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GRACIA Y MISERICORDIA, OBTENEMOS AMBAS, Devocionales e-MANÁ


Misericordia y Gracia - YouTube



~~~~~ Versículos de la Biblia (VRc) ~~~~~


Romanos 10:15

¿Y cómo proclamarán sino son enviados? Según está escrito: "!Cuán hermosos son los pies de los que anuncian las nuevas de cosas buenas!"

Romanos 11:5
Así, pues, también en este tiempo ha quedado un remanente conforme a la elección de la gracia.


~~~~~ Palabras del ministerio ~~~~~


Nos resulta bastante difícil entender la misericordia y la gracia y su relación con la elección que Dios efectuó. Fuimos elegidos y conocidos por Dios en la eternidad pasada, pero cuando Él nos llamó, nos encontrábamos en una situación lamentable, una situación que requería la misericordia de Dios. El diablo, el enemigo, pudo haberle dicho a Dios: "Mira a este que Tú has elegido. ¡Qué vil es!" Entonces Dios le habría contestado: "Satanás, ¿no te das cuenta de que ésta es una buena oportunidad para que Yo muestre Mi misericordia? Sin una persona tan vil, ¿cómo podría Yo mostrar Mi misericordia? Si todos fuesen perfectos y satisficieran tu norma, Yo no podría tener misericordia de nadie. Satanás, este elegido es la persona adecuada para ser el objeto de Mi misericordia".

¿Qué diremos de la gracia? Como ya vimos, la gracia es algo de Dios forjado en nuestro ser. No somos solamente el objeto de la misericordia de Dios, sino también el objeto de Su gracia. Nos encontramos bajo la misericordia de Dios, y Su gracia está dentro de nosotros. Todos nosotros podemos testificar que a pesar de ser las personas más viles, Dios nos concedió Su misericordia y nosotros nos arrepentimos. En esa misma ocasión, algo divino -la gracia de Dios-, se forjó en nosotros. Ahora no estamos solamente bajo la misericordia de Dios, sino que también tenemos Su gracia, la persona viva de Cristo como el Espíritu, quien está en nosotros. Esta es la elección de Dios.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Los versículos del Nuevo Testamento son tomados de la Versión Recobro del Nuevo Testamento y los versículos del Antiguo Testamento, de la versión Reina Valera 1960. Las "Palabras del ministerio" provienen de Estudio-vida de Génesis, escrito por Witness Lee, págs. 885. Ambos son publicados por Living Stream Ministry, Anaheim, CA.
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EL SEÑOR MI GUARDA, Octavius Winslow


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"A los que me diste, yo los guardé …"
Juan 17:12


Y, ¿quién podría proteger a Su pueblo sino el Señor mismo? Todos los santos y ángeles en el Cielo no podrían guardar a un creyente de caer de manera irrevocable y perecer por siempre. Incapaces de protegerse de sí mismos, ¿cómo podrían ellos proteger a otros? No hay un ser racional en el universo que, dejado a su propio sostenimiento, no más demostraría su propia destrucción —¡y terrible sería su suicidio! 

El poder restrictivo y preservador de Dios sobre sus criaturas, es maravilloso, universal e incesante. “De Dios es el poder”. Reina en el Cielo, gobierna sobre la Tierra, y es sentido en el Infierno.
“Una vez habló Dios; DOS VECES he oído esto (lo ha escuchado en los solemnes tonos de su eco resonante): Que de Dios es el PODER”, (Sal. 62:11). 
“Guardados por el PODER de Dios”, (1 Pe. 1:5).
En la oración intercesora la cual Jesús, en el ejercicio de Su oficio sacerdotal sobre la Tierra, ofreció —la Regia Oración, de forma preeminente y enfáticamente la oración del Señor, un tipo de intercesión en nuestra representación en el interior del velo— Su cuidado de Su pueblo que es afirmado solemnemente, “a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió” (Jn. 17:12).

Pero tú quizás contestarás, “¿No fue dado Judas a Jesús, y se perdió?” ¡Sin duda alguna! Y la respuesta a esto es, que Judas fue dado a Jesús como un discípulo, como un apóstol, como un ministro, pero no como un santo, ni para la salvación de su alma. ¡Que terrible imagen, y que solemne lección hace su historia al presente! Entendemos de esto que, no importa cuán lejos un profesor religioso, o un dirigente de la Iglesia, o un predicador del evangelio, distinguido por sus dones y utilidad pueda volverse; y sin embargo, ser totalmente destituido de la gracia transformadora de Dios, y morir así, “para irse a su propio lugar” (Hch.1:25). Oh Señor,
“Sosténme, y seré salvo”. (Sal. 119:117).  
“Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí”. (Sal. 19:13). 

