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PASTORES GRADUADOS DE LA ESCUELA DE LA VIDA (David W. Bercot, "Cuando el Cristianismo era Nuevo"


La entrega a Cristo de todos los cristianos de la iglesia
primitiva refleja la calidad de sus líderes.
La mayoría de las iglesias evangélicas de hoy en día están
gobernadas por un pastor en unión con una junta de ancianos y
quizás una junta de diáconos. Normalmente, el pastor ha tenido su
preparación profesional o hasta ha recibido su título de seminario,
pero no fue criado en la iglesia que lo llama a ser pastor. A
menudo no tiene ningún poder de gobernar en la iglesia excepto el
poder de la persuasión.
La junta de ancianos o la de diáconos, por lo general, se forma
de hombres que trabajan una jornada completa en empleos
seculares. Administran los programas y los asuntos financieros de
la iglesia, y muchas veces fijan hasta la política de la iglesia. Pero
de costumbre nadie corre a ellos para recibir consejos espirituales.
No son los pastores del rebaño espiritual.
Sí, usamos los mismos nombres para los líderes de la iglesia
como los que usaban los cristianos primitivos. Hablamos de
ancianos y de diáconos. Pero en realidad el método de gobernar
nuestras iglesias difiere mucho del método de las iglesias
primitivas. En vez de tener un pastor preparado profesionalmente,
entre ellos los ancianos todos eran pastores que dedicaban su
tiempo a la obra de la iglesia. El anciano mayor de edad o tal vez
el más capacitado servía como el presidente de los ancianos.
Generalmente se le llamaba el obispo o el supervisor de la
congregación. Ni el obispo ni los ancianos eran desconocidos,
traídos a la congregación de otra parte. Normalmente habían
pasado muchos años en la congregación. Todos conocían sus
puntos fuertes y también sus puntos flacos.
Además, no se preparaban para servir como obispos o ancianos
por medio de estudiar en un instituto bíblico o seminario, llenando
sus cabezas de ciencia. La congregación no buscaba tanto una
ciencia profunda sino una espiritualidad profunda. ¿Vivían cerca
de Dios? ¿Habían dado ya por años un buen ejemplo a otros
cristianos? ¿Estaban dispuestos hasta a dar su vida por Cristo?
Como Tertuliano dijo a los romanos: “Nuestros ancianos son
hombres probados. Obtienen su posición no por un sueldo, sino
por firmeza de carácter.”5
En aquel tiempo no había seminarios. Un hombre aprendía lo
necesario para servir como anciano en la escuela de la vida.
Recibía su preparación de los ancianos con más experiencia.
Aprendió cómo andar con Dios y pastorear en la iglesia por
observar e imitar su ejemplo. Recibió la experiencia práctica
guiado por ellos, y no tuvo que hacer todo perfectamente. Tenía
que ser capaz de enseñar por medio de su ejemplo tanto como por
medio de su palabra. De otra manera no sería llamado jamás para
ser anciano u obispo.
Lactancio explicó la diferencia entre los maestros cristianos y
los paganos así:
“Hablando de aquel que enseña los fundamentos de la vida y
amolda la vida de otros, hago la pregunta: ‘¿No es necesario que él
mismo viva de acuerdo con los fundamentos que enseña?’ Si no
vive de acuerdo con lo que enseña, su enseñanza resulta nula… Su
alumno le contestará así: ‘No puedo hacer lo que usted me enseña,
porque es imposible. Me enseña a no enojarme. Me enseña a no
codiciar. Me enseña a no lujuriar. Me enseña a no temer el
sufrimiento y la muerte. Pero todo esto está muy contrario a la
naturaleza. Todos los hombres sienten estos deseos. Si usted está
convencido de que es posible vivir contrario a los deseos
naturales, primero permítame ver su ejemplo para que yo sepa que
en verdad es posible.’…¿Cómo podrá [el maestro] quitar este
pretexto de los obstinados, a no ser con su ejemplo? Sólo así
podrán sus alumnos ver con sus propios ojos que lo que enseña es
en verdad posible. Es por eso mismo que nadie vive de acuerdo
con las enseñanzas de los filósofos. Los hombres prefieren el
ejemplo a solo palabras, porque fácil es hablar—pero difícil
actuar.”6
En una de sus cartas, Cipriano describe la manera en que las
iglesias primitivas escogían a un anciano u obispo nuevo: “Será
escogido en la presencia de todos, bajo la observación de todos, y
será probado digno y capaz por el juicio y testimonio de todos…
Para tener una ordenación apropiada, todos los obispos de las
demás iglesias de la misma provincia deben reunirse con la
congregación. El obispo debe ser escogido en la presencia de la
congregación, ya que todos conocen a fondo su vida y sus
hábitos.”7
Una vez escogido un anciano u obispo, por lo general quedaba
en esa congregación por toda su vida, a menos que la persecución
le obligara a trasladarse a otra parte. No servía unos tres o cuatro
años sólo para trasladarse a otra congregación más grande donde
le podían pagar mejor. Y como dije anteriormente, no sólo el
obispo sino mucho más todos los ancianos dedicaban todo su
tiempo a su trabajo como pastor y maestro. Se dedicaban
totalmente al rebaño. Se esperaba que dejaran cualquier otro
empleo, a menos que la congregación fuera muy pequeña como
para sostenerlos.
Tenemos copias de varias cartas enviadas entre dos
congregaciones cuando surgió la pregunta de qué hacer cuando un
anciano fue nombrado como ejecutor testamentario en el
testamento de un cristiano difunto. Bajo la ley romana, no había
salida para el que fue nombrado como ejecutor testamentario.
Tenía que servir, quisiera o no quisiera. Y el trabajo podía exigir
mucho tiempo. El anciano que escribió la carta se escandalizó de
que un cristiano nombrara a un anciano como ejecutor
testamentario, porque esos deberes le quitarían el tiempo de su
obra como pastor. De hecho, todos los ancianos se
escandalizaron.8
Imagínese el cuidado espiritual que recibieron los cristianos
primitivos de sus pastores. En cada congregación de entonces
había varios ancianos cuya única preocupación era el bienestar
espiritual de su congregación. Con tantos pastores trabajando todo
el tiempo en la congregación, cada miembro sin duda recibió el
máximo de atención personal.
Pero para servir como anciano u obispo en la iglesia primitiva,
un hombre tenía que estar dispuesto a dejarlo todo por Cristo. Lo
primero que dejaba era sus posesiones materiales. Dejaba su
empleo y el salario con que sostenía a su familia. Y no lo dejaba
para luego recibir un buen salario de la congregación. De ninguna
manera. Sólo los herejes pagaban un salario a sus obispos y
ancianos. En las iglesias primitivas los ancianos recibían lo mismo
que recibían las viudas y los huérfanos. Usualmente, recibían las
cosas necesarias para la vida, y muy poco más.9
Pero sacrificaban esos ancianos más que sólo las cosas
materiales del mundo. Tenían que estar dispuestos de ser los
primeros en sufrir encarcelaciones, torturas, y hasta la muerte.
Muchos de los escritores que cito en este libro eran ancianos u
obispos, y más de la mitad de ellos sufrieron el martirio: Ignacio,
Policarpo, Justino, Hipólito, Cipriano, Metodio, y Orígenes.
Con tal entrega de parte de sus líderes, no es difícil ver por qué
los cristianos ordinarios de esa época se dedicaron a andar con
Dios y a evitar la norma del mundo.

2 comentarios:

  1. marcelo alejandro26 de mayo de 2014, 17:18

    les pido oración por mi vida y mi familia amen
    marcelo alejandro

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