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EL REINO MESIÁNICO EN LA PERSPECTIVA PROFÉTICA (2ª parte), (Los Vencedores y el Reino Milenario Cap- 8), Arcadio Sierra Díaz


Capítulo 8
EL REINO MESIÁNICO
EN LA PERSPECTIVA PROFÉTICA
(Segunda parte)


Un cuerno enigmático

"19Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de todas las otras, espantosa en gran manera, que tenía dientes de hierro y uñas de bronce, que devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies; 20asimismo acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que le había salido, delante del cual habían caído tres; y este mismo cuerno tenía ojos, y boca que hablaba grandes cosas, y parecía más grande que sus compañeros".

Ahí es revelada la aparición del Anticristo, que surge de estas últimas naciones que corresponden con los diez cuernos de la cuarta bestia y con los diez dedos de la estatua del sueño de Nabucodonosor.

"21Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, 22hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino".

Vemos en la Palabra la revelación de que Dios nos ha hecho reyes y sacerdotes; pero para reinar con Cristo hay que ser vencedor.

"23Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará. 24Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará. 25Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo".

Eso concuerda con los tres años y medio revelados en Apocalipsis (cfr. Apocalipsis 13:5; 11:2).


Instauración del reino de Dios

"26Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin, 27y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán".

Se sabe que Cristo vendrá pronto, y va a establecer Su reino, y los vencedores de la Iglesia reinarán con Él. Pero mientras tanto, todas las naciones están sufriendo la tiranía de Satanás. Incluso el moderno Israel está sufriendo esa esclavitud. ¿Cuándo volverá Israel a estar bajo el reino de Dios como antaño? Hasta que le sea quitado todo poder a los gentiles y al mismo Satanás (cfr. Ro. 11:25). Dice la Palabra de Dios que la creación entera está aguardando ardientemente, gimiendo con dolores de parto, la manifestación de los hijos de Dios y que la creación misma será libertada de la esclavitud a que la ha sujetado Satanás y sus huestes malignas que la han dominado (cfr. Romanos 8:19-22). Hay un mandato perentorio del Señor de que nos encarguemos de difundir y predicar el evangelio del reino, pero debemos luchar fuertemente contra una poderosa oposición comandada por el diablo. Las huestes del reino de las tinieblas están organizadas jerárquicamente en los aires. Cada nación o provincia de la tierra tiene su príncipe satánico, ayudado por incontables por potestades, dominaciones, gobernadores de las tinieblas y ejércitos de ángeles caídos (cfr. Ef. 6:12). Ellos son los verdaderos enemigos, y la Iglesia es la única que no está bajo el gobierno de Satanás y su reino tenebroso. La Palabra dice que Dios
"nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo" (Col. 1:13). También dice la Palabra que el Señor le dijo al apóstol Pablo que le enviaba a los gentiles "para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios" (Hechos 26:18).

La Palabra de Dios revela que Cristo mismo ya está reinando ahora; está sentado en el trono del Padre; y nosotros en cada localidad estamos representando el reino de Dios. Para que el reino de Dios sea bien representado en cada localidad, se debe estar guardando la unidad del cuerpo de Cristo. Las divisiones en la Iglesia dan la imagen de un reino dividido. Cuando Josué llega a la tierra prometida, él avanza con el ejército a su mando, un solo ejército, para tomar para Dios la tierra prometida localidad por localidad. Pero quien en verdad obraba con ellos, y les daba la victoria, era Dios; y miren cómo les entrega la primera ciudad, Jericó. ¿Recuerdan el cuadro? Solamente tuvieron que obedecer la orden de Dios, como quien dice, el Jefe del estado mayor del ejército. Darle seis vueltas a la ciudad en seis días, y en el séptimo día proclamar la victoria de Dios, dando ese día siete vueltas. Dijo Josué: Gritad, porque el Señor os ha dado la ciudad.*(1) Y aquellas fuertes murallas cayeron derribadas como si fueran de cartón. Era la victoria de Jesucristo. Pero en Jericó no se detuvieron; siguieron tomándose las otras ciudades, y Dios peleaba por ellos y con ellos, e iban tomando localidad por localidad, para instaurar un comienzo y modelo del reino de Dios sobre la tierra. Nosotros tenemos esa misión: ir tomando localidad por localidad, e ir estableciendo el reino en cada una de ellas.

