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DEUTERONOMIO-DISCURSO 7-Matrimonio y Relaciones Vecinales - Cap. 8: LEYES DE REBUSCO Y DEVOCIÓN, Dr. S. E. Jones




Moisés dice en Deuteronomio 24:19,

19 Cuando coseches tu mies en tu campo y olvides alguna gavilla en el campo, no debes volver a recogerla; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda, con el fin de que Yahweh tu Dios te bendiga en toda obra de tus manos.

Vemos esta ley ponerse en práctica en el libro de Rut, mientras ella espigaba en el campo de Booz. Rut 2:15 y 16 dice,

15 Cuando se levantó para espigar, Booz ordenó a sus siervos, diciendo: “Que recoja también espigas entre las gavillas, y no la avergoncéis. 16 Y dejaréis también caer para ella algo de los manojos, y lo dejaréis para que lo recoja, y no la reprendáis.

Boaz fue generoso con Rut, yendo más allá del requisito de la Ley. En realidad instruyó a sus segadores a pretender olvidar algunas gavillas en el camino. Es un buen ejemplo del amor, que no viola la Ley, sino que transciende su nivel de justicia.

Cobertura directa de Dios

El rebusco o espigado fue dado a los extranjeros, huérfanos y viuda, que todos tenían una cosa en común. No tenían ninguna cobertura, ningún pariente cercano. Así que Dios proveyó tal cobertura por Sí mismo, mostrándonos que si los creyentes no tienen “cobertura” en una iglesia, Dios se convierte en su cobertura. Toma su caso cuando claman a Él (Éxodo 22:23).

Y así también, cuando los padres de David le abandonaron a causa de la amenaza de Saúl, Dios lo cubrió directamente. David escribió en el Salmo 27:10,

10 Por mi padre y mi madre me han abandonado, pero Yahweh me recogerá.

Cuando David era un proscrito perseguido por el rey Saúl, sus padres tuvieron que renunciar a él con el fin de proteger su propia herencia en Belén. Como huérfano espiritual, David recibió protección y formación especial de Dios mismo. Fue adoptado en la familia de Dios y por lo tanto se convirtió en un “hijo de Dios”, y Dios se convirtió en su cobertura.

Cuando vemos que todos esos “extranjeros, viudas y huérfanos” son adoptados por Dios cuando entran en el Reino y se juntan a Su Pacto, entonces podemos empezar a entender Isaías 56:3-8, que habla de los extranjeros y los eunucos a los que les es dado un nombre mejor que el de hijos e hijas.

La Ley del Rebusco es una de las formas de proveer para aquellos que están bajo la cobertura directa de Dios.


Recordando la opresión de Israel en Egipto

Moisés continúa en los versículos 20-22,

20 Cuando sacudas tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas dejado tras de ti; serán para el extranjero, para el huérfano y para la viuda. 21 Cuando vendimies tu viña, no rebuscarás tras de ti; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda. 22 Y acuérdate que fuiste esclavo en tierra de Egipto; por tanto, yo te mando que hagas esto.

Una vez más, la Ley del Rebusco es algo que los hijos de Israel deben apreciar, habiendo sido extranjeros en la tierra de Egipto. Su tratamiento en las manos de los egipcios era la lección de Dios con ellos acerca de cómo no tratar a los extranjeros, y por extensión a las viudas y los huérfanos también.


Las esquinas de tu campo

Moisés ya había establecido la Ley del Rebusco anteriormente, con un detalle adicional, como se lee en Lev. 19:9 y 10,

9 Cuando siegues la mies de tu tierra, no segarás hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu tierra segada. 10 Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Yahweh vuestro Dios.

Esto nos da un poco más instrucción sobre el Rebusco. No sólo los segadores no debían regresar en busca de la gavilla que se olvidaron, sino que también debían dejar los bordes de sus campos para que los necesitados los cosecharan. Del mismo modo, al cosechar un viñedo, si caían algunos de los racimos, debían dejarlos en el suelo para los necesitados. Esta ley se repite en Lev. 23:22, pero sin más detalles.

