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HOMBRES BESTIA DE LA BIBLIA (Cap. X de "La Marca De La Bestia"), Joseph Herrin



Ha habido muchos hombres y mujeres que se han dado a sí mismos al pecado y a la esclavitud de la carne, que han sido extraordinariamente marcados por la naturaleza bestia. Las Escrituras contienen historias de muchos de los que no han podido someter y gobernar sobre lo que Dios les mandó. En este capítulo me gustaría mirar a unos hombres que se destacan por ser expresiones de alguien que tenía el corazón de la bestia, al examinar en sus vidas podemos tener la comprensión de esta naturaleza inferior a la que todos los santos han sido llamados a gobernar.
En el capítulo anterior hemos leído sobre el número 666 que es la marca de la bestia, y fue mencionado específicamente que debido a que Adán y Eva se inclinaron a la bestia fueron sujetos a la naturaleza terrenal de la bestia, y por lo tanto todos sus descendientes han sido marcados por esta misma naturaleza caída y corrupta. Algunos de sus descendientes han hecho la guerra contra el pecado que estaba presente en sus miembros y han mirado hacia adelante a la redención que ahora ha sido revelada en Cristo Yeshua, y ellos han obtenido un buen testimonio de que son justos delante de Dios (Hebreos 11: 4 ). Sin embargo, otros no han peleado la buena batalla, y han permitido que el pecado tenga el dominio sobre ellos.
No es de extrañar que el primer hijo de Adán y Eva fue uno de los que se destacan como "hombres bestia", porque las trágicas consecuencias del pecado no podían permanecer ocultas largamente. Este primer hijo es una imagen de todos los que han nacido de la carne, o sea de los que no andan como vencedores por la sangre de Cristo, la palabra del testimonio de ellos, y que no aborrecen sus vidas carnales y anímicas. El primer hijo de Adán y Eva fue Caín, y leemos lo siguiente acerca de él.
Gén 4:1 LBLA Y el hombre conoció a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: He adquirido varón con la ayuda del SEÑOR.
La humanidad ha sido testigo de miles de millones de nacimientos desde Caín, pero consideremos por un momento lo especial que fu para ellos presenciar el nacimiento del primer hijo de un hombre y una mujer. Debe haber sido un gran misterio, y una maravilla impresionante, cuando Adán y Eva fueron testigos de cómo el vientre de Eva comenzaba a hincharse y consideraban el primer movimiento de la vida en su interior. ¡Qué milagro fue comprender que a través de su unión otro ser saldría después a su propia imagen! Cuando nació el niño debieron haber examinado de cerca y observar lo bien que era una expresión en miniatura de un hombre. Eva ciertamente habló con asombro cuando proclamó: "He adquirido varón de Jehová''.
En el último libro de la Biblia leemos de un Hijo Varón que se da a luz, uno que ha de regir las naciones con vara de hierro. Este Hijo Varón se formó a la imagen de Dios, llevando su semejanza. Quizás Adán y Eva tenían altas esperanzas para Caín. Después de todo, la serpiente había dicho que si comían del fruto prohibido serían como Dios. Pueden haber esperado que su hijo también fuera como Dios. Sin embargo, no fue así, porque Caín también se sometió a la naturaleza de la bestia, en lugar de someterla y gobernar sobre ella.
Gén 4:3-7 LBLA Y aconteció que al transcurrir el tiempo, Caín trajo al SEÑOR una ofrenda del fruto de la tierra. (4) También Abel, por su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grosura de los mismos. Y el SEÑOR miró con agrado a Abel y a su ofrenda, (5) pero a Caín y a su ofrenda no miró con agrado. Y Caín se enojó mucho y su semblante se demudó. (6) Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante? (7) Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo.
La naturaleza de la bestia es esencialmente egoísta y busca su propio bienestar al considerar poco el bienestar de los demás. Caín estaba celoso de su hermano Abel, porque Jehová mostró más consideración a su ofrenda que a la de él. La naturaleza de la bestia se estaba manifestando adentro. Algo que no se parecía a Dios estaba presente en el ser de Caín. Un mal que no se originó en Dios moraba en la carne de Caín, y Jehová advirtió a Caín que le era necesario dominarlo.
