TRADUCTOR-TRANSLATE

JOSAFAT, UNA LECCIÓN PARA NUESTROS TIEMPOS. Por E. W. Bullinger


La historia de Josafat no solamente se halla escrita en el Libro de Crónicas, sino también en el Libro de Reyes: y será bueno que nos quede claro la diferencia que existe entre estos dos libros; y también entre Samuel y Reyes por un lado, y Crónicas por el otro. Se trata de la misma historia, acerca del mismo pueblo, mayormente de los mismos acontecimientos; y sin embargo hay diferencias entre los dos relatos –no son discrepancias, sino diferencias. El hombre natural solamente puede ver aquí algo que le sirve de tropiezo; pero una vez que vemos la diferencia entre los dos libros, entonces nos damos cuenta de que, no solamente no hay nada que nos haga tropezar, sino que además vemos la belleza y la exactitud de la Palabra de Dios.

En los Libros de Samuel y Reyes tenemos la historia BAJO EL PUNTO DE VISTA DEL HOMBRE –tan solo lo que el ojo externo humano puede ver; pero en Crónicas tenemos los mismos acontecimientos desde el PUNTO DE VISTA DE DIOS – se nos dan a ver las cosas por detrás del escenario exterior, y se nos muestran las razones secretas de la historia. Esa es la diferencia. Un ejemplo servirá mejor para ilustrarlo, que un gran número de palabras:

 En Samuel leemos acerca de la muerte de Saul; y por todo lo que allí leemos, fueron los filisteos quienes lo asesinaron; pero cuando volvemos a leer el registro del mismo acontecimiento en el Primer Libro de Crónicas en el décimo capítulo, vemos muy pocas referencias de cómo murió Saul, y en los versículos 13 y 14 se nos dice brevemente el por qué, es decir, la causa: “Así murió Saúl por su rebelión que prevaricó contra Jehová, contra la Palabra del SEÑOR  Jehová, la cual no guardó, y porque consultó una adivina, y no consultó al SEÑOR Jehová; por esta causa lo mató, y traspasó el reino a David hijo de Isaí”. En 1ª Samuel 31 dice que los filisteos asesinaron a Saúl; sin embargo en Crónicas dice que el Señor mató a Saul. Dios tenía que cumplir un doble propósito: Tenía que castigar el gran y grave pecado de Saúl; y además tenía que cumplir Su propósito afirmando a David sobre el trono de Israel. Así que en uno de los Libros vemos el simple acontecimiento, y en el otro vemos los motivos o razones secretas del porqué sucedió.

 Otro ejemplo se ve en Ezequías. Su reino estaba dividido en dos grandes partes: Sus hazañas militares y las reformas que hizo en el Templo por un lado, y en la adoración a Dios por el otro. En el Segundo Libro de Reyes (cap.18:4-6) tenemos tres breves versículos acerca de su Reforma, y en el Segundo Libro de Crónicas tres largos capítulos (de 29 a 31): y con respecto a su asuntos militares sucede justamente al contrario. 

Esta será la llave siempre que surja una dificultad leyendo estos libros. Esta es la razón de por qué era necesaria más de una historia. Tenemos el punto de vista humano y el Divino; aquello que pertenecía a las apariencias externas se da en Samuel y Reyes; mientras que lo que tenía que ver con “el corazón”, y la secreta razón de todo, se da en Crónicas. 

Con esta explicación volvemos al capítulo 19 del Segundo Libro de Crónicas. No tenemos ni una sola palabra acerca de este capítulo en Reyes. ¿Por qué? Pues porque contiene todo el secreto de la vida de Josafat; y nos capacita para entender todo lo que leemos después.

Ahora bien, las palabras iniciales de cualquier libro, de cualquier historia, o de una parte de la Palabra de Dios son siempre esenciales. Las primeras palabras son todo; la primera ocurrencia de una expresión tiene siempre un gran valor, dándonos la llave para todo lo que sigue. Observe las primeras palabras del Señor Jesús. Debe haber hablado al tiempo en que todos los niños comienzan a hablar, pero no se registran ninguna de las palabras que declaró, hasta que tuvo doce años de edad. Cuando el Espíritu Santo Dios escogió preservar las primeras palabras del Señor Jesús, es porque ciertamente tenía por detrás una buena razón. ¿Cuáles fueron esas palabras? Solamente estas: “¿No sabíais que en los negocios dMi Padre me es necesario estar?” Que palabras tan maravillosas son estas cuando nos damos cuenta de la conexión que tienen con el Salmo capítulo 40, y el 10º capitulo de Hebreos: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad.

