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DANIEL 11 (12): EL FINAL DEL ANTICRISTO (entendiendo quién fue y es el Anticristo), Dr. Stephen E. Jones


NOTA ADMINISTRADOR: 

Ya va siendo hora de que dejemos de formar parte del Falso Profeta que da aliento a la imagen de la Bestia, abandonando los postulados sionistas, las teorías futuristas de un Anticristo sobrenatural, y dejando de seguir llamando a la vieja Jerusalén, Agar, nuestra madre... Después de la caída de Misterio Babilonia, a la que estamos asistiendo, por la piedra no cortada con manos, golpeando los pies de barro y hierro, no hay más imperios bestias, no hay más Nuevo Orden Mundial, sino el Nuevo Orden del Reino Milenial. 

Tampoco sirve el doble ánimo de los que vislumbrando la luz de Tabernáculos al otro lado del Jordán, mantienen un pie en el el Gran Engaño futurista, mientras tratan de alcanzar con el otro en historicismo. Ya estamos en Tabernáculos, no nos aferremos o regresemos a Pentecostés.

Es hora de reinar con Cristo, no de seguir acobardados bajo las piedras, esperando una supuesta Gran Tribulación, que ya pasó para los que en vida menosprecian sus vidas hasta la muerte. ¡Es hora de erguirse y levantar la cabeza, no de salir huyendo en un rapto mal entendido! Lo que no quiere decir que la Caída de Misterio Babilonia no levante polvo y ruido, y sí, Gran Tribulación para Judá y para los cristianos tibios y cristianos, que alientan al Falso Profeta instalado en los atrios de Pascua y Pentecostés.

Daniel 11 (12): El fin del Anticristo

1 de septiembre 2015


Las acciones de Antíoco Epífanes reciben la mayor atención por parte del ángel en su mensaje profético en Daniel 11.

Daniel 11:36 continúa,
36 Y el rey hará lo que quiera, y se ensoberbecerá, y se engreirá por encima de todos los dioses; y proferirá cosas inauditas contra el Dios de los dioses, y prosperará, hasta que sea colmada la ira; porque lo determinado se cumplirá.

El nombre autodenominado "Epífanes" sí mostró que el rey se exaltó sobre todo dios. Él prosperó, o tuvo éxito en su trabajo "hasta que se colme la ira". La palabra hebrea para "ira" es za'am, que significa "espuma, ira, indignación". Esto no se refiere a la indignación de Antíoco, sino más bien la indignación de Dios. Gesenius Lexicon dice, "hasta que se complete el castigo enviado por Dios".

Además, "lo que está decretado [por Dios] será hecho". El ángel le decía a Daniel que Judea iba a ser juzgada por sus pecados. Esto es consistente con la declaración angélica anterior en Daniel 8:12, "a causa de la transgresión el anfitrión será entregado al cuerno junto con el sacrificio continuo". Fue la rebelión de Judea, o más específicamente, los sumos sacerdotes del templo, lo que provocó este juicio divino.

Era esencialmente el mismo pecado que provocó la destrucción del templo anterior en los días de Jeremías, cuando los sacerdotes habían convertido el templo en "cueva de ladrones" (Jeremías 7:11). En tiempos de Jesús los sacerdotes hicieron lo mismo (Mateo 21:13). Muchos sumos sacerdotes obtenían su posición por adulación o por compra directa del sumo sacerdocio.

Sin embargo, como hemos visto, Dios trajo juicio sobre el mismo Antíoco cuando terminó el tiempo del juicio divino a Judea.


Daniel y Pablo
Daniel 11:37 continúa,

37 Y él no mostrará ningún respeto por los dioses de sus padres o por el deseo de las mujeres, ni mostrará respeto por cualquier otro dios; porque se engrandecerá sobre todos ellos.

La RV traduce la última parte de este versículo, "se ensoberbecerá y se engrandecerá sobre todo dios". Los traductores entendieron que Pablo se refirió a esto en 2 Tesalonicenses 2: 4, "que se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto".

Pablo conectó de hecho su profecía con la de Daniel 11:37. La aplicó a los sacerdotes corruptos del templo en su tiempo, que eran como Onías y otros sacerdotes corruptos que obtuvieron el sumo sacerdocio por adulación política o por soborno. En tiempos de Jesús, Anás (o Annanus) fue considerado como el sumo sacerdote real, pero su yerno Caifás era el sumo sacerdote nombrado por el rey Herodes.

