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LAS DOS ALAS DE LA GRAN ÁGUILA (Entrenando a los Vencedores), Dr. Stephen E. Jones


(Extracto del libro "Apocalipsis Nuevo Estudio", cap. 12, parte 8)
Alas de Cobertura y Formación
La Escritura usa alas como símbolo de la cobertura, que incluye la protección, como en Mateo 23:37, y la curación (Malaquías 4:2). Pero en Deuteronomio 32:10-13 la Canción de Moisés dice en parte,

10 Lo encontró [Israel] en tierra de desierto, y en yermo de horrible soledad; Él lo rodeó, lo cuidó, lo guardó como a la niña de su ojo. 11 Como el águila que excita su nidada, que revolotea sobre sus polluelos, extiende sus alas, los toma. Los lleva sobre sus plumas. 12 El Señor solo lo guió, y no hubo dios extraño con él. 13 Lo hizo subir sobre las alturas de la tierra …

Los hombres habían observado desde la antigüedad cómo un águila excitaba su nido con el fin de empujar a sus crías afuera, lo que los obligaba a aprender a volar. Observaron cómo el águila entonces extendía sus alas y los capturaba cuando los aguiluchos caían. El águila entonces llevaría a sus crías al nido, donde este ejercicio de entrenamiento podría comenzar de nuevo. Todo esto era necesario para enseñar a los aguiluchos a volar.

Así también trajo Dios a Israel de Egipto con ,el fin de enseñarlos a volar. Egipto está por lo tanto representado como el "nido" de Israel el lugar donde nació la nación. Dios, como la "gran águila", no se limitó a transportarlos en sus alas a Sinaí, sino que los empujó fuera del nido a través de las diez plagas, lo que provocó que el faraón los expulsara de Egipto (Éxodo 12:33).

La metáfora del águila, entonces, no es sólo acerca de la protección, sino también sobre la enseñanza y la formación o entrenamiento. Lo mismo puede decirse de la mujer en el desierto, la iglesia nació en Jerusalén en el día de Pentecostés, pero pronto Dios agitó el nido y ella fue empujada fuera de la Vieja Tierra por la persecución (Hechos 8:1). Jerusalén cumplió el papel de Egipto en este caso, debido a que (como dice Pablo) Jerusalén es Agar, la egipcia (Gálatas 4:25).

El águila entrena a sus crías para volar, y en su lucha para aprender a coordinar sus alas, pero también ganan fuerza para volar. Así Isaías 40:29-31 dice,

29 El da esfuerzo al cansado, y al que no tiene fuerzas, aumenta el vigor. 30 Los muchachos y los jóvenes se se cansan y fatigan, 31 pero los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán.

Aquí los cansados son representados como aguiluchos jóvenes que carecen de fuerza en sus alas. Si ellos "Esperan en el Señor", son capturados por Dios (el águila madre) y remontados antes de que caigan al suelo. De esta forma ganan fuerza y aprenden a volar.


Ganando fuerza a través de la Fe y el Amor
Así que cuando Juan describe a la mujer en el desierto dándosela dos alas de la gran águila, para volar al desierto, entendemos que esto indica la formación de la iglesia, o al menos de los que son vencedores. A pesar de que existen águilas jóvenes que no sobreviven a la formación, por lo que también están allí los cristianos que nunca aprenden a volar. Volar es vencer, y Jesús deja claro en Su mensaje a las siete iglesias que no todos los creyentes son vencedores.

La fuerza y la coordinación de las "alas" de un vencedor es quizás medida por la fe y el amor. Ningún aguilucho quiere ser empujado fuera del nido y ser puesto en una posición de peligro, pero sin embargo, esta es la única manera de enseñarle a cómo confiar en su madre para protección y ayuda. Cuando los creyentes experimentan este tipo de situaciones, aprenden fe que incluye la confianza. Es como si el águila madre dijera: "Confía en mí, sé lo que estoy haciendo". La verdadera fe es la posibilidad de descansar en medio de la angustia y el miedo y vencer todas las reacciones negativas a este tipo de situaciones alarmantes.

Por lo tanto, durante el tiempo de la mujer en el desierto, la intención de Dios es entrenar a la Iglesia y no sólo protegerla y darle de comer. Hay niveles de fe que alcanzar, porque los apóstoles le pidieron a Jesús en Lucas 17:5, "aumenta nuestra fe". Pablo dice en Romanos 1:17 que el Evangelio revela cómo vamos a crecer "por fe y para fe". La fe viene por el oír (Romanos 10:17), así que cuanto más oímos y obedecemos (respondemos), más se incrementa nuestra fe, y mayor es nuestro nivel de madurez espiritual.

Del mismo modo, la propia capacidad de amar es la segunda gran medida de la madurez, como explico en el capítulo 3 de mi libro, Cómo ser un vencedor (http://josemariaarmesto.blogspot.com.es/2014/04/cuatro-lecciones-de-como-ser-un.html). Existen tres niveles básicos de amor, cada uno con su propia palabra griega para describirlo. El propósito fundamental de este tipo de formación para crecer en fuerza es transmitir el carácter de Dios a Sus hijos. El fin último de la persecución es que nos enseñe a amar a nuestros enemigos, como Dios nos ha amado siendo aún enemigos (Romanos 5:10). Este es el tipo de amor que distingue a los vencedores de los creyentes y también de todas las demás religiones que reclaman a las enseñanzas sobre el amor.

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