Se trataba de “los negocios del Padre” a los que Él vino a ocuparse. Ahora juntemos estas palabras con las últimas que profirió: “¡CONSUMADO ES!” ¿Qué es lo que estaba consumado? Los negocios del Padre que él había venido a “tratar”. Para ver la importancia y belleza de este gran principio, será bueno que sigamos esta regla en lo que digamos y escribamos: porque hay un dicho que dice que “la primera impresión es muy importante”. 

 Ahora bien, la primera impresión que el Espíritu Santo nos ha dado acerca de Josafat es esta: “el cual se hizo fuerte contra Israel” (2ª Crónicas 17:1). Estas palabras son la llave para la totalidad de su historia: y para entenderla debemos recordar que Jeroboam, Rey de Israel, asentó las tiendas en Betel y Dan, y los idolatras volvieron a introducirse al Templo de Dios. Josafat “se esforzó contra” los idólatras y la idolatría. Este esfuerzo contra la idolatría lo leemos en todas las historias del Antiguo Testamento, así averiguamos qué es lo que agrada a Dios. No nos deja la menor sombra de duda.

Posteriormente leemos que Josafat “puso ejércitos en todas las ciudades fortificadas de Judá; y en el tercer versículo dice: “Y EL SEÑOR estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de David su padre, y no buscó a los baales”. En estas pocas palabras tenemos la llave que nos capacita para entender todo lo que vamos a leer a continuación. Josafat comenzó su reinado esforzándose contra la idolatría; y haciendo mención de esto, el Espíritu Santo nos pone en mente que todas y cada una de las palabras de Dios son de gran importancia en la lectura de las Escrituras. No solamente son perfectas en sí mismas las palabras, sino que también lo son en su orden, así como en su verdad.

Volvamos ahora al próximo capítulo, y en el primer versículo leemos: “Tenía, pues, Josafat riquezas y gloria en abundancia; y contrajo parentesco con Acab” ¿!No es sorprendente!? En primer lugar se esfuerza contra Israel, y sin embargo aquí lo tenemos juntándose en parentesco con Acab. Si no hubiésemos leído aquellas palabras iniciales anteriores,  hubiésemos pensado que nada digno de señalar hay en esa alianza; sin embargo, en el capítulo diecinueve tenemos lo que se halla por detrás de toda la fachada; y por eso, cuando ahora leemos acerca de la comunión de parentesco que buscó con Acab nos quedamos sorprendidos. ¡Había dejado de lado todo su esfuerzo contra Israel, y se emparentó con Acab! Esta afinidad significa que casó a su hijo Joram con la hija de Acab, Atalía. ¡Que cambio tan horroroso! ¿No os parece? Él al principio se llenó de voluntad y se esforzó contra Acab, y ahora en cambio da en matrimonio a su hijo para la hija de Acab. El Espíritu Santo ha registrado estas palabras para que podamos observar, y conectar, y sopesar los dos hechos, y que podamos ver las consecuencias de su parentesco con Acab. 

“Y después de algunos años descendió a Samaria para visitar a Acab; por lo que mató Acab muchas ovejas y bueyes para él” (2ª Crónicas 18:2). Si no se hubiese juntado en parentesco con Acab, no hubiese tenido parte ni habría participado de la hospitalidad de Acab; y vemos muy claro que la hija de Acab, y las ovejas y bueyes de Acab, consiguieron lo que los hombres de guerra de Acab no habían podido conseguir hacer anteriormente: porque EL SEÑOR estaba con él cuando se esforzaba contra Acab, pero cuando contrajo parentesco con Acab, el Señor ya no andaba con él, aunque Sus ojos no lo perdieran nunca de vista.

El hecho siguiente nos muestra el resultado de esta visita, y fue que Acab persuadió a Josafat que fuese con él contra Ramot de Galaad (vers.2) que era una de las Ciudades de Refugio. Esta ciudad había caído en manos de los Sirios, y Acab quería reconquistarla, pero sabía que no podría llevar a cabo sus planes sin la ayuda de Josafat; por eso le dijo (vers.3), “¿Quieres venir conmigo contra Ramot de Galaad?” Y Josafat le respondió: “Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo; iremos contigo a la guerra”.