Las esquinas del campo de uno se dedicaban a Dios y su fruto era dado a los pobres, las viudas, los huérfanos y los extranjeros. El principio detrás de esta ley también se representa en una ley relacionada con respecto a las esquinas de la barba de un hombre. Lev. 19:9 habla de las esquinas del campo, mientras que el versículo 27 habla de las esquinas de la barba (patillas) de uno. Estas leyes se encuentran en proximidad entre sí por una razón.

La faz de la tierra (como en Gen. 6:1) era un término hebreo que relaciona una cara con un campo de grano. Las esquinas de la barba, hablando proféticamente, representan las esquinas de ese campo. No fue ordenado en la Ley que alguien tuviera barba, ya que incluso José se afeitó cuando se presentó al faraón (Génesis 41:14); pero si se dejaba la barba, no debía tener una perilla. Cortarse las patillas era el equivalente profético de la cosecha de las esquinas del campo de uno y privar a los pobres del sustento que era la provisión de Dios para ellos.

Para entender completamente este concepto, uno debe estudiar las leyes relativas a los nazareos, que tenían prohibido cortarse el cabello o afeitarse la barba hasta el final de su voto (Num. 6:5). Tal voto se hacía para limpiar y purificar a una persona, y se correlaciona con un campo que es devuelto a la naturaleza. A medida que el campo se volvía lleno de malas hierbas y árboles, se hacía como una selva. Si bien este estado parecía ser desorganizado y no sometido, también permitía a la tierra reponerse de forma natural con nutrientes con el fin de hacerla productiva en el futuro.

Si bien la Ley del Nazareato representa la faz de la tierra en el sentido de restaurarla a un estado salvaje, la Ley de Barbas representa un campo cultivado, sometido, en cumplimiento del mandato en Génesis 1:28 de someter la tierra y ponerla bajo el dominio de Jesucristo. Ningún hombre puede cumplir con este mandato, sin ser obediente a Su voluntad, y Su voluntad se expresa en parte por la Ley del Rebusco.

Dios no está muy preocupado por las barbas de los hombres sino más bien con el sentido espiritual en su conexión con la Ley del Rebusco. En mi opinión ningún hombre debería tener barba, a no ser que sea guiado por el Espíritu a hacerlo.


El Rebusco y la Ley del Amor

La ley nos da la enseñanza básica, pero ¿cómo lo entendían los profetas? ¿Cómo se aplica la ley, espiritual y proféticamente? La respuesta la encontramos en Miqueas 7, donde el profeta se lamenta sobre Israel debido a que la Ley había sido apartada en favor de los estatutos de Omri. Omri fue uno de los reyes más poderosos en la historia de Israel, y había establecido un nuevo Código Ley para reemplazar las Leyes de Dios. Por lo que el profeta dice en Miqueas 7:1 y 2,

1 ¡Ay de mí!, porque estoy como cuando han recogido los frutos del verano, como cuando han rebuscado [olelah, “rebuscar”] después de la vendimia, y no queda racimo para comer; mi alma deseó los primeros frutos. 2 Ha desaparecido el bondadoso de la tierra, y no hay recto entre los hombres. Todos acechan por sangre; cada cual arma red [cherem, “devoción”] a su hermano.

Alal es espigar o rebuscar, y olelah es un rebuscador de uvas. La palabra también se utiliza en árabe para referirse a un segundo trago para calmar la sed restante que uno pueda tener después de su primer trago largo. En la Escritura encontramos a Balaam usando la misma palabra en Num. 22:29, donde acusó a su burro de insultarlo. La NASB dice: “¡tú has hecho burla de mí!” En otras palabras, Balaam acusó a su burro de sobrepasar sus límites y de mal comportamiento.

Por lo tanto, la palabra alal tiene que ver con ir más allá de las fronteras, y cuando se aplica a espigar eso significa ir más allá del derecho normal a poseer lo que se ha producido. Es una ley de amor, expresada en la propia entrega a los pobres, las viudas, los huérfanos y los extranjeros, todos los cuales están bajo la cobertura directa de Dios.

