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ANDAR EN EL ESPÍRITU, UNA PRUEBA PRÁCTICA: Vanagloria, provocación y envidia (E.V. Gálatas-Witness Lee)

UNA PRUEBA PRÁCTICA


Gál 5:25 Si vivimos por el Espíritu, avancemos también por el Espíritu.

Gál 5:26 No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.

Varios comentaristas se han preocupado por el hecho de que el versículo 26 venga inmediatamente después del versículo 25 en Gálatas 5, donde Pablo habla de andar por el Espíritu. Algunos prefieren hacer que el versículo 26 sea la introducción del capítulo seis. En el versículo 26 Pablo habla de la vanagloria, la provocación y la envidia. La razón de que Pablo mencione estos asuntos es que tales cosas ponen a prueba si andamos o no por el Espíritu. Solamente cuando andamos por el Espíritu podemos vencer la vanagloria, la provocación y la envidia. Es común que haya vanagloria en alguna casa de hermanos o hermanas. Es posible que algunos hermanos o algunas hermanas piensen que ellos deberían ser los líderes. Esta actitud da lugar a provocación y envidia. Tal vez alguna hermana dé un testimonio rico y liberador en una reunión. Quizás por envidia luego otra hermana decide que ella va a dar un testimonio aún mejor en la siguiente reunión.

La vanagloria puede verse hasta en marido y mujer. Debido al deseo por vanagloria, tal vez algún hermano tenga envidia si su esposa recibe cumplidos que él no recibe.

La vanagloria, la provocación y la envidia son parte de la carne. Podemos verificar si andamos por el Espíritu por medio de preguntarnos si cedemos ante vanagloria, provocación o envidia. Esta es una manera muy práctica de poner a prueba nuestro andar cotidiano. Al presentar esta prueba, Pablo demostró mucha experiencia y pragmatismo. Por su experiencia, él sabía lo que significa sufrir de las mismas enfermedades que nos afligen hoy día en nuestra vida espiritual.

Durante mucho tiempo me molestó que el versículo 26 estuviera incluido ahí. A la larga me di cuenta de que sin ese versículo, es meramente teórico hablar de vivir por el Espíritu. Pero cuando por medio de la vanagloria, la provocación y la envidia ponemos a prueba nuestra vida, vivir por el Espíritu viene a ser un asunto sumamente práctico. En relación con otros, es fácil que caigamos en vanagloria, provocación y envidia.

En Romanos 8:14 Pablo dice: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”. Este pensamiento de Pablo es un poco diferente de como piensa en Gálatas 3:26, donde dice: “Pues todos sois hijos de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús”. Es verdad que por medio de la fe hemos venido a ser hijos de Dios, pero ahora necesitamos un andar que compruebe que somos hijos de Dios. En tal andar, somos guiados por el Espíritu.

LA VANAGLORIA,
LA PROVOCACIÓN Y LA ENVIDIA

En esta luz, veamos de nuevo el versículo 26. Hemos visto que en este versículo Pablo menciona la vanagloria, la provocación y la envidia. Estas tres cosas ponen a prueba si andamos por el Espíritu. En las situaciones prácticas de nuestra vida diaria, muy a menudo tenemos vanagloria provocación y envidia. Tanto en la vida de la iglesia como en nuestra vida familiar es necesario probar si andamos por el Espíritu, preguntándonos si tenemos algo de vanagloria, provocación o envidia. Si Pablo se hubiera detenido en los versículos 24 y 25, el asunto de vivir por el Espíritu y de andar por el Espíritu pudo haber quedado sólo en teoría. Pero el versículo 26 hace que este asunto sea muy práctico. Pablo dice: “No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros”. Si queremos ser hijos de Dios en realidad, debemos andar por el Espíritu y no por la carne. Pero el hecho de que andemos por el Espíritu o por la carne es puesto a prueba por la existencia de vanagloria, provocación o envidia. Tal vez pensemos que andamos por el Espíritu; sin embargo, que tengamos sentimientos de vanagloria y envidia prueban que no es así. Por ejemplo, es posible que algún hermano sienta envidia al enterarse de que otro hermano, que ha estado en el recobro menos tiempo, ha sido puesto como anciano. Tal sentimiento de envidia es una indicación de que este hermano no está andando por el Espíritu en este momento en particular. La vanagloria da origen a la provocación y a la envidia. Si eliminamos a la vanagloria, automáticamente se acabarán la provocación y la envidia. Esto quiere decir que si nuestra vanagloria es terminada, no habrá problemas en la vida de la iglesia. En vez de problemas habrá paz.

Según la construcción gramatical del versículo 26, el asunto principal es la vanagloria. La provocación y la envidia son sentimientos subordinados. Esto nos dice que debemos concentrarnos en tratar con la vanagloria, no con la provocación o la envidia. Si queremos tratar con la provocación y la envidia sin darle fin a la vanagloria, nuestros esfuerzos serán en vano. Una vez más, si eliminamos la vanagloria, terminaremos simultáneamente con la provocación y la envidia. Por lo tanto, la presencia o ausencia de vanagloria es una verdadera prueba de si andamos por el Espíritu o por la carne.

Ya sea que seamos jóvenes o viejos, la vanagloria puede estar entre nosotros. He observado la vanagloria acompañada de provocación y envidia hasta en mis nietos pequeños. También la podemos ver en la relación entre marido y mujer. Es posible que los cónyuges cedan ante sí mismos, pero si esta acción de ceder no toca su vanagloria, no es genuina. Es posible que un esposo se enseñoree de su esposa, diciendo que él es la cabeza y que ella debe someterse a él. Esto no es otra cosa que vanagloria, la cual da origen a provocación y envidia. Tal vanagloria es una indicación de que no andamos por el Espíritu.


Simplemente leer mensajes acerca de vivir por el Espíritu y andar por el Espíritu no es suficiente. En nuestra vida cotidiana, en nuestra vida de la iglesia y en nuestra vida familiar, mediante el asunto de la vanagloria, debemos poner a prueba nuestro andar. Si tenemos vanagloria, no estamos andando por el Espíritu. Lo que necesitamos en estos días es andar por el Espíritu a fin de que seamos hijos de Dios de una manera práctica.
(Tomado de: http://www.librosdelministerio.org/books.cfm?id=39E5EA6A)

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