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LA PROFECÍA DE JEREMÍAS SOBRE JERUSALÉN, QUE NO SERÍA RECONSTRUIDA, Dr. Stephen E. Jones



Jeremías profetizó la destrucción de Jerusalén de la mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, 600 años antes. En Jeremías 19, fue llevado por el Espíritu a comparar la ciudad con una vieja vasija de barro que, una vez rota, nunca podría ser rehecha como una nueva vasija (Jeremías 19:10,11). Parece que muy pocos maestros de la profecía hoy toman en serio a Jeremías o incluso conocen lo que dijo.

Están confundidos por la anterior profecía en Jeremías 18: 1-10, donde se lee de una segunda vasija de barro que fue "echada a perder en la mano del alfarero, y tornó y la hizo otra vasija" (Jeremías 18: 4). Esta profecía, sin embargo, no trataba de Judá y de Jerusalén, sino de la casa de Israel. Judá e Israel eran dos naciones distintas durante el tiempo del reino dividido. Jeremías representó a cada nación por una vasija diferente, una de arcilla húmeda que podría ser rehecha, la otra de arcilla endurecida que no pudría ser reparada una vez que se hubiera roto.

La arcilla húmeda era Israel (Jeremías 18: 6). La arcilla endurecida era Judá y Jerusalén (Jeremías 19: 3). El malentendido viene cuando los hombres piensan que los judíos son Israel, cuando en realidad la palabra castellana "judío" es la abreviatura de Judá. Los israelitas fueron llevados a Asiria y se convirtieron en las llamadas "tribus perdidas de Israel". Los judíos fueron llevados a Babilonia, y volvieron setenta años más tarde a la  tierra, porque nunca se perdieron.

Los profetas no confundieron a Judá con Israel en sus profecías, porque cada una tenía un destino diferente que cumplir en el Plan Divino. En este caso, el profeta da gran esperanza para Israel, pero no la da para Judá y Jerusalén.

Así que cuando Jeremías nos dice que Judá y Jerusalén debían ser quebrantadas "como uno que rompe una vasija de alfarero que no puede volver a ser reparada" (Jeremías 19:11), sabemos que esto se aplica a los judíos, no a los hijos de Israel, porque la Casa de Israel iba a ser rehecha en otro recipiente. Tal profecía es incomprensible si se piensa que los judíos son Israel. Cuando los judíos llamaron Israel a su estado en 1948, esto solidificó la confusión en la mente de los cristianos históricamente desafiada.

El hecho es que el estado de Israel no es la vasija de barro rehecha en Jeremías 18: 4, sin que importe como ellos llamaron a su nación; lo único que importa es lo que Dios dijo que le pasaría a ella. Es más bien un estado y una ciudad que deben cumplir la profecía de la jarra endurecida de Jeremías 19:11. La destrucción de Jerusalén y la devastación de Judá en tiempos de Nabucodonosor cumplieron parcialmente la profecía. Si la ciudad nunca habría sido reconstruida, entonces y sólo entonces se podría decir que la profecía se había completado, pero la ciudad fue reconstruida por Nehemías.

La ciudad y el templo existían en tiempos de Jesús, pero Jesús habló de su destrucción. Por lo tanto, la ciudad fue destruida de nuevo en el año 70, pero más tarde fue reconstruida y existe aún hoy en día. Por lo tanto, a menos que estemos dispuestos a admitir que Jeremías era un profeta falso, sólo podremos concluir que Jerusalén y la tierra de Judá, que ahora llaman de nuevo Israel, de nuevo serán destruidas, pero esta vez la destrucción será tan completa que se nunca volverán a ser reconstruidas.

Creo que esta destrucción final de la Jerusalén terrenal es necesaria con el fin de romper la ceguera de la Iglesia que les ha hecho ver a Agar-Jerusalén como su madre espiritual. La esclava debe ser echada fuera con el fin de que Sara y su hijo puedan heredar la Tierra. Como siempre que hay un conflicto en curso en la Corte Divina, la Compañía Isaac no puede reclamar el reino, ni puede Sara -la Jerusalén celestial- ser su madre.

La guerra final llamada Armagedón no es factible que suceda aparte de la destrucción de Jerusalén. La confusión principal de la Iglesia de hoy se encuentra en su negativa a ver que la Jerusalén terrenal es Agar y debe ser echada fuera. Los cristianos sionistas son los abogados de Agar e Ismael en la Corte Divina, tratando de convencer a Dios para que entregue el Reino a sus clientes.

Pero Dios ya se ha pronunciado en contra de ellos, y ellos se han negado a aceptar Su decisión. ¿Por qué? Debido a que son los higos malos de Jeremías 24, que están llamados a provocar la destrucción total por negarse a cumplir con la sentencia de la Corte Divina. En teoría, si se arrepienten y aceptan el fallo de la Corte y se someten al llamado y la autoridad de Sara e Isaac, podrían convertirse en parte del Reino, junto con todas las otras personas que depositan su fe en Jesucristo, el Rey. Pero Jeremías indica que la mayor parte de sus corazones están endurecidos como la vasija de arcilla y deberán ser quebrados.

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