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DEUTERONOMIO - DISCURSO 5 - Cap. 27: Impartir justicia por la guerra, Dr. Stephen E. Jones


Las Leyes de la Guerra no permiten ataques no provocados, ni permiten la guerra sin primero negociar la paz. Deut. 20:10,11 dice:

10 Cuando se acerque a una ciudad para pelear contra ella, le ofrecerás condiciones de paz.

Tenga en cuenta que Dios no justifica meras guerras de conquista; tiene que haber alguna injusticia que deba corregirse con el fin de restaurar el orden legal. La guerra es un acto de aplicación de la Ley después de que el juez ha emitido su fallo y la parte condenada se niega a someterse a la decisión del juez.

Pero en primer lugar, a la nación rebelde se le debe ofrecer condiciones de paz. Es decir, a los líderes de la nación infractora se les debe mostrar lo que tienen que pagar como restitución con el fin de evitar la pena de desacato.

11 Y si responde: Paz, y te abre, todo el pueblo que en ella sea hallado te será tributario [Mas, "tributo, pago vía ejecutiva o forzado"], y te servirá.

La aplicación específica de esta ley depende de la naturaleza de la ofensa que provocó la guerra. Una nación agresora deberá pagar restitución a la nación a la que se ha agredido. Puede ser que se aplique un impuesto sobre una nación para pagar esa restitución. Si ellos no tienen fondos suficientes para pagar, entonces tendrán que trabajar para pagar su deuda.

Esto no es diferente de un caso criminal cuando un ladrón roba a su vecino. Éxodo 22:3 dice que si no puede pagar la restitución, "será vendido por su hurto".

Muchos reyes de la tierra libran guerras de conquista con el fin de ganar más mano de obra esclava. Su interés principal es la conquista de las naciones más débiles con el fin de obtener esclavos en lugar de hacer cumplir la justicia equitativa. La Ley de Dios no estaba destinada a promover la guerra como un medio para obtener más trabajo esclavo.


Leyes de Esclavitud bíblicas

La esclavitud bíblica está diseñada en primer lugar para reembolsar a las víctimas con el fin de restaurar el orden legal. Se trata de un programa de trabajo por orden judicial. En segundo lugar, la esclavitud está diseñada para enseñar al ladrón a trabajar, en lugar de robar. Si por ejemplo la esclavitud es conducida por un hombre de fe que tiene el carácter de Jesucristo, la esclavitud producirá un verdadero arrepentimiento y reforma. El ladrón será cambiado por medio del ejemplo personal.

Dios muestra su desagrado hacia amos crueles o carnales, en que a un esclavo maltratado debe dársele su libertad (Éxodo 21:26,27). La esclavitud bíblica no da a los amos el derecho a maltratar a sus esclavos, ni un amo tiene el derecho de vida y muerte sobre un esclavo. Las leyes de los hombres que permitieron la esclavitud en los siglos pasados son muy diferentes de las Leyes de Dios, incluso si fueron cristianos carnales utilizando la Ley de Dios para justificar su propia versión de la esclavitud.

Así que cuando aplicamos este principio a nivel internacional a la solución de controversias entre las naciones, los mismos principios son válidos. Si una nación roba los recursos de otra nación y la nación agresora es llevada al Tribunal de Justicia Divina, una restitución debe ser pagada en consecuencia. Si la nación agresora no puede pagar el doble de la restitución como se requiere, entonces tiene que pagar tributo.

Si se niega a pagar, entonces esa nación es culpable de desacato al tribunal, lo que conlleva la pena de muerte. Esta sanción es grave, y por esta razón los ejecutores de la ley deben estar seguros de que la nación agresora entiende las consecuencias de negarse a pagar la indemnización debida. Leemos en los próximos versículos,

12 Mas si no hace paz contigo, y emprende guerra contigo, entonces la sitiarás. 13 Luego que Yahweh tu Dios la entregue en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de espada. 14 Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que haya en la ciudad, todo su botín tomarás para ti; y comerás del botín de tus enemigos, los cuales Yahweh tu Dios te entregó. 15 Así harás a todas las ciudades que estén muy lejos de ti, que no sean de las ciudades de estas naciones [es decir, Canaán].

