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LA MUERTE DE MOISÉS (Cap. 23 y final-Deuteronomio-Discurso 10-Profecías Finales), Dr. Stephen Jones





Cuando Eleazar terminó de compilar las palabras de Moisés, añadió un anexo para decirnos cómo murió Moisés. En Deut. 34:1 Eleazar dice:

1 Y subió Moisés de las llanuras de Moab al monte Nebo, hasta la cumbre de Pisga, que está enfrente de Jericó. Y Yahweh le mostró toda la tierra …

Este es un registro acerca de Moisés, no de Moisés mismo, porque está escrito en la tercera persona. Sin duda, Moisés le dijo a Eleazar que Dios le había ordenado que subiera al Monte Nebo para morir y dejó instrucciones finales a Eleazar y a Josué.


Viendo y Entrando en el Reino

Parece que Moisés también les dijo que Dios había planeado mostrarle la Tierra para que "viera el reino", aunque no pudiera entrar en el reino (en ese tiempo). Tal vez esto dio lugar a la idea expresada en Juan 3:3, diciendo:

3 ... En verdad, de cierto te digo, que el que no nace de nuevo [anoten, "de arriba, de un lugar superior"], no puede ver el reino de Dios.

Moisés fue llevado a una alta montaña para que pudiera "ver el reino de Dios". Pero Jesús también añadió en Juan 3:5,

5 En verdad, de cierto os digo, que si uno no es nacido del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

El nombre de Moisés literalmente significa "nacido del agua", porque la hija de Faraón lo había sacado del agua (Éxodo 2:10). Esto tiene un doble significado, por supuesto, porque los bebés también son extraídos del agua cuando nacen. Por lo tanto, ser "nacido del agua" se convirtió en un símbolo del nacimiento natural. Jesús nos estaba diciendo dos cosas acerca del Reino de Dios: (1) el Reino de Dios era más que una cuestión espiritual, también física; y (2) uno tenía que ser identificado con Moisés y el Espíritu para entrar en el Reino.

La primera cuestión se remonta a Génesis 1:26, que estipula que al hombre se le dio autoridad en la Tierra. En otras palabras, Dios (o el Cielo) delegó autoridad al hombre sobre la Tierra, haciendo de la carne humana un requisito para gobernar bajo Dios. Esta es la razón por la cual Jesucristo tuvo que venir a la Tierra en un cuerpo de carne para calificar para gobernar en el Reino. Y cuando estudiamos el cumplimiento de la Fiesta de los Tabernáculos, también vemos que se cumple cuando recibimos nuestro segundo conjunto de vestimentas por las cuales somos "vestidos" con la inmortalidad (2 Corintios 5:1-4). Los sacerdotes tenían dos vestidos, lino para ministrar a Dios, y lana para ministrar al pueblo. La fiesta de los Tabernáculos nos da la habilidad de ministrar en ambos reinos.

El segundo asunto muestra que los ángeles no "entran en el Reino" como ciudadanos, porque permanecen en el reino espiritual; y si son llamados a ministrar a las personas en la tierra, aparecen como hombres, asumiendo la exigencia de un cuerpo carnal para "entrar en el Reino". Es por eso que la resurrección de los muertos es importante, no meramente como una resurrección espiritual (que ahora poseemos, siendo identificados con Su resurrección), sino también como una resurrección física (como Pablo describe en 1 Corintios 15:12-14).

Por lo tanto, debemos nacer no sólo del espíritu, sino también del agua; y debemos nacer no sólo de Cristo, sino también de Moisés. Moisés aquí es una metáfora de la obediencia o la legalidad, mientras que Cristo habla de la gracia y el Espíritu Santo. Ambos son importantes a su manera.


Notas editoriales inspiradas

La descripción misma de la Tierra, comenzando con el final de Deut. 34:1 y pasando por el versículo 4, parece ser una adición de Esdras en años posteriores cuando compiló el canon de la Escritura bajo la inspiración del Espíritu Santo.