En un ejemplo más negativo del uso de esta palabra, Jueces 19:25 habla de los hombres malvados de Benjamín que tomaron a la concubina del levita, la violaron y la “maltrataron” (insultaron) esa noche. La palabra “violaron” es alal, “rebuscar”. Por eso, cuando la palabra se aplica en una situación de mal, significa ir más allá de la autoridad legal, tomando por codicia o lujuria más de lo que la Ley permite.

Esta idea también se ve cuando nos fijamos en el sentido espiritual de la palabra misma. Alal se deletrea ain, lamed, lamed. La ain significa “ojo”, y alude a ver o manifestar algo. La lamed es una aguijada de bueyes, un símbolo de autoridad. La doble lamed significa un segundo trago, sobrepasar los límites de la autoridad. Así que la palabra alal significa un comportamiento que sobrepasa los límites de la legítima autoridad manifiesta.

De lo que el profeta Miqueas se lamenta es por el hecho de que Israel había sustituido la Ley de Dios por las leyes de Omri y por lo tanto había sobrepasado los límites de la Ley de Dios. Lo expresa en términos del rebuscado. Es probable que Omri hubiera abolido la Ley del Rebusco, lo que luego dejó a los necesitados sin el suficiente sustento. Faltó el misericordioso de la tierra puede significar que los israelitas no estaban siguiendo ya la Ley de Dios; o puede significar que los pobres y necesitados, que son “los justos” en este caso, habían muerto de hambre o se han visto obligados a trasladarse a otro país.


El Rebusco y los elegidos

En cierto modo, somos lo que comemos. Espiritualmente hablando, los elegidos de Dios están representados como comedores de espigas o rebusco. Desde el punto de vista de la profecía, se dio el rebusco al remanente elegido, aquellos bajo la cobertura directa de Dios, representados como las viudas, los huérfanos y los extranjeros.

El ejemplo de Pablo de los elegidos en Romanos 11:2-7 proviene de la historia de Elías. Y así Miqueas se lamentaba tanto como Elías lo había hecho antes, cuando se quejó a Dios en 1 Reyes 19:14,

14 ... los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares y mataron a tus profetas con la espada. Y sólo yo he quedado, y buscan mi vida, para quitármela.

En otras palabras, los israelitas sin ley persiguieron y destruyeron a los elegidos de Dios. Miqueas se quejó de que el buen hombre había perecido de la Tierra, mientras que Elías se quejó de que él era el único que quedaba que servía al verdadero Dios.

Por supuesto, Dios le dijo a Elías en el versículo 18 que había todavía 7.000 en Israel que eran verdaderos adoradores. Pablo nos dice en Rom. 11:5-7 que estos eran el “remanente de la gracia”, que también es llamado “los elegidos”. Mientras que Israel como un todo había sido “llamado” por Dios para administrar las bendiciones de Abraham a las naciones del mundo, en la realidad sólo el remanente fue verdaderamente “elegido” y obtuvo esa promesa.


Los espigadores o rebuscadores están dedicados a Dios

La profecía de espigar en Miqueas 7:2 también nos lleva a otra ley que conecta a los elegidos con los “devotos”.

2 Ha desaparecido el bondadoso de la tierra, y no hay recto entre los hombres. Todos acechan por sangre; cada cual arma red [cherem, “devoción”] a su hermano.

Miqueas emplea la palabra cherem con un doble significado. Se utilizaba para cazar pájaros con redes. Se ponían semillas en el suelo y luego lanzaban una red sobre las aves cuando venía a alimentarse. Por lo tanto, la palabra hebrea cherem tenía un doble significado: (1) una red y (2) la devoción.

Pero el término legal, devoción, tiene un significado que va más allá del mero compromiso y enfoque. La palabra hebrea cherem denota una relación especial, con una una esposa o el sitio del templo, o alguna cosa “dedicada” a Dios. El recinto del templo, por ejemplo, fue llamado cherem. Entonces también el harén del rey, (cherem), que consistía en sus múltiples esposas, que habían sido “dedicadas” o “consagradas” a él.