Ahora bien, debía haber algunas personas piadosas en Judá que dijeron: “nosotros no vamos hacer lo mismo; no imitaremos a Josafat uniéndose así en alianza con aquel perverso idólatra Acab”: y debió también haber algunos diciendo: “! Oh! Pero mira, es buena persona; si supiese que esto es malo no lo haría; y además, ¡mira que buena obra está haciendo! Es una de nuestras Ciudades de Refugio, ¿no tenemos derecho a reclamar la ciudad de Ramot de Galaad que Dios nos dio?” Si fue eso lo que algunos dijeron o no, no lo sabemos, pero es exactamente lo que la gente dice hoy en día: “Estoy seguro de que, si supiera que esto no está mal, este buen hombre no haría tal y tal cosa”. Sin embargo  hemos de saber lo que Dios piensa de todo el asunto.

Tenemos que preguntarnos qué son las “buenas obras”. No debemos tomar en cuenta lo que el hombre define por “buenas obras”. Dios lo ha definido muy bien en Efesios 2:10: donde Él habla de las “buenas obras” diciendo que son las que Dios ha preparado de antemano para que anduviésemos en ellas. Solamente esas son “buenas obras”; ninguna más. Es posible que haya grandes obras, pero no son buenas obras. ¿Había sido esta una obra preparada por Dios para Josafat? Podemos estar perfectamente seguros, por lo que ocurrió, que Él no la preparó ni la dispuso. Josafat no solo se comprometió a sí mismo, sino también a su pueblo; y después se sintió muy perturbado.   

Observe el versículo siguiente: “Además dijo Josafat al rey de Israel: Te ruego que consultes hoy la palabra del SEÑOR JEHOVÁ”. Pero ya era demasiado tarde, después de haber dicho: iremos a la guerra contigo. Esto es exactamente lo que sucede con la gente hoy en día; primero afirman y se comprometen con lo que intentan hacer, y después “consultan al Señor”. Claro que nosotros deseamos hacer algo mejor que eso. Ciertamente no queremos que el Señor nos ayude en nada a menos que sea Su obra, a menos que sea lo que Él preparó para que nosotros lo hagamos. Sin duda tenemos un beneficio que no tienen los que se contentan con intentar hacer la voluntad de Dios. Si realmente supiésemos lo infinitamente más sabia que es la sabiduría de Dios que la nuestra, deberíamos decir: “¿No has ordenado Tú ya y preparado TODASLASCOSAS para mí?” Y no deberíamos ser hallados planeando, calculando y desarrollando lo que hemos resuelto hacer por nuestra cuenta, y después pidiéndole a Dios que nos guíe o ayude a llevarlo a cabo.

Bien vemos cuán desasosegado se hallaba Josafat; porque, habiéndose precipitado en el acuerdo sin tener en cuenta a Dios, quiso después además “consultar al Señor con la esperanza de que Él aprobara el acuerdo que se había propuesto llevar a cabo”. Por ese motivo reunió el rey de Israel a cuatrocientos hombres profetas, y les dijo, ¿Iremos a la guerra contra Ramot de Galaad, o me estaré quieto? Y ellos dijeron: Sube, porque Dios la entregará en manos del rey” (vers.5). Pero eran “falsos profetas”, los profetas de Baal, y Josafat lo sabía, y sin embargo se dispuso a escuchar a estos hombres. Esto debió complicarle más las cosas; pues en el versículo siguiente dice: ¿Hay aquí aún algún profeta del SEÑOR JEHOVÁ, para que por medio de él indaguemos? Esto nos muestra el gran conflicto mental que había en sus pensamientos. Acab dijo, “aún hay aquí un hombre por el cual podemos preguntar al SEÑOR JEHOVÁ; mas yo lo aborrezco”. ¡Sí! Este es el caso que se da siempre: si somos fieles portavoces para el Señor, seremos invariablemente odiados por el mundo; y si no somos odiados por el enemigo, eso demuestra que no somos lo suficientemente fieles en nuestro testimonio. Es una mala señal que tenemos si el enemigo nos trata de manera insignificante. Si somos fieles a Dios, estamos seguros de que seremos odiados. “Todo aquel que quiera vivir piadosamente en este presente mundo malo sufrirá persecución” (2ª Timoteo 3:12). Es una verdad absoluta; y por eso, aquí, Acab dice: aún hay uno, pero yo lo detesto. Tomemos por sumo gozo si somos llamados para experimentar en prueba la verdad de las palabras del Señor: “No os maravilléis si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros”. Si buscamos la amistad del mundo, seremos tanto despreciados como odiados. Así que, si vamos a ser odiados, seamos, al menos, respetados. 