1 ... Galaad hasta Dan, 2 todo Neftalí, y la tierra de Efraín y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta el mar occidental, 3 y el Neguev y la llanura del valle de Jericó, la ciudad de las palmeras, hasta Zoar.

Ferrar Fenton nos dice,

"Vv. 2,3. Las palabras entre paréntesis no forman parte del texto original, sino la nota de un antiguo editor, probablemente Esdras, cuando editó los Libros de Moisés después del retorno del cautiverio babilónico, ya que las indicaciones geográficas son claramente desde el punto de vista de Jerusalén, no como el resto del capítulo, de la llanura de Moab, al este del Jordán".

En otras palabras, esta descripción apunta primero al norte de Jerusalén hacia "Galaad hasta Dan". Dado que Galaad estaba situada al este del Jordán, al norte, cerca del mar de Galilea, es obvio que "Dan" es la Ciudad al norte en la base del monte Hermón. Esta ciudad fue originalmente llamada Lais hasta que la tribu de Dan la conquistó en Jueces 18:29. Es evidente, pues, que ya que la ciudad de Dan no era conocida ni por Moisés ni por Eleazar en aquel tiempo, esto fue una adición posterior de Esdras para aclarar lo que Eleazar quería decir con "toda la tierra".

La parte sur del país era el Neguev, que era el valle entre el Mar Muerto y el Mar Rojo.
El reporte de Eleazar continúa en Deut. 33:4-6,

4 Entonces Yahweh le dijo: Esta es la tierra que juré a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: La daré a tu descendencia; te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá”. 5 Moisés, siervo de Yahweh, murió allí en la tierra de Moab, conforme a la palabra de Yahweh. 6 Y lo sepultó en el valle de la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor …

Esdras añade: "pero nadie conoce su lugar de entierro hasta el día de hoy". El término "hasta hoy" muestra que había pasado algún tiempo entre la muerte de Moisés y el tiempo en que se escribieron estas palabras.

7 Aunque Moisés tenía ciento veinte años cuando murió, su ojo no se oscureció, ni su vigor disminuyó.

En otras palabras, Moisés no murió de vejez; murió cuando Dios quitó el espíritu de vida de su cuerpo. Quizá podríamos atribuir este vigor a los efectos persistentes de su experiencia de Tabernáculos en el monte, cuando su rostro resplandecía con la presencia de Dios (Éxodo 34:29). La fiesta de los Tabernáculos nos promete el cuerpo inmortal, glorificado.


La disputa sobre el cuerpo de Moisés

También podemos mencionar otro detalle no registrado aquí, pero mencionado en Judas 9,

9 Pero el arcángel Miguel, cuando discutía sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió a pronunciar contra él juicio de maldición, sino que dijo: "El Señor te reprenda".

Parece que ocurrió algún tipo de disputa sobre el cuerpo de Moisés en el momento de su muerte. Algunos funcionarios de la Iglesia del segundo y tercer siglos (Clemente de Alejandría, Orígenes e Dídimo) afirmaron que se trataba de una cita de un libro llamado La Asunción de Moisés, que se pensaba que había sido escrito en el siglo anterior al nacimiento de Cristo. Sin embargo hoy no existe ninguna copia.


La disputa sobre el cuerpo de Josué

Si la cita de Judas aparecía en tal libro, parece haber sido una cita directa de Zac. 3:2, aunque insertada en la historia de la muerte de Moisés. Zac. 3:1,2 dice,

1 Entonces él me mostró a Josué, el sumo sacerdote que estaba delante del ángel de Yahweh [¿Miguel?], y Satanás estaba a su derecha para acusarlo [a Satanás]. 2 Y el Señor dijo a Satanás: "¡Yahweh te reprenda, Satanás!" ¡Yahweh que ha escogido a Jerusalén, te reprenda! ¿No es un tizón arrebatado del fuego?