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno”. (Sal. 139:23-24).

Pero el Señor es nuestro guarda. Él es un cuidador Divino. Solamente la Deidad podría cuidarnos de caer. El mismo poder que sostiene al universo sostiene a los santos, y ningún otro poder excepto este podría mantenerlos un momento.

¡Alma mía! el Salvador que te redimió y te llamó, te guarda; ¡y porque Él es Divino, tú eres divinamente guardado, guardado en todo momento, guardado para siempre!
“Guardados por el poder de Dios mediante
la fe, para alcanzar la salvación”. 
(1 Pe. 1:5).
Pero igualmente necesitábamos un guarda humano, uno en unión personal con nuestra naturaleza, familiarizado con nuestras debilidades, en afinidad con nuestras flaquezas, tentaciones, y penas. Tenemos todo esto en Jesús, el Señor nuestra guarda. Oh, no hay un ángel en el Cielo que podría tener conmiseración de nuestras flaquezas, compadecerse de nuestras debilidades, condolerse de nuestros asaltos, soportar nuestras inclinaciones a caer, y restaurarnos cuando nos extraviamos. ¡Jesús puede! ¡Jesús lo hace!

Este cuidado divino no nos libera de la solemne obligación de la oración personal e incesante y de la vigilancia. Hay un sentido —limitado, por cierto— en el cual el creyente es su propio guarda.
“Conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna”. (Ju.1:21). 
Estemos, entonces, en nuestra atalaya todos los días y todas las noches, vigilando por los pecados que nos asedian, vigilando por el mal del mundo, y vigilando por los asaltos del Maligno.

¡Oh, tú débil y humilde santo de Dios, frecuentemente miedoso, no sea que por temor al final no puedas alcanzar el Cielo, levanta la vista! El Señor que te compró con Su sangre, te llamó por su gracia, te preserva por la morada de Su Espíritu, que ora momento tras momento para que tu fe no desfallezca, te guarda, y continuará guardándote, hasta que Él te lleve a la gloria.
“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén”. (Jud. 1:24-25). 

(Por gentileza de E. Josué Zambrano Tapias)

EL SEÑOR MI CUIDADOR, Octavius Winslow


Fondos con citas biblicas - Taringa!


"Él tiene cuidado de vosotros".
1 Pedro 5:7

Este puede ser para ti, alma mía, un dia de inquieta preocupación. El sol brilla radiantemente, toda la naturaleza está ataviada de belleza, y cada objeto sonríe. Pero para ti es un dia oscuro y nublado, y tu corazón está triste—una preocupación te presiona, una ansiedad te entristece. Y ahora te encuentras en busca de si quizás podrías responder a ello —aún con mucha incredulidad, desánimo, y miedo al resultado. ¡Pero, quédate tranquilo! El Señor, que es tu Porción, es suficiente para cada día nuboso, y es suficiente para esto. Ven, toma asiento y medita un poco sobre esta verdad, y ve si esta presión no puede demostrar un verdadero estímulo, esta ansiedad un dulce reposo, y este halo de tristeza reflejar una luz plateada, para estimularte a la oración, y guiarte a aprender más experimentalmente y benditamente que Jesús es todo-suficiente para todas nuestras necesidades. Así, 
“Del devorador salió comida,
Y del fuerte salió dulzura”.

Jue. 14:14
Si el Señor cuida de nosotros, entonces sin alguna figura retórica, Él es nuestro Cuidador. Si todos los planetas, todos los seres, todos los eventos, todas las criaturas están colgados en Su brazo, y sin embargo, no tengamos un cuidado, aunque sea infinitesimal como un átomo, o delicado como una telaraña, ten por seguro que el Señor se preocupa por ello. ¿Puede alguna otra cosa más ilustrar perfectamente y extraordinariamente la grandeza de Jesús que esto? —que, como grande es Él, nada en la historia de Sus santos es muy pequeño o trivial para Su atención y consideración. ¡Ay! De los pequeños pecados y los actos de desobediencia insignificantes de los deberes del diario vivir que nos ocupamos muy imperfectamente para con Dios. 