Todos sabemos la historia subsecuente de Josafat y cómo Micaías, el profeta del Señor Jehová, sabiendo que Israel perdería a su rey en resultado de la expedición, dijo: “He visto a todo Israel derramado por los montes como las ovejas sin pastor”. Pero ahora veamos a Josafat. Es lamentable la posición en la que se halla envuelto. Tuvo que aguantarse sentado allí, viendo al fiel testigo de Dios siendo abofeteado, encadenado y puesto en prisión. Él sabía que era “un profeta del SEÑOR JEHOVÁ”, y no abrió su boca en defensa y respaldo de Micaías. ¡Oh Dios mío! ¡Las dificultades y los tropiezos vienen cuando dejamos los pasos rectos de fidelidad hacia Dios!

 Y ahora viene la batalla; sin embargo, antes de que comience, el Espíritu Santo nos lleva aparte, al campamento de Israel para ver lo que sucederá a Josafat, y nos permite escuchar lo que el rey de Israel dice en su tienda; después entonces Él nos lleva al campamento de los Sirios, y nos permite oír lo que el rey de Siria le está diciendo a sus capitanes.

Todos nosotros tenemos más de un nombre; y cada nombre refleja el trato que tenemos con la persona que lo emplea. Todos tenemos un nombre por el cual somos conocidos por personas no íntimas; otro para los que son nuestros amigos; y, en nuestro propio hogar, tenemos un nombre por el cual somos solo conocidos en su círculo íntimo. Cada nombre nos dice cual es el trato o relación que conlleva. Y así sucede también con los Títulos Divinos. El Señor nuestro Dios tiene muchos nombres por los cuales es conocido; y cada nombre denota una relación especial y particular. ¡Se le conoce como DIOS! ¿Cuál es la relación que tiene? ¡Con el Creador! ¿Cómo lo sabemos? ¿Qué fue lo que dijimos justo antes, al respecto de que, la primera ocurrencia de un término, es la llave que abre el entendimiento de todo? ¿Dónde se halla la primera ocurrencia de la palabra “Dios”? En Génesis 1:1. Y la establece así: “En el principio DIOS CREÓ los cielos y la tierra”. Por eso, siempre y cuando tengamos la palabra “Dios”, tenemos la idea del Creador. En el principio Dios creó y veremos esto de aquí en adelante a través de todas las Escrituras.

  Después en Génesis 2 tenemos JEHOVÁ, o SEÑOR, en letras mayúsculas pequeñas. Él es Quien había creado al hombre, y ahora Él trata con el hombre con fundamentos de pacto. Esta palabra, por tanto, expresa “la relación de pacto entre Él y Su Pueblo”. Ahora estamos en una buena posición para entender lo que viene en la Crónica. En el versículo 29 leemos: Y dijo el rey de Israel a Josafat: Yo me disfrazaré para la batallapero tú vístete de tus ropas reales”. Entonces se nos lleva al campamento de los Sirios, y escuchamos al rey de Siria, ordenándole a los capitanes de los carros que tenía consigo, diciendo: no peleéis ni con chico ni grande, sino solo con el rey de Israel” (vers.30). Y con estas dos maravillosas llaves podemos ver y comprender lo que va a suceder a continuación. Esos dos versículos nos cuentan todo el asunto en muy pocas palabras. Cuando los sirios lleguen para pelear, y vean a Josafat en sus ropas reales, van a pensar que es el rey de Israel. ¡Oh, qué cosa tan grave es ser confundido con el peor de los reyes de Israel!  A esa fue la posición que llegó Josafat y en la cual se vio envuelto por su propia decisión. ¡Qué gran misericordia se le extendió entonces, no tomándole Dios en cuenta la palabra cuando le dijo  a Acab, “yo soy como tú”!