En esta escena, Josué el sumo sacerdote estaba delante de Dios en la Corte Divina. Por un lado, Satanás lo estaba acusando, mientras que el ángel de Yahweh parece haber estado hablando la Palabra del Señor, "Yahweh te reprenda, Satanás". El término "Satanás" significa literalmente "acusador". El texto hebreo nos dice que Satanás estaba "a su diestra para acusarlo (satanás)".

No se menciona aquí la naturaleza precisa de la disputa, ni se menciona el cuerpo de Moisés. En su lugar, Josué aparece, y lleva el mismo nombre que el sucesor de Moisés, Josué. Ambos eran tipos de Cristo, y ambos representan a Yahshua-Jesús.

La profecía de Judas parece extraer de la revelación de Zacarías, pero la aplica a la Primera Venida de Cristo; es decir, a Su muerte y resurrección. En esa Primera Obra, Jesús vino como el profeta que era como Moisés (Deuteronomio 18:15, Hechos 3:22,23). Sin embargo, la profecía de Zacarías fue realmente sobre la Segunda Venida de Cristo como Josué el efraimita, que llevó a Israel al Reino, que también es el sumo sacerdote de la Orden de Melquisedec.

Parece, pues, que entre Judas y Zacarías hay dos disputas entre Satanás y Miguel sobre el cuerpo de Cristo. La disputa sobre el cuerpo de "Moisés" profetiza la disputa sobre el cuerpo de Cristo para tratar de impedir Su resurrección. La segunda es acerca del cuerpo de Cristo (los vencedores) en Su Segunda venida, tratando de prevenir la Manifestación de los Hijos de Dios.

Miguel ganó la primera disputa, porque Jesús fue resucitado de entre los muertos. Su resurrección, entonces, aseguró nuestra propia resurrección, porque aparte de la resurrección corporal de Cristo, nosotros mismos estaríamos sin esperanza de una resurrección corporal (1 Co. 15:13,14).

Así, la historia habla de Josué siendo "un tizón arrebatado del fuego" (Zacarías 3:2). Esta era una expresión hebrea que denotaba a uno que fue salvo de una destrucción segura, como en Amós 4:11. Pero en este caso, el lenguaje profetiza de ser resucitado de entre los muertos, donde la muerte y la tumba se representan como el "fuego destructivo".


La Resurrección y la Transfiguración están Aseguradas

El versículo 3 dice: "Josué estaba vestido con vestiduras sucias", mostrando que él era principalmente un tipo del cuerpo de Cristo, y no de Cristo mismo, que es perfecto. Estas "vestiduras sucias" fueron sin duda la ocasión de la acusación de Satanás, porque ningún hombre puede ministrar a Dios en tales vestidos. Pero el versículo 4 le da a Josué un cambio de ropa con las palabras: "Mira que hago pasar de ti tu pecado, y te voy a vestir de ropas de gala".

¿No habla esto del cuerpo de Cristo? Somos imperfectos e no cualificados mientras estamos vestidos de carne, pero sin embargo, por la Primera Obra de Cristo en la Cruz, somos imputados justos (Romanos 4:17), y por la Segunda Obra de Cristo, somos "vestidos con nuestra habitación celestial" (2 Corintios 5:2). Este cambio de prendas se describe en Ezequiel 44:19 en términos de cambiar de lana a lino. La lana es la tela que representa la cuerpo carnal, porque causa sudor -parte de la maldición (Génesis 3:19); el lino es el tejido que representa el cuerpo glorificado, las "vestiduras de la salvación" (Isaías 61:10) y "la justicia de los santos" (Apocalipsis 19:8).

El ángel, nos dice Judas, es Miguel, que es el Ángel de la Resurrección, porque Daniel 12:1-3 dice que cuando Miguel se levante, los que duermen en la tierra seguirán su ejemplo: "Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán". La obra de Miguel es facilitar la resurrección disputando con Satanás sobre el cuerpo de Cristo.

