el oír ha producido el fruto de la obediencia, revela Su corazón.


Imágenes talladas o grabadas

El Segundo Mandamiento prohíbe la adoración de cualquier imagen tallada. No obstante, no permite el uso normal de estatuas, dibujos o imágenes de las cosas naturales. En Números 21 Dios envió serpientes ardientes para traer juicio sobre el pueblo. Cuando ellos se arrepintieron, Dios instruyó a Moisés para construir una imagen de talla de una serpiente, ponerla sobre un mástil, y mostrarla a la gente para que la mirarse y que por ello encontraran la curación de los efectos de su pecado. Leemos en Números 21:8 y 9,

8 Entonces el Señor dijo a Moisés: "Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y sucederá que todo el que sea mordido y la mire, vivirá". 9 Y Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en el asta; y se produjo, que cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía.

Esta serpiente de bronce profetizaba de Cristo, que iba a ser crucificado para la sanidad de las personas de sus pecados, como leemos en Juan 3:14,

14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, 15 para que todo aquel que en él cree tenga vida eterna.

Cristo fue representado como una serpiente, no porque la serpiente fuera una buena cosa (como en algunas culturas), sino porque Él se hizo pecado por nosotros (2 Cor. 5:21). Al tomar sobre sí nuestro pecado, Él se convirtió en la "serpiente", como si fuera "del diablo", mientras que al mismo tiempo impartía Su justicia a los pecadores.

La cuestión es ¿por qué, en vista del Segundo Mandamiento, Dios instruyó a Moisés para construir una imagen de talla de una serpiente? Obviamente, esta serpiente de bronce no violaba el mandamiento. Tampoco se trataba de una violación decorar el velo en el lugar santísimo con querubines (Éxodo 26:31). Incluso el templo de Salomón fue decorado con semejanzas de las cosas de la Tierra, pues leemos en 1 Reyes 6:29,

29 Entonces esculpió todas las paredes de la casa alrededor de grabados de figuras de querubines, palmeras y flores abiertas, santuarios interiores y exteriores.

Los pilares, también, fueron decorados en la parte superior (los capiteles) con de granadas y lirios (1 Reyes 7:18,19). El mar de fundición (lavacro, lavatorio o fuente) se estableció sobre doce estatuas de bueyes, cada tres mirando en diferentes direcciones (1 Reyes 7:25). También había leones y querubines para embellecer la fuente (1 Reyes 7:29).

Ninguno de ellos están condenados en la Escritura, a pesar de que eran obviamente imágenes talladas o grabadas. Es sólo cuando esas imágenes se convirtieron en objetos de culto que los profetas encontraron fallas en Israel. Por lo tanto, la serpiente de bronce se convirtió en un ídolo y tuvo que ser destruido por el rey Ezequías, según 2 Reyes 18:4,

4 El quitó los lugares altos y quebró las imágenes sagradas y cortó las aseras. También rompió en pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces los hijos de Israel le quemaban incienso; y se llamó Nehustán.

Lo bueno que había sido construido bajo Moisés por lo tanto llegó a ser idolatrado. Podemos ver en esto que el propósito de Dios al legislar el Segundo Mandamiento no era prohibir las imágenes, sino prohibir su culto o mal uso.


Ídolos del corazón

Los hombres han adorado ídolos durante miles de años en violación del segundo mandamiento. Tal idolatría, sin embargo, no se limita al uso de objetos físicos llamados ídolos. De hecho, los ídolos físicos son sólo una expresión externa de un problema más profundo de la idolatría del corazón.

Dios reveló esto al profeta Ezequiel un día, cuando algunos de los ancianos de Israel vinieron a él para pedir una Palabra de Dios. Dios le dijo en Ezequiel 14:3,

3 Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han puesto delante de sus caras el tropiezo de su maldad. ¿Debería ser consultado por ellos?

En otras palabras, los ancianos de Israel querían una Palabra de Dios, pero ellos ya habían recibido una palabra de los ídolos en sus corazones. La pregunta era si Dios debería molestarse en hablar con ellos o no, puesto que ya habían tomado una decisión sobre el tema. Si uno quiere revelación divina de Dios, uno tiene que consultar con la mente abierta para que la consulta sea genuina. Si un hombre simplemente quiere que Dios confirme su opinión, va a consultar a tantos profetas como necesite hasta recibir la respuesta que él desea.