En el versículo 31 leemos: “Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Este es el rey de Israel. Y lo rodearon para pelear; más Josafat clamó, y el SEÑOR JEHOVÁ le ayudó, y LOS APARTÓ DIOS de él. Josafat clamó, y el SEÑOR, Jehová, su Dios Pactante, le ayudó; y Dios el Creador  apartó a sus enemigos de él. Dios, solo mantuvo su relación de Creador para con aquellos sirios; pero para Josafat extendió su relación de pacto, como SEÑOR, y por eso fue por Él ayudado. No sabemos nada acerca del tipo de poder que el Todopoderoso Creador empleó para apartar a los sirios; pero, de todas formas, ¿no es maravilloso este versículo? ¿No nos muestra algo de la perfección de la Palabra Divina? Algunos podrán naturalmente pensar que los diferentes nombres fueron empleados para abolir la tautología, o repetición; pero no se trata de nada de eso.

Después entonces sabemos la secuela. Mas disparando uno el arco a la ventura, hirió al rey de Israel entre las junturas y el coselete. Él entonces dijo al cochero: Vuelve las riendas, y sácame del campo, porque estoy mal herido”. Los sirios no reconocieron a Acab, aunque pensaron que lo habían visto; pero Dios condujo la saeta tirada al acaso hasta una pequeña apertura en su armadura, y Acab fue muerto. Josafat no era como Acab; porque Jehová lo veía como uno de Su propio Pueblo. Y ahora estamos aquí estudiando esta Escritura, la cual está escrita para nuestra enseñanza, para que podamos descubrir qué es lo que el Señor piensa de todo este asunto.

Josafat agradó a Dios cuando se esforzó y se hizo fuerte contra Israel; sin embargo, preguntamos, ¿se manifestó Su juicio cuando Josafat estableció parentesco con Acab? El capítulo siguiente nos dice que, le salió al encuentro el vidente Jehú el hijo de Hanani, y dijo al rey Josafat: “¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen al SEÑOR JEHOVÁ? Pues ha salido de la presencia del SEÑOR ira contra ti por eso.”  

¿Deseamos ser agradables al Señor? Aquí tenemos una lección para nosotros: ¡No nos mezclemos con los idólatras!  No busquemos “juntarnos en parentesco con ellos de ninguna manera”. ¡Si los romanistas no son idólatras, entonces jamás existió idólatra alguno! Los romanistas y ritualistas no son solamente idólatras, sino que degradan a Su Dios comiéndoselo. Nosotros hemos aprendido por esta historia que no tenemos nada que ver con los idólatras si tenemos el deseo de agradar a Dios. “Todo lo que se escribió antes, se escribió para nuestra instrucción” fue escrito para nuestra enseñanza. 

La Palabra de Dios no es solamente una luz para nuestros ojos, sino una lámpara para nuestros pies, para exponernos donde colocarlos mientras atravesamos el laberinto de este mundo perverso. Sin embargo, no obstante todo lo que Josafat había atravesado, se nos dice (cap.19:1) que “volvió en paz a su casa en Jerusalén”. Observe el contraste que tiene esto con la vuelta o retorno de Acab. No volvió en paz a su casa. Esto es un retrato fiel de cómo trata con nosotros “el Dios de toda gracia”; Él, nuestro Dios del Pacto. El Dios de Jacob lo que prácticamente significa es el Dios de toda gracia. El Dios de Jacob significa el Dios con el cual Jacob tenía que tratar, cuando no merecía otra cosa que ira. ¡Dios lo halló, y le dio gracia y favor inmerecidos! Le dio todas las cosas, aunque nada mereciese; por eso está escrito: “Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob” (Salmos 146:5).

Ahora podríamos pensar que Josafat aprendió bien la lección de ahí para adelante; pero mire el versículo 35 del 2º capítulo. Se nos lleva hasta el final de su reinado, y debemos observar la belleza y perfección de las palabras, y la plenitud de verdad que contienen dentro. Y después de cometer este terrible error, y la gran tribulación que atravesó hasta que la maravillosa gracia de Dios lo liberó, después de la advertencia solemnemente que había recibido Josafat, el rey de Judá TRABÓ AMISTAD con  Ocozías rey de Israel”. Bien podríamos pensar, tal vez, que este Ocozías fuese un hombre mejor que su padre, pero no lo era – porque se añade “el cual era dado a la impiedad”.