Cualquier cosa que se da a Dios o se coloca bajo Su control directo es cherem. Denota que algo es propiedad de Dios. La Ley de la Devoción se encuentra en Lev. 27:28,

28 Sin embargo, todo lo que un hombre consagra [cherem, “dedica, separa”] a Yahweh de todo lo que tiene, de los hombres o de los animales o de las tierras de su propiedad, no se venderá ni se rescatará. Todo lo consagrada [cherem] es cosa santísima para Yahweh.

En este capítulo se habla de hombres dando una ofrenda especial de la tierra a Dios. Cuando la tierra era “dedicada” a Dios, caía en una categoría especial de tierra, en la que el propietario original no tenía el derecho de redención, ni se devolvía la tierra a él en el año del Jubileo.

Jericó es un ejemplo de una ciudad “dedicada” a Dios (Jos. 6:21), con el fin de colocar la totalidad de su oro, plata, bronce y hierro para el tesoro del Señor (Jos. 6:24). De hecho, todas las ciudades que Israel conquistaba se decía que eran “dedicadas” a Dios. ¿Por qué, entonces, se destruían las ciudades? Eran destruidas porque los habitantes se negaban a dar a Dios lo que Él había reclamado para Sí. Pero, ¿era una cosa tan mala que se dedicaran o consagraran a Dios?


Ser devoto (dedicado) a Dios

La intención de la carne es enemistad con Dios y por lo tanto se resiste a ser dada a Dios y puesta bajo la autoridad divina. Por lo tanto, la Ley de la Devoción requiere la muerte de la mente carnal, y cuando estamos verdaderamente dedicados a Dios, Él obra en nosotros para matar la carne. Es sólo por morir con Él que somos levantados en novedad de vida (Rom. 6: 4). De hecho, esta es la diferencia entre el creyente común y el que se consagra a Él. Los que se dedican a Él parecen ser los más maltratados de todos. Todos sentimos lástima por ellos, pero Jesús dice en Juan 10:28,29,

28 y yo les doy vida eterna (aionian) a ellos, y no perecerán jamás; y nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos; y nadie las puede arrebatar de las manos de mi Padre.

Estos son los colocados en propiedad directa de Dios bajo Su cobertura y autoridad. Esta fue la manera en que Jesús expresó la Ley de la Devoción, porque ninguna cosa consagrada, una vez dada a Dios, podía ser “vendido o redimido” de la propiedad de Dios. Ese es el significado subyacente de devoción, según el término se utiliza en la Escritura. En otras palabras, no están en venta a ningún precio. Cuando cosas carnales se dedicaban a Dios, Él destruía la carne en ellas con el fin de consagrarlas como vasos útiles en la casa de Dios.

Y así, vemos que la Ley del Rebusco habla de un remanente, o parte de un campo, vid, o árbol que está dedicado a Dios. Los espigadores o rebuscadores se identifican con el Remanente de Gracia, que Dios ha reclamado para sí.

Para que esos espigadores sean útiles para alimentar a las naciones pobres y necesitadas del mundo, se ha puesto a ese remanente en un programa de entrenamiento vigoroso, con el fin de matar la carne y hacer a su espíritu libre, para caminar en una nueva manera de vivir de acuerdo con la las Leyes del Reino. La Compañía-Espigadores o Remanente de Gracia, es llamado a distribuir las bendiciones de Abraham a todas las naciones de la Tierra.

No todos los creyentes son verdaderos devotos de Dios conforme a la Ley de la Devoción. Los que permanecen bajo la cobertura directa de una iglesia, sólo disfrutan de una relación indirecta con Jesucristo. Su deber principal es complacer a la iglesia, en lugar de a Cristo. Tienen confianza en que los mandamientos de la iglesia coinciden con los de Jesucristo, por lo que no ven ninguna razón para ser consagrados a la autoridad directa de Cristo.