¿Debe Dios hablar con estas personas? Sí, Dios dice …

4 Háblales, por tanto, y diles: Así dice el Señor Yahweh: Todo hombre de la casa de Israel que haya puesto sus ídolos en su corazón, y colocado delante de su rostro lo que le es ocasión de pecado, y venga al profeta, yo Yahweh responderé al que venga conforme a la multitud de sus ídolos, 5 para prender a la casa de Israel por su propio corazón, ya que se han apartado de mí todos ellos a causa de sus ídolos.

En otras palabras, Dios les dará la respuesta que ellos buscan con el fin de que puedan caer junto con sus seguidores.

Esto se ve claramente de nuevo en 1 Reyes 22:12, cuando los profetas del rey profetizaron lo que el rey Acab de Israel quería oír. Acab quería ir a la guerra con Siria, y todos los profetas confirmaron el deseo del corazón de Acab. Pero Josafat, rey de Judá, quedó incómodo con esto, porque no confiaba en la palabra de esos profetas. Por lo que pidió una palabra de un profeta que fuera independiente de Acab, uno que no estuviera en su nómina y que, por tanto, no tuviera a Acab como el ídolo de su corazón.

El profeta Miqueas fue convocado por tanto. Él vino y dio la misma palabra que los otros profetas habían dado. Josafat percibió que esto no era realmente una Palabra de Dios, por lo que conjuró al profeta para que le dijera la verdad. En la Ley bíblica, adjurar significaba que una persona estaba bajo juramento de que diría la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

17 Y él dijo: "Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas sin pastor. Y Yahweh dijo: "Estos no tienen señor. Que cada uno vuelva a su casa en paz' ".

Así Micaías, bajo juramento, dijo que Dios quería que ellos regresaran a casa y no fueran a la guerra contra el rey de Siria. Pero ya que Micaías había sido conjurado, tenía que seguir la revelación hasta que él había dicho toda la verdad del asunto:

19 Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Yahweh: Yo vi a Yahweh sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda. 20 Y Yahweh dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra. 21 Y salió un espíritu y se puso delante de Yahweh, y dijo: Yo le induciré. Y Yahweh le dijo: ¿De qué manera? 22 Él dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; ve, pues, y hazlo así. 23 Y ahora, he aquí Yahweh ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Yahweh ha decretado el mal acerca de ti.

Así que toda la verdad del asunto es que el rey Acab había preguntado al Señor con un ídolo en su corazón. Es decir, exigió que los profetas confirman su propio deseo. Así lo hicieron. Incluso Micaías se unió con ellos al principio, porque Dios nos da la palabra falsa que deseamos, si esto es lo que realmente queremos.

Sólo cuando fue conjurado para hablar la verdad Micaías les contó toda la verdad. Micaías fue puesto en prisión hasta el momento en que los reyes de Israel y de Judá regresaran victoriosos de la batalla. Pero el rey Acab murió, y el profeta fue puesto en libertad.

El segundo mandamiento, entonces, es muy importante para cualquier persona que desee consultar al Señor y recibir una palabra que sea cierta. Cualquier persona puede recibir una palabra de Dios, ya que todos tenemos la capacidad de oír la pequeña voz de Dios en nuestros corazones. La verdadera cuestión es si estamos escuchando sin ídolos en nuestros corazones, porque si violamos el segundo mandamiento, vamos a recibir una palabra de Dios que refleje ese ídolo, más que el corazón de Dios.

El problema con un ídolo es que es un dios hecho por el hombre. Una de esas palabras que recibimos de un ídolo del corazón es sólo una revelación hecha por el hombre que refleja nuestra opinión, comprensión, o deseo. Cualquier profeta que está en sumisión al hombre, tal vez al serle dado un sueldo por una iglesia, está, en particular, en peligro de la formación de un ídolo en el corazón. La prueba siempre surge cuando un profeta recibe una palabra que el pastor o la junta no quieren oír. El profeta entonces debe decidir si ser fiel a Dios o ser fiel a los hombres. Su decisión determinará si él es el profeta del Señor, o un profeta de la iglesia.


Tratar con la idolatría corazón no es un asunto fácil. De hecho, puede ser el problema más acuciante que cualquier persona pueda enfrentar. La superación de la idolatría del corazón es probablemente el factor que determina si cumplimos con nuestros llamados de manera efectiva o no. Junto a reconocer a Cristo como Rey, el segundo mandamiento es tal vez el más importante en nuestro desarrollo espiritual. No es difícil de ver, entonces, por qué el segundo mandamiento nos muestra a todos nosotros cómo amar a Dios con todo nuestro corazón.

http://www.gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/the-ten-commandments/chapter-2-the-second-commandment/

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