Es uno de los más grandes logros del Creyente en gracia vivir para Dios en las cosas pequeñas. Pensamos, por lo general, que, porque Dios es tan grande, Él solo puede inclinar Su mente infinita a los objetos y cosas que son grandes. Pero nos olvidamos de considerar que Él es tan grande que los cielos de los cielos no 
lo pueden contener, se ha dignado a decir: “Yo habito… con el quebrantado y humilde de espíritu” (Isa. 57:15).

Pero Él cuida de nosotros. Alma mía, ¿Jesús no lo ha demostrado? ¿Él no cuidó de ti cuándo Él se embarcó en la obra de tú salvación? ¿Él no cuidó de ti cuando estabas muerto en tus delitos y pecados? ¿Y cuando el Espíritu Santo te convenció de pecado, y quebrantó tú corazón, y te guió en santa contrición a la Cruz? ¿No manifestó Jesús Su cuidado de ti para entonces levantarte de tus pies, envolverte en Sus brazos, y aplicar Su sangre expiatoria a tú conciencia, diciendo a tu espíritu azotado por la tempestad, ‘Calla, enmudece’, para que hubiera paz?

El Señor aún cuida de ti. Él se preocupa por tus necesidades, por tus pruebas, por tus tentaciones, por tus penas. Y aún más, Él se preocupa por tu caminar santo y feliz —por las dudas, temores y estremecimientos que algunas veces te asaltan— por la oscuridad que frecuentemente te envuelve—por la soledad y aislamiento del camino en el que te está guiando a casa hacia Él. Solo echa tus preocupaciones sobre Él, cualquiera que pueda ser, como un simple niño, sumiso, con fe resuelta, y ponte ansioso solo de cuánto puedas amar, confiar y glorificarle a Él más. Haz de Su servicio tu deleite, de Su honor tu estudio, de Su verdad tu cuidado, y la dulce paz brotará rápidamente en tú alma, derramando Su reconfortante influencia a través de todo tu ser. “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios (esto es el verdadero corazón de paz del cristiano), que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”  (Filipenses. 4:6-7).

Pero si tú vas a Él con tu preocupación, y todavía regresas con ella, carcomido, entristecido, y destrozado, no es porque el Señor se rehúsa a tomarla sobre Él, sino porque tú te niegas a transferírsela a Él. Tú vas, y vuelves aún con esta preocupación entrelazada alrededor de tu corazón, y te preguntas porque no puedes encontrar ningún alivio. Pero deja con Él tu preocupación, que sea el cuidado de tu alma o el cuidado del cuerpo, puesto sobre Sus brazos, colocado sobre Su corazón, y dulce será el reposo que tu Padre del Cielo te dará. 

“ÉL TIENE CUIDADO DE VOSOTROS”.

(Por gentileza de E. Josué Zambrano Tapias)

El Evangelio de Juan, Parte 18- LA QUINTA SEÑAL DE JESÚS (Profetas de Galilea), 6, Dr. Stephen Jones


TABERNÁCULOS: ÚLTIMO GRAN AVIVAMIENTO: LA MUJER ...


Diciembre 2, 2019



La historia de la mujer atrapada en el adulterio (Juan 8:1-11) no está en los manuscritos griegos más antiguos, por lo que algunos estudiosos dudan de su autenticidad. Pero hay muchas explicaciones posibles para esto, la más importante de las cuales es el hecho de que nadie parece tener la más antigua, la original. Sus copias más antiguas tienen siglos de antigüedad, y nadie puede decir con seguridad si ese escribano en particular copió un manuscrito anterior más exacto.

Como de costumbre, en tales casos me refiero al Nuevo Testamento numérico en inglés del Dr. Ivan Panin, donde él determinó el texto verdaderamente inspirado según su gematría. Los patrones matemáticos inherentes en el texto mismo prueban la inspiración, y en este caso Panin incluye el relato en su Nuevo Testamento. Por lo tanto, creo que debe incluirse en el Evangelio de Juan, porque si se omite, innumerables patrones serían destruidos.


Jesús retrasa Su regreso a Galilea
Juan 7:53 y 8:1 deben leerse juntos.

53 Todos se fueron a su casa, pero Jesús fue al Monte de los Olivos.

Sin duda, Jesús había instalado su cabaña en el Monte de los Olivos, junto con muchos otros. Mientras que la mayoría de ellos desmontaron sus cabañas después de la ceremonia final en la mañana del Octavo Día de Tabernáculos, Jesús fue movido a permanecer por al menos un día más. Sintió que todavía tenía más que hacer y enseñar en el templo antes de abandonar ese lugar.