El lenguaje que utiliza Yahwéh cuando le habla a Caín alude a la naturaleza bestia. Jehová declaró: "el pecado está a la puerta", y la imagen aquí es la de una bestia salvaje que está dispuesta a saltar sobre su víctima. Las palabras apropiadas serían como de un león que está en cuclillas mientras espera a su presa, y verdaderamente había algo bestial que buscaba una oportunidad para vencer a Caín.
Yahwéh también habló a Caín, y le dijo: "Pero tu debes dominarlo". Este mandamiento es un espejo de las palabras que había hablado con los padres de Caín antes de pecar.
Gén 1:28 LBLA Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.
Para dominar el pecado debía tratar de tener dominio sobre él, Caín tendría que someterlo y gobernar sobre él. Al igual que sus padres, sin embargo, Caín no pudo prestar atención a la orden de Dios y él también escuchó la voz de la bestia. Esta vez, sin embargo, la bestia no era externa al hombre, porque el veneno de la serpiente había entrado en la carne de la humanidad y en la actualidad realiza su labor mortal desde el interior de su ser.
Gén 4:8 LBLA Y Caín dijo a su hermano Abel: vayamos al campo. Y aconteció que cuando estaban en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató.
Al no haber podido dominar y gobernar sobre la bestia dentro de él, Caín actuó de una manera que era contraria a la naturaleza divina. Lejos de poner su vida por su hermano, Caín se levantó y lo mató. Las mismas palabras usadas aquí son una vez más imagen de lo que ocurre en el hombre de pecado cuando no somete y gobierna sobre la bestia. Se nos dice que "Caín se levantó. “La Carne de Caín se levantó y ganó el dominio sobre él. ¡Qué contraste con el Hijo de Dios, que "pone" su vida por los demás!
Yahwéh, una vez más se acercó a Caín para enfrentarlo con su maldad
Gén 4:9-15 LBLA Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano? (10) Y Él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. (11) Ahora pues, maldito eres de la tierra, que ha abierto su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. (12) Cuando cultives el suelo, no te dará más su vigor; vagabundo y errante serás en la tierra. (13) Y Caín dijo al SEÑOR: Mi castigo es demasiado grande para soportarlo. (14) He aquí, me has arrojado hoy de la faz de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré vagabundo y errante en la tierra; y sucederá que cualquiera que me halle me matará. (15) Entonces el SEÑOR le dijo: No será así; pues cualquiera que mate a Caín, siete veces sufrirá venganza. Y puso el SEÑOR una señal sobre Caín, para que cualquiera que lo hallase no lo matara.
¿No hay un gran paralelismo entre lo que se revela aquí, en este hijo de Adán y Eva entregándose a la naturaleza de la bestia y recibiendo una marca por Dios, con lo que leemos en el Apocalipsis?
Apo 14:9 LBLA Entonces los siguió otro ángel, el tercero, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe una marca en su frente o en su mano,
Yahwéh proclamó juicio sobre Caín por su pecado. La ira de Yahwéh fue derramada porque Caín se postró ante sus impulsos bestiales. Entonces Dios puso señal en él. Muchos estudiantes de la Biblia han teorizado acerca de la forma de cómo esta marca se colocó en Caín, sin embargo, en un sentido, sin duda apunta a la marca que dice que reciben los que adoran a la bestia. Una vez más, desde el Génesis hasta el Apocalipsis vemos un tema constante de la lucha del hombre contra la naturaleza de la bestia. Al recibir la marca de la bestia venimos a estar bajo el marco del juicio y la ira de Dios.
Trágicamente, toda la Tierra pronto se llenó de hombres y mujeres que se sometieron a la naturaleza bestia. La humanidad se dio a sí misma continuamente para tal mal que Dios derramó su ira y destruyó toda la Tierra con un diluvio. Yahwéh encontró sólo un hombre en la Tierra, que era justo, y este fue Noé. El resto fue entregado a la misma violencia que se levantó en Caín.
Gén 6:13 LBLA Entonces Dios dijo a Noé: He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra.
