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NI FRÍO NI CALIENTE, ¡INÚTIL! Ap. 3:15-16


Laodicea era tibia, no era ni fría ni caliente. Esto se ha interpretado a menudo como si caliente significase piadoso entusiasmo y frío significase antagonismo impío; pero hay otra explicación que se ajusta mejor al contexto histórico y geográfico. Laodicea estaba situada entre dos ciudades importantes, Colosas y Hierópolis. Colosas, acuñada en un angosto valle a la sombra de elevadas montañas, estaba regada por helados arroyos que se precipitaban desde las alturas. En contraste, Hierópolis era famosa por sus calientes manantiales de aguas minerales que fluían desde la ciudad y atravesaban una alta llanura hasta caer en cascada por un precipicio que daba frente a Laodicea. Para cuando el agua llegaba al suelo del valle, estaba tibia, putrefacta, y nauseabunda. Por lo tanto, en Colosas uno podía refrescarse con agua de beber, clara, fría, vigorizante; en Hierópolis, uno podía curarse bañándose en sus pozas de agua caliente cargada de minerales. Pero en Laodicea, las aguas no eran ni calientes (para recobrar la salud) ni frías (para beber). En otras palabras, la acusación básica contra Laodicea es que es inútil, no sirve para nada. La iglesia laodicense ni cura la enfermedad ni sirve para calmar la sed de resecos labios y gargantas abrasadas. La clase de cristianismo representado por Laodicea es inútil. La iglesia no proporcionaba "ni refrigerio para el espiritualmente cansado, ni sanación para el espiritualmente enfermo. Era totalmente ineficaz, y por lo tanto, desagradable para su Señor".  
Así, dice Mounce, "la iglesia no está siendo reprendida por su temperatura espiritual, sino por la esterilidad de sus obras". Esto explica la declaración de Cristo: Ojalá fueras fría o caliente. Él no está diciendo que la franca apostasía es preferible a una posición intermedia; más bien, Él está diciendo que ojalá los cristianos laodicenses influyeran sobre la sociedad.

 (David Chilton en DÍAS DE RETRIBUCIÓN)

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