Juan 8:2 dice:

2 Temprano en la mañana, Él volvió al templo, y toda la gente venía a Él; y se sentó y comenzó a enseñarles.

Lo más probable es que se tratara de gente local que vivía en o cerca de Jerusalén. Quizás algunos habrían ido a presenciar el sacrificio de la mañana. Quizás algunos le habrían pedido que continuara enseñando durante unos días, ya que Jesús había estado evitando Jerusalén por algún tiempo. No sabemos.

Juan 8:3,4,5 continúa,

3 Los escribasmedio del atrio, 4 le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido atrapada en adulterio, en el mismo acto. 5 Ahora, en la Ley, Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres; ¿qué dices entonces?

Aparentemente, la habían descubierto durante la noche o temprano esa mañana, y los escribas y fariseos vieron en ella una oportunidad para atrapar a Jesús. Si desestimaba el caso, podrían afirmar que estaba dejando de lado la Ley; si decía que la apedrearan, podrían denunciarlo ante las autoridades romanas, que habían decretado que todos los casos capitales fueran resueltos por un tribunal romano.

Por lo tanto, este complot fue tramado como resultado de las enseñanzas de Jesús en la segunda mitad de la fiesta, que creían que era escandalosa. Debido a Su popularidad, no podían arrestarlo sin enojar a la gente. Necesitaban desacreditarlo para darse una excusa para arrestarlo.


La Ley de los Celos
Los escribas y fariseos sugirieron que la mujer merecía ser lapidada, apelando a la Ley que se encuentra en Deuteronomio 22:23,24,

23 Si hay una joven virgen comprometida con un hombre, y otro hombre la encuentra aquí en la ciudad y se acuesta con ella, 24 entonces los sacarás a ambos a la puerta de esa ciudad y los apedrearás hasta matarlos; la joven, porque no gritó en la ciudad, y el hombre, porque ha violado a la desposada de su vecino. Así, purgarás el mal de en medio de ti.

Esta Ley se aplica solo a una mujer casada o prometida. No se nos dice específicamente si ella estaba comprometida, pero debido a que Jesús no refutó esta afirmación, es probable que ella estuviera realmente comprometida. Sin embargo, en tales casos la Ley condena tanto al hombre como a la mujer. ¿Por qué el hombre no fue llevado a Jesús también? Después de todo, si ella hubiera sido "atrapada en el adulterio", ciertamente el hombre también habría sido atrapado. Sin el hombre presente, ¿dónde estaba la evidencia material? ¿Cómo podría llevarse a cabo una investigación sin cuestionar al hombre adúltero? ¿Debería Jesús tomar la palabra de los escribas y fariseos, cuyos motivos eran turbios?

Solamente esto ya hacía imposible que se llevara a cabo una investigación creíble, incluso si Jesús hubiera decidido juzgar el caso. Pero cada vez que se hace imposible que un tribunal terrenal haga justicia, la Ley permite a los hombres apelar ante el Tribunal Divino y dejarlo en sus manos para juzgarlo. Vemos esto en la Ley de los Celos en Números 5:12-31, que comienza diciendo:

12 Habla con los hijos de Israel y diles: “Si la esposa de algún hombre se extravía y le es infiel, 13 y un hombre tiene relaciones sexuales con ella y está oculto a los ojos de su esposo y ella no sea descubierta, aunque ella se ha contaminado, y no hay testigos en su contra y no ha sido atrapada en el acto, 14 si un espíritu de celos se apodera de él y él está celoso de su esposa cuando ella se ha contaminado, o si un espíritu de celos se acerca y él está celoso de su esposa cuando ella NO se ha contaminado, 15 el hombre llevará a su esposa al sacerdote …

En otras palabras, si un hombre sospecha que su esposa ha cometido adulterio, pero no puede probarlo, tiene el derecho de llevarla al sacerdote, quien luego presenta el caso a Dios mismo. En la apelación a la justicia divina, el sacerdote debía hacer que ella jurase su inocencia, ya que era obvio que ella afirmaba ser inocente. Luego, el sacerdote debía poner un poco de polvo de tierra del suelo del Tabernáculo en un vaso de agua y hacer que bebiera un poco. Esto reforzaba su reclamo de inocencia y también le daba una última oportunidad para retractarse de su reclamo. Si ella fuera inocente, nada dañino saldría de ello. Pero si era culpable, sería juzgada por Dios mismo y se volvería estéril. Números 5:23 luego dice:

23 Entonces el sacerdote escribirá estas maldiciones en un pergamino, y las lavará en el agua de amargura.

La maldición de la Ley era escrita, y parece que el sacerdote vertía el agua sobre el pergamino y la dejaba correr hacia otro recipiente, depositando así la maldición de la Ley en el agua que ella debía beber. Al beberla, aceptaba el veredicto divino.