Hay mucho que no se dice en estos pasajes, pero se revela lo suficiente para reconstruir una imagen de la resurrección. El cuerpo de Moisés era Israel mismo, es decir, la Iglesia en el Desierto (Hechos 7:38), guiada por Josué a la Tierra Prometida. En la Primera Venida de Cristo, Él desempeñó el papel de Moisés en esta escena a través de Su muerte, pero Su cuerpo era algo más que sólo la Cabeza. Miguel reprendió a Satanás por segunda vez para que Cristo resucitase de entre los muertos, y luego reclamó todo el Cuerpo de la Iglesia para la resurrección.

Finalmente, en la Segunda Venida de Cristo, esto se repite por tercera vez en un nuevo contexto, porque la Iglesia está saliendo ahora del desierto, esta vez después de cuarenta jubileos de historia de la Iglesia. Moisés ha muerto, y Josué el efraimita está llevando el cuerpo de Moisés-Cristo para la herencia prometida.

Una vez más, la disputa antigua ha sido planteada por el acusador, y una vez más, Miguel dice: "El Señor te reprenda". Sin embargo, de hecho habrá una resurrección de los muertos.


Los 120 años de la vida de Moisés

Deut. 34:7 nos dice que Moisés tenía 120 años cuando murió. Pasó los primeros 40 años en la casa de Faraón (Hechos 7:23). Pasó los siguientes 40 años siendo entrenando en el Colegio Bíblico de Dios. Y luego su experiencia en la zarza ardiente lo envió de vuelta a Faraón, y él sacó a Israel fuera de Egipto por el desierto durante los últimos 40 años de su vida.

Estos tres ciclos de cuarenta días fueron proféticos de la historia del Reino, porque cada año en su vida profetizó un ciclo Jubilar que comienza con Adán y termina en nuestro propio tiempo:

40 Jubileos (1960 años) de Adán a Abraham.
40 Jubileos de Abraham a Cristo.
40 Jubileos desde la Primera Venida-Obra de Cristo a Su Segunda Venida-Obra

Los 40 Jubileos finales nos llevan al año 1986 dC, que fue el 120º Jubileo de Adán (datado por la crucifixión de Cristo en el año 33, los 40 Jubileos terminaron en 1993).

Así que en la historia progresiva del Reino desde Adán, no pasó mucho hasta Abraham. El llamado de Abraham, entonces, es paralelo al llamado de Moisés que tenía cuarenta años cuando descubrió su identidad.

Moisés mismo tuvo que pasar por 40 años de entrenamiento como siervo antes de que pudiera comenzar su ministerio a la edad de 80 años (Éxodo 7:7). Así también Israel como nación fue entrenado por Dios para aprender obediencia, no sólo por 40 años en el desierto, sino también por los siguientes 40 Jubileos para prepararse para la venida de Yahshua (Josué).

Entonces, así como Moisés regresó a Egipto para sacar a Israel en Pascua fuera de la esclavitud y al Reino, así también Jesús vino a morir en la Cruz en Pascua, sacándonos fuera de "Egipto" después que 80 jubileos de la historia del Reino habían pasado. El 80º Jubileo de Adán fue en el 26-27 dC, que también fue el comienzo de las setenta “semanas” de Daniel. Entonces Jesús murió en la Cruz en la Pascua del año 33 dC, que fue al final de la semana setenta de Daniel. Lo expliqué con más detalle en mi libro, Las Setenta Semanas de Daniel (http://josemariaarmesto.blogspot.com.es/2014/04/libro-las-70-semanas-de-daniel-ya.html).

Cristo, que fue "como Moisés" (Hechos 7:37), sacó a la Iglesia de "Egipto" al desierto en el 33 dC, donde la Iglesia fue entrenada por Dios a través de la dura experiencia de 40 Jubileos hasta ahora. Entonces, al igual que Moisés murió a la edad de 120, con el fin de permitir a Josué dirigir a Israel al Reino, también en nuestra generación después de la 120º Jubileo (1986-2035). Somos la generación que está llamada a cruzar a la Tierra Prometida después de la muerte de Moisés.


