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SANTIAGO 13: LA FE Y LAS OBRAS DE ABRAHAM


Capítulo 13
La fe y las obras de Abraham


Llegamos ahora a una de las dificultades en la Palabra que parecen mostrar la diferencia irreconciliable entre Santiago y Pablo. Santiago y Pablo ambos apelan al ejemplo de Abraham, pero llegan a conclusiones aparentemente opuestas. Santiago 2: 21-24 dice,

21 ¿No fue nuestro padre Abraham justificado por las obras, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22 Ya ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe fue perfeccionada [terminada]; 23 y se cumplió la Escritura que dice: "y Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia", y fue llamado amigo de Dios. 24 Vemos que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.

Pablo, por otra parte, dice en Romanos 4,

2 Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse; pero no para con Dios. 3 Porque ¿qué dice la Escritura? "Y Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia". 4 Ahora bien, al que trabaja, el salario no se le cuenta como favor, sino como deuda. 5 Mas al que no obra, sino que cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

Pablo enseñó que la justificación llegó solo por la fe, y que las obras eran parte del proceso de santificación -una consecuencia natural de la propia fe. Uno podría probar esto demostrando que la fiesta de la Pascua justificó a los hijos de Israel, mientras que Pentecostés se produjo más tarde en el Monte Sinaí y fue diseñado para enseñarles obediencia. Por lo tanto, la fe precedió a la obediencia, y la justificación precedió a la santificación.

Santiago, sin embargo, se centra en la evidencia de la fe. Si la fe no está activa, no es real. Si Abraham habría reclamado escuchar la voz de Dios y sin embargo no hubiera hecho nada al respecto, su fe habría sido muerta o perezosa. Santiago no descarta la necesidad de la fe; dice que la fe por sí sola no es genuina. Su conclusión es que "el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe"-

Pablo nos dice en Romanos 10:17 que "la fe es por el oír". Esa es la clave. Si Dios permanece en silencio, nadie puede tener la verdadera fe. Una vez que Dios habla, algunos hombres oyen o dicen que oyen. Sin embargo, la palabra hebrea para oír es shema, que lleva un doble sentido: oír y obedecer. Integrada en el mismo lenguaje está la exigencia de obediencia.

Santiago comprendió muy bien. Fue ilustrado por el mismo Jesús en Mat. 21: 28-31,

28 Sin embargo, ¿qué te parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña". 29 Y él respondiendo, dijo: "Lo haré, señor"; y él no fue. 30 Y llegando al otro, le dijo lo mismo. Pero él, respondiendo, dijo: "No lo haré"; sin embargo, después, arrepentido, fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?

La lección aquí es que lo que revela la condición de su corazón no es tanto lo que dice un hombre, sino lo que hace. La acción da evidencia de la fe. Oír sin respuesta no es realmente escuchar en absoluto, y la fe es por el oír. Santiago conserva el orden de los sucesos al presentar su punto, con lo que Pablo estaba totalmente de acuerdo. Sin embargo, Santiago muestra su conexión, mientras que Pablo muestra su distinción.

Pablo argumenta en contra de la idea de que la justificación de los hombres proviene de la fiesta de Pentecostés (santificación) que Israel recibió en el Monte Sinaí. Se trataba de dos fiestas distintas, con muchas semanas de diferencia. El pensamiento común en el judaísmo en ese día era que los hombres eran salvados por la obediencia a la Ley de acuerdo con el voto de sus antepasados en el Sinaí, diciendo en Ex.19: 8, Todo lo que Yahweh ha dicho, haremos!"

Las condiciones de la Antigua Alianza, decían que los hombres tenían que cumplir este voto con el fin de ser justificados y recibir la vida inmortal. El problema era que ninguno era lo suficientemente obediente, incluso aquellos que lo intentaban fuertemente. La Antigua Alianza fue quebrantada, y por esta razón, ningún hombre puede ser salvo por sus buenas intenciones. Se requería una Nueva Alianza, en la que Dios mismo se comprometió a convertir los corazones de los hombres por medio del Espíritu Santo que actúa desde dentro.