Sin embargo, aquellos que han experimentado el rigor del entrenamiento de Dios saben lo diferente que es de la forma en que otros parientes redentores entrenan a los que están bajo ellos. Por lo tanto, no es sorprendente ver que los que están bajo la cobertura de los hombres y de las iglesias no son generalmente tan bien entrenados como aquellos que son huérfanos de la iglesia bajo la cobertura directa de Dios. Los hombres simplemente no están equipados para entrenar a otros en la forma divina.

De hecho, si lo intentaran, serían procesados por abusos. Yo también acusé a Dios muchas veces de maltrato infantil. No me gustaba mi formación desierto desde 1981-1991; pero mirando hacia atrás en ello, no lo cambiaría por nada del mundo, porque me ha hecho quien soy y ha hecho posible que yo haga el trabajo que estoy llamado a hacer. Aprendí que ser dedicado a Dios significaba que mi carne se dedicaba a la destrucción y que iba a ser crucificado con Cristo. Pero también aprendí que quien se da (dedica) al Padre como Su hijo nunca puede ser arrancado de Su mano.


La pena de muerte

La Ley de la Devoción es el fundamento de la pena de muerte bíblica, por la cual aquellos que son culpables de crímenes capitales son “dedicados” a Dios.

Cuando Dios creó los tribunales terrenales para administrar justicia al pueblo de Israel, se establecieron en el principio de que la justicia no se realiza hasta que la plena restitución a todas las víctimas de la injusticia se haya hecho. El principal método de justicia era la restitución.

Sin embargo, hubo algunos crímenes donde no era posible hacer justicia a través de los pagos de restitución. En tales casos, como el asesinato y el secuestro, la pena era la muerte. El culpable era ejecutado a menos que la víctima o su abogado tuvieran a bien perdonar su crimen.

La muerte misma no hacía nada para satisfacer la justicia, porque se mantenía pérdida de la víctima, la persona que fue asesinada todavía permanecía muerta. El hombre secuestrado podría ser devuelto con vida, pero ¿cómo se pueden devolver dos hombres como un doble pago de restitución, según Éxodo 22:4? Por lo tanto, la pena de muerte no administra justicia, sino que sólo apela el caso ante un tribunal superior en el Gran Trono Blanco.

Con la imposición de la pena de muerte, el tribunal terrenal esencialmente admitía que era incapaz de administrar justicia divina, y así era necesario que el juez apelara a la Corte Divina y pusiera el caso bajo la autoridad de Dios. Todos estos casos serán oídos en el momento en que el Gran Juez de toda la Tierra celebre la Corte después que una semana completa de la Creación (7.000 años) se haya completado.

Los que se someten a muerte, entonces, se ponen en un estado de “reposo”, como la Biblia lo llama, hasta que sean convocados al Gran Trono Blanco, donde Jesucristo mismo juzgará su caso. En esta sala, la justicia puede y será hecha, porque él tiene el poder de resucitar a los muertos y tiene la sabiduría para administrar justicia en todos los casos “imposibles”.

En efecto, los que son condenados a la pena de muerte son “dedicados” a Dios. Se les pone en las manos de Dios y estarán bajo Su autoridad directa. Aunque Dios ha puesto a los ciudadanos del Reino bajo la autoridad de ciertos líderes y jueces, que sostienen las partes del Mandato de Dominio, los jueces no son capaces de hacer frente a todos los casos judiciales. Por lo tanto, en ciertos casos difíciles, tenían que renunciar a su derecho como jueces y “dedicar” a los pecadores a Cristo, que es capaz de juzgar.

En el Gran Trono Blanco, dice Isaías 45:23, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Él es el Señor. Todo el mundo va a jurar lealtad a Él, afirmando (en el versículo 24) “Sólo en Yahweh están la justicia y la fuerza”. Como resultado, el versículo 25 concluye,

25 En Yahweh será justificada y se gloriará toda la descendencia de Israel.

Sorprendentemente, la pena de muerte pone todo bajo la autoridad de Jesucristo, y cuando todos los hombres vean Su gloria, majestad y amor, todos ellos lo confesarán como Señor. Ellos se arrepentirán y se convertirán. Juan habla de ese día en Rev. 15:4, diciendo:

4 ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre?, pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado.