*(1) Cfr. Josué 6:15-21

¿Quién desea realmente que venga y se manifieste el reino de Dios? La gente recita la oración del Padre Nuestro, y dicen: "9Padre nuestro que están en los cielos, santificado sea tu nombre. 10Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Mt. 6:9-10). Pero si yo le digo al Señor: "Venga tu reino"; necesariamente que debe venir en primer lugar a mí, que el Rey (Cristo) reine en mí, tenga Su trono en mi corazón, punto central de mi vida. Y reinando en mí y reinando en ti, y reinando en cada uno de los hermanos, como consecuencia, el Señor reina en la Iglesia, y así entonces se está viviendo el reino. Y el mundo podrá ver que Dios reina en nosotros; eso es inocultable. Unos más, otros menos, pero el que no se somete, pues entonces hay disciplinas, hay pruebas, se establecen instancias, el Señor trata con nosotros. ¿Qué dice la Palabra de Dios al respecto? ¿Cuáles son los principios del reino? Estúdiese con detenimiento, muchas veces, el famoso sermón del monte. Ahí están resumidos los principios del reino, cómo debemos de vivir, de comportarnos como hijos de Dios. Dice el Señor allí que nuestra vida aun sea más rígida que la de los mismos religiosos. "Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (Mt. 5:20). Eso lo declara enfáticamente el Señor. "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt. 5:3).

Entonces, cuando aún estaba en vigencia el gobierno de la cuarta bestia, ya tiene una primera manifestación la piedra no lanzada con mano. Ya se manifiesta en el escenario de la tierra santa. En Mateo 3 dice la Escritura por boca de Juan el Bautista; el estaba predicando por el desierto, pero abre su boca para declarar algo de suma importancia: "2Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 3Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas". En ese momento todavía no se manifiesta; apenas se está acercando; de manera que ya es tiempo de que se arrepientan. Ya está por ahí cerca el que lo ha de manifestar, el que lo ha de regir. Luego en el siguiente capítulo, en el 4, lo dice el Señor en persona: "17Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado". Todavía el reino en ese momento no ha llegado; apenas se ha acercado. Para su manifestación tiene el Señor que permanecer un tiempo aquí desarrollando Su ministerio terrenal, y luego ser llevado a la cruz, donde muere por nuestra salvación, y luego ser sepultado, y luego resucitar, y luego ascendido a los cielos y ser glorificado, y luego enviar Su Santo Espíritu, a fin de que Su Espíritu nos traiga la vida de Dios y penetre y haga morada en nuestro espíritu y se haga uno solo con nuestro espíritu, y empecemos realmente a hacer parte del nuevo hombre, del verdadero hombre que ha de reinar en esta tierra, no para el reino de las tinieblas sino para Dios, Jesús y Su Iglesia, trayendo con Él el reino de los cielos, y a representar el reino de Dios en esta tierra.


El Reino es la quintaesencia del evangelio
Nosotros hacemos hoy parte de ese Rey, pues Él nos ha hecho reyes y sacerdotes; el Señor nos ha elevado a esa posición gloriosa; y la Palabra de Dios nos dice que debemos predicar el evangelio del reino. Por ejemplo, en Mateo 10 encontramos una habilitación y comisión de los doce discípulos más íntimos del Señor. Allí vemos que ellos fueron comisionados y enviados, no sin antes ser dotados de autoridad sobre los espíritus, para que los echasen fuera, para sanar toda enfermedad y toda dolencia, como sellos divinos que garantizaban la autenticidad del mensaje. El reino de los cielos es la quintaesencia del evangelio, pero ellos no iban a pregonar, diciendo: Ya llegó el reino de Dios, pues Cristo no estaba reinando todavía, pero el Señor decide enviarlos esa vez con ese bendito mensaje precursor, como los primeros rayos del alba anunciando la aparición del sol. Bueno, vosotros vais a salir ahora "y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado". Según el contexto vemos que aquellos hombres llevaban el mensaje de salvación y liberación, pero la presencia del bendito Salvador y su poder manifestado, también aseguraba la presencia física del Rey, de manera que era inminente la irrupción en medio de ellos de las gracias espirituales propias del reino de los cielos.