“HIZO CON ÉL COMPAÑÍA para construir naves que fuesen a Tarsis”. Esta fue una alianza comercial. Primero tenemos una alianza matrimonial; después una alianza militar; y, finalmente, tenemos una alianza comercial. Eliezer hijo de Dodava, de Maresa, profetizó contra Josafat, diciendo “Por cuanto has hecho compañía con Ocozías, Jehová destruirá tus obras. Este es el resumen de todo. Tres veces repite el Espíritu Santo estas palabras “hiciste compañía” para mostrarnos el verdadero secreto del mal; pero en el Libro de Reyes (1ª Reyes 22:48) tenemos este hecho adicional:   

Cuando se partieron las naves, el enemigo no le dejó irse libremente sin otro asalto. Es cierto, los barcos que fueron construidos se rompieron, pero sucedieron más cosas, y Ocozías el hijo de Acab le dijo: “Vayan mis siervos con los tuyos en las naves. Mas Josafat no quiso” ¡Gracias a Dios! Al final aprendió la lección. ¡Ojalá que tengamos la gracia de aprender! Y ahora, tenemos dos grandes lecciones para nuestro tiempo:

 (1) Es de señalar que en Inglaterra estamos atravesando por esta misma experiencia en nuestra historia nacional. Nuestro Josafat fue James I. Ha sido a través suyo que tenemos la Versión Autorizada (King James); él fue un buen hombre, pero también muy débil.  

James I, igual que Josafat, entregó en matrimonio a su hijo Carlos con una idólatra, Henrietta, la hija de Enrique, Rey de Francia. Por supuesto, bien sabemos ahora que no debería haberlo hecho; y, si él hubiese leído esta narrativa, habría salvado el país de un vasto número de miserias. Pasó por las mismas tribulaciones que en el caso de Josafat; llevó al país al desastre nacional.

El pecado de Josafat hizo correr mucha sangre en Jerusalén. Joram empezó la tragedia matando a todos sus hermanos (2ª Crónicas 21); y después llegaron los árabes, y asesinaron a todos sus hijos menos a uno (2ª Crónicas 21:16, 17; 22:1); y después, Atalía asesinó a los hijos de Ocozías, con excepción de Joas (2ª Crónicas 22:10-12). No hubo otra cosa sino derramamiento de sangre y asesinatos; y eso mismo fue lo que sucedió en Inglaterra. James unió en matrimonio a su hijo con esta idólatra, y ella llegó a Inglaterra con grandes pompas de estado. Un escritor de aquel tiempo dijo así: “Si la gente de Londres supiese cuales son los las tribulaciones que esta mujer trae consigo, deberían haber hecho un día de lamentación y pesar en vez de celebraciones festivas santas”. Inglaterra se hallaba en guerra en respaldo de la causa Protestante, y estaba participando del asedio de Rochelle. Tan pronto como el Rey y el Consejo de Estado resolvieron emprender ciertos asuntos, provenientes de los Confesionales, todos sus planes fracasaron y fueron frustrados. Las cosas llegaron a un punto tal que el Parlamento tuvo que enviarle una protesta al Rey. Condujo todo al desastre; acabó en guerra civil. Por todo el país hubo derramamiento de sangre. A Carlos le cortaron la cabeza, y James II perdió su trono, todo debido a esta “unión al emparentar” con idólatras. Las personas que pasaron por este mar de tribulaciones determinaron que Inglaterra jamás debería pasar otra vez por una experiencia como esta; y establecieron grandes baluartes, tales como la prohibición diciendo que, el trono de Inglaterra, jamás podrá de nuevo ser ocupado: por un papista. Pero en los últimos cincuenta años se ha permitido que estos baluartes vayan siendo destruidos. Ahora queda muy poco de la Declaración Real, y el enemigo se esfuerza en destruir el resto; y conseguirá sus propósitos si somos lo suficientemente necios como para permitírselo. La causa de todos los males fue la alianza con idólatras. Aprendamos nosotros esta lección en nuestra vida privada, y en nuestra vida pública; porque esa es la raíz de todo el mal. 

   (2) Pero hay además otra lección. La primera fue política. Esta es religiosa, y se conecta con la obra Cristiana.