La mortalidad es una sentencia de muerte

La pena de muerte en realidad se remonta a Adán, que fue el primero en recibir tal pena. A través de él, todos hemos sido condenados a una existencia mortal. Mientras que normalmente vemos esto como “malo”, y vemos la muerte como “el último enemigo” (1 Cor. 15:26), en realidad es la muerte la que nos justifica ante Dios. La Emphatic Diaglott traduce Rom. 6:7,

7 Porque el que murió ha sido justificado del pecado.

Es por la muerte que somos justificados, cuando nos identificamos con Cristo en Su muerte en la Cruz. Mediante la aceptación de la pena de muerte y crucificando al hombre viejo interior, nos dedicamos a la propiedad directa de Dios. Este es el significado que subyace detrás del bautismo (Rom. 6:4-10), en el que cumplimos con la pena de muerte con el fin de ser levantados con Él a una nueva vida.

Del mismo modo, aquellos que caen bajo la pena de muerte en un tribunal terrenal están dedicados a Dios, el único que puede administrar justicia en casos que son demasiado difíciles o imposibles para que los tribunales terrenales puedan hacerlo correctamente.


Jericó, un tipo de reino bestia

Vemos este principio positivo en la batalla de Jericó, donde la ciudad se dedicó a Dios. Las paredes y las estructuras carnales fueron derribadas, pero todo el oro, plata, bronce, y hierro se dedicaron a la tesorería de Dios. Josué 6:17-19 dice,

17 Y la ciudad estará bajo la prohibición [cherem], y todo lo que hay en ella pertenece a Yahweh … 18 Pero en cuanto a ti, solamente guardaos de las cosas dedicadas al anatema [cherem], ni toquéis, ni toméis ninguna cosa del anatema [cherem], no sea que hagáis el campo de Israel anatema [cherem] y lo turbéis. 19 Pero toda la plata y el oro y los utensilios de bronce y el hierro son santos para Yahweh; porque irán al tesoro de Yahweh.

La NASB traduce cherem de dos formas en estos versículos. En primer lugar, lo traduce “bajo la prohibición”, y en segundo lugar lo traduce “anatema”. Ninguna traducción hace plena justicia a la palabra. Literalmente significa que toda la plata, oro, bronce y hierro de Jericó iban a ser colocados en el tesoro de Dios, porque Dios los reclamó como suyos. Si alguno se resistía y demandaba lo que se había dedicado a Dios, quedaba “maldito”, es decir, él también era puesto bajo propiedad de Dios por medio de la pena de muerte.


Apelar al Tribunal Supremo

Cuando se aplica la Ley de la Devoción a la Corte Divina, se aplica a aquellos que creen que son víctimas de la injusticia, pero no encuentran remedio en los tribunales terrenales, haciendo que oren y apelen su caso a la Corte Divina.

Uno de estos casos sería cuando un hombre cree que su esposa es culpable de adulterio, pero no tiene pruebas definitivas. Tal caso se expone en Num. 5:13. El hombre puede entonces llevarla a la Corte Divina, representada por el sacerdote, donde sería presentado a Dios. El primer paso para él era eliminar a su esposa de su propia cobertura, y esto era significado por perder su cabello (Num. 5:18). Esto la ponía bajo la propiedad y la autoridad de Dios.

Ella era entonces debía hacer un juramento de inocencia, y su marido debía dejar el caso en manos de Dios para el juicio. He. 6:16 da el principio de la Ley y para ellos el juramento interpuesto para confirmación pone punto final a toda disputa. En otras palabras, ella confirmaba su inocencia con un juramento. Él debía presumir su inocencia, y no juzgarla ni castigarla él mismo, sino que la dejaba totalmente en manos de Dios.

Si tomara el asunto en sus propias manos, le sería de maldición bajo el mismo principio por el que Acán fue maldecido cuando él tomó esos artículos de Jericó que habían sido dedicados a Dios.