Nosotros hemos construido pequeños reinos en torno nuestro. Hay cosas que para nosotros revisten tanta importancia, que llegan a acaparar toda nuestra atención. Subjetivamente pueden estar ubicadas en cualquier rincón de nuestro corazón, pues objetivamente puede comprender algún aspecto de nuestro trabajo, de nuestra ocupación cotidiana, de nuestra economía, de nuestros amores y sentimientos, de manera que se agiganta tanto que se convierte en nuestro pequeño reino; y llega el caso en que no admitimos que nada ni nadie nos confronte frente a aquello. No pocas veces estamos deseando que se realice lo planeado por nosotros. Pero hay algo que ocurre, y es que no tenemos en cuenta que hacemos parte del cuerpo de Cristo, de Su Iglesia, que el Reino es de Cristo, que debo interesarme por trabajar por el Reino; y el caso es que en todo esto está en juego mi propia participación en la manifestación futura del Reino. Para que, cuando Cristo venga, yo pueda participar en las bodas del Cordero y en la manifestación gloriosa del Reino, es necesario que esté participando ahora en la realidad de ese reino en la Iglesia y trabajando por él, obedeciendo sus principios y viviéndolo activamente en estos días. Acordémosnos de la parábola de las diez vírgenes.
Si no lo hacemos así, ¿qué diferencia podríamos tener con los gentiles?
"32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mt. 6:32-33).

¿Cuáles son las preocupaciones centrales de los gentiles? En qué comer, qué beber, dónde vivir, qué manejar (conducir), cómo enriquecerse, dónde gozar; eso es lo que busca el mundo; y matan y roban y engañan y se llenan de enemistades y se hacen la guerra a fin de darle feliz cumplimiento a todas esas cosas. El mundo es una sola rebatiña. La vanidad colma el corazón de las gentes sin Dios; ese es su interés principal. Pero no hagáis vosotros así, pues vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de comer, de beber y de vestiros. Nosotros ya estamos en el Reino; el Reino de Dios ha venido a nosotros. Nosotros no vivimos bajo la autoridad del príncipe de este mundo, para seguir esa corriente de tinieblas, sino que el Reino de nosotros tiene un Rey Santo, un Rey de amor, pero también de disciplina. Si nuestro interés primordial es buscar el Reino de Dios y su justicia, entonces el Señor cumplirá Su palabra de proveernos lo necesario, de abrirnos puertas de trabajo o los medios adecuados para que tengamos a tiempo nuestra comida, nuestra bebida, nuestros vestidos, nuestra vivienda, y a veces hasta para nuestro recreo, porque de eso también tenemos necesidad. Él sabe que necesitamos algún descanso temporal, nuestras pequeñas vacaciones; todo eso lo sabe el Señor. "Y todas estas cosas os serán añadidas". Dios se compromete a eso en Su Palabra. A quien trabaja para el Señor, Él cumplidamente le suplirá para sus necesidades.


Real sacerdocio
Nosotros estamos ubicados en la Palabra en ese contexto. Nosotros estamos siendo entrenados para gobernar como reyes y ministrar como sacerdotes. Por ejemplo, el apóstol Pedro en su primera carta nos declara: "4Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 6Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él, no será avergonzado. 7Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; 8y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados. 9Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1 Pe. 2:4-9).