Desde la perspectiva divina, ni Anás ni Caifás eran sumos sacerdotes legítimos, porque ellos rechazaron al Mesías. Ellos jugaron el papel de Absalón, quien usurpó el trono de su padre, David, y por lo tanto eran "anti-Davides" o "anticristos". Así, en un nivel profético, los sumos sacerdotes de la época de Jesús usurparon Su trono y se establecieron como dioses en el templo. Ellos habrían discrepado fuertemente con la evaluación de Pablo, por supuesto, pero Pablo entendía la historia profética de David y Absalón. Por lo tanto, Pablo vio al sumo sacerdote de Jerusalén como un Antíoco Epífanes ("Dios Manifiesto"). Por esta razón, se opuso firmemente al judaísmo y luchó contra los judaizantes en la Iglesia, sobre todo en el libro de Gálatas. El desprecio de Pablo se destapó en Hechos 23: 3 cuando llamó al sumo sacerdote "pared encalada". (Este fue Ananías hijo de Nebedeus, que era sumo sacerdote en 46-58 dC).

El ángel también dijo que no iba a "mostrar ningún respeto ... por el amor de las mujeres". Algunos han pensado que se trata de una referencia a la homosexualidad o incluso a algún "anticristo" sobrehumano por venir, ya que Antíoco mismo no se sabía que fuera homosexual. Sin embargo, esto es en realidad una referencia a "lo que las mujeres desean", es decir, ciertos templos que se establecieron en especial para las mujeres. Antíoco atacó el templo de Nanea (Venus), adorada por las mujeres en 2 Macabeos 1: 13-16.


El Dios de las Fortalezas
Daniel 11:38, 39 continúa,

38 Pero en lugar de eso honrará al dios de las fortalezas, dios que sus padres no conocieron; le honrará con oro, plata, piedras preciosas y tesoros. 39 Y actuará contra la más fuerte de las fortalezas con la ayuda del dios extraño; dará gran honor a los que le reconozcan, y él hará que gobiernen sobre los muchos, y repartirá la tierra por precio (como recompensa).

Antíoco honró al dios de la fuerza, o la guerra; en otras palabras, él adoraba el poder militar. Sus antepasados ​​habían adorado abiertamente a los dioses griegos, pero Antíoco no les reconoció ningún respeto, incluso saqueó sus templos.

Roma había exigido que Siria pagara las reparaciones de guerra, y esta fue una de las razones por las que saqueó varios templos, entre ellos el de Jerusalén. Pero en Jerusalén, creó una estatua de Júpiter Capitolino, el Zeus romano. Parece que Antíoco estaba tratando de apelar al dios de Roma para que le ayudara contra la propia Roma. Pensó que si Júpiter era la fuente del poder romano, entonces él podría ser capaz de adquirir poder por el mismo dios y tal vez neutralizar el poder de Roma. Por lo tanto, buscó "la ayuda de un dios extranjero" (vs. 39).

Parecería que el ángel no se estaba refiriendo a una adoración literal del "dios de las fortalezas", sino que estaba leyendo el corazón de Antíoco. En su corazón él pensaba que el único verdadero "dios" era el poder militar. Por esta razón, no tenía problemas para hacerse llamar "Dios manifestado", porque en su mente él mismo era el dios de la guerra.


El Resumen Angélico
Daniel 11:39 parece ser el final de la profecía principal. Daniel 11: 40-45 es un resumen final de los acontecimientos que rodearon Antíoco Epífanes. En otras palabras, los actos de Antíoco forman el clímax de la revelación angélica.

Así que Daniel 11:40 dice,

40 Pero al tiempo del fin, el rey del sur contenderá con él; y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, las invadirá como un torrente y las pasará.

El reinado de Antíoco forma "el fin" (o clímax) del período de tiempo descrito en la profecía angelical. Esto describe la invasión y conquista de Egipto por Antíoco antes de que Roma interviniera y exigiera la retirada.

41 Entrará en la tierra gloriosa, y muchos caerán; mas estas escaparán de su mano: Edom y Moab, y la mayoría de los hijos de Amón. 42 Extenderá su mano contra las tierras, y no escapará el país de Egipto. 43 Y se apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto; y los de Libia y de Etiopía le seguirán.