Los hombres eran los responsables de tomar las decisiones ya sea para someterse al juicio divino o para rechazar la orden judicial. Por lo tanto, la pena de muerte se aplicaba a ellos, pero no a las mujeres, niños y animales, que se presumía eran víctimas inocentes. En tales casos, las mujeres y los niños deben ser distribuidos entre la nación-víctima para pagar la restitución adeudada. Esencialmente, debían ser absorbidos e incorporados a la nación.

Esta forma de tratamiento era aplicable a países distintos de los cananeos. Moisés veía a Canaán como "naciones cercanas", pero todas los demás eran ciudades "muy lejos de vosotros". La razón es que Canaán era un caso especial que no necesariamente se aplicaba a otras naciones.


Ciudades y naciones lejanas

Moisés continúa con sus instrucciones en Deut. 20:16-18,

16 Pero de las ciudades de estos pueblos que Yahweh tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida, 17 sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Yahweh tu Dios te ha mandado; 18 para que no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus dioses, y pequéis contra Yahweh vuestro Dios.

Israel debía tratar a las diversas naciones (tribus) que ocupaban Canaán con mayor dureza que a otras naciones. ¿Por qué? Se nos da solamente una respuesta parcial en el verso 18. Para responder a esta pregunta con más detalle, hay que volver atrás y repasar las razones de la conquista de Canaán por Israel, porque allí fue donde se aplicaron por primera vez las Leyes de la Guerra.


La ofensiva de Canaán contra Dios y Noé

Todo comenzó en Génesis 9.21-22, cuando Cam el hijo de Noé, junto con el hijo de Cam, Canaán, despojaron de sus vestiduras a Noé cuando estaba borracho en su tienda. Por desgracia, la Biblia da pocos detalles, aparte de que Cam "vio la desnudez de su padre". El libro histórico de Jaser, sin embargo, dice que Cam tomó las prendas de Noé. Presumiblemente, Noé estaba demasiado borracho para quitarse sus propias prendas, por lo que Cam y Canaán lo desnudaron. Estas fueron las pieles con las que Dios había vestido a Adán. Estas prendas de vestir entonces, se convirtieron en el símbolo de la autoridad de la Primogenitura que se había pasado de generación en generación.

En cualquier caso, se nos dice en Jaser que Cam dio estas prendas a Canaán, que más tarde se las pasó a su hijo Cus, quien las dio a su hijo Nimrod, el fundador de Babilonia. Esta fue la razón que había bajo la maldición cananea de Noé. Canaán entonces ocupaba la tierra que fue llamada así por su nombre. Así como Canaán había usurpado el Derecho de Nacimiento (Primogenitura), también los cananeos usurparon la Tierra Prometida.

Canaán podría haber sido juzgado por Dios sólo 414 años más tarde, que es el ciclo de tiempo profético conocido como "Tiempo Maldito". Este ciclo de 414 años se acabó en el año en que los filisteos estaban robando los pozos de Abraham (Gen. 21:22-34). El rey filisteo se disculpó con Abraham e hizo un pacto con él, y esto dio a Canaán otro período de gracia de 414 años.

Pero cuando ese segundo período de gracia terminó, los cananeos de esa generación no se arrepintieron. Ese fue el año en que Josué trajo juicio a Canaán. Josué representaba a Jesús (Joshua), y a fin de que los cananeos evitaran el juicio divino, estaban obligados a someterse al juicio de Dios y devolver la tierra y el Derecho de Nacimiento a sus legítimos dueños.

Pero los cananeos eligieron luchar, porque no tenían fe en el verdadero Dios y Su Corte Divina de Justicia Internacional.

Así vemos que la invasión de Canaán por Israel no fue una conquista del territorio basado en el interés y la intención de la carne. Fue un caso de justicia divina por una ofensa que comenzó 828 años antes, cuando Canaán usurpó el Derecho de Nacimiento y luego se lo pasó a su hijo y a su nieto.