Allá ellos, los desobedientes, pero vosotros sois linaje escogido. Para Dios somos una raza especial; ya no somos ni judíos ni gentiles. Originalmente, Dios sí quería hacer de Israel una nación sacerdotal, pero ellos cayeron en la idolatría y no calificaron. Nosotros ahora somos reyes y sacerdotes, porque estamos en Cristo, quien es Rey de reyes y Sumo Sacerdote. Nótese que Pedro no dice seréis sino sois, en presente. Somos linaje escogido, real sacerdocio. ¿Para qué hemos sido llamados? Para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable; para anunciar las virtudes del Rey. Para eso hemos sido llamados por Dios, para anunciar esas virtudes del Señor y, claro, mostrarlas en nosotros mediante un testimonio santo.

En Apocalipsis también aparece esta declaración.
"Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén" (Ap. 1:6). Nos hizo. Es un hecho. "9Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre los has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; 10y los has hecho para nuestro Dios reino y sacerdotes, y reinarán sobre la tierra" (Ap. 5:9-10). Fuimos sacados de todo linaje y lengua y etnia; ahí están las diez vírgenes. Eso somos y lo seremos para toda la eternidad con el Señor. En todo reino hay un rey, y hay un territorio que comprende los límites del reino, y hay súbditos, pero también hay leyes, hay principios morales y jurídicos, y hay disciplinas. Los principios del reino de Dios son totalmente opuestos y diferentes a los principios de los reinos del mundo. Yo creo que las leyes y constituciones de los reinos del mundo que más pueden semejarse a los principios del reino de Dios son aquellas que se basan en alguna medida en la Palabra de Dios.


¿Restaurarás el Reino ahora?
Entonces, hermanos, ¿quién escribe esto que aparece en Apocalipsis? Juan, uno de los doce apóstoles del Señor Jesucristo. ¿Quién escribió lo que hemos leído anteriormente? Pedro, otro de los doce. Pero lo curioso es que ellos mismos, Juan, Pedro, Mateo, Felipe, Andrés, Santiago y demás discípulos, ya llegada la hora de la ascensión del Señor, se acercan a hacerle una pregunta al Señor. El Señor los había convocado a que se reunieran en el monte de los Olivos, pero ellos, antes que el Señor ascendiera al cielo, le hicieron una pregunta. Es posible que todos esos días hubiesen estado a la expectativa de cada palabra, de cada movimiento del Señor después de haber resucitado. ¡Qué gloria, qué días aquellos! ¿Qué vendrá ahora, Juan? ¿Qué podrá suceder en estos días, Pedro? Y se lo preguntaron directamente a Él. Si no es ahora, ¿podremos tener otra oportunidad? "6Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" (Hch. 1:6). Ellos, sus íntimos amigos y discípulos, tenían esa preocupación; ellos sabían acerca de las promesas de Dios sobre el reino. Y también creían que Jesús era el verdadero Rey mesiánico; luego fueron testigos de cómo el Señor se entregó para que lo mataran; que voluntariamente se entregó para que lo juzgaran y lo llevaran a la cruz, pues también lo hubiera podido eludir y huir con sus discípulos; irse lejos. Pedro mismo se lo había insinuado (cfr. Mateo 16:22). Todo eso pudieran estar ellos pensando días antes. Pero se dejó matar. Bueno, resucitó. ¡Aleluya! Pero, ¿qué sigue ahora? Ahora vemos que se va. ¿Esto qué es? Hay algunas cosas ahora que no entendemos. Por eso le preguntan al Señor resucitado y en las puertas de la ascensión que si iba a restaurar el reino a Israel en ese tiempo.
La pregunta de los discípulos del Señor Jesús, en cuanto a la restauración del Reino, es legítima y correcta, teniendo en cuenta que ellos conocían muy bien las profecías del Reino Mesiánico prometido a Israel, Reino para el cual sería restaurado el trono de David, y ocupado por un descendiente directo de ese linaje real. Pero lo que ignoraban los discípulos del Señor era que el Señor Jesús habría de llegar a la gloria del reino a través de la cruz y mediante la previa edificación de la Iglesia, pues, como era (y sigue siendo) la pauta en general de los judíos, ellos no veían en la profecía bíblica sino una sola parusía del Mesías. Los israelitas no han vislumbrado aún que en la primera venida el Mesías tendría que someterse al sufrimiento y a la muerte, luego de Su resurrección vendría la glorificación, y mediante la venida del Espíritu Santo, conformar un cuerpo élite que estaría reinando con Él, y por fin regresar en gloria y poder a establecer el Reino, conforme las Escrituras.
Pero, hermanos, meditemos en esto. A ellos, a los judíos, se los llevaron cautivos a Babilonia, y aunque un remanete regresó en tiempos de los medo-persas, siguieron bajo el dominio extranjero; luego viene un tercer imperio mundial gobernado por los griegos, y siguen bajo el dominio extranjero. Incluso el historiador Flavio Josefo narra en uno de sus libros, cómo recibieron apoteósicamente a Alejandro Magno en Jerusalén, pero él no les dijo a los judíos: Vengo a darles la libertad, no; ustedes seguirán bajo mi yugo.*(2) Entonces en tiempos de Babilonia los judíos estaban bajo dominio extranjero; en tiempos de los medo-persas, también; bajo el gobierno griego, también; bajo los romanos, también, y nada de que Dios restaurara el Reino. ¿Estaba Dios haciendo algo para restaurar el Reino? Claro que sí, pero a su debido tiempo. Ya se había manifestado el Rey, pero faltaba algo. Sus discípulos no entendían los movimientos de Dios, y por eso le preguntan: Señor, ¿restaurarás el Reino a Israel en este tiempo? Como quien dice: Te hemos visto resucitar, hemos visto tu poder, cómo resucitaste, cómo traspasas las paredes, como te haces invisible, cómo luego restauras tu visibilidad, cómo comes a voluntad, cómo caminas o vuelas si quieres; luego tú tienes poder para restaurar el Reino a Israel en este tiempo. Creemos que tú eres el Rey. ¿Lo restaurarás? Ya te vas. ¿Qué es lo que está impidiendo? Ellos no entendían nada, hermanos, debido a que ellos veían todo eso a través de un lente muy humano, como pensando: Bueno, el Señor puede ahora llamar a arreglar cuentas a todos aquellos que lo crucificaron; puede llamarlos al yugo y sacudirse de Pilato y de todo el imperio romano, incluyendo al mismo césar romano. Aquí estamos nosotros para gobernar contigo. ¿Qué impide ahora?