En 1804 se formó en Londres la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. El difunto Sr. John Radley (un miembro de su comité nos dice, en un panfleto publicado en defensa de esta Sociedad que uno de las primeras cartas registradas era proveniente de un Sacerdote Católico Romano en Suabia), pide por cartas al Comité que haga circular la Versión Católica Romana de la Vulgata Latina. Pero los fundadores de la Sociedad en ninguna manera se juntaron así con los idólatras y con su obra. El pedido se volvió a repetir, pero la respuesta fue un total y final repudio y un logro de las versiones. Pasado algún tiempo, un miembro y agente en el extranjero de la Sociedad se gastó la suma de dinero de 200 Libras esterlinas en la compra de esas corruptas Versiones; pero fue el Comité que presidía la Sociedad en esos días quien pagó la suma total de sus propios bolsillos, “antes que envolver a la Sociedad en una transacción, de propiedades tan cuestionables”. Al mismo tiempo que el enemigo de la Verdad de Dios ataca con estos asaltos la Sociedad, y aparentemente sin éxito, un más insidioso atentado surge para minorar su obra que estaban llevando a cabo. Cuando los hombres de guerra de Acab fracasaron, la hija de Acab tuvo éxito. Desde el principio de la Sociedad, habían sido invitados la alianza de socinianos y arrianos; y, pasados pocos años después, se fundó un Comité con estos que dejaron de lado y no obedecieron los principios de sus fieles predecesores, y adoptaron formalmente la circulación pública de las Versiones Romanas o Vulgata. Así se juntaron en yugo desigual en el uso de las falsas Versiones preparadas por los enemigos de la Fe Protestante.    
  
El resultado de esta alianza fue desastroso, y así sucedió también en los casos de Josafat, en Judá, y de James I, en Inglaterra: porque estas Versiones romanas contienen los libros apócrifos, y una gran disputa y controversia surgió con quien tiene su sede principal en Escocia. El difunto James, y Robert Haldane, y el Dr. Andrés Thompson fueron los conquistadores de una Biblia Pura; mientras que la puesta en circulación con los libros apócrifos fue defendida con argumentos que minan y aguan el Canon de la propia Escritura.

El primer desastre se dio en la secesión de Escocia. Las Sociedades Bíblicas Separatistas se formaron en Edimburgo, Glasgow y Aberdeen (ciudades escocesas); las cuales se juntaron en “La Sociedad Bíblica de Escocia” en 1861. Después de este primer desastre, se legislaron nuevas leyes, y se añadieron a la Constitución de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, prohibiendo la circulación  de los libros apócrifos de cualquier forma o manera. Esto sucedió en 1824 y 1825. Sin embargo, en todo este tiempo la Sociedad difiere de otras Sociedades en que no se inauguran sus reuniones con oración; y los que son piadosos entre sus miembros se esfuerzan para reparar las brechas y prevenir posteriores tribulaciones cambiando, en la Reunión Anual de la Sociedad en 1831, que la palabra “Cristianos” en la Ley Nona, “no debe ser tomada como inclusiva de aquellos que niegan la Divinidad y las Expiaciones de Cristo”. Esta resolución fue repudiada; y después se dio el segundo gran desastre, por la secesión de muchos de sus “mejores y más santos” miembros, que formaron una nueva Sociedad, y la denominaron “La Sociedad Bíblica Trinitaria”, siendo entendido que el nombre es un intento de explicar y de justificar su separada existencia. La oración fue adoptada por la antigua Sociedad el 8 de junio de 1857, pero siendo también miembros los ministros socinianos, todavía también son capaces de “atender y votar” en las reuniones de su comité; las Versiones Vulgata se mantienen en circulación (aunque sin los libros Apócrifos). En cuanto a la circulación de los apócrifos se defendieron argumentos que minan y hurtan el Canon de la Escritura, la circulación de estas versiones se defiende por argumentos que minan la Inspiración de la Escritura.

Además, el ruego se hace para que aquellos buenos hombres (es decir, como Josafat) no apruebe este tipo de alianzas, si son erradas; y esa es una “buena obra” para hacer circular estos libros (como Josafat pensando que sería bueno reconquistar Ramot de Galaad). Pero está escrito: “Mejor es el que se enseñorea de su espíritu que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). Josafat no se enseñoreó de su espíritu; ni tampoco se llegó a adueñar de la ciudad. Pero a nosotros no se nos deja en la duda en cuanto al veredicto del Señor sobre estas alianzas, tanto da que sean con las Versiones romanistas, legislaciones Jesuitas, como con comuniones socinianas. La palabra del profeta Jehú fue escrita para todas las edades, y conlleva una solemne advertencia para todo el Pueblo del Señor hoy: ¿Das ayuda al impío, y amas a los que aborrecen al SEÑOR JEHOVÁ? – 2ª Crónicas 19:2.

Traducción Por Juan Luis Molina
Con la colaboración de Claudia Juárez Garbalena


No hay comentarios:

Publicar un comentario