Como he escrito antes, Antíoco saqueó Jerusalén en su camino de regreso de Egipto.

44 Y él plantará las tiendas de su pabellón entre los mares [es decir, el Mar Muerto y el Mediterráneo] y ["en", Concordant Version] la hermosa montaña sagrada; sin embargo, llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude.

No sé si Antíoco plantó literalmente su tienda real en "la hermosa Montaña Sagrada", mientras que el saqueó Jerusalén. Es más probable que esta sea una forma poética de decir que Antíoco se hizo cargo del templo de Jerusalén y lo convirtió en un templo a Júpiter. El ángel concluye que estos planes de Antíoco no serían permanentes, porque "llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude".

Es difícil subestimar la importancia de este clímax de la revelación angélica dada a Daniel. Esto termina la sección histórica de la profecía que trata de las actividades del príncipe de Grecia cuando él echó por tierra la verdad. Cuando Antíoco murió en el 163 antes de Cristo, los judíos derrotaron a los sirios, limpiaron el templo, y establecieron un gobierno independiente gobernado por los reyes-sacerdotes hasmoneos.

Por supuesto, la profecía no termina, porque Vanagloria, el príncipe de Grecia, no fue destruido. Él continuó ejerciendo influencia en Judea y más tarde indujo a los sumos sacerdotes en Jerusalén a rechazar a Jesús como el Cristo, echando así por tierra la verdad, una vez más. Ese sacerdocio luego actuó como Absalón y usurpó el trono del Ungido (Cristo). Una vez más, el templo fue profanado por usurpadores, pero en lugar de levantar una estatua de Júpiter, se exaltaron a sí mismos como dioses en el templo.

Es por esto que Juan dice que el anticristo ya había llegado. 1 Juan 2: 20-27 dice:

20 Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y sabéis todas las cosas.

"Cristo" significa "ungido". Como cristianos, "tenemos la unción del Santo". En otras palabras, así como Jesús es el heredero legítimo del trono de David, así también somos llamados a gobernar en su Reino . 1 Juan 2:21 continúa,

21 No os he escrito a vosotros porque vosotros no sepáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad.

La verdad había sido arrojada por tierra cuando el sumo sacerdote usurpó el trono de Cristo y estableció la segunda "abominación de la desolación" en el templo. Sin embargo, los ungidos sabían la verdad, porque ellos fueron dirigidos por el Amén y Amet, los ángeles gemelos de la fe y de la Verdad.

22 ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23 Cualquiera que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre; El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.

Los sacerdotes del templo afirmaban tener al Padre, pero Juan dice que si niegan el Hijo también han negado al Padre que le envió. Juan concluye en 1 Juan 2:26, ​​27,

26 Estas cosas os he escrito sobre los que están tratando de engañaros. 27 Y en cuanto a vosotros, la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción os enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

El engaño de los anticristos está en su pretensión de tener al Padre sin el Hijo. Pero aquellos que tienen la unción de Dios son guiados por el Espíritu de la Verdad, como Juan escribió en su evangelio (Juan 16:13), diciendo: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, os guiará a toda la la verdad".

El propósito de Juan en su primera carta era distinguir entre los verdaderos creyentes y los que niegan al Hijo, mientras que afirman tener al Padre. De esta manera, advirtió a los creyentes a no ser atrapados en la mentira de los anticristos. Por desgracia, en los últimos años los maestros cristianos han redefinido anticristo al ocultar su conexión con Absalón y asignarlo a un solo Anticristo tratando de unir los reinos del mundo.

Sin duda hay un cumplimiento actual del Espíritu del Anticristo, pero no es lo que la mayoría de los maestros de la Biblia dicen que es. El Espíritu del Anticristo es el mismo espíritu en contra del cual que Pablo y Juan hablaron en el primer siglo. Es la resurrección de la mentira de que uno puede tener al Padre sin reconocer al Hijo, que uno puede ser "escogido" aparte de Cristo, y que la vieja Jerusalén es la heredera de las promesas de Dios. Pablo nos dice claramente que la vieja Jerusalén -la "cueva de ladrones"- debe ser "echada fuera" (Gálatas 4:30).


Y así, a medida que llegamos al término del siglo griego final en profecía, vamos a situarnos en el Espíritu de la Verdad y sabemos que los ungidos del cuerpo de Cristo son llamados a Reinar en la tierra con Cristo.

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