La Tierra en la actualidad también está llena de violencia, y por eso sabemos que el día de la ira de Dios no está lejos. Los que quieren ser libres de la ira venidera deben poner fuera toda violencia, toda maldad, , y vestirse con el Señor Yeshua el Mesías. Veamos ahora en otro hombre que también tuvo problemas con su hermano y que llevaba el sello inconfundible de la bestia.
Gén 25:21 LBLA Y oró Isaac al SEÑOR en favor de su mujer, porque ella era estéril; y lo escuchó el SEÑOR, y Rebeca su mujer concibió….
Gén 25:24-26 LBLA Y cuando se cumplieron los días de dar a luz, he aquí, había mellizos en su seno. (25) Salió el primero rojizo, todo velludo como una pelliza, y lo llamaron Esaú. (26) Y después salió su hermano, con su mano asida al talón de Esaú, y lo llamaron Jacob. Isaac tenía sesenta años cuando ella los dio a luz.
Esaú debe haber sido un espectáculo increíble a la vista. Casi todos los bebés salen con la piel muy suave, carente de toda abundancia de cabello. Sin embargo, de Esaú se nos dice que todo su cuerpo estaba cubierto como de vestidura peluda. Tenemos una descripción adicional de la vellosidad de Esaú en la Escritura. Cuando Jacob se sintió alentado por su madre para engañar a Isaac y así recibir la bendición del primogénito, Jacob sabía que, a pesar de que su padre estaba casi ciego, podría sentir su piel y ser capaz de decir que no era Esaú.
Gén 27:11-16 LBLA Y Jacob dijo a su madre Rebeca: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velludo y yo soy lampiño. (12) Quizá mi padre me palpe, y entonces seré para él un engañador y traeré sobre mí una maldición y no una bendición. (13) Pero su madre le respondió: Caiga sobre mí tu maldición, hijo mío; solamente obedéceme, y ve y tráemelos. (14) Y él fue, los tomó y los trajo a su madre; y su madre hizo un buen guisado, como a su padre le gustaba. (15) Entonces Rebeca tomó las mejores vestiduras de Esaú, su hijo mayor, que tenía ella en la casa, y vistió a Jacob, su hijo menor; (16) le puso las pieles de los cabritos sobre las manos y sobre la parte lampiña del cuello,
El bello de Esaú era tan espeso que era similar al pelo de un cabrito. Incluso en sus manos y en su cuello estaba cubierto de pelo grueso y basto. Parece que hay un simbolismo aquí, porque en los evangelios leemos que Yeshua compara al justo y el malo, y Él representa a los malvados como cabras. Las cabras son ciertamente criaturas muy bestiales.
No hay nada que apeste tanto como un macho cabrío, y también son conocidos por su gran apetito sexual, de ahí la expresión "Cachondo (caliente) como un macho cabrío". A lo largo de la historia el hombre ha asociado las cabras con apetitos excesivos de naturaleza baja, y se sabe que comen prácticamente cualquier cosa sin discriminación.
Por lo tanto vemos al dios Pan, mitad hombre mitad cabra, siendo atendido por las mujeres sensuales y una gran cantidad de vino. Además de confirmar este mismo tipo de espíritu que está presente en Esaú, leemos de sus esposas y cómo eran desagradables a sus padres.
Gén 26:34-35 LBLA Cuando Esaú tenía cuarenta años, se casó con Judit, hija de Beeri hitita, y con Basemat, hija de Elón hitita; (35) y ellas hicieron la vida insoportable a Isaac y Rebeca.
Tan desagradables eran estas esposas de Esaú que Rebeca habló lo siguiente:
Gén 27:46 LBLA Y Rebeca dijo a Isaac: Estoy cansada de vivir a causa de las hijas de Het; si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué me servirá la vida?
Es evidente que Esaú no eligió a sus esposas sabiamente. No miró su carácter, sino que debió haberlas elegido por su belleza exterior. En un caso tras otro Esaú demostró que era un esclavo de sus apetitos naturales. En ninguna parte es la esclavitud de la carne más aparente que cuando vendió su primogenitura por un plato de estofado. Este fue un acto tan bajo y detestable que Esaú es utilizado por los apóstoles como un ejemplo de alguien que encarna todo lo que es el mal.