Esta Ley fue pervertida durante la Edad Media por lo que llamaron "juicio por prueba dura". En esos casos, quemarían a las personas en la hoguera y, si eran inocentes, esperaban que Dios interviniera, apagara el fuego y demostrara así su inocencia. O podrían atar una piedra a sus pies y arrojarlos al río, esperando que Dios los salvara si eran inocentes.

El problema con eso era que establecía el principio de que los hombres eran culpables a menos que se demostrara su inocencia. El sistema judicial estadounidense, basado en los pensadores protestantes que estudiaron la Ley de Dios, revirtió eso y estableció que un hombre es inocente a menos que se demuestre su culpabilidad. Así también, una mujer sospechosa de adulterio simplemente ingería un poco de agua con un poco de polvo, lo cual era bastante inofensivo. Su juramento presumía su inocencia, a menos que Dios demostrara su culpa al hacerla estéril.


Jesús apela a la Corte Divina
Jesús sabía que los escribas y fariseos estaban tratando de atraparlo. Incluso si la mujer fuera culpable, no habría podido condenarla a muerte, porque los romanos no lo permitían. Del mismo modo, los testigos no eran creíbles, por decir lo menos. No había forma de que se pudiera emitir un juicio justo. Entonces aprovechó la provisión de la Ley en la Ley de los Celos.

Juan 8:6 dice:

6 Decían esto, probándolo, para poder tener motivos para acusarlo. Pero Jesús se agachó y con su dedo escribió en el suelo.

El papel era escaso en esos días, y Jesús no tenía un pergamino en blanco sobre el cual escribir la maldición de la Ley; entonces escribió esas maldiciones sobre el terreno, mostrando Su disposición a apelar a la Ley de los Celos. Al principio, los escribas y fariseos no entendían lo que estaba haciendo, así que leemos en Juan 8:7,8,

7 Pero cuando persistieron en preguntarle, se enderezó y les dijo: "El que no tenga pecado entre vosotros, que sea el primero en arrojarle una piedra". 8 De nuevo, se agachó y escribió en el suelo.

¿Qué escribió Jesús? La maldición sacerdotal se da en Números 5:21,22,

21 ... “Yahweh te haga maldición y juramento entre tu pueblo, haciendo Yahweh la maldición irá a tu estómago y hará que tu abdomen se hinche y tu muslo se caiga".

Se suponía que la mujer en cuestión debía decir "Amén, Amén" para confirmar su juramento y aceptar el veredicto divino. Sin embargo, el juicio de Jesús nunca llegó tan lejos, porque todos los llamados "testigos" se retractaron de su testimonio al abandonar el tribunal. Una vez que entendieron lo que Jesús estaba haciendo, se negaron a participar, sabiendo que Dios haría responsables a los testigos tanto como a la mujer en cuestión. De hecho, Dios juzga primero a los acusadores según su propia vara de medir (Mateo 7:2).

Juan 8:9-11 concluye:

9 Cuando lo oyeron, comenzaron a salir uno por uno, comenzando por los mayores, y se quedó solo, y la mujer, donde ella había estado, en medio. 10 Enderezándose, Jesús le dijo: “Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te condenó? 11 Ella dijo: "Nadie, Señor". Jesús dijo: "Yo tampoco te condeno; sigue tu camino. De ahora en adelante, no peques más.

Sin testigos dispuestos a testificar en su contra, el juicio terminó. No quedaba ningún acusador, por lo que por Ley ningún juez podía declararla culpable. Ella no tuvo que prestar juramento "amén, amén", ni tuvo que beber el "agua de amargura". Su único consejo fue: "De ahora en adelante, no peques más".

Jesús no violó la Ley al negarse a condenarla; simplemente aplicó la Ley apropiada en esta situación. Jesús usó la Ley para promover la misericordia y exponer a los acusadores. Ellos sabían esto, y es por eso que abandonaron la escena tan pronto como entendieron cómo habían sido golpeados.


Category: Teachings
Blog Author: Dr. Stephen Jones

MATÓ DE HAMBRE SU CÁNCER CON UNA PÍLDORA DESPARASITANTE PARA PERROS, God's Kingdom Ministries





Categoría: Salud
Autor del blog:
Dr. Stephen Jones