Anatema Maranatha (el Señor Viene)

Pablo dice en 1 Cor. 16:22,

22 Si alguno no ama al Señor, sea anatema [anatema]. Maranatha.

La versión King James dice simplemente:

22 Si alguno no ama al Señor Jesucristo, sea anatema Maranatha.

Muchos de los que no entienden la Ley de la Devoción se han horrorizado que Pablo parecería maldecir a cualquier persona que no ama al Señor. Parece totalmente fuera de lo normal para él, teniendo en cuenta el capítulo del amor en 1 Cor. 13. El problema es que no parece que los traductores entiendan la Ley de la Devoción.

La Septuaginta traduce cherem con el término griego anatema. Este es el equivalente griego que expresa el concepto hebreo de la devoción. Pablo entendía la Ley, y estaba usando el término griego según la definición hebrea de cherem. Él no estaba maldiciendo a nadie sino dedicándole o consagrándole a Dios, orando para que Dios pueda asumir la plena responsabilidad de llevarlos a la salvación. Dedicó a estas personas a la propiedad directa de Dios, sabiendo que Él tiene la sabiduría para revelarse a ellos, si no en esta vida, entonces, ciertamente, en el Gran Trono Blanco. Esta es la llamada “maldición” de Dios.

Anathema proviene de ana, “encima, hacia arriba, en medio”, y tithemi, “establecer, poner, colocar”. Gesenius Lexicon lo define como “una cosa configurada o colocada con el fin de ser guardada, específicamente, una ofrenda votiva”. En otras palabras, la palabra se aplica a menudo a una ofrenda o tal vez un cordero que había sido dedicado para un sacrificio a Dios.

¿Era este cordero “maldito”? Obviamente no. Era sagrado. Los hombres sólo atraían una “maldición” sobre sí mismos si tomaban el anatema para su propio uso o para mal uso. Pero Pablo dedicaba a estas personas a la autoridad directa de Cristo. Era otra forma de orar: “Señor, interviene en sus vidas y dales instrucciones y disciplínales si es necesario para llevarlos a la verdad”.

Este es el significado legal de anatema. Pablo lo empareja con la expresión Maranatha, que es una palabra aramea que significa “El Señor viene”. El Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento dice que Maranatha fue …

Supuesta anteriormente por algunos como un enunciado imprecatorio o 'una maldición reforzada por una oración', una idea contraria a las intimaciones transmitidas por su uso en los documentos cristianos antiguos. En cuanto a la razón por la que se utilizó, lo más probable era una expresión del momento entre los primeros cristianos, como la encarnación de la consumación de sus deseos”.

En otras palabras, Maranatha fue una expresión de aliento en la Iglesia Primitiva para recordar a los demás que Cristo venía pronto para traer el Reino con su sistema de justicia perfecta. En 1 Cor. 16:22 Pablo la conectó a un anatema, mostrando que los que no aman a Jesucristo iban a ser dedicado a Él, para que cuando viniera, resolviera el problema y les mostrara la verdad.

Vemos, pues, cómo la Ley de la Devoción tiene una amplia aplicación en la Ley Bíblica. La Ley del Rebusco es una aplicación, porque los espigadores o rebuscadores pertenecen a Dios y deben ser utilizados para apoyar a los que están bajo la cobertura directa de Dios. Esto incluye, viudas, huérfanos, extranjeros, e incluso las bestias del campo. Si cualquiera de estos son oprimidos, Dios toma su causa en la Corte Divina como el gran “vengador de la sangre”, es decir, el pariente cercano, porque el Espíritu Santo se convierte en Su defensor en la Corte Divina de la Ley.


Cuando los creyentes apelan al Tribunal Supremo, Jesucristo juzga todos los casos con justicia y misericordiosamente con Su carácter de amor. Al final, dedicar estos casos a Él es el derecho de la víctima de poner el pecador en las manos amorosas de Jesucristo. Este es el factor misericordioso oculto incluso en la propia pena de muerte.

http://www.gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/deuteronomy-the-second-law-speech-7/chapter-8-law-of-gleanings/