Heb 12:15-16 LBLA Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados; (16) de que no haya ninguna persona inmoral ni profana como Esaú, que vendió su primogenitura por una comida.
Esta imagen de la vida de Esaú son todos los humanos que viven para el placer temporal mientras desprecian las verdaderas riquezas de Dios. Esaú representa hombres y mujeres cuyos ojos están en las cosas de la Tierra, y cuyo dios es el vientre.
Curiosamente, a Esaú incluso lo describen como con olor a tierra (Génesis 27:27). De la misma manera, los que piensan en lo terrenal, y que viven para disfrutar de los placeres de la Tierra, toman sobre sí el olor del mundo que aman tanto. Los santos de Dios somos amonestados a tener un enfoque muy diferente.
1Jn 2:15-17 LBLA No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. (16) Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. (17) Y el mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Tanto Caín como Esaú respondieron con odio asesino cuando observaron a sus hermanos obtener el favor y bendición, mientras que ellos no. Esaú juró matar a Jacob después de que su padre había muerto. Sin embargo, el favor de Dios, la bendición y la primogenitura, no se puede obtener a través de este tipo de acciones bestiales.
Sólo por someter y gobernar sobre la naturaleza de la bestia puede el hombre encontrar el favor de Dios y recibir la primogenitura y la bendición que pertenecen a los hijos de Dios. Los que viven como hijos del diablo recibirán ira y el juicio junto con él.
Veamos ahora a un hombre que definitivamente fue en las Escrituras claramente como un tipo de los que tienen corazón de bestia. Este es el gran rey Nabucodonosor, que reinó sobre el Imperio Babilónico desde 604 hasta el 561 a.C. . Se habla de él en las Escrituras más que cualquier otro rey pagano, y reinó sobre el imperio cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de confusión, mezcla y las obras del hombre.
En el libro de Apocalipsis encontramos que de Babilonia se habla como la representación de todo lo que es malo, bestial y mundano, y la voz de Dios está pidiendo a gritos a su pueblo a salir de Babilonia para que no participen de sus pecados ni participen de sus plagas (Apocalipsis 18: 4).
La antigua Babilonia se caracterizó por su esplendor. Ella se encontraba en lo que hoy es Irak, y hubo una vez un mar interior que estuvo cerca de su ubicación, pero ahora todo es desierto estéril. Una de las siete maravillas del mundo antiguo eran los jardines colgantes de Babilonia. Babilonia era un lugar muy rico y lujoso, lleno de toda la riqueza y esplendor del mundo. Durante este imperio el rey Nabucodonosor gobernó durante 43 años. Fue este mismo rey que puso sitio a Jerusalén y quemó la ciudad y se llevó el tesoro del Templo.
El triunfo de Babilonia sobre el pueblo de Dios es un símbolo de los muchos hombres y mujeres que han sido llamados por Dios, pero que han sido tomados cautivos por el encanto del mundo. Estos han sido eliminados de un lugar de culto a Yahwéh para ser llevados como esclavos a un lugar lejano que se centra en el tráfico de los bienes del mundo.
Algunos que se han encontrado a sí mismos como esclavos en Babilonia han llorando por la destrucción del Templo, que es un símbolo de la humanidad que fue creada para ser un templo de Dios, y han llorado sobre la esclavitud y la servidumbre del pueblo de Dios.
Sin embargo, muchos más se han acomodado en Babilonia, e incluso cuando se les ha dado la oportunidad de salir, han optado por permanecer.
Babilonia es la imagen de todas las cosas que atraen al hombre natural, y no debemos sorprendernos de que su mayor gobernante fuera un hombre bestia. Dios le dio un sueño a Nabucodonosor, revelando que él iba a ser entregado totalmente a la naturaleza de la bestia porque no quiso honrar y glorificar a Dios, sino que prefirió glorificarse a sí mismo. Leemos acerca del cumplimiento de este sueño en el libro de Daniel.