Por esta razón, se encontraron las ciudades cananeas en desacato a la Corte, y Dios los juzgó de acuerdo con Su Ley. Todos fueron igualmente responsables. Sin embargo, más tarde en la Escritura, parece que Dios encontró la forma de aplicar el factor de piedad, incluso hacia las naciones en Canaán.


El factor de misericordia hacia Canaán

Jueces 3:1 y 2 dice:

1 Estas son las naciones que dejó Yahweh, para poner a prueba a Israel con ellas (es decir, a todos los que no habían experimentado ninguna de las guerras de Canaán); 2 solamente para que el linaje de los hijos de Israel conociese la guerra, para que la enseñasen a los que antes no la habían conocido: ...

El capítulo continúa con una explicación de cómo los israelitas violaron el Pacto al contraer matrimonios con los cananeos y por servir a sus dioses falsos. La primera verdad que sale en este relato es que a Dios se le da el crédito por dejar algunas de estas naciones en la tierra de Canaán. Debido a que Dios era la principal víctima en el robo de la Primogenitura, Él tenía el derecho a tener compasión en cualquier grado que considerase adecuado. El genocidio nunca fue el propósito final de Dios, ni siquiera para las naciones cananeas.

Recordemos que si Israel hubiera sido capaz y estado dispuesta a escuchar la voz de Dios en el monte, habrían experimentado Pentecostés y habrían recibido la Espada del Espíritu por la cual conquistar Canaán. El hecho de que Israel no pudo escuchar la voz de Dios era la razón subyacente de que no se les diera la Gran Comisión, que había de venir después. Por lo tanto, Israel era un tanto responsable por la manera sangrienta de conquista, y por eso Dios usó su responsabilidad para otorgar un nivel de misericordia hacia los cananeos.

De hecho, Dios dejó a los cananeos en la tierra "para probar a Israel". La razón indicada en Jueces 3:1 es que los hijos de Israel "pudieran ser enseñados en la guerra". Si bien muchos podrían suponer que esto significaba que los israelitas necesitaban blancos humanos para el entrenamiento militar, creo que para Dios significaba que ellos aprendieran las leyes de la guerra y cómo la Ley de Dios puede ser implementada con la mente de Cristo.

En segundo lugar, el Señor dejó a los cananeos en la Tierra para ver quién evangelizaría a quién. La Gran Comisión seguía siendo la intención subyacente de Dios, como se ve más claramente en el Nuevo Testamento. Dios dejó al cananeo en medio de ellos con el fin de permitir a los israelitas la oportunidad de convertirlos al verdadero Dios. Sin embargo, como se vio después, los cananeos tuvieron más éxito en la evangelización de los hijos de Israel que a la inversa.

A pesar de ello, vemos ejemplos como Urías el hitita (cananeo) (2 Samuel 11), que fue un buen soldado bajo el rey David. David injustamente lo mató con el pretexto de la batalla. Pero la Escritura trata a Urías como soldado justo y leal luchando por la causa del Reino de Dios. Cuando Natán confrontó a David con su pecado en 2 Samuel 12, describió a Urías como un hombre pobre que no había hecho nada malo. No hay duda de Urías el hitita era un creyente sincero en el Dios de Israel, y no simplemente un mercenario que luchaba por amor al dinero. Así que Dios juzgó a David por matar a Urías y por robarle su esposa.

Cuando entendemos las Leyes de la Guerra a través de los ojos de Jesucristo, ya no las vemos con el motivo carnal del propio interés, sino que caminamos según la mente de Cristo. Ya no vemos a las naciones con codicia, como si nosotros mereciéramos ocupar sus tierras. Nosotros vemos en ellos la oportunidad de obtener el tributo de los esclavos, pero con vistas a establecer el gobierno del Reino y el orden divino en la Tierra.


El objetivo es entronizar a Jesucristo como el Rey de la Creación, que es Su posición, que le corresponde como heredero de todas las cosas. Su Ley establece la igualdad de justicia para todos cuando se administra por los vencedores que tienen la mente de Cristo.

http://www.gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/deuteronomy-the-second-law-speech-5/chapter-27-enforcing-justice-by-war/

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