*(2) Flavio Josefo. Antigüedades de los Judíos. Tomo II. Cap. VIII, 5, p. 256.

Pero ellos no sabían que el Reino de Dios es diferente. Al Reino de Dios hay que verlo y comprenderlo desde adentro; y la carne no lo puede ver ni mucho menos entrar en ese reino. La mente carnal no puede comprender el Reino de Dios.*(3) Cuando el espíritu de Adán murió sin haber comido del árbol de la vida, sino que en cambio había comido del árbol del conocimiento del bien y del mal, el espíritu se opacó y, en cambio, empezó a erguirse y a crecer el alma; y cuando el alma se engrandece, su centro neurálgico es el ego, el yo. Ese constituye el centro del alma. ¿Tú qué opinas? Yo no quiero eso; yo prefiero esto otro. Yo soy el que mando. Yo soy Hitler, y voy a dominar el mundo. Esa es el alma humana. Por eso dice el Señor:
"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mt. 16:24). Si decide no hacerlo, no puede seguir a Cristo; no lo entiende. El yo y Cristo no pueden caminar juntos a menos que haya una renovación del alma. Dice Pablo que las cosas de Dios no las puede entender la carne; es decir, el hombre natural ni el creyente carnal;*(4) y el alma es parte de la carne cuando no ha sido renovada. Hablando del reino de Dios, le dice el Señor a Nicodemo que nadie puede ver el Reino, ni mucho menos entrar en él a menos que nazca de nuevo para ese Reino; debe experimentar un nuevo nacimiento, de arriba, para que pueda la vida de Dios entrar en su espíritu y darle la vida increada; y así podrá ver cosas que nunca antes había podido ver.*(5)