Dan 4:29-33 LBLA Doce meses después, paseándose por la azotea del palacio real de Babilonia, (30) el rey reflexionó, y dijo: "¿No es ésta la gran Babilonia que yo he edificado como residencia real con la fuerza de mi poder y para gloria de mi majestad?" (31) Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando una voz vino del cielo: "Rey Nabucodonosor, a ti se te declara: El reino te ha sido quitado, (32) y serás echado de entre los hombres, y tu morada estará con las bestias del campo; te darán hierba para comer como al ganado, y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y que lo da a quien le place." (33) En aquel mismo instante se cumplió la palabra acerca de Nabucodonosor: fue echado de entre los hombres, comía hierba como el ganado y su cuerpo se empapó con el rocío del cielo hasta que sus cabellos crecieron como las plumas de las águilas y sus uñas como las de las aves.
El rey Nabucodonosor manifestó uno de los atributos más pronunciados de la naturaleza de la bestia, que es el orgullo. En lugar de caminar humildemente ante Dios y reconociendo que Yahwéh era el que le concedió soberanía y concedió majestuosidad y esplendor, el rey Nabucodonosor descaradamente atribuyó todas estas cosas a su propio poder.
Hay pocos hombres o mujeres que alguna vez han poseído la autoridad y esplendor a la medida del rey Nabucodonosor, pero incluso en cosas menores hay una gran tentación a manifestar una actitud similar. Muchos hombres se han jactado de ser "hombres que se han hecho a sí mismos". Muchos líderes empresariales se han jactado de su destreza en la construcción de una empresa de éxito, o de rescatar a una empresa titubeante y hacerla rentable. Muchos artesanos se jactan de su habilidad en la elaboración de alguna obra maestra, de escribir un súper ventas, o de la autoría de alguna obra que es un éxito de crítica. Un actor puede estar orgulloso de sus logros en el escenario o en el cine. En cada lugar de la vida los que alcanzan cierto grado de éxito se ven tentados a acreditarse a sí mismos.
Los santos pueden admitir el error de tal orgullo, pero esta jactancia u orgullo está presente incluso en la Iglesia. Las iglesias compiten entre sí para construir los santuarios más grandes o más ornamentados. Se esfuerzan por demostrar la mayor parte del crecimiento, ya que cuentan con mucho dinero.
Algunos se jactan de tener la iglesia más antigua de la zona, o tener los más ilustres ministros predicando en sus púlpitos. Otros buscan al principio para su edificio el más alto campanario en la ciudad. Los ministros y asistentes luego caminan alrededor y se jactan de lo que han construido a través de su propio poder y fuerza.
¿Es de extrañar que muchos de los que alguna vez han destacado como ejemplos orgullosos de logro espiritual de repente se han venido abajo por alguna lujuria desenfrenada por el sexo o el dinero? Dios todavía humilla a los soberbios, y determinó que todos los hombres caminen en humildad y mansedumbre ante Él.
En cada uno de los tres hombres que hemos visto hemos visto una manifestación diferente de la naturaleza de la bestia que llego a ser la ocasión para su caída. En Caín era su envidia y celos. En Esaú fueron sus apetitos desenfrenados. En Nabucodonosor era su orgullo. En cada caso la carne se levantó, causando que Dios los trajera hasta lo más bajo. No es casualidad que vemos a Nabucodonosor en la azotea de su palacio cuando habla tales pensamientos orgullosos. Esaú y sus descendientes también se establecieron en lugares altos, incluso en el monte de Seir, que en algunos lugares es llamado "el monte de Esaú" (Abdías 21).
La naturaleza de la bestia se agazapa dentro de cada hombre a la espera de una oportunidad para levantarse y tomar el control. Sin embargo, aquellos que permiten que lo haga serán humillados, incluso como este rey poderoso que una vez empezó a ir a cuatro patas y comer pasto como el ganado. Dios es capaz de hacer que los hombres sean reyes, sin embargo, cuando no se someten a Él o caminan humildemente delante de Él, Él les entregará y los convertirá al corazón de la bestia.
