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VIVIENDO EN LA NUEVA JERUSALÉN HOY, Gary E. Sigler


Debemos aprender que todo, lo que tiene un valor duradero y puede resistir los fuegos del juicio, está solamente en lo que hacemos desde el Espíritu de Dios dentro de nosotros. "Si El Señor no construye la casa, de nada sirve que trabajen los constructores; si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los centinelas" (Salmo 127:1). A no ser que Jesucristo este en mí, con Su vida y naturaleza divina fluyendo a través de toda mi humanidad, mi trabajo es en vano. Es lo que hacemos por el poder del Espíritu lo que ganará el favor del Señor, no por los recursos humanos naturales. En el Libro de Revelación, se nos dice que la Nueva Jerusalén tiene calles de oro. Las calles representan el caminar y el oro representa la naturaleza divina. Esto simplemente significa que aquellos quienes están viviendo en la realidad del Reino de Dios, la cual es la ciudad de Dios, están caminando en la naturaleza divina. En la Nueva Jerusalén se debe entrar ahora. Juan dice "Vi la ciudad santa, la Nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de la presencia de Dios. Estaba arreglada como una novia vestida para su prometido. Y oí una voz fuerte que venía del trono, y que decía: Dios vive ahora entre los hombres. Vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios", (Ap. 21:2-3). El cristianismo siempre pospone las cosas al futuro. Habrá un día que llegará cuando la Nueva Jerusalén será cumplida totalmente en un grupo de gente, pero debemos empezar a penetrar en la experiencia ahora o nos la perderemos en el futuro. Si estamos progresivamente caminando en el Espíritu, estamos siendo transformados en Su imagen y estamos caminando al menos en algún grado hoy en la Nueva Jerusalén.

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