Treinta días de duelo

Deut. 34:8 continúa,

8 Y los hijos de Israel lloraron a Moisés en los campos de Moab treinta días; entonces los días de lloro y de luto por Moisés llegaron a su fin.

Era costumbre en aquellos días que la gente apartara treinta días para llorar por los muertos. Cuando murió un líder nacional, la nación entera apartaba treinta días para llorar.

9 Josué, hijo de Nun, se llenó de espíritu de sabiduría, porque Moisés le había impuesto las manos; y los hijos de Israel le escucharon, e hicieron como Yahweh había mandado a Moisés.

En Marcos 5:23 se le pidió a Jesús que pusiera manos sobre la hija de un hombre para que pudiera ser sanada. En Hechos 8 los apóstoles fueron a Samaria a poner manos sobre los samaritanos para que recibieran el don del Espíritu Santo (Hechos 8:14-17). Más tarde, Pablo habló de poner las manos sobre la gente para recibir dones espirituales (2 Timoteo 1: 6). Así también Moisés puso las manos sobre Josué para recibir el espíritu de sabiduría, por medio del cual él podría conducir a Israel.

Estas parecen ser las palabras finales de Eleazar, terminando el libro. A continuación, encontramos un anexo que fue agregado más tarde, probablemente por Esdras, quien compiló el canon completo del Antiguo Testamento.


Anexo de Esdras

Deut. 34:10-12 nos da el apéndice de Esdras,

10 Desde entonces, ningún profeta se ha levantado en Israel como Moisés, a quien Yahweh conoció cara a cara, 11 por todas las señales y prodigios que Yahweh le envió a hacer en la tierra de Egipto contra Faraón, todos sus siervos y toda su tierra, 12 y por todo el poder y por todo el gran terror que Moisés hizo a los ojos de todo Israel.

La frase "desde entonces" implica que había transcurrido un tiempo considerable cuando se escribió este párrafo. Ya que Esdras vivió casi mil años después de Moisés, esto le permitiría mucho tiempo para ver si alguien más podría surgir al nivel del ministerio de Moisés. Porque Moisés había profetizado en Deut. 18:18 que tal profeta como Moisés surgiría en algún momento, Esdras nos asegura que este profeta desconocido aún no había surgido en su tiempo. De hecho, pasarían otros cinco siglos antes de que Jesucristo naciera para sacarnos lejos de la casa de esclavitud.

Jesús fue crucificado como el Cordero Pascual en la 1480ª Pascua, comenzando por la primera Pascua que se celebró en Egipto bajo Moisés. El término griego para Cristo es christos, que tiene un valor numérico de 1.480. Por lo tanto, es lógico que sólo el verdadero Cristo podía dar su vida como el Cordero, en la Pascua que se celebró en la 1480ª Pascua.

Desde un punto de vista profético, sólo hubo un año en que Cristo pudo cumplir la fiesta de la Pascua. Fue el año en que Cristo se convirtió en el Cordero pascual. De la misma manera, esto sólo podía ser cumplido en un día determinado del año -Pascua- y en una hora específica del día, mientras los corderos estaban siendo sacrificados. Sólo conozco a un hombre que dio un paso adelante para hacer lo que se requería en este momento. Por esta razón, creo que Jesús fue el que Moisés habló.

Esdras parecía estar más interesado en la venida de aquel Profeta que sería como Moisés, pero él también tendría que descansar y esperar pacientemente por otros cinco siglos antes de que Cristo viniera a cumplir la profecía.


Así que el libro del Deuteronomio termina con la muerte, pero con la esperanza del profeta mayor aún por venir. Ese profeta fue prefigurado en Josué, el nuevo Líder que iba a implementar el Nuevo Pacto.

http://www.gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/deuteronomy-the-second-law-speech-10/chapter-23-the-death-of-moses/

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