*(3) Cfr. 1 Corintios 2:14
*(4) Cfr. 1 Corintios 3:1-4
*(5) Cfr. Juan 3:1-7

Nosotros, por la misericordia del Señor, hemos llegado a tener la vida de Dios, entonces podemos ver el Reino de Dios; debemos, pues, ver el momento crucial que estamos viviendo, y no seguir navegando en la barca de nuestra alma. Embarquémonos con el Señor; entremos en el Reino de Dios. Ellos quisieron ver establecido el Reino de Dios en ese tiempo. Pero en ese momento ¿quién lo podría comprender? ¿Quién conocía a Cristo? ¿Quién? Ni siquiera ellos mismos lo conocían bien. Para ellos conocer a Cristo tuvieron que recibir el Espíritu Santo en el día de Pentecostés; y cuando ellos recibieron el Espíritu en el día de Pentecostés, en ellos hubo una verdadera revolución, y se les quitó de los ojos un grueso velo, y pudieron ver la realidad de quiénes realmente eran ellos, de quién era Dios y Su Cristo, de cuáles son los propósitos de Dios.
A veces nosotros ni siquiera nos asomamos a meditar en esa realidad y pensar en el poder que tenemos. Dice Mateo 12:28:
"Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios". Eso sólo lo puede realizar una persona que tenga el Espíritu de Dios, y esté dentro de los parámetros del Reino de Dios. Porque el otro reino, el de las tinieblas, ya está juzgado y vencido; sus días están contados. El decreto ya fue expedido contra Satanás y las huestes espirituales de impiedad. "Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera" (Jn. 12:31). Dice el hermano Pember: "Esta sentencia aún no ha sido aplicada; pero acontecerá, aparentemente, cuando Satanás fuere amarrado y lanzado por mil años al abismo (aquella profundidad ardiente en el centro de la tierra), que, según la Escritura, es la cárcel de los que mueren perdidos. Así, él sufre la primera muerte durante el Milenio y, después, la segunda, al ser lanzado en el lago de fuego y azufre (vea Is. 24:21,22; Ap. 20:1,2; 20:14)". Vemos que la sentencia fue pronunciada, pero aún Satanás no ha sido destituido de su cargo gubernamental ni despojado de su título de príncipe de este mundo, hasta que sea encadenado y lanzado al abismo; sin embargo los vencedores en la Iglesia están en el Reino de Dios, y representan el poder y la autoridad de Dios, sobre todas las tinieblas.

*(6) George Hawkins Pember. "Las eras más primitivas de la tierra". Cap. 2, pág. 59

