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"¡ESTAOS QUIETOS!" , C.H.MACKINTOSH



Éxo 14:6  Y unció su carro, y tomó consigo su pueblo;
Éxo 14:7  y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, 
y los capitanes sobre ellos.
Éxo 14:8  Y endureció el YAHWEH el corazón del Faraón rey de Egipto, y siguió a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel ya habían salido con gran poder.
Éxo 14:9  Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros del Faraón, su gente de a caballo, y todo su ejército, los alcanzaron asentando el campo junto al mar, 
al lado de Pi-hahirot, delante de Baal-zefón.
Éxo 14:10  Y cuando el Faraón llegó, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí los egipcios que venían tras ellos; y temieron en gran manera, 
y clamaron los hijos de Israel al YAHWEH.

La vista de los egipcios era un espectáculo que les ponía seriamente a prueba; una escena en medio de la cual todo esfuerzo humano era perfectamente inútil. El mar estaba delante de ellos, el ejército de faraón detrás; y todo esto había sido permitido y ordenado por Dios. Precisamente para manifestarse en la salvación de Su pueblo y en la derrota de Sus enemigos.

Cuando los hijos de Dios se hallan en el mayor apuro y en las más grandes dificultades, tienen el privilegio de ver las más preciosas manifestaciones del carácter de la actividad de Dios; y por esta razón, Él les coloca frecuentemente en la prueba para manifestarse con tanta mayor potencia.

A medida que conozcamos nuestros corazones incrédulos mejor veremos la grande semejanza entre nosotros y ese pueblo. Parece que habían olvidado completamente la reciente manifestación del poder divino en su favor. Habían visto la misma mano del Señor romper la cadena de hierro de esclavitud y apagar el horno. Habían visto todas esas cosas, y sin embargo, en el momento en que una nube oscura aparece en el horizonte, su confianza es perdida y su corazón se desvanece.

No hay ninguna dificultad demasiado grande para nuestro Dios; muy al contrario, cuanto mayor es la dificultad, mejor ocasión se le ofrece para intervenir, según Su propio carácter, como Dios benigno y Todopoderoso.

No obstante querido lector, ¡cuán pronto desfallecemos cuando llega la prueba!

Éxo 14:13  Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estaos quietos, y ved la salvación de YAHWEH, que él hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.
Éxo 14:14  YAHWEH peleará por vosotros, y vosotros estaréis quietos.

“¡Estaos quietos!” He aquí el primer acto de la fe en presencia de la prueba. Para la carne y la sangre esto es imposible.

Nuestra naturaleza querrá hacer algo; correrá de aquí para allá; quisiera tener una parte en la obra, y en realidad su obra no es más que el fruto directo y positivo de la incredulidad, que siempre excluye a Dios.

Nada adelantamos nosotros con nuestros esfuerzos y con nuestra inquieta agitación. “No puedes hacer un cabello blanco o negro, ni añadir un codo a tu estatura”. (Mat. 5:36; 6:27).

El pueblo de Dios se encontraba dentro de un muro impenetrable de dificultades, ante cuya vista la naturaleza no podía hacer nada más que sentir su completa impotencia. Pero para Dios entonces era precisamente el momento de obrar.

Para poder contemplar Sus hechos, es necesario estarse quietos. Cada movimiento de la naturaleza (carne) nos impide, en la intensidad de su misma proporción, de que veamos la intervención divina en nuestro favor, y nos gocemos de ella.

En cuanto a nosotros no tenemos más que estar quietos y ver la salvación del Señor. El mismo hecho de ser la salvación del Señor prueba que el hombre no debe hacer nada.

A cada nueva dificultad ya sea grande o pequeña, nuestra sabiduría consiste en saber estarnos quietos; y renunciar a nuestras propias obras, buscando el reposo en la salvación del Señor.

La salvación no es una obra parte de Dios y en parte del hombre; porque en este caso no podría ser llamada la salvación de Dios.

C.H.MACKINTOSH

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