No tengo ninguna duda de que Santiago estaba de acuerdo con Pablo en ese tema también.

Las "obras" de la carta de Santiago se refieren a las obras de Israel durante la Pascua, que ella requería, de ser obedientes en matar los corderos y poner la sangre en los postes y dinteles. Fue su fe en la Palabra de Dios, acompañada por la obediencia, lo que justificó y salvó de la muerte a sus hijos primogénitos. Si un israelita habría afirmado tener fe en la Palabra de Dios, pero no participó del cordero o no cubrió su casa con la sangre del cordero, su "fe" sería insuficiente.

Las "obras" a que se refieren las cartas de Pablo son las de la Ley dada en el Sinaí en el primer Pentecostés. Israel fue justificado por la fe en la Pascua antes de ser dada la Ley en el Sinaí. Del mismo modo, Abraham tuvo fe mucho antes de ser circuncidado.

Por lo tanto, Pablo y Santiago estaban hablando de diferentes obras para diferentes propósitos. Pablo cita la fe de Abraham antes de la circuncisión; Santiago cita la fe de Abraham al ofrecer a su hijo en el altar.

El ejemplo de Pablo vincula la circuncisión de Abraham al voto de obediencia de Israel a Antigua Alianza. En ese sentido, fue correcto. La circuncisión era una señal de la Antigua Alianza, ya que exigía obediencia para que ese Pacto fuera beneficioso para ellos. Aunque la Ley era buena, exigía más de lo que la gente era capaz de cumplir. Y así, dice Pablo en Rom. 7:10,

10 y este mandamiento, que era para vida, demostró que resultó en muerte para mí.

Pablo no desaprobó la Ley, sino la capacidad del hombre para cumplir el voto a la Antigua Alianza por el que podría haber obtenido la promesa de la vida.

Por otro lado, Santiago nos muestra el ejemplo de Abraham oyendo la Palabra de Dios y luego respondiendo en obediencia -demostrando que, efectivamente, escuchó la Palabra. Leemos en Gén. 22: 1-3,

1 Y sucedió que después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: "¡Abraham!" Y él dijo: "Aquí estoy". 2 Y dijo: "Toma ahora tu hijo, tu único hijo, a quien amas, Isaac, y ve a la región de Moria; y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré". 3 Abraham se levantó muy ... y se fue al lugar que Dios le había dicho.

Abraham escuchó y obedeció. ¿Por qué? Debido a que Él tenía fe genuina. Y debido a esta fe genuina, el fue "justificado", como nos dice Santiago. Santiago 2:22 dice,

22 Ya ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe se perfeccionó [teleioo, "perfecto, completo, llevado hasta el final"].

Si tuviéramos que tomar este principio y explicarlo en el contexto de Pablo, podríamos argumentar que cuando Dios sacó a Israel de Egipto por la fe, su viaje fue incompleto. La justificación pudo llegar a Israel en Egipto, pero su viaje estuvo incompleto hasta que entraron en la Tierra Prometida. La mayoría de ellos murieron en el desierto, de hecho, debido a que su fe no era suficiente (He. 3:19).

Israel necesitaba oír y entender tanto a Pablo como a Santiago. Pablo pudo haberles dicho que su voto en el Sinaí no era posible cumplirlo, y que era realmente su fe la que les salvaría. Santiago podría haberles dicho que necesitaban más que la simple fe para salir de Egipto si esperaban entrar en la Tierra Prometida.


Si hubieran tenido ambos predicadores en su día, podrían haber entendido la mente de Dios más plenamente. Sin embargo, la revelación de Dios es progresiva. Moisés estaba limitado por la edad de la Pascua; Pablo y Santiago estaban limitados a la luz de Pentecostés; nosotros estamos recibiendo la luz mayor de los Tabernáculos que nos ilumina en la Edad de Tabernáculos por venir.

http://www.gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/james-to-the-twelve-tribes/chapter-13-faith-and-works-of-abraham/

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