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CUANDO DEJÉ DE HABLAR COMO CRISTIANO APRENDÍ 5 COSAS, José Chacón


Un artículo que los evangélicos adiptos al empalagoso idioma cristianés deberían meditar. Como expracticantes de dicho idioma nos identificamos perfectamente con José Chacón. Tener el acento galileo que delate nuestro caminar con Jesús (Hechos 4:13) nada tiene que ver con el religioso cristianés, sino con nuestra forma de vivir, con nuestro comportamiento, trato, forma de pensar ... Creemos que Jesús hablaría como la gente normal de la época y no en religioso cristianés.

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Conferencista imperfecto, mis temas favoritos son el emprendimiento, la superación y la espiritualidad. Siete años hace que cambié de idioma. Dejé atrás el cristianés y emprendí un viaje comunicacional que me ha dejado muchas lecciones.
No fue sencillo decodificar los usos del cristianés. Al principio el esfuerzo radicaba en dejar de repetir las palabras y frases más comunes. En el proceso me di cuenta de cuán acrítico es nuestro lenguaje, cualquiera que sea. Normalmente no sabemos realmente qué significan o de dónde vienen las palabras que utilizamos. Es decir, hablamos sin una comprensión etimológica de nuestro lenguaje.
Por ejemplo, en el cristianés es común utilizar frases o palabras en hebreo. La palabra hebrea que quizás más se use es amén. En hebreo simplemente significa “en verdad” o “verdaderamente”. De la misma raíz de emunah, que significa simplemente fe. Aunque normalmente es usada para “sellar” las oraciones de forma litúrgica, también es utilizada para dar signos de aprobación durante un sermón o ante alguna expresión específica. La pregunta aquí es ¿por qué deberíamos utilizar la palabra hebrea y no una equivalente en castellano? ¿Será que esto tiene que ver con la religiosidad o la noción espiritualizada de las palabras? ¿Qué pasaría si terminamos nuestras oraciones simplemente con un “hasta luego” o un “así se haga” o un “muchas gracias Señor?
Más problemáticas que la anterior podrían ser las palabras que nada tienen que ver con la fe cristiana. Por ejemplo la palabra culto, referida a la reunión eclesial. No encontramos esa expresión ni en el Antiguo Testamento ni en el Nuevo. Pero sí aparece repetidamente referida a las practicas religiosas distintas del cristianismo. Actualmente los angloparlantes la utilizan para referirse a una reunión sectárea. Algo similar ocurre con la palabra altar. Otras expresiones simplemente son incomprensibles para los no crisitianos: sangre del cordero, sacrificio expiatorio, o cualquier expresión utilizada en la Biblia y repetida de forma literal. El problema no es lo que significan (aunque muchas veces quien las dice tampoco lo sepa con certeza), el problema es que son incomprensibles para los no “iniciados”.
Lo cierto es que, aunque no lo notemos, los cristianos tenemos un dialecto propio y poco comprensible para los que no pertenecen al circulo de los iniciados. Esto es lo que he aprendido en estos 7 años de haber dejado de hablar ese dialecto:
  1. Profundización de mi ideantidad cristiana. Al procurar intencionalmente examinar mi lenguaje “espiritual”, descubrí que mi madurez cristiana no tiene nada que ver con las palabras “espirituales” que pronuncio cotidianamente. No soy más cristiano por las palabras “cristianas” que pronuncio, sino por la relación personal y profunda que pueda tener con Jesús, el fundador de la fe cristiana.
  2. Comprensión más detallada de mis creencias. Al darme a la tarea de meditar y analizar mis expresiones típicamente “cristianas”, pude ver con mayor nitidez de dónde venían dichas expresiones, pude discriminar entre las que respondían verdaderamente a una fe cristiana y las que no coincidían realmente con ella. Si, soy cristiano protestante y soy católico y no existe contradicción alguna en eso. Soy cristiano porque sigo a Cristo, soy protestante porque me adhiero a los postulados de la Reforma, y soy católico porque esa palabra significa completa o universal. Soy parte de la Iglesia Universal, conformada por muchas diferentes expresiones y denominaciones alrededor del mundo. Es así como toma profunda relevancia para mí terminar el Credo utilizando todas las palabras sin ningún temor sectáreo: Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica (Universal), la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.
  3. Comunicación con los no creyentes. Este es uno de los frutos más emocionantes de esta aventura. El lenguaje que usamos tiene la suficiente fuerza para levantar muros, confirmar prejuicios y profundizar brechas de separación, aunque no lo queramos. Pero el lenguaje también puede destruir muros, derribar prejuicios y construir lazos de unidad. Eso es lo que ha sucedido desde entonces. Dejar atrás el cristianés me ha permitido conocer muchas personas, me ha permitido comunicar mi fe con quienes no hablan ese dialecto evangélico y que, quizás, no hubieran querido escuchar una explicación cristiana en el idioma de los cristianos.
  4. Perspectiva distinta de mi propia gente. También es cierto que cuando un pastor deja de hablar el dialecto de los pastores, es visto por sus colegas como una especie rara, en el mejor de los casos. Los otros cristianos tienden a interpretar el lenguaje no evangélico, como un signo de poca espiritualidad. Por lo tanto, las predicaciones pueden ser vistas como lights o poco consistentes, sin carnita o destinadas a un público inexperto.
  5. Libertad en mi vida devocional. No tengo que orar bonito, ni usar palabras que parezcan muy espirituales, ni repetirle a Dios los versiculos que él ya sabe, ni sermonearlo con definiciones doctrinales o declaraciones de fe forzadas. Ahora puedo hablarle como a un papá cercano que no está analizando mi lenguaje, ni mi conocimiento. Puedo hablarle más libremente y enseñarle a mis hijos cómo converso con Jesús, como un amigo al que amo profundamente, al que admiro, al que adoro, pero con el que converso sencilla y sinceramente, sin disfraces.
“Aunque soy libre respecto a todos, de todos me he hecho esclavo para ganar a tantos como sea posible.  Entre los judíos me volví judío, a fin de ganarlos a ellos. Entre los que viven bajo la ley me volví como los que están sometidos a ella (aunque yo mismo no vivo bajo la ley), a fin de ganar a éstos. Entre los que no tienen la ley me volví como los que están sin ley (aunque no estoy libre de la ley de Dios sino comprometido con la ley de Cristo), a fin de ganar a los que están sin ley.  Entre los débiles me hice débil, a fin de ganar a los débiles. Me hice todo para todos, a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles. Todo esto lo hago por causa del evangelio, para participar de sus frutos.” 1 Corintios 9:19-23

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