Volvamos a Hechos 1:6. Ahí hay algo que el Señor nos quiere decir.
"Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" Allí no se reunieron cualesquiera personas; se reunieron el Señor y Sus discípulos más íntimos. Le preguntaron: "¿Restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" Como diciéndole, ¿seguiremos nosotros bajo el yugo romano? Eso era lo que pensaban ellos. No tenemos para qué especular, pero a veces se me da por pensar cosas y situarme en la escena de los cuadros bíblicos. Después de tres años y medio de estar escuchando al Señor tantas parábolas donde les decía que era necesario que Él se fuese y enviase Su Espíritu y más tarde volviera para establecer Su Reino, etc., y ahora le salen con esa pregunta. Bueno, pero el Señor, con paciencia y mucho amor, les responde aparentemente con una evasiva, diciéndoles: "7No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad". No os toca a vosotros saber los cronos o los kairós, los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad. El Padre tiene todo bien planeado; pero para que ocurra todo lo que ustedes me están preguntando, para que se establezca el Reino, es necesario que el día que regrese Cristo, todos lo vean y sepan todos quién es El que viene, y, por ello mismo, muchos correrán a esconderse debajo de las piedras y en las cuevas de los montes. Y sabrán perfectamente quién viene. En aquel día de la pregunta, nadie sabía quién era Jesús de Nazaret, sólo unos poquitos. Para eso era necesario que primeramente ocurriera la extensión de ese conocimiento entre los hombres, y por eso les siguió diciendo: "8Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra".
La restauración del Reino y exaltación del Rey mesiánico sólo tiene desarrollo y final cumplimiento según el plan eterno y la sabiduría de Dios. Allí el Señor habla de tiempos y sazones (
cronos y kairós). Dios sabe exactamente cuándo debe ocurrir todo; Él y sólo Él sabe el tiempo. Cada cosa debe ser sazonada, dispuesta, tanto en la historia secular como en la Iglesia, y aun en los ámbitos espirituales de maldad. Dios se ha ido revelando y dispensándose al hombre en el curso de la historia, a fin de que el hombre objeto de Su revelación y de Su luz, esté atento a las manifestaciones celestiales, y Dios tiene un tiempo apropiado para el cumplimiento de Sus propósitos. La cosecha no se puede recoger sino hasta que esté madura, y Él sabe cuándo estará madura. El Reino no puede manifestarse antes de que los acontecimientos, la Iglesia, la sociedad, el aspecto político y económico del mundo, la globalización, la apostasía, el estado moral humano estén en su sazón. Antes de la Segunda Venida de Cristo tiene que haberse terminado de formar un pueblo que ha de reinar. Para era necesario que el Señor cualificara a Sus discípulos, comenzando por los doce, con la venida del Espíritu Santo, y les fueran abiertos sus ojos, y recibieran poder para testificar, por todas las naciones y a través del tiempo, que Jesucristo, el Hijo de Dios, es el Señor que resucitó de la tumba, y que ha de venir a reinar. Cuando ellos le formularon la pregunta sobre la restauración del Reino, en ese momento les quiso decir con Su respuesta: Ahora todavía no es el tiempo; hay tantas cosas que ustedes deben saber; nada ha madurado, ni ustedes mismos; ustedes mismos deben abrir sus ojos, pues hay que seguir sembrando, "8Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra".

La Biblia dice que a ellos les llegó ese poder con la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, y hubo un tiempo cuando Pedro iba caminando, y traían los enfermos, pero había tanto que hacer, y seguramente no había tiempo para atenderles uno por uno, entonces con la sola sombra de Pedro, los enfermos eran curados por el poder de Dios (cfr. Hechos 5:12-16). Cuando vino el Espíritu Santo, Sus discípulos empezaron a dar testimonio verdadero de lo que realmente es Jesucristo. Mientras regreso, vosotros daréis testimonio realmente de lo que es el Reino; daréis testimonio realmente de cuál es el poder de Dios. Daréis testimonio primeramente en Jerusalén (la localidad donde estaban residiendo), daréis testimonio en Judea (la provincia donde vivían), en Samaria (la provincia vecina) y hasta lo último de la tierra, llegando el mensaje a todos los continentes de la tierra, y llegó hasta Colombia, a Bogotá, y a Sogamoso, a Cúcuta, a Santa Marta y a Barranquilla. Nos llegó a nosotros este testimonio del Señor Jesús; y ahora el Señor ha establecido en nosotros Su Reino. Ahora en nosotros hay una realidad del Reino; lógicamente que cuando Él venga va a haber una manifestación, pero hoy nosotros ya vivimos en el Reino. Si nosotros queremos participar de las bodas del Cordero y del Reino Milenario, debemos reinar desde ahora con Cristo; que Él reine sobre nosotros, y así nosotros estamos reinando, siendo vencedores. Y todos los entes de las tinieblas tiemblan ante el nombre glorioso del Señor Jesucristo.

"9Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo". Al ser glorificado, el Señor Jesús empezó a reinar, sentado a la diestra de Dios, hasta que todos Sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies (cfr. Mt. 19:28; He. 1:3; 10:12; Ap. 3:21). A su debido tiempo regresará a esta tierra lleno de gloria, poder y majestad. Que el Señor Jesús abra nuestros ojos para que podamos verlo y vivirlo, y llevarlo profundamente con nosotros a una realidad.


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Publicado por Arcadio Sierra Díaz en 17:37

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