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LOS DOS EXTREMOS GUBERNAMENTALES Y LA DEMOCRACIA, Dr. Stephen E. Jones


(Extracto del capítulo 11 del libro "Deuteronomio, Segunda Ley, Parte III")


Dos Extremos Gubernamentales

Había dos problemas principales en Israel cuando se trataba del gobierno

El primero fue visto en el propio Monte Horeb, cuando el pueblo insistió en que Moisés debería ser quien escuchara la Palabra de Dios y luego relatara esa Palabra a la gente. Esto sembró las semillas del denominacionalismo, mediante el cual los hombres dependen de sus líderes para decirles lo que Dios ha dicho, en lugar de querer aprenderlo de Dios directamente. 

El segundo problema era el extremo opuesto. Coré y sus amigos rechazaron la idea de que Dios llama a ciertas personas y les diera autoridad en la Iglesia. Sin embargo, bajo el Antiguo y el Nuevo Pacto, vemos personas que recibieron llamamientos específicos.

Los cinco ministerios de Efesios 4:11, por ejemplo, se establecieron para construir la Iglesia y para llevarla a un lugar de madurez espiritual. Otro ejemplo es la patria potestad, que se estableció para llevar a los niños a la madurez. En ambos casos, la autoridad no fue diseñada para ser perpetua, sino para llevar a los hijos al lugar donde puedan, a su vez, encargarse de la autoridad de los suyos.

La autoridad espiritual no se le da a los niños, incluso si están destinados a ser herederos de todas las cosas (Gál. 4: 1). La rebelión de Coré ganó apoyo entre algunos israelitas que pensaban que eran espiritualmente maduros. En su orgullo, pensaban que podían gobernarse a sí mismos, porque según ellos también podían escuchar la voz de Dios.

De hecho, estaban descontentos con las restricciones morales impuestas a ellos, no por Moisés o Aarón, sino por las leyes de Dios mismo. En otras palabras, querían desechar las restricciones de la Ley de Dios y decidir por sí mismos qué código moral seguir.


Democracia

Los líderes de la rebelión trataron de usar la verdad como una herramienta para derrocar a Moisés y Aarón y para ganar poder sobre el pueblo. La verdad que trataron de utilizar a su favor era que Dios habla a todos los hombres. Por este motivo, dijeron, las personas debían ser autónomas y no necesitaban Moisés o Aarón para guiarlos. El problema, por supuesto, era que en el Monte Sinaí el pueblo ya había rechazado oír la voz de Dios y ya habían adorado al becerro de oro. En su conjunto, la nación había demostrado que aún era incapaz del auto-gobierno sin líder.

En las Escrituras, la humanidad sólo es capaz de auto-gobierno cuando la Ley está escrita en los corazones, para luego poder hacer la voluntad de Dios por instinto. Pero en ese momento, Israel no estaba preparada para esto. Al igual que los niños necesitaban liderazgo, y Dios había escogido a Moisés para guiarlos. El mismo hecho de que Coré cuestionara que Moisés fue llamado a dirigir a Israel, mostró que en realidad no estaba escuchando a Dios en absoluto.


Los motivos subyacentes de Coré fueron rebelión y ser un sin Ley. Él realmente no tenía ningún deseo de hacer la voluntad de Dios, sino gobernar en lugar de Moisés. Coré sabía que la democracia le gusta a la gente, pero también sabía que no hay tal cosa como la democracia pura. No hay democracia que haga a todos iguales en autoridad; siempre habrá liderazgo, incluso en una democracia. Cuanto más igualitario es el pueblo, más poder tienen los líderes, y porque son imperfectos, tienden a convertirse en dictadores. Lo hemos visto claramente en el siglo pasado en el movimiento comunista. En nombre de la igualdad, tales gobiernos producen esclavos que son todos iguales en su esclavitud.

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