Cuando miramos a la sociedad que nos rodea, vemos muchos hombres que han sido entregados al corazón de la bestia. Cuando capturamos un animal salvaje a menudo lo colocamos en una jaula para evitar que hiera a la gente. Así mismo los hombres ponen a esos hombres y mujeres que actúan bestialmente en celdas con barrotes de hierro. Las cárceles del mundo están llenas de violadores, asesinos, ladrones, malversadores, secuestradores, pedófilos, mentirosos y todo tipo de hombres y mujeres violentos, sensuales y codiciosos.
Sin embargo, el simple hecho que fuera de estas prisiones viva mucha gente, no es ninguna prueba de que los hombres y las mujeres están sometiendo y gobernando a la bestia dentro de ellos.
Quizás en Nabucodonosor más que cualquier otro hombre vemos el fin de aquellos que no logran dominar y gobernar sobre las bestias dentro de ellos. Dios ha revelado a través de él una imagen increíble de un hombre que va de la gloria real a la depravación bestial. Incluso el más alto puede ser llevado abajo, y todos los que no se humillan ante Dios serán humillados.
Como llamados de Dios, todos debemos reconocer que dentro de nosotros están las semillas de nuestra propia destrucción. Es por la gracia de Dios que no estamos vencidos por los apetitos furiosos de la carne caída y el pecado que habita en nuestros miembros.
Que nadie piense más alto de sí que lo que debe, pues todos somos propensos a la tentación, y tenemos nosotros la necesidad de ejercer dominio sobre nuestras pasiones carnales. Animémonos mutuamente en estas cosas. No condenemos a otros por sus fracasos, sino más bien busquémonos para restaurarnos a la imagen de Dios.
Gál 6:1-4 LBLA Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales (que son sensibles y controlados por el Espiritu), restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. (2) Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo (El mesías). (3) Porque si alguno se cree que es algo (demasiado importante para condescender a asumir la carga de otro), no siendo nada, (no siendo superior sino solo en su propia estima) se engaña a sí mismo. (4) Pero que cada uno examine su propia obra, y entonces tendrá motivo para gloriarse solamente con respecto a sí mismo (por si solo), y no con respecto a otro. (Ósea sin recurrir a otro).
La naturaleza de Dios es humilde y busca el bienestar de los demás. Observe cómo Cristo dejó su lugar de honor, la gloria y condescendió a rescatar al hombre de su esclavitud a la naturaleza de la bestia, y lo levantó para que la lleve la imagen de Dios.
Aun así, debemos tratar de levantar a los hombres y mujeres para dirigirlos a su alta vocación en Cristo para llevar la imagen y semejanza de Dios. Si encontramos a un hermano o hermana que actúa como una bestia, recordémosle que está llamado a llevar la imagen de lo divino.
Al mismo tiempo, debemos ser más exigentes y perspicaces que los que voluntariamente se dan a la sensualidad, rechazando reconocer el carácter libertino de su comportamiento. Nuestro Señor advirtió a Sus discípulos que no echaran sus perlas de la verdad delante de los cerdos, ya que solo se darían la vuelta y los desgarrarían.
Una vez que el Señor ha abierto nuestros ojos para ver la gran lucha entre la naturaleza bestia y la naturaleza divina, es asombroso aprender de los símbolos de este conflicto que están presentes en todas las partes a través de las páginas de la Escritura. Desde el primer capítulo del Génesis, hasta el final del Apocalipsis encontramos los tipos y las sombras de la Biblia, el mensaje es simple y claro, todo el diseño de Dios revelado al hombre para que el hombre sea llevado a Su imagen, y por otro lado el plan del adversario para que el hombre lleve su impronta a su propia semejanza.

Estos tres hombres, Caín, Esaú y Nabucodonosor, destacan como ilustraciones del peligro que amenaza a todos los que no recurran a la gran gracia que está disponible a través de Yeshua el Mesías. La distancia entre la imagen de Dios y la de la bestia es grande, y grande ha sido la caída de la humanidad. Sin embargo, Dios, en su misericordia, quiere levantarnos a las alturas hasta ahora desconocidas. Él quiere que todos los hombres sean partícipes de